22 julio 2016

Releyendo a Bloy


"L'homme a dans son pauvre coeur des endroits qui n'existent pas encore, mais où la douleur entre afin qu'ils soient" (El hombre tiene en su mísero corazón lugares que todavía no existen, en los que el dolor entra para que existan).

Eso dice Léon Bloy (1846-1917), a su manera categórica y sin vuelta de hoja, en una de las cartas publicadas bajo el título de Cartas de juventud (Lettres de jeunesse 1870-1893) ; en concreto en la carta que dirige en abril de 1873 a su amigo Georges Landry, destinado en el frente. Parece que Landry lo mandó a paseo. Puede que la carta, con sus grandes alabanzas al dolor -de auxiliar de la Creación lo califica-, le sonara demasiado estupenda, o demasiado frívola cuando lo que está a punto de entrarte en el muy existente corazón es una bala. O puede que, simplemente, no le emocionara ser el destinatario de una carta dirigida a la posteridad. Bloy siempre escribía para la posteridad (y es un tema curioso este de los escritores y sus destinatarios, porque están los que, como Bloy, aun en misiva privada al cher ami, al tercer renglón elevan la voz para dirigirse al auditorio,  y están los que simulan dirigirse al público en general, pero solo para encubrir a un destinatario muy particular, como sucede con Kierkegaard, de quien todos los escritos podrían comenzar con un "querida Regina", salvo dos, o como mucho tres, que habrían de hacerlo con "aborrecido fulano de tal"). 

Bloy, que, como decía, enviaba a Landry un magnífico tratado sobre el dolor, nunca entendió la falta de entusiasmo del amigo, tan poca gratitud.

Bloy tenía por entonces 27 años, y desde luego la frase , una de las habituales entre las citas de Bloy, es de las que se recuerdan, tan sugerente y tan gráfica, con su profético y temible "ne pas encore" (no todavía...), con esos lugares del corazón, pozos, galerías, recovecos que no existían y al paso del dolor existen. Brillante y de lo más categórica, y sin embargo escandalosa:

"Lugares del corazón que todavía no existen", dice, y eso es cierto, nada que objetar. Salvo que hay lugares de todo tipo. Los hay que no necesitan existir para nada y los hay que mejor que no existan nunca. "En los que entra el dolor ", añade. Eso también es cierto, sí, aunque el modo de decirlo parezca absurdo porque ¿cómo  entrar en lo que no existe? Da lo mismo, las patadas a la lógica del discurso son parte del encanto de Bloy. 

Ahora bien, ese "para que existan", la mera posibilidad de imaginar una finalidad, un propósito, un "para" en el dolor (idea que ya sé que tiene su cartera de clientes),  me parece aberrante, insultante, escandalosa. Ese "para" debería ser inaceptable para cualquiera que se considere católico, tan inaceptable como la idea de que el fin puede justificar los medios, tan inaceptable como concebir a Dios aplicando el criterio inverso y repartiendo dolores en beneficio de sus criaturas. Inaceptable incluso para Bloy, que por muy estupendo que le gustara ponerse no era ningún mentecato

Hablamos demasiado, decimos demasiadas tonterías, hablamos más que nada por no callar.  


(Léon Bloy, Lettres de jeunesse 1870-1893. Lettre IX à Georges Landry, 25 avril 1873) 

22 abril 2016

Paganini - O mamma cara


Un  joven pianista la oyó interpretar al violín en Varsovia  y, al terminar el concierto, conmovido por la portentosa ejecución y el encanto de la pieza, compuso unas Variaciones para piano. El portentoso violinista puede que la oyera cantar en su casa cuando chico, o que una tarde cualquiera, entrando en cualquier taberna, un borracho se arrancara a cantarla en un brote de melancolía. Los borrachos son de cantar fácil y al violinista le gustaban las tabernas. Un día, recordando aquella canción, compuso unas Variaciones para violín que años más tarde interpretaría en un concierto en Varsovia. 

Hoy os traigo la pieza en cuestión bajo sus dos vestiduras (la originara, la del borracho, no la encuentro). En primer lugar os dejo la compuesta por Chopin al salir de aquel concierto, titulada muy sencillamente "Souvenir de Paganini". En segundo lugar la compuesta por Paganini, titulada, con algo más de misterio, "El carnaval de Venecia". Variaciones sobre variaciones y,  en el origen de todo, una cancioncilla napolitana de autor desconocido: "O mamma, mamma cara". 

Y una se pregunta qué tendrá que ver la cara mamma con un carnaval en Venecia, y a qué podría deberse la elección del título. ¿Querría sugerir algo el aclamadísimo Paganini, el pobre bicho raro, el perseguido hasta la tumba por los chismes?  Y a una le da por pensar, más que nada por no dejar de responderse, si acaso fue su madre quien, mirando al  pequeñín, sus largos brazos de simio, sus deditos de tarántula, tuvo la feliz idea:  "mira Niccolò, tú viniste al mundo con unos cuantos dones y unos cuantos defectos, todos ellos extraordinarios, así que o  revientas los estrados a aplausos o los revientas a risas. Haz de tus males virtud, toca el violín como nadie lo hará nunca y cállalos a todos". Aunque es posible también, una cosa no quita la otra, que mientras la singular criatura corría de teatro en teatro, con la bolsa cada vez más llena y el corazón más vacío, la madre, allá en Génova, temblara pensando en el inquietante porvenir del chico. Incluso podría suceder, es bastante probable, aunque pese a lo que la palabra indica no haya modo de probarlo, que el paradójico título, pues de eso seguimos hablando,  fuera solo una dedicatoria en clave, un pudoroso envío, algo de este tenor: "En medio de este carnaval, madre querida, entre máscaras, falsía y postureo,  tu triste hijo se acuerda de ti". 

Todo es sólo un suponer, eso está claro. Tan claro como que te pones a rascar... y al final siempre te encuentras con algo así de simple: una madre, una pena, una nostalgia,  algo que no se cuenta y se siente, algo así de elemental:

   Frederic Chopin (1810-49) Souvenir de Paganini (1829)
-Variations on "Il Carnevale di Venezia" - 


Niccolò Paganini (1782-1840) Il Carnevale di Venezia- Op.10 in A major (1816), 
-Variations on the neapolitan song 'O mamma, mamma cara'-
[Adagio - Canzonetta - XII Variazioni - Finale]


David Garrett. Carnival of Venice, from "The Devil's Violinist", 2013.
[based on the life story of the 19th-century italian violinist and composer N.Paganini]

01 enero 2016

Nuestros proyectos. Christian Bobin


La main de l'ange a des ongles noirs à force de nous déterrer des gravats de nos projets.

[La mano del ángel tiene las uñas negras a fuerza de desenterrarnos, aplastados bajo los escombros de nuestros proyectos]

Os deseo un feliz 2016. Salud, trabajo y amor.


Christian Bobin, Un assassin blanc comme neige. Éditions Gallimard, 2011

20 diciembre 2015

Caminos en la estepa


Queridos -y  bastante abandonados- amigos, hoy es cuarto domingo de adviento. Y me pilla de mudanza en el trabajo, de líos por aquí y por allá y con la casa sin barrer. Menos mal que tenemos a Bach que siempre nos ayuda a ubicarnos...

Aquí os dejo, para ayudar a allanar los caminos,  la Cantata BWV nº 132, Bereitet die Wege, bereitet die Bahn, compuesta para el cuarto domingo de adviento y dirigida, cómo no, por mi muy dilecto Richter. A los que no tengáis tiempo o ganas de escucharla entera, os sugiero que, tras el maravilloso comienzo (qué preciosidad las vibrantes rr de Edith Mathis: berrreitet die Wege, berrreitet die Bahn...), saltéis, desplegando el "mostrar más" de youtube y pinchando en el nº3, al tremendo aldabonazo del aria para Bajo "Wer bist du?", o, pinchando en el nº5, a la más amable y casi suplicante aria para Alto "Christi Glieder, ach bedenket", con sus repetidos ach bedenket, ach bedenket... (que vienen a significar: por lo que más queráis, tened en cuenta,  os lo ruego, tened en cuenta...):


https://www.youtube.com/watch?v=dyjcTq-KIyA

La traducción del texto completo de la Cantata, la traducción al español quiero decir, porque de su traducción al lenguaje universal, al lenguaje cordial. ya se encarga  la  música de Bach,  la tenéis a vuestra disposición aquí:  http://www.bach-cantatas.com/Texts/BWV132-Spa7.htm


04 septiembre 2015

Campo de retamas. Rafael Sánchez Ferlosio


   No llego a tener claro si el afecto que sentimos por algunos autores es resultado de las simpatías y las antipatías compartidas -sobre todo de las antipatías, porque las simpatías unen, pero las antipatías añaden un plus de complicidad (*)-, o si sucede más bien al revés. Es decir, y ya que andamos con Goethe, si el cariño nace de las afinidades electivas o las afinidades electivas del cariño, o ni lo uno ni lo otro y sólo se trata de un feliz conglomerado de  coincidencias. La cuestión es que a mí Goethe también se me atraganta un poco (salvo el Werther, supongo que porque eramos muy jóvenes, él cuando lo escribió y yo cuando lo leí), mientras que a Ferlosio le tengo verdadero afecto, diga lo que diga. Le paso hasta la temblorosa flor-bombilla de la utopía. 

