22 mayo 2013

y el verde verde limón. Camoens.


Mientras consigo arrancar con doña Hannah Arendt, que no me veo animosa, aquí os dejo un entremés poético-musical.
Se trata de un poemita de Camoens al que puso música el portugués José Afonso, el autor de la famosa Grândola, vila morena de la revolución de los claveles.
La canción, y el poema, los descubrí un verano de hará unos diez años en un CD de oferta, de esos de tres por dos duros. Era un disco de música portuguesa de una tal Teresa Silva Carvalho; lo cogí porque tenía algún fado y más que nada por completar los tres, y  fue un acierto redondo, me pasé el verano oyéndola. Ahora, cada vez que veo un campo verde, o la foto de un campo verde,  como las de esos paisajes por los que se perece Ángel Ruiz, parece que la oigo de fondo: "Verdes são os campos, de cor de limão...". Así estaba también esta mañana el Retiro, lavado por las lluvias de los últimos días y de cor de limão.
El poema de Camoens es una maravilla de las que no se olvidan. Esa intensidad creciente: los campos verdes de verde limón, el recuerdo de los ojos de la amada, las ovejas pastando, el poeta rumiando sus recuerdos... hasta los versos finales en los que los ojos de la amada lo inundan todo. Y la transfiguración de la realidad por obra del amor, su poder transformador, transubstanciador diría si es que pudiera decirse así: "eso que coméis no son yerbas, no..."
[Y será porque tengo a doña Hannah revolviendo en la trastienda con su Kant-oh Kant, pero bien mirado, o mal mirado,  Camoens en este poema parece adelantarse a Kant. En vez de nóumenos, fenómenos y categorías, tenemos prados, yerbas verdes y los ojos de su corazón. Y en vez de la razón pura, la fuerza del amor. En el fondo es lo mismo sólo que más real, más cordial y mucho más hermoso. Los filósofos en  su mayor parte son poetas que hablan raro, poetas enrevesados, no se les debía tomar mucho más en serio]

Aquí va el poema, y a continuación Teresa Silva Carvalho cantándolo (en el video demasiado verde no es que haya, al campo se le ve un poco reseco, pero así el poema se refuerza: bastan los recuerdos para teñirlo de verde.  En la última imagen en vez de una oveja sale un gato, de eso ya no sé qué decir. Lo mejor es oírla cantar):

Verdes são os campos,
De cor de limão:
Assim são os olhos
Do meu coração.

Campo, que te estendes
Com verdura bela;
Ovelhas, que nela
Vosso pasto tendes,
De ervas vos mantendes
Que traz o Verão,
E eu das lembranças
Do meu coração.

Gados que pasceis
Com contentamento,
Vosso mantimento
Não no entendereis;
Isso que comeis
Não são ervas, não:
São graças dos olhos
Do meu coração.





19 mayo 2013

El paso del primer al segundo Donoso Cortés (2)

1. Lo que decía Donoso Cortés en 1845 ( Discurso Parlamentario 15 de enero ):
 la libertad no es otra cosa que la discusión; y en este punto soy tan exigente que me gustan hasta las discusiones peligrosas” 

2. Lo que dice Donoso Cortés en 1851 (Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo):

"La sociedad entonces se deja gobernar de buen grado por una escuela que nunca dice afirmo ni niego y que a todo dice distingo. El supremo interés de esa escuela está en que no llegue el día de las negaciones radicales o de las afirmaciones soberanas; y para que no llegue, por medio de la discusión confunde todas las nociones y propaga el escepticismo, sabiendo como sabe, que un pueblo que oye perpetuamente en boca de sus sofistas el pro y el contra de todo, acaba por no saber a qué atenerse y por preguntarse a sí propio si la verdad y el error, lo justo y lo injusto, lo torpe y lo honesto, son cosas contrarias entre sí o si son una misma cosa mirada desde puntos de vista diferentes."

 "La legitimidad de la razón son dos palabras, de las cuales la última designa el sujeto y la primera el atributo; yo niego el atributo y el sujeto. ¿Qué cosa es la legitimidad y qué cosa es la razón? Y en el caso que sean alguna cosa, ¿de dónde sabes que esa cosa esté en el liberalismo y no en el socialismo, en ti y no en mí, en las clases acomodadas y no en el pueblo? Yo niego tu legitimidad y tú la mía; tú niegas mi razón y yo la tuya."

