Mientras consigo arrancar con doña Hannah Arendt, que no me veo animosa, aquí os dejo un entremés poético-musical.
Se trata de un poemita de Camoens al que puso música el portugués José Afonso, el autor de la famosa Grândola, vila morena de la revolución de los claveles.
La canción, y el poema, los descubrí un verano de hará unos diez años en un CD de oferta, de esos de tres por dos duros. Era un disco de música portuguesa de una tal Teresa Silva Carvalho; lo cogí porque tenía algún fado y más que nada por completar los tres, y fue un acierto redondo, me pasé el verano oyéndola. Ahora, cada vez que veo un campo verde, o la foto de un campo verde, como las de esos paisajes por los que se perece Ángel Ruiz, parece que la oigo de fondo: "Verdes são os campos, de cor de limão...". Así estaba también esta mañana el Retiro, lavado por las lluvias de los últimos días y de cor de limão.
El poema de Camoens es una maravilla de las que no se olvidan. Esa intensidad creciente: los campos verdes de verde limón, el recuerdo de los ojos de la amada, las ovejas pastando, el poeta rumiando sus recuerdos... hasta los versos finales en los que los ojos de la amada lo inundan todo. Y la transfiguración de la realidad por obra del amor, su poder transformador, transubstanciador diría si es que pudiera decirse así: "eso que coméis no son yerbas, no..."
[Y será porque tengo a doña Hannah revolviendo en la trastienda con su Kant-oh Kant, pero bien mirado, o mal mirado, Camoens en este poema parece adelantarse a Kant. En vez de nóumenos, fenómenos y categorías, tenemos prados, yerbas verdes y los ojos de su corazón. Y en vez de la razón pura, la fuerza del amor. En el fondo es lo mismo sólo que más real, más cordial y mucho más hermoso. Los filósofos en su mayor parte son poetas que hablan raro, poetas enrevesados, no se les debía tomar mucho más en serio]
Aquí va el poema, y a continuación Teresa Silva Carvalho cantándolo (en el video demasiado verde no es que haya, al campo se le ve un poco reseco, pero así el poema se refuerza: bastan los recuerdos para teñirlo de verde. En la última imagen en vez de una oveja sale un gato, de eso ya no sé qué decir. Lo mejor es oírla cantar):
Verdes são os campos,
De cor de limão:
Assim são os olhos
Do meu coração.
Campo, que te estendes
Com verdura bela;
Ovelhas, que nela
Vosso pasto tendes,
De ervas vos mantendes
Que traz o Verão,
E eu das lembranças
Do meu coração.
Gados que pasceis
Com contentamento,
Vosso mantimento
Não no entendereis;
Isso que comeis
Não são ervas, não:
São graças dos olhos
Do meu coração.