    Todo eso viene a cuento de lo mucho que estoy disfrutando con Campo de Retamas  y de que he dado un salto de alegría leyendo este "Anti-Goethe,2", y no sólo porque le plante cara a Goethe, sino por el asunto, por ese importantísimo tertium datur. Hay demasiados falsos dilemas. Nos pasamos la vida escogiendo entre tragarnos la espada o empotrarnos en la pared. La tendencia a plantear las cosas en términos de dilema tiene un fondo perezoso y falto de imaginación, cuando no tramposo y avasallador: o lo tomas o lo dejas, o dentro o fuera, o pasas por el aro o atente, o la cartera o la vida, que decían los ladrones en los tebeos.  La cartera o la vida, y rapidito que hay prisa, es el prototipo del dilema. El ladrón siempre se calla la tercera opción: ...o que saques el spray, o que sepas kung-fu, o que aparezca un poli, o que me dé un infarto repentino. Entre la espada y la pared, esa situación tan incómoda e irritante, lo suyo es saltar bien alto o escurrirse por debajo, y, como poco,  protestar amargamente:

(Anti-Goethe, 2) Lo más despreciable y bellaco de la famosa declaración de Goethe: "Prefiero la injusticia al desorden", no está en el término que declara preferir -pues tal vez no sería tan diferente como al pronto pudiera parecernos la preferencia inversa-; la verdadera vileza de la frase consiste en claudicar ante el dilema, en no rebelarse airado, aun tan impotente como esclavo en argollas, y doblegarse a la ley del tercero excluido. Por mi parte, precisamente no se me ocurren palabras más apropiadas que atribuir al soplo del espíritu que una voz que susurra "Tertium datur!". Rechazar y desatar la falaz y fatal constricción de los dilemas, quebrantar la cadena del destino, es la obra del espíritu. Pues quien no haya comprendido que los dilemas son ya destino, ya fatalidad, ha renunciado a la mera posibilidad del albedrío.

   Ferlosio a veces rasca, a veces te vapulea (pero dejarse vapulear -por un libro- nunca viene mal), a veces cuesta seguirle -a mí por lo menos me cuesta, Ferlosio es de un saber apabullante-, pero siempre maravilla. Por su genialidad, por su originalidad, por esa mezcla de inteligencia profunda y oído finísimo, para las nimiedades reveladoras, para detectar las imposturas y volverlas del revés, para ver, a la vez que la tienda, la trastienda; por su alergia al gato que se pretende liebre, aunque el gato resultara suyo ("Ojo conmigo", avisa al comienzo del libro, alertando contra los autores de "pecios"); por su curiosa combinación de sabio y de gamberro, de hombre de vuelta de todo y de frescura infantil.  Ferlosio es mucho Ferlosio.

(*) Ese es el lazo, por ejemplo, que hace valer Ezra Pound en  la primera carta que le dirige a Joyce: ...de acuerdo a lo que W.B.Y. dice, imagino que tenemos un par de odios en común.


Rafael Sánchez Ferlosio, Campo de retamas. Pecios reunidos, Literatura Random House, Barcelona, abril 2015.

31 agosto 2015

Depende ...



Según J.W. Goethe, la teoría es gris y el árbol dorado de la vida, verde. Eso al menos, caro amigo, dice Mefisto en el Fausto: 
Grau, teurer Freund, ist alle Theorie und grün des Lebens goldner Baum.

Según mi admiradísimo R. Sánchez Ferlosio (aunque un poco, me parece a mí, en plan "de qué se trata que me opongo"), la vida es gris y la teoría verde:
(Anti-Goethe) A nadie podría yo sentir más ajeno y más contrario que al que dijo "Gris, mi querido amigo, es toda teoría,/ verde, en verdad, el árbol dorado de la vida". Siempre me ha parecido a mí, por el contrario, ser la vida lo gris, y aun lo lóbrego, lo siniestro, polvorienta y reseca momia de sí misma. Verde, tan sólo he visto, justamente, el árbol ideal de la teoría; dorada, sólo la imaginaria flor de la utopía, que brilla entre sus ramas, como una bombilla temblorosa e impávida, desafiando la ominosa noche, en la ciudad bajo los bombarderos. 

Y yo, como que no sé qué te diga... (que como habréis advertido es un endecasílabo de padre y muy señor mío).

23 agosto 2015

Tiempo de silencio (2)

Y seguimos con Martín-Santos.

¿Lengua viperina? Sí, pero no sólo. Hay una sátira frívola, despectiva, que no es más que bajeza y veneno, una ironía que atufa a resentimiento y suele nacer de la vanidad herida. Hay otra sátira, de buena ley podría decirse, la de Quevedo por ejemplo, la de Kierkegaard, la de Bloy -buenas lenguas viperinas todas ellas- o la de Cervantes -tan profunda, tan melancólica, tan fina que hasta puede prescindir de la lengua venenosa-, que nace de un sitio diferente. No del orgullo, no del desprecio, al contrario, la de buena ley suele estar entreverada de piedad. Una sátira, como la del tristemente malogrado Martín-Santos, que de haber llegado a cumplir los sesenta habría dado en cervantina, que nace de la lucidez y la desolación. Una burla que no deja títere con cabeza, empezando por la propia (la verdadera lucidez siempre empieza por uno mismo). Un repaso a todas nuestras lacras, las de los de arriba, los en medio y los de abajo, del que muy pocos se libran (que yo cuente sólo tres en todo el libro: la mujer del repugnante Muecas y un matrimonio de viejecitos, el que ocupa el peor cuarto de la pensión en la que el protagonista se aloja, a los que, por la ternura con la que describe sus gestos, seguro que conoció el autor). Una risa, resumiendo, bien bien triste, sobre todo para el que se ríe:

« Con regocijo, con júbilo, con prisa, con excitación verbigerativa, con una impresión difusa de ser muy inteligentes, se precipitaban los invitados en los dominios del agilísimo criado y se posaban luego en posturas diversas, ya sobre los asientos de las butacas gigantescas, ya sobre los brazos y respaldos de las mismas que eran capaces de dar confortable acomodo a los pájaros culturales que, encaramados en tales perchas y con un vaso de alpiste en la mano, lanzaban sus gorgoritos en todas direcciones, distinguiéndose entre sí las voces más que por su contenido específico, por el matiz sonoro de los trinos. El "¡Qué fácil se le entiende!" era muy pronunciado por aves jóvenes de rosado pico apenas alborotadoras y hasta humildes, incrédulas de su fácil vuelo hasta las ramas más bajas del árbol de la ciencia; el "¡Le he seguido perfectamente!" indicaba un grado más en el escalón de la autosuficiencia y en quien lo profería, al mismo tiempo que agradecimiento, aprobación hacia la manera de explicar sus verdades el filósofo; el "Esta mejor que nunca" era un graznido ronco de conocedor que cata las frutas del árbol y sabe si son aguacates, mangos, piñas u otra especie de tropical infrutescencia, al par que dictamina si el grado de maduración es el óptimo y si en el desembuche y pelado de la materia ofrecida se han seguido las reglas del buen gusto; el que afirmaba "Lo de la manzana ha sido genial, nadie ha explicado con tanta precisión y tanta claridad que la weltanschauung de cada uno depende de su propio puesto en el cosmos", era ya un gran pájaro sagrado de vuelo nocturno, búho sapientísimo definitivamente instalado en lo más umbrío de la copa.
Fuera de todas estas clasificaciones, pajarita preciosa pero también hábil pajarera, la señora de la casa volaba de rama en rama entonando canciones más complejas que al mismo tiempo que servían -como las de las otras aves- para su propia glorificación y adorno, tenían también fines más útiles de apareamiento y tercería de grupos (...). Cuidando de que ningún pájaro-bobo mediante un aislamiento excesivo, ni ningún irresponsable avestruz mediante impremeditada coz, pudiera alterar la armonía del conjunto, distribuía sus bandadas por sus amplias estufas de aclimatación, donde encontraban acomodo tanto las aves por su nacimiento adscritas a elevados climas sociales, como las que manifestaban con revoloteos impúdicos, picoteos un tanto demasiado ansiosos en los comedores o trinos excesivamente inteligentes su oriundez de climas más bajos junto a charcas fangosas e inferiores arroyos poco claros. Estos pájaros lindos sólo podían llegar a tales alturas, para ellos no predestinadas, merced a gracias especiales de plumaje o gorgorito que compensaran con su valor estético e "interesante" la mediocridad básica de su especie. Así como infrecuentes mutaciones  en el seno de una familia de perdices de matiz terroso, hacen brotar sin causa aparente otra de plumaje nacarino [¿no es una maravilla? ¿no suena a Virgilio o a Fray Luis?], o entre vulgares pardales un tataranieto inesperado presenta un precioso pecho de color de fuego, los pájaros-toreros, los pájaros-pintores y hasta, en más rara ocasión, los pájaros-poetas o escritores (si acompañaba al don poético una noble cabeza de perfil numismático) podían, aunque hijos del pueblo, codearse allí con las aves del paraíso y con las nobilísimas flamencas rosadas, las que siempre seguían -a pesar de todo- distinguiéndose de los advenedizos por finura de remos, longitud de cuello y plumaje por más alto modisto aderezado.»

Luis Martín-SantosTiempo de silencio, Biblioteca Breve, Edit. Seix Barral, Barcelona. 

12 agosto 2015

Tiempo de silencio (1)

De camino a la piscina me cogí el libro en una librería de viejo por dos euros. No me gusta llevar libros nuevos y que se me estropicien; además, era una de esas lecturas siempre pendientes y siempre postergadas. El libro, con una pegatina amarillenta de la librería Maxtor de Valladolid, firmado y fechado por su anterior propietaria, Mª Angeles Alonso B. 1975, tenía varias hojas con la esquina doblada, como un guiño pacientemente sostenido, y justo por ahí, picada por la curiosidad, lo empecé. Fabuloso comienzo. Ya no pude parar, me olvidé del calor, me olvidé del chapuzón, me olvidé de todo. De inmediato me hice amiga de la plegadora de esquinas y admiradora absoluta de Martín- Santos. Qué bárbaro, qué fenómeno, qué gracia, qué portento. Mira que encontrarlo de esta guisa, casi por casualidad y a estas alturas... Por qué tendría que conducir de ese modo y acabar tan malamente. Qué gran pérdida, con la proliferación de "Maestros" y la escasez de Martines-Santos que padecemos. 