"Cuando me provocas a discutir, te perdono, porque no sabes lo que haces; la discusión, disolvente universal, cuya virtud secreta no conoces, acabó ya con tus adversarios y va a acabar contigo ahora; por lo que hace a mí, tengo propósito firme de ganarla por la mano, matándola para que no me mate. La discusión es espada espiritual que revuelve el espíritu con ojos vendados; contra ella, ni vale la industria ni la malla de acero; la discusión es el titulo con que viaja la muerte cuando no quiere ser conocida y anda de incógnito.
Roma la sesuda la conoció, a pesar de sus disfraces, cuando entró por sus muros en traje de sofista; por eso, prudente y avisada, le refrendó su pasaporte.
El hombre, al decir de los católicos, no se perdió sino porque entró en discusiones con la mujer, ni la mujer sino por haber discutido con el diablo. Más adelante, hacia la mitad de los tiempos, dicen que este mismo demonio se apareció a Jesús en un desierto, provocándole a una batalla espiritual, o como quien diría, a una discusión de tribuna; pero aquí parece que tuvo que habérselas con otro más avisado, el cual le hubo de contestar: Vade Satanas, con cuya palabra puso fin a un mismo tiempo a la discusión y a los diabólicos prestigios."

3. ¿Qué ocurrió entre tanto, qué pudo transformar de ese modo la actitud,  las convicciones, la manera de ver y estar en el mundo del  brillante polemista Donoso Cortés?  Él mismo lo cuenta en la famosa carta de 21 de julio de 1849, dirigida a su amigo Alberich Blanche-Raffin:

"Yo siempre fui creyente en lo íntimo de mi alma; pero mi fe era estéril, porque ni gobernaba mi pensamiento, ni inspiraba mis discursos, ni guiaba mis amores. (/...) Tuve un hermano a quien vi vivir y morir, y que vivió una vida de ángel y murió como los ángeles morirían si muriesen. Desde entonces juré amar y adorar, y amo y adoro... –iba a decir lo que no se puede decir–, con ternura infinita, al Dios de mi hermano. Dos años van ya recorridos de aquella tremenda desgracia... Vea usted aquí, amigo mío, la historia íntima y secreta de mi conversión... Como usted ve, aquí no ha tenido influencia ninguna ni el talento ni la razón; con mi talento flaco y con mi razón enferma, antes que la verdadera fe me hubiera llegado la muerte. El misterio (porque toda conversión es un misterio) es un misterio de ternura. No le amaba, y Dios ha querido que le ame, y le amo; y porque le amo, estoy convertido. (...) ahora soy otro (...) Yo amo a Dios porque creo que me ha amado antes. Sin duda, la mayor elevación que siente el ser humano consiste en cerciorarse por la fe de que es amado por Dios.»

[No se trata, naturalmente, de que Donoso rechace desde ese momento cualquier clase de discusión:  a la discusión de  las ideas socialistas y liberales dedica, de hecho, el Ensayo. En lo que ha dejado de creer Donoso es en la posibilidad de llegar a la verdad por medio de la discusión como pretende el liberalismo relativista: Ni la discusión, ni una razón viciada, insegura y tendenciosa, podrán por sí solas alcanzar a distinguir el bien y el mal en el orden moral,  político o social.
Donoso Cortés terminó siendo apodado por sus adversarios "Quiquiriquí de Extremadura". El liberal-progresista Modesto Lafuente decía que en Donoso el miedo de la revolución "rayaba en la locura"; otros lo llamaron apocalíptico o mártir plenipotenciario... Y sin embargo, anticipó las claves de la política europea del siglo XX  y fue el único que supo prever el auge de los totalitarismos y hasta sus tipos (que algo tienen que ver con la capacidad de discernir, o incluso de invertir, el bien y el mal) .  Mañana, o así,  Hannah Arendt, tan distante y tan distinta, pero...]

13 mayo 2013

Que no tiene lunar (o el dogma de la inmaculada concepción del hombre). Donoso Cortés (1)


"Los errores contemporáneos son infinitos; pero todos ellos