Después ya he visto que el pasaje marcado es conocidísimo: la conferencia en la planta superior del teatro Barceló y el bailongo en la inferior, el posterior cultiparty de la très haut, el tremendo contraste con el relato intercalado por el que lo que parecía cómico se convierte en pura desesperación.... : 

    « Como todo cosmos bien dispuesto también aquel en que el acontecimiento se desarrollaba estaba ordenado en esferas superpuestas. (...) De este modo la esfera inferior del cosmos a que nos referimos, en la que con las dos superiores ninguna concomitancia ni relación (aparente) se descubría, estaba ocupada por un baile de criadas. En ella, indiferente a que más arriba el Maestro hablara (con perfecta simultaneidad en el tiempo y rigurosa superposición el el espacio) la turba sudadora se estremecía ya girando, ya contoneándose al son de un chunchún de pretendida estirpe afrocubana. En esta esfera inferior se producían sonidos y olores que apenas si habrían impregnado las esferas media y superior en el caso de haber estado éstas vacías. Pero no era así, sino que la esfera media almacenaba una muchedumbre casi comparable en número a la de la inferior, aunque muy diversamente compuesta. (...) Por lo que hace al olor, el que la esfera media poseía era una mezcla de diversos perfumes caros (algunos importados directamente de París a despecho de las dificultades de la balanza de pagos), lociones medicinales y crecepelos masculinos, abundante profusión de humo de tabaco rubio quemado y ciertos matices, apenas perceptibles pero inevitables, de sudor axilar y cuello de estudiante aficionado a la filosofía pero escasamente adicto al agua ya desde antes de la boga existencial. Finalmente, y para concluir este sumario repaso de nuestra teogonía, la tercera esfera superior y culminante -en varios sentidos- del conjunto, estaba constituida por el escenario del cine, donde junto con un pupitre sobre el que aparecían una luz, una jarra de agua, un vaso y una manzana, se establecía la presencia ominosa de un tableau noir de nada escrito. (...)
    Los condenados del sótano no tenían noticia de lo que -tres metros sobre sus cabezas- estaba ocurriendo y a causa de ello no presumían que la más aguda conciencia celtibérica se iba a ocupar, de modo deliberado, de elevar el nivel intelectual de la sociedad a la que (indignos en verdad) ellos también pertenecían. Pero era posible observar la reciprocidad y perfecta simetría del fenómeno, pues tampoco la muchedumbre de la esfera intermedia y quién sabe si ni siquiera el poderoso Maestro, tenía la menor noticia de la interesante realidad que bajo sus plantas se establecía con la simultaneidad antes indicada. (...) Pero las cosas son como son, vuelto sobre sí mismo el pueblo ignoraba al filósofo y la profusión de lujosos automóviles a la puerta de un cine de baja estofa, sólo le hacía experimentar las nuevas dificultades para el cruce de la calzada y no extraía de ellas ninguna valoración eficaz del momento histórico.
    Los dos amigos -incluidos en la esfera intermedia- tenían a su derecha a un exseminarista con chaqueta negra pintacaspiana típica de exclaustrado y a su izquierda una elegante de la très haute. Por delante, por detrás, por los lados estaban rodeados de señoras de la misma extracción y de poetas de varios sexos. Balenciagamente vestida, tocada con un sombrero especialmente elegido para el acto -que figuraba un pequeño casco palasatenaico con la sola nota frívola de una plumita de colibrí rojo al modo de trofeo- movía incesantemente una dama, a la altura de su rostro, sus dos manos admirables. (...)
    Pero ya el gran Maestro aparecía y el universo-mundo completaba la perfección de sus esferas.(...) Los círculos del purgatorio (que como tal podemos designar a las localidades baratas, sólo en apariencia más altas que el escenario) recibieron su carga de almas rezagadas y solemne, hierático, consciente de sí mismo, dispuesto a abajarse hasta el nivel necesario, envuelto en la suma gracia, con ochenta años de idealismo europeo a sus espaldas, dotado de una metafísica original, dotado de simpatías en el gran mundo, dotado de una gran cabeza, amante de la vida, retórico, inventor de un nuevo estilo de metáfora, catador de la historia, reverenciado por las universidades alemanas de provincia, oráculo, periodista, ensayista, hablista, el-que-lo-había-dicho-ya antes-que-Heidegger, comenzó a hablar, haciéndolo poco más o menos de este modo:
    "Señoras (pausa), señores (pausa), esto (pausa), que yo tengo en mi mano (pausa), es una manzana (gran pausa). Ustedes (pausa) la están viendo (gran pausa). Pero (pausa) la ven (pausa) desde ahí, desde donde están ustedes (gran pausa). Yo (gran pausa) veo la misma manzana (pausa) pero desde aquí, desde donde estoy yo (pausa muy larga). La manzana que ven ustedes (pausa) es distinta (pausa), muy distinta (pausa) de la manzana que yo veo (pausa). Sin embargo (pausa), es la misma manzana (sensación)".
    Apenas repuesto su público del efecto de la revelación, condescendiente, siguió hablando con pausa para suministrar la clave del enigma:
    "Lo que ocurre (pausa), es que ustedes y yo (gran pausa) la vemos con distinta perspectiva (tableau)".»

Luis Martín-Santos, Tiempo de silencio, Biblioteca Breve, Edit. Seix Barral, Barcelona. 

29 junio 2015

Ó rama ó que linda rama


Más Teresa Silva Carvalho, que canta que da gloria.
Ahora, por cambiar de tono, una canción del Alentejo, de las que dicen "de labor". Esta, en concreto, de la labor de apañar aceitunas, que también tenemos nosotros unas cuantas (canciones y aceitunas).
A mí se me hace rarísimo pensar en la gente del campo cantando deslomada, pero parece que sí, que era costumbre cantar mientras se trabajaba, que la jornada se hacía más leve. 
Habría que probar, a ver qué pasa :



Ó rama ó que linda rama
Ó rama da oliveira
O meu par é o mais lindo
Que anda aqui na roda inteira

Que anda aqui na roda inteira
Aqui e em qualquer lugar
Ó rama ó que linda rama
Ó rama do olival.

Eu gosto muito de ouvir
Cantar a quem aprendeu
Se houvesse quem me ensinara
Quem aprendia era eu.

Ó rama ó que linda rama...

Não m'invejo de quem tem
Carros, parelhas e montes
Só m'inveja de quem bebe
A água em todas as fontes.

Ó rama ó que linda rama...


27 junio 2015

A quem não entras na alma. Pessoa


F.PESSOA- CANÇÃO

Sol nulo dos dias vãos
Cheios de lida e de calma,
Aquece ao menos as mãos
A quem não entras na alma!
Que ao menos a mão, roçando
A mão que por ela passe,
Com externo calor brando
O frio da alma disfarce!
Senhor, já que a dor é nossa
E a fraqueza que ela tem,
Dá-nos ao menos a força
De a não mostrar a ninguém!


12 junio 2015

La grâce à l’intérieur de la disgrâce. Christian Bobin.


Un querido amigo de Asturias, al que aprovecho para saludar y dar nuevamente las gracias, sabiendo de mi querencia por Christian Bobin me envía este enlace a la revista digital Adiciones, que corro a compartir con vosotros. Además del documento enlazado, resumen de una entrevista radiofónica, podéis encontrar algunos textos más de Bobin -todos ellos traducidos por Teresa Campoamor- pinchando en la pestaña Colaboraciones.

Pues bien, buscando en la revista Esprit  el original del  titulado "Lo ideal sería tener al mismo tiempo un alma contemplativa y guerrera", un extracto de la entrevista realizada con ocasión de la publicación de  L'homme joie, me encuentro con el párrafo que más abajo os copio, de final tan imposible de traducir como de olvidar.

En él, preguntado por André Dhôtel, uno de sus autores preferidos, Bobin nos habla de la profunda exactitud con la que este escritor percibe la vida, de su facultad para hacer brillar la gracia en el interior de la desgracia, y a continuación, como ejemplo, nos resume un texto del autor  -el texto más bello de toda la literatura de todos los tiempos, comenta (a lo que una piensa: hombre, tampoco será para tanto...)-, una media cuartilla, dice, que tiene el acierto de comenzar planteando una pregunta infantil, de esas que nunca se nos ocurriría hacer: ¿puede ser fea una flor?  

Y sigue Bobin, haciéndose eco del texto de Dhôtel:  ...él empieza respondiendo que sí , y nos habla de las aquileas (o las milenramas), unas flores umbelíferas. Entonces dice«Un día vi una milenrama grisácea, de un  blanco sucio, y no me gustó». Y continúa: «Poco después, en otro jardín, vi unas flores de la misma especie, también milenramas pero llenas de color. Eran deslumbrantes, magníficas, y me parecieron adorables». Seguidamente añade, y aquí es donde este texto me conmueve: «Volví donde la primera, es decir: la sucia, la rechazada, et je l’ai aimée d’amour ». 

Según Bobin, en este texto está todo Dhôtel. También se encuentra en él todo Bobin. En ese movimiento desde el  natural rechazo del et je ne l'ai pas aiméee (y no me gustó), hasta el tocado por la gracia et je l’ai aimée d’amour (tan difícil de verter al castellano sin caer en la ramplonería, la cursilería o la inexactitud). Porque de lo que se habla, en suma, es de que la flor fallida, la malograda, la carente de hermosura y excelencia, la que pierde en la comparación, precisamente por ello, le gustó. Y no por ninguna especie de sentimiento compasivo, en el que siempre hay uno arriba y otro abajo,  sino con amor de predilección, con amor de enamorado, en el que de haber uno abajo es el enamorado.

Y no sé si será un poco exagerado calificarlo del texto más bello de la literatura de todos los tiempos, pero se comprende el entusiasmo de Bobin. La fuerza iluminadora de esa pequeña historia de nada. La que me hace ver de pronto lo que une a autores tan dispares como Simone Weil, tan matemática ella, o Léon Bloy, tan insultador él, o Péguy, tan dado a llorar en el tranvía como a exponer el pecho ante las balas enemigas, o el mismo Bobin, tan contemplativo: Amor de predilección, por lo carente, por lo mal visto, por lo desafortunado. 

Y pienso en Weil, que encontraba más guapos a los obreros que a los burgueses -y no sólo por espíritu de justicia, añadía-, y en su decidida posición junto al acusado que balbucea frente al enhebrador de brillantes discursos. Y en Bloy y en su predilección por las prostitutas, por todos los exluidos del festín que pegan las narices al escaparate de la pastelería. Y en Bobin y su tonto del pueblo, Albain, que ve lo que a los demás se les oculta. Y en la predilección de Péguy por los agrietados, por los que cada noche se acuestan con la asombrosa esperanza de que al día siguiente todo irá mejor. Y pienso también, cómo no hacerlo, en Él, que tenía el mismo género de predilecciones.

Aquí, por fin,  las palabras de Bobin:
- Il y a un autre écrivain qui est très présent dans vos livres, c’est André Dhôtel. Comment a commencé ce compagnonnage?Qu’est-ce qui vous attire chez lui. De quoi vous parle-t-il ?
CB- Je ne sais plus quand ses livres sont arrivés jusqu’à moi. Mais ce que je sais c’est que dès qu’ils sont arrivés ils ne sont plus jamais repartis. Et ils ont ramené tous leurs frères un à un. Ce qui me touche c’est son toucher de la vie, c’est la justesse profonde d’un homme qui fait que la grâce est à l’intérieur de la disgrâce. Pour le résumer, je dirais - et il est tout entier là-dedans -, qu’il a écrit, ça fait une demi-page, le plus beau texte de toute la littérature de tous les temps. Je peux vous le résumer, ce texte. Il commence par une question d’enfant, Dhôtel a la vertu de commencer par une question d’enfant que nous ne poserions pas, que nous ne saurions pas poser. Est-ce qu’on peut détester une fleur? Il commence par répondre oui. Et il parle des achillées, des fleurs qui sont des ombellifères. Il dit "Un jour j’ai vu une achillée qui était grise pâle, un blanc sale, et je ne l’ai pas aimée". Ensuite, il continue et dit: "Je suis allé dans un autre jardin un peu plus tard et j’ai vu des fleurs de cette sorte-là, d’autres achillées mais colorées. Et elles étaient éclatantes, magnifiques. Je les ai adorées". Ensuite, et c’est là où ce texte me bouleverse, il dit: "Je suis revenu vers la première, c'est-à-dire la souillon, la rejetée et je l’ai aimée d’amour". On sent même qu’il l’a aimée plus que les autres. Et ça, c’est tout à fait le mouvement de ses livres. 
http://www.esprit.presse.fr/news/frontpage/news.php?code=346
Entretien avec Christian Bobin réalisé par Didier POBEL et Bernard REVEL. 24-10-2014.


27 mayo 2015

Otra aproximación al Yo: Privilegio y condena. Enrique Baltanás.


Entre el denuesto y la alabanza del Yo, entre el "odi" de Weil y el "amo" de Bloy , hoy os traigo una aproximación poética al tema, un comprensivo (de comprehender) "odi et amo": PRIVILEGIO Y CONDENA .
La poesía es el refugio de los contrarios que la filosofía destierra, y el oxímoron su más brillante figura. La poesía es asilo del hombre, esa contradicción andante. Nada de desvaídos términos medios, nada de síntesis superadoras: lo uno y lo otro, lo blanquinegro, que nada tiene que ver con lo gris.
El poema en cuestión, incluido en el último poemario de Enrique Baltanás, galardonado con el Premio Unicaja de Poesía 2014 y recién salido de la imprenta, dice así :

PRIVILEGIO Y CONDENA

Privilegio y condena
es esta condición de ser tú mismo.
Esta piel, estos huesos
y este gesto, esta voz, esta costumbre
son la alambrada que tu vida encierra,
el muro levantado de una cárcel
que únicamente a este recluso guarda.

Huir de esta prisión es imposible.
Acepta tu condena.
Y haz honor a tan alto privilegio.


Del libro de Enrique Baltanás, 30 poemas reunidos bajo el misterioso título "Las propiedades del aire" (Ed. Pre-Textos), pueden decirse muchas cosas y todas buenas, salvo una: que se hace corto. En cuanto a las cosas buenas, cada vez leo más con el sistema simpático, que como se sabe es autónomo, reactivo y poco amigo de dar razones, pero, en fin, el libro lo merece y aunque sólo sean razones del corazón, completamente ajenas al juicio literario que dejo a los expertos (véase esta estupenda reseña de Álvaro Valverde ), se hará el esfuerzo.

Lo primero que se detecta es una voz desusadamente honesta, sin asomo de autocomplacencia, sin pretensiones epifánicas, sin afán de venderse ni de vender nada -todo ello tan de agradecer-, que en profundo soliloquio -al que se asiste como quien se cuela en casa ajena, conteniendo la respiración- va haciendo, verso a verso, repaso de la vida. Un repaso sin añoranzas, sin quejas, en un tono despojado y contenido que también se agradece. De "apasionada frialdad" hablaba Gil de Biedma a propósito de Cernuda. Lo mismo podría decirse de estos versos. Amor, tristeza, ilusiones, dolor, lo hecho y lo quedado por hacer... todo es sometido a  apasionada y fría reflexión: la frialdad que la reflexión impone, la pasión de la que brota el verso.

Quizá por ello o pese a ello, según se mire, hace pocas concesiones Baltanás en estos poemas a los sentidos. No encontramos las tormentas sonoras, ni el olor del cisco removido en el brasero, ni las verdes enredaderas en paredes enjalbegadas de otras veces. No abundan las escenas cotidianas, los paisajes, las situaciones: apenas un niño que mira desde la ventana, convertido en cifra de la existencia (LA TRISTEZA DE NUNCA: Esta tristeza mía no es de ahora,/ la albergo desde niño...), o una clase con alumnos que toman apuntes soñolientos (HABLANDO EX CATHEDRA: ...no acabo de atreverme/ a decirles que el tiempo nos entierra,/ capa tras capa sobre el mismo sitio,/.../ que Edad Media, Barroco, Ilustración, Romanticismo,/ son tan solo migajas/ de pavor en el bosque del tiempo...). Lo que sí abundan, sin embargo, son las preguntas (¿QUÉ HABRÍAN LLEGADO A SER...?: Qué habrían llegado a ser esos sueños soñados/ en la infancia hace tiempo sometida...; HISTORIA AMBIGUA: ¿Era amor el amor o era su doble?...; LOS PENSAMIENTOS DEL CORAZÓN: ...el corazón padece claustrofobia./ ¿Dónde buscar la luz, abrir un hueco?; SOBRE EL DOLOR: ...¿Por qué sufrimos necesariamente?/ ¿Para qué, sobre todo? ; A LA ESPERA:...¿Cuánto hace que sabemos/ la más cierta de todas las verdades? Las sombras son las hijas de la luz,/ la vida se alimenta de la muerte...). Baltanás es el auténtico homo quaerens, que como venía a decir Steiner, es el modo más alto de ser sapiens de los mal llamados sapiens. Un hombre que se pregunta, que reflexiona y que, por encima de todo, espera: La foi que j'aime le mieux, dit Dieu, c'est l'esperance.... 

Pocas estampas para el recuerdo, pocos pormenores decía, y, con todo, mucha vida. Una vida examinada, que es la suya y a la vez la nuestra. Porque es cierto que "todo lo que sube, converge", pero todo lo que baja al fondo, también. El libro, que se abre con una cita de Francisco de Aldana, podría resumirse perfectamente con esta otra del mismo autor: ...y caminar derecho/ jornada de mi patria verdadera;// entrarme en el secreto de mi pecho/ y platicar en él mi interior hombre,/ dó va, dó está, si vive, o qué se ha hecho...

En cuanto a mi sistema  lecto-reactivo, bien quieto y conmovido durante la lectura, al cerrar el libro quedó profundamente silencioso. No puedo pedir más. 

08 mayo 2015

A vueltas con el odioso Yo


  • Esto dice Simone Weil:
"Todo el esfuerzo de los místicos se ha dirigido siempre a obtener que deje de existir en su alma alguna parte que diga “yo”. Pero la parte del alma que dice “nosotros” es aún más peligrosa. El tránsito a lo impersonal sólo se opera mediante una atención de una cualidad rara y que sólo es posible en la soledad.(...) No se lleva a cabo jamás en quien se piensa a sí mismo como miembro de una colectividad, como parte de un “nosotros”. (...) No solo la colectividad es ajena a lo sagrado, sino que desorienta proporcionando una falsa imitación".

"Dios nos ha vestido con una personalidad —lo que somos— con objeto de que nos la quitemos".

  • Y esto dice Léon Bloy:
"A propósito de ese molde deprimente usado en la Compañía de Jesús y que se llama "Ejercicios", yo afirmo que la santidad no es otra cosa que el esparcimiento feliz y completo de la individualidad, y que el estrangulamiento de ésta es una obra demoníaca. Cuanto más santo, más singular , empezando por san Ignacio de Loyola, que fue el más grande original de su tiempo".

O bien:

"Carta a Léon Letellier, ex marino, actualmente atacado de filosofía: Pascal ha dicho que "El Yo es odioso". En eso se equivocó el pobre Blas, como se equivocan los grandes hombres: es decir, mucho más y mucho mejor que los hombres comunes. En realidad, nada hay interesante fuera del Yo, fuera de la visión nítida de un alma, bella u horrible, que se descubre. Verdad indiscutible en literatura, por ejemplo: un poeta sin su yo es insoportable, fastidioso y repulsivo. Cuando usted escribe que "no somos interesantes", que "no podemos interesarnos recíprocamente, ni siquiera por nosotros mismos, por lo que en nosotros es individual o exclusivo", se engaña impúdicamente a sí mismo, por errar a la manera de Pascal pero con muchas más palabras, en una oscuridad mucho más profunda y doscientos cincuenta años más tarde".


Y aquí estoy yo (con perdón...)  hecha un lío y de acuerdo con los dos.

26 marzo 2015

Qué cosas tiene don Aldous


  A continuación os dejo unas desconcertantes reflexiones, con formulación matemática incluida, de don Aldous Huxley (antes de lo suyo con la mescalina).
¿Elitismo? Sin duda. ¿Un altísimo concepto del "talento artístico"? También. ¿Demasiado exigente quizá? Puede. No olvidemos que una de las frases más repetidas de Huxley -no hay nota biográfica a la que se le escape- es la archicitada: "Uno llega a un punto en el que se dice, incluso al pensar en Beethoven, al pensar en Shakespeare: ¿Eso es todo?"
Y aun así, ahí queda esa reglita de tres: "x es a n, como 2x es a 2n" (8n con la concesión). Simple de lo más simple, y perfectamente insidiosa, irrebatible y políticamente incorrecta:


«Los progresos técnicos han conducido... a la vulgarización... Las técnicas reproductivas y las rotativas en la prensa han posibilitado una multiplicación imprevisible del escrito y de la imagen. La instrucción escolar generalizada y los salarios relativamente altos han creado un público muy grande capaz de leer y de procurarse material de lectura y de imágenes. Para tener éstos a punto, se ha constituido una industria importante. Ahora bien, el talento artístico es muy raro; de ello se sigue que en todo tiempo y lugar una parte preponderante de la producción artística ha sido minusvalente (sic).

Pero hoy el porcentaje de desechos en el conjunto de la producción artística es mayor que nunca... Estamos frente a una simple cuestión de aritmética. En el curso del siglo pasado ha aumentado en más del doble la población de Europa occidental. El material de lectura y de imágenes calculo que ha crecido por lo menos en una proporción de 1 a 20 y tal vez a 50 o incluso a 100. Si una población de x millones tiene n talentos artísticos, una población de 2x millones tendrá 2n talentos artísticos.

La situación puede resumirse de la manera siguiente: Por cada página que hace cien años se publicaba impresa con escritura e imágenes, se publican hoy veinte, si no cien. Por otro lado, si hace un siglo existía un talento artístico, existen hoy dos. Concedo que, como consecuencia de la instrucción escolar generalizada, gran número de talentos virtuales, que no hubiesen antes llegado a desarrollar sus dotes, pueden hoy hacerse productivos. Supongamos pues que haya hoy tres o incluso cuatro talentos artísticos por uno que había antes. No por eso deja de ser indudable que el consumo de material de lectura y de imágenes ha superado con mucho la producción natural de escritores y dibujantes dotados. Y con el material sonoro pasa lo mismo. La prosperidad, el gramófono y la radio han dado vida a un público, cuyo consumo de material sonoro está fuera de toda proporción con el crecimiento de la población y en consecuencia con el normal aumento de músicos con talento. Resulta por tanto que, tanto hablando en términos absolutos como en términos relativos, la producción de desechos es en todas las artes mayor que antes; y así seguirá siendo mientras las gentes continúen con su consumo desproporcionado de material de lectura, de imágenes y sonoro»

ALDOUS HUXLEY, Croisière d'hiver en Amérique Céntrale, Ed. Plon, París, 1935.

24 diciembre 2014

Our God is with us



... Todo esto aconteció para que se cumpliera lo que dijo el Señor por medio del profeta: Una virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre "Emmanuel", que significa "Dios con nosotros"
 [Mateo 1, 22-23]



Con nosotros. Entre nosotros. Asombroso. Y mira que nos conocía. 
O quizá fuera por eso, precisamente : porque nos conocía.

La cosa es que te paras a pensar en el "con", en ese compasivo y misteriosísimo "con", y después en el "nosotros", un "nosotros" así, tan novedoso, un "nosotros" sin "vosotros" y sin "ellos", tan recién estrenado, tan diferente de nuestros habituales "nosotros", tan difícil hasta de pensar, no te cuento de sentir...,  y tienes para toda una vida. Nunca llegaremos a entenderlo : Con nosotros. Ya lo dijo el poeta portugués : Pobre Menino Jesus ....

Que tengáis una muy feliz Navidad  y mis mejores deseos para el próximo 2015.

30 junio 2014

L'été. Christian Bobin


"Qu’est-ce qui me fait si peur dans l’été ? [...] C’est, je crois, la glorification par elle-même d’une société jeune, vive, aisée, cette sinistre euphorie d’un monde méprisant ses vaincus. L’été, ce n’est pas pour les prisonniers, les vieillards, les malades, les pauvres. Pendant cette saison, ils sont encore moins visibles que pendant le reste de l’année. Ils se taisent et contemplent le bleu d’un ciel qui les oublie."

["¿Qué es lo que me da tanto miedo del verano? La glorificación por sí misma de una sociedad joven, viva, acomodada, esa siniestra euforia de un mundo que desprecia a sus vencidos: el verano no está hecho para los prisioneros, los enfermos, los ancianos, los pobres. En esta estación son menos visibles aún que durante el resto del año. Ellos callan y contemplan el azul de un cielo que los olvida."]

Christian Bobin, Autoportrait au radiateur, Gallimard, 1997

10 abril 2014

Pedir pan y recibir piedras


Por los que piden pan y reciben piedras (*) , aquí os dejo este hermoso Padrenuestro de Arvo Pärt , tan clamante y vivamente sentido, dedicado en 2011 a Benedicto XVI en conmemoración del sexagésimo aniversario de su ordenación sacerdotal. Canta H.H. Põlda y acompaña al piano el mismo Pärt:


Vater unser im Himmel.
Geheiliget werde Dein Name.
Dein Reich komme.
Dein Wille geschehe, wie im Himmel, so auf Erden.
Unser tägliches Brot gib uns heute.
Und vergib uns unsere Schuld.
wie auch wir vergeben unsern Schuldigern ...


...Dein Wille geschehe, wie im Himmel, auch auf Erden. Unser tägliches Brot gib uns heute... 
Pues eso mismo, sin ánimo de ninguna otra cosa : Que se haga Su voluntad. Sólo la Suya.

 (*) "Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre.  ¿Acaso hay entre vosotros algún padre que dé a su hijo una piedra cuando le pide pan?" (Lucas 11, 10-11).

21 diciembre 2013

Niño lindo, ante ti me rindo


Pillo un ordenador al vuelo para desearos una feliz Navidad con este  Niño lindo.

Hubo Navidad porque tenía que haberla, porque la necesitábamos mucho. Lo recordamos, la celebramos, porque la seguimos necesitando, mucho.
"¿Acaso tienes tú ojos de carne, o ves como el hombre ve?", le echaba Job en cara a  Dios. Y Dios,  que siempre escucha,  primero le soltó una bronca, pero después nos envió a su Hijo.
Porque nos hacía falta. Porque echábamos en falta que Dios nos mirara con ojos, como los nuestros, de carne. Dios entre nosotros, viendo como vemos, con ojos y corazón de carne.
Eso es lo que celebramos: Con tus ojos lindos, Jesús, mírame, y sólo con eso, y sólo con eso me consolaré... 

Oídlos, oídlas -y vedlas- cantar:  La pequeñita despeinada que está en Babia, la ricura de las gafas,  la que se retuerce el pelo, las solistas echando el alma, la más alta y su mano que tantea: "la vida, bien mío.."
(Del minuto 0:50 al 5:00 para los que van con prisa)

                            
El mismo villancico, una vez más, que sabemos que a este Niño le conmueven los pesados. Ahora  en versión  naïve :

 

Y el mismo otra vez, sin dejar de repetirlo. Vamoallá noch einmal con estos berlineses:
Con tus ojos bellos, Jesús,  mírame... Esa tu hermosura, ese tu candor... tierno infante... dulce amante... Niño Dios...



   Pues eso, Feliz Navidad para todos.                                          

16 septiembre 2013

Aunque amenazado, vivo. Resucitar, Christian Bobin (2)

Dejo de remendar la anterior entrada, que cada vez que la veo le pego un meneo, y vamos por otro parrafito de Ressusciter, por ejemplo este que me encanta. Una comparación de las que no se olvidan ya se lea al derecho o al revés, es decir -para no abrir el melón antes de tiempo: a como b, o b como a (a mí del revés, b como a, quizá porque tengo más a mano los b que los a, me gusta todavía más):
"Les bourgeons du tilleul se sont ouverts et les premières feuilles en sortent, petites et chiffonnées comme des mouchoirs d'enfant tirés du fond d'une poche."
"Los brotes del tilo se han abierto y salen de ellos las primeras hojas, pequeñas y arrugadas como pañuelos de niño sacados del fondo de un bolsillo."

Y finalmente, y ya lo dejamos, este otro. Torres y torres de cubos de colores, cada vez más altas, cada vez más vistosas. Empezamos a construir de chicos y ya no paramos; en vez de letras, apilamos palabras, razones, argumentos sesudos, cubos pro domo nostra -siempre pro domo, se trata de construir... Hasta que llega un viento, sobre todo el último, que eso ya es un ventarrón, y cataplum:
"Il y a toujours un instant où la parole d'un intellectuel, si savante soit elle, m'apparaît comme un empilement de cubes coloriés portant sur leurs faces, imprimées en gros caractères, les lettres de l'alphabet. Je ne l'ecoute plus alors, je me demande seulement quand la vie viendra taper du pied contre cette construction pour la faire s'effondrer, que se découvre enfin son architecte -l'enfant tyrannique et peureux, certain que, derrière sa muraille montant jusqu'au ciel, personne ne viendrait le chercher. C'est ainsi que m'apparaissait C. quand il me parlait de la mort en una langue précieuse, saturée par toutes les pensées de l'Orient et celles de l'Occident. La maladie vient de plonger une main dans sa gorge, il m'a écrit pour m'en informer et me dit simplement qu'il tremble: tous ses cubes se sont effondrés, il n'en a plus à sa disposition et je le découvre, bien que menacé, pour la première fois, vivant."
"Siempre hay un instante en el que el discurso del intelectual, por sabio que sea,  se me figura una pila de cubos de colores con las letras del alfabeto impresas sobre sus caras en caracteres gruesos. Dejo de escucharlo entonces, solamente me pregunto cuándo vendrá la vida a pegarle un puntapié a esa construcción para tirarla por tierra y dejar al descubierto a su arquitecto -el niño tiránico y miedoso, seguro de que, detrás de su muralla alzada hasta el cielo, nadie vendrá a buscarlo. De esa forma se me aparecía C. cuando me hablaba de la muerte en una lengua exquisita, saturada de todos los pensamientos del Oriente y los del Occidente. La enfermedad acaba de echarle una mano al cuello, me ha escrito para informarme y me dice simplemente que tiembla: todos sus cubos se han desmoronado, no tiene más a su disposición y lo descubro, aunque amenazado, por primera vez, vivo."

Christian Bobin, Ressusciter, Gallimard-Folio, 2001.

11 septiembre 2013

Resucitar, Christian Bobin (1)


Hoy que por fin llueve a mares, me parece un día estupendo para traer el texto que abre Ressusciter, uno de los dos libritos de Bobin que me tenía reservados para este verano (del segundo, La dame blanche - naturalmente Emily Dickinson, otro día), y es que Bobin ha pasado a formar parte, junto con el gazpacho y el ventilador, del kit de supervivencia veraniego. Iba a decir que precisamente este es el texto del que el libro toma el título, pero lo mismo podría decirse de todos los que le siguen.  Lo cierto es que la obra entera de Bobin podría ser compilada bajo ese mismo título: "Resucitar":
"En el momento de la comunión, en la misa de Pascua, todos se levantaban en silencio, alcanzaban el fondo de la iglesia por un pasillo lateral, volvían después a pasitos lentos por el pasillo central, avanzando hasta el coro donde un sacerdote barbudo, con gafas de plata redondas, les daba de comulgar ayudado por dos mujeres con el gesto endurecido por la importancia de su tarea -ese tipo de mujeres sin edad que cambian los gladiolos del altar antes de que se pudran y cuidan de Dios como de un viejo marido fatigado. Sentado en el fondo de la iglesia y esperando mi turno para unirme al cortejo, miraba a la gente -sus ropas, sus espaldas, sus nucas, el perfil de sus rostros. Durante un segundo mi visión se abrió y fue la humanidad entera, sus miles de millones de individuos, lo que descubri en el fondo de ese río lento y silencioso: ancianos y adolescentes, ricos y pobres, mujeres adúlteras y niñas formales, locos, asesinos y genios, todos arrastrando los zapatos sobre las losas frías y desgastadas de la iglesia, como muertos que salieran sin impaciencia de su noche para ir a alimentarse de luz. Supe entonces lo que sería la resurreccion y qué calma asombrosa la precedería. La visión duró sólo un segundo. Al segundo siguiente recobré la vista ordinaria, la de una fiesta religiosa tan antigua que su significado se ha desvanecido y sólo perdura vagamente asociada a los primeros calores de la primavera."
A continuación dejo también el original para quien quiera y por si algún amable lector tiene una corrección o sugerencia, en particular sobre esas dalles bosselées a las que después de muchas vueltas he decidido mellar (Bosseler es trabajar algo a golpes para sacarle relieves, bollos, como se hace con el estaño, o como se repuja el cuero. Si hablamos de una fachada o un muro bosselée, es que tiene molduras o labrados, pero una carretera bosselée es una carretera con baches, y una piel bosselée es lo que aquí llamamos piel de naranja o con hoyos: irregularidades en suma, la cuestión es si para arriba o para abajo. Es decir, si las baldosas tienen relieves que los zapatos desgastan, como el tiempo los significados, o si están simplemente desconchadas). Baldosas aparte, la visión es fascinante: las gafas del sacerdote barbudo, esos aros de plata y cristal transparente como custodias sacramentales, las baldosas destartaladas como losas sepulcrales rotas, la fila de comulgantes transformada en la de la humanidad recién resucitada... Una visión fascinante y quizá no tan fantástica. En definitiva, desde ya, de resucitar se trata:
"Au moment de la communion , à la messe de Pâques, les gens se levaient en silence, gagnaient le fond de l'église par une allée latérale, puis revenaient a petits pas serrés dans l'allée centrale, s'avançant jusqu'au choeur ou l'hostie leur etait donnée par un prêtre barbu portant des lunettes cerclées d'argent, aidé par deux femmes aux visages durcis par l'importance de leur tâche -ce genre de femmes sans âge qui changent les glaïeuls sur l'autel avant qu'ils ne pourrissent et prennent soin de Dieu comme d'un vieux mari fatigué. Assis au fond de l'église et attendant mon tour pur rejoindre le cortège, je regardais les gens -leurs vêtements, leurs dos, leurs nuques, le profil de leurs visages. Pendant une seconde ma vue s'est ouverte et c'est l'humanité entière, ses milliards d'individus, que j'ai découverte prise dans cette coulée lente et silencieuse: des vieillards et des adolescents, des riches et des pauvres, des femmes adultères et des petites filles graves, des fous, des assasins et des génies, tous raclant leurs chaussures sur les dalles froides et bosselées de l'église, comme des morts qui sortaient sans impatience de leur nuit pour aller manger de la lumière. J'ai su alors ce que serait la résurrection et quel calme sidérant la précéderait. Cette vision n'a duré qu'une seconde. À la seconde suivante la vue ordinaire m'est revenue, celle d'une fête religieuse si ancienne que le sens s'en est émoussé et qu'elle ne demeure plus que pour être vaguement associée aux premières fièvres du printemps."

Christian Bobin, Ressusciter, Gallimard-Folio, 2001.

21 julio 2013

Un día me fui del pago. José Larralde


Hace unos días, repasando por las entradas anteriores los libros de Kant de aquellos años lejanos, llenos de subrayados y notitas absurdas (por ejemplo esta: "Postulados-uso regulativo-no constitutivo" -por ejemplo, ya veis qué cosas, la idea o postulado del mundo-;  o esta otra: "antinomias/paralogismos" -que debía de ser algo de suma importancia porque estaba anotado en rojo,pero ya no sé por qué-),  me encontré una cuartilla con la letra de una canción.  La letra habla de un gaucho que se va del pago ... y aquí estoy, míreme usté.
Se me vino entonces a la memoria, de golpe, la escena entera: la tarde, la mesa, el tocadiscos (yes), la música sonando mientras me partía la crisma con el susodicho. Volví a verme con los libros delante y a escuchar el disco de Larralde, el del vozarrón, al fondo.
Ahora sé que hay más verdad en las coplillas de Larralde que en todo Kant. No sé si por entonces lo sabía, si es que empezaba a intuirlo, o si sólo me gustaba oírle. Creo que era otro de esos socorros a los que me agarraba mientras perdía pie. Kant es un encantador de serpientes, empiezas a bailar a su son -es tan brillante, tan perfectos sus engranajes, tan embaucador-  y terminas hecha un nudo en el fondo del cesto. Qué digo un nudo, Kant es el flautista de Hamelin en persona, empiezas a seguirle y hay un momento en el que das un solo paso más, uno solo,  y ya no vuelves. Del mismo modo que a veces me agarraba a los árboles  (había uno en el jardín de la Facultad, un árbol normalito con un tronco rugoso  -el de la ciencia del bien y del mal lo teníamos dentro-  con el que llegué a tener una relación muy estrecha),  de ese mismo modo me agarraba a Larralde.
Ahora me doy cuenta, pasa mucho, sólo al correr del tiempo vemos lo que nos socorría. El día que nos muramos estoy segura de que veremos cosas increíbles.

La letra de la canción decía:  Un día me fui del pago,/ la pucha que lo extrañé,/ salí buscando trabajo/ y aquí estoy, míreme usté.// Cuando uno sale al camino,/ es difícil de saber/ si podrá pegar la vuelta/ o morirá sin poder.// Cuanto más leguas se hacen,/ más quedan por recorrer;/ los caminos son pa' dirse,/  las penas son pa' volver.//  Un día me fui del pago,/ pero Dios ha de querer/ que no se me manque el zurdo/ sin llegar a Huanguelén...

El "zurdo" no es un caballo -o no sólo-, el "zurdo" es el corazón. El corazón, como bien sabéis, se nos puede "mancar" de muchas formas.
 Aquí está Larralde, benditos sean él y todo lo que en esta vida viene en nuestro socorro:



https://www.youtube.com/watch?v=w1lc8iJfqug

Y aquí os dejo esta otra, que no estaba guardada en el libro pero me hacía mucha gracia y me la sigue haciendo : "... porque tengo razón, que no tengo razón, que me falta un ojal, que me sobra un botón..."


16 julio 2013

Una marca sobre la tierra. Simone Weil

"Desde la más tierna infancia y hasta la tumba hay, en el fondo del corazón de todo ser humano, algo que, a pesar de toda la experiencia de los crímenes cometidos, sufridos y observados, espera invenciblemente que se le haga el bien y no el mal. Ante todo es eso lo que es sagrado en cualquier ser humano. El bien es la única fuente de lo sagrado. Únicamente es sagrado el bien y lo que está relacionado con el bien.
Esa parte profunda, infantil, del corazón, que espera siempre el bien, no es la que está en juego en la reivindicación. El niño que vigila celosamente si a su hermano le han dado un trozo de pastel un poco más grande que a él cede a un móvil que proviene de una parte mucho más superficial del alma. La palabra justicia tiene dos significados muy diferentes, que tienen relación con esas dos partes del alma. Solo la primera importa.
Cada vez que surge, desde el fondo del corazón humano, el lamento infantil que Cristo mismo no pudo contener: “¿Por qué se me hace daño?”, hay ciertamente injusticia. Pues si, tal como sucede a menudo, tan solo es el efecto de un error, entonces la injusticia consiste en la insuficiencia de la explicación.(...)
En los que han sufrido demasiados golpes, como los esclavos, esa parte del corazón a la que el mal infligido hace gritar de sorpresa parece muerta. Pero jamás lo está del todo. Tan solo es que ya no puede gritar. Se mantiene en un estado de gemido sordo e ininterrumpido. Pero incluso en quienes el poder del grito está intacto, ese grito no consigue expresarse hacia dentro ni hacia fuera con palabras seguidas. Lo que sucede habitualmente es que las palabras que intentan traducirlo suenan completamente falsas.
Ello es tanto más inevitable cuanto que aquellos que más a menudo tienen ocasión de sentir que se les hace un daño son los que menos saben hablar. Nada más horroroso, por ejemplo, que ver en un tribunal a un desgraciado balbucear ante un magistrado que lanza ocurrencias graciosas en un lenguaje elegante. "

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"La desgracia en sí misma es inarticulada. Los desgraciados suplican silenciosamente que se les proporcione palabras para expresarse. Hay épocas en las que no se les concede. Hay otras en las que se les proporciona palabras, pero mal escogidas, ya que quienes las escogen son ajenos a la desgracia que interpretan. Muy a menudo están lejos de la desgracia por el lugar en el que les han puesto las circunstancias. Pero incluso si están cerca, o si se la han encontrado dentro de un período de sus vidas, incluso reciente, no obstante son ajenos porque se han vuelto ajenos tan pronto como han podido. Al pensamiento le repugna pensar la desgracia tanto como a la carne viva le repugna la muerte. La ofrenda voluntaria de un ciervo avanzando paso a paso para ofrecerse a los dientes de una jauría es posible más o menos en el mismo grado en que lo es un acto de atención dirigido hacia una desgracia real, y  muy próxima, por parte de un espíritu que tiene la facultad de dispensárselo.
Lo que, siendo indispensable para el bien, es imposible por naturaleza, siempre es posible sobrenaturalmente.
El bien sobrenatural no es una especie de suplemento del bien natural, aunque, con la ayuda de Aristóteles, se nos quiera convencer de tal cosa  para nuestra mayor comodidad. Sería agradable que así fuera, pero no lo es. En todos los problemas punzantes de la existencia humana, solo hay elección entre el bien sobrenatural y el mal. Poner en boca de los desdichados palabras que pertenecen a la región mediana de los valores, tales como democracia, derecho o persona, es hacerles un obsequio que no es susceptible de aportarles ningún bien y que les causa inevitablemente mucho mal.
Esas nociones no tienen su lugar en el cielo, están suspendidas en el aire y, por esta misma razón, son incapaces de morder la tierra.
Sólo la luz que cae continuamente del cielo le proporciona a un árbol la energía que hunde profundamente en la tierra las poderosas raíces. En verdad, el árbol está enraizado en el cielo.
Sólo lo que viene del cielo es susceptible de imprimir realmente una marca sobre la tierra."

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"Si se quiere amar eficazmente a los desdichados, basta con poner en sus bocas palabras cuya morada propia se encuentra en el cielo, en el otro mundo. No hay que temer que sea imposible. La desdicha dispone al alma a recibir ávidamente, a beber todo lo que viene de ese lugar. Son los proveedores y no los consumidores los que faltan para este tipo de producto.
El criterio para la elección de las palabras es fácil de reconocer y emplear. Los desdichados, sumergidos en el mal, aspiran al bien. Sólo hay que darles palabras que expresen únicamente el bien, el bien en estado puro.
Diferenciarlas es fácil. Las palabras a las que se les puede añadir algo que designe un mal son ajenas al bien puro. Se expresa una reprobación cuando se dice: “Pone por delante su persona”. La persona es, por tanto, ajena al bien. Se puede hablar de un abuso de la democracia. La democracia es, por tanto, ajena al bien. La posesión de un derecho implica la posibilidad de hacer con él un buen uso o un mal uso. El derecho es, por tanto, ajeno al bien. Por el contrario, cumplir con una obligación es un bien, en todas partes. La verdad, la belleza, la justicia, la compasión son bienes siempre, en todas partes. Para estar seguro de que se dice lo que hay que decir, cuando de las aspiraciones de los desdichados se trata, basta con limitarse a las palabras y a las frases que expresan siempre, en todas partes, en todas las circunstancias, tan sólo un bien.
Es uno de los dos únicos servicios que se les puede hacer con las palabras. El otro consiste en encontrar palabras que expresen la verdad de su desdicha; palabras que, por medio de las circunstancias exteriores, hagan perceptible el grito que siempre se lanza rodeado de silencio: “¿Por qué se me hace daño?”.

Para ello no deben confiar en hombres de talento, personalidades, celebridades, ni siquiera en hombres geniales en el sentido en el que normalmente se emplea la palabra genio, cuyo uso se confunde con el de talento. Solo pueden confiar en genios de primer orden, el poeta de la Ilíada, Esquilo, Sófocles, Shakespeare, tal como era cuando escribió Lear, Racine tal como era cuando escribió Fedra. No es que sean muchos.
Pero hay cantidad de seres humanos que, habiendo sido mal o mediocremente dotados por la naturaleza y pareciendo infinitamente inferiores no solo a Homero, Esquilo, Sófocles, Shakespeare, sino también a Virgilio, Corneille o Hugo, sin embargo, viven en el reino de los bienes impersonales en el que estos últimos no han penetrado. El más simple idiota del pueblo, en el sentido literal de la palabra, que ame realmente la verdad, aun cuando tan solo emitiera algunos balbuceos, es por el pensamiento infinitamente superior a Aristóteles. Está infinitamente más próximo a Platón de lo que Aristóteles lo haya estado nunca. Tiene genio, mientras que a Aristóteles sólo le conviene la palabra talento... El amor a la verdad siempre se ve acompañado de humildad. El genio real no es sino la virtud sobrenatural de la humildad en el ámbito del pensamiento.

En lugar de alentar el florecimiento de talentos, como se proponía en 1789, hay que querer y resguardar con un tierno respeto el crecimiento del genio, pues sólo los héroes realmente puros, los santos y los genios pueden socorrer a los desventurados.
Entre ambos, la gente de talento, de inteligencia, de energía, de carácter, de fuerte personalidad hacen pantalla e impiden la ayuda. No hay que hacer ningún mal a la pantalla, pero suavemente hay que echarla a un lado, intentando que se dé cuenta lo menos posible. Y hay que romper la pantalla mucho más peligrosa de lo colectivo, suprimiendo toda esa parte de nuestras instituciones y nuestras costumbres en la que habite una forma cualquiera del espíritu de partido. Ni las personalidades ni los partidos conceden jamás audiencia a la verdad ni a la desgracia.
Hay alianza natural entre la verdad y la desgracia, porque una y otra son suplicantes mudos, eternamente condenados a permanecer sin voz ante nosotros.
Del mismo modo que un vagabundo, acusado ante el tribunal por haber cogido una zanahoria de un campo, está plantado ante el juez que, cómodamente sentado, desgrana elegantemente preguntas, comentarios y bromas, mientras que el otro consigue apenas balbucear, así también está plantada la verdad ante una inteligencia ocupada en establecer elegantemente opiniones. "

Simone WeilEscritos de Londres y últimas cartas .
http://www.institutosimoneweil.net/index.php?option=com_content&view=article&id=397:simone-weil-la-persona-y-lo-sagrado&catid=53:simone-weil&Itemid=73

10 julio 2013

...y la ley moral en mí (o: "Si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá! ")- y 3.

Y para terminar con estos apuntes nazi-kantianos -y pido perdón por si alguien se ha sentido ofendido- aquí tenéis esta entrevista a Michel Onfray, el autor de El sueño de Eichmann, un kantiano entre en los nazis. El problema para Onfray estriba en la subordinación de la moralidad privada a la legalidad pública. Kant es el filósofo de la obediencia, dice, y toda filosofía política que no deja lugar a la desobediencia, al hecho de distinguir entre legalidad y moralidad, es una filosofía peligrosa. De ahí que la ética kantiana no pueda tomarse aisladamente y deba ser reconsiderada a la luz de su filosofía jurídica y política. De todos modos, para descender al caso práctico y a la aterradora extrapolación a la situación de los judíos en el Tercer Reich, lo mejor es que lo oigáis:


Y ahora volvemos al Kant de Respuesta a la pregunta:¿Qué es la Ilustración?, y a su querido Federico II el Grande, déspota e ilustrado, cuya máxima de gobierno era aquel desvergonzado Razonad todo lo que queráis y sobre lo que queráis pero obedeced, y después podéis seguir extrapolando:

“Un príncipe que no encuentra indigno de sí declarar que sostiene como deber no prescribir nada a los hombres en cuestiones de religión, sino que los deja en plena libertad y que, por tanto, rechaza al altivo nombre de tolerancia, es un príncipe ilustrado, y merece que el mundo y la posteridad lo ensalce con agradecimiento. Al menos desde el gobierno, fue el primero en sacar al género humano de la minoría de edad, dejando a cada uno en libertad para que se sirva de la propia razón en todo lo que concierne a cuestiones de conciencia moral”. 
Y sigue:“Si se nos preguntara ¿vivimos ahora en una época ilustrada? responderíamos que no, pero sí en una época de ilustración. Todavía falta mucho para que la totalidad de los hombres, en su actual condición, sean capaces o estén en posición de servirse bien y con seguridad del propio entendimiento, sin acudir a extraña conducción”.
 
Ya vemos que aunque "todavía falte mucho" -y siga faltando siempre- para que el hombre esté en posición de servirse con seguridad del propio entendimiento, Kant se congratula de que haya sido declarado mayor de edad y libre en cuestiones de religión y conciencia moral. La conducción extraña -y en exclusiva, sin trabas-  del "todavía incapaz"  por parte del Estado no parece preocuparle. Y su plena libertad en cuestiones de conciencia moral,  pese a "su actual condición", que es a lo que vamos, tampoco.

Y a lo que vamos es a que el problema de Eichmann, íntimamente convencido de las bondades del Reich, de la necesidad de librarlo de sus adversarios y de la moralidad de sus actos cuando su trabajo consistía, primero,  en impulsar y facilitar la emigración de los judíos,  y después en organizar los sistemas de deportación y transporte masivo, no fue un problema de conflicto entre moral privada y legalidad pública, o sólo lo fue en los últimos momentos, cuando sus proyectos para darles un territorio o "poner suelo bajo sus pies"  (en Madagascar,  o en Palestina, a donde facilitó la emigración de los primeros miles de asentados e incluso llegó a viajar como invitado de honor) quedaron definitivamente cancelados . El conflicto --rápidamente resuelto por otra parte  recurriendo al criterio de autoridad: ¿quién era él para oponerse cuando todos los importantes estaban de acuerdo?--  sólo surgió cuando, en 1942, en la conferencia de Wannsee, se acordó el exterminio físico de los judíos, la Solución Final.

El problema de Eichmann no es que fuera un infeliz burócrata cumplidor de la ley, una "banal" ruedecita de un sistema criminal, aunque de hecho lo fuera. El problema del íntegro y kantiano Eichmann, y de ningún modo católico, contra lo que se deja caer en la película sobre Hannah Arendt de M.von Trotta (En Jerusalén -habla Arendt- Eichmann declaró que era un Gottgläubiger, palabra con que los nazis designaban a aquellos que se habían apartado de la doctrina cristiana, y se negó a jurar ante la Biblia), es el de la Razón Práctica, es el de la Razón convertida en instancia moral absoluta: una razón además de práctica, pura: der reinen praktischen Vernunft (y no deja de ser llamativa esa obsesión por la pureza, por la limpieza, por lo rein, que tan extraño le es al hombre, tanto en Kant como en los nazis: der reinen Vernunft, das Reich Judenrein, die Reinigung der Rasse... todo siempre rein). Su problema es el de la carencia de unas normas objetivas, no formales, no manipulables, no dadas por sí mismo: esas "banderas negras" de las que le hablaban sus juzgadores, el "yo eso no puedo hacerlo" que busca y no encuenta Arendt por ningún lado. Su problema es el de la mudez de esas normas que se encuentran inscritas en la conciencia de todos los hombres y que suenan más claras cuanto menos se dedican a la autolegislación universal, las únicas que en los momentos críticos, momentos de arrasamiento de todo lo humano y para empezar de la tan cacareada "autonomía", lo pueden sostener.

Y la cuestión aquí, la que ni Arendt ni Onfray se plantean, muy partidarios los dos de las leyes que el hombre se da a sí mismo en el libre ejercicio de su razón, sería la de si el mal puede cometerse no tanto por la falta de reflexión, no tanto por la falta de razón autónoma, que esa es la tesis que Arendt sostiene hasta el final, sino por su hipertrofia. No fueron generalmente filósofos los que resistieron (ahí está el gran Heidegger), fue gente sencilla y nada kantiana en su mayor parte, como los dos campesinos que menciona Arendt, gente con sus diez mandamientos bien aprendidos, esos de los que conviene librarse para poder obedecer mejor al Federico, al Adolfo o al Iósif de turno. La cuestión no planteada es la de la capacidad de la razón, no la pura sino la de cada uno, limitada, interesada, siempre juez y parte, para distinguir el bien y el mal, y la del amordazamiento de la conciencia, esta sí particular y a la vez universal (que ese es el gran quebradero de cabeza de Kant) y heterónoma de toda heteronomía (Kant, naturalmente, no ignora que existe la conciencia, ese "tribunal interior", das Gewissen als innerer Gerichtshof. Un tribunal que, convertido en simple policía del imperativo categórico, queda sin voz, como quedó sin voz el de Eichmann que sólo le recriminaba sus excepciones piadosas). La cuestión aquí sería la de si la moralidad, y la resistencia moral tan necesaria y difícil en situaciones críticas, dependerá menos de la razón que se da argumentos y leyes a sí misma, y más de la escucha, escucha que es siempre la de lo Otro -y esa es su fuerza, su solidez y su garantía- en uno.

¿Y cómo no recordar ahora las palabras de Donoso, tan recalcitrantes, tan contracorriente, tan "kikirikí" y, sin embargo, tan anticipadoras: "Su orgullo ha dicho al hombre de estos tiempos dos cosas, y ambas se las ha creído: que no tiene lunar y que no necesita de Dios  (...)  que no hay otro mal sino aquel que la razón entiende que es mal, ni otro pecado que aquel que la razón nos dice que es pe­cado.." o bien:  "La legitimidad de la razón son dos palabras, de las cuales la última designa el sujeto y la primera el atributo; yo niego el atributo y el sujeto..."?

Y, sobre todo, cómo no volver a leer con asombro las palabras del Génesis, ahí desde el principio, esas palabras que Spinoza entiende no como una prohibición arbitraria y  muestra de autoridad, sino como un aviso, muestra de paternal inquietud: "De todo árbol del huerto podrás comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comieres ciertamente morirás" (Gen 2,16-17). Casi las mismas que escucha Moisés en el Sinaí cuando su pueblo, cansado de desierto, empezaba a ofuscarse: "Porque estos mandamientos que yo te prescribo hoy no son superiores a tus fuerzas ni están fuera de tu alcance... No están en el cielo... Ni están al otro lado del mar... Sino que la palabra está bien cerca de ti, está en tu boca y en tu corazón para que la pongas en práctica... Pero si tu corazón se desvía y no escuchas...yo os declaro que pereceréis sin remedio... Te pongo delante vida o muerte, bendición o maldición. Escoge la vida, para que vivas tú y tu descendencia..." (Deut. 30, 11-20).

Es así precisamente, como el reino de la muerte, como describe Eichmann, víctima a la vez que verdugo, aquellos tiempos oscuros. Y aquí os dejo, y terminamos, con este pasaje de Hannah Arendt, y en él los trucos, la perversidad, las manipulaciones de la inteligencia, los camuflajes -que no la banalidad- del mal, y muerte, muerte, muerte:

"Lo que se grababa en las mentes de aquellos hombres que se habían convertido en asesinos era la simple idea de estar dedicados a una tarea histórica, grandiosa, única («una gran misión que se realiza una sola vez en dos mil años»), que, en consecuencia, constituía una pesada carga. Esto último tiene gran importancia, ya que los asesinos no eran sádicos, ni tampoco homicidas por naturaleza, y los jefes hacían un esfuerzo sistemático para eliminar de las organizaciones a aquellos que experimentaban un placer físico al cumplir con su misión... De ahí que el problema radicara, no tanto en dormir su conciencia, como en eliminar la piedad meramente instintiva que todo hombre normal experimenta ante el espectáculo del sufrimiento físico. El truco utilizado por Himmler —quien, al parecer, padecía muy fuertemente los efectos de aquellas reacciones instintivas— era muy simple y probablemente muy eficaz. Consistía en invertir la dirección de estos instintos, o sea, en dirigirlos hacia el propio sujeto activo. Por esto, los asesinos, en vez de decir: «¡Qué horrible es lo que hago a los demás!», decían: «¡Qué horribles espectáculos tengo que contemplar en el cumplimiento de mi deber, cuán dura es mi misión!». El hecho de que Eichmann recordara mal las ingeniosas frases de Himmler quizá sea un indicio de que existían otros medios más eficaces para resolver los problemas de conciencia. Entre todos ellos destacaba, como Hitler había previsto certeramente, el simple hecho de la guerra. Eichmann repitió una y otra vez la existencia de «una actitud personal diferente» con respecto a la muerte «cuando uno ve muertos en todas partes», y cuando todos esperaban con indiferencia la propia muerte: «No nos importaba morir hoy o morir mañana, y, en ocasiones, maldecíamos el amanecer que nos pillaba todavía vivos.» "

El problema de Eichmann, querida Hannah Arendt, no era de "simple irreflexión" o de "incapacidad de pensar por sí mismo". De intelecto, reflexiones y razones él y todos estaban bien servidos. Su problema no era de cabeza, sino de corazón, y de ausencia de vasos comunicantes entre uno y otra. Es decir, de estricta moral kantiana: La razón, pura, blindada y campando a sus anchas; las inclinaciones naturales y los sentimientos, impuros, proscritos; la voluntad, sometida; la conciencia, falseada. Kant definía la santidad como la concordancia perfecta entre la voluntad y las leyes de la razón práctica: Lástima que Eichmann en una ocasión se apiadó y saltándose las normas fue en socorro de sus amigos. De no haber cedido, para Kant  sería santo.

Decía Péguy que el kantismo tiene las manos limpias pero no tiene manos. Y tenía razón, el kantismo no las tiene, pero los kantianos sí, ése es el problema.
 
Hannah Arendt, Eichmann en Jerusalén. Un estudio acerca de la banalidad del mal. Edit.Lumen, 2003, traducc. Carlos Ribalta. [http://fadeweb.uncoma.edu.ar/carreras/materiasenelweb/abogacia/teoria_del_derecho_II/fichas/Arendt, Hannah - Eichmann en Jerusalen.pdf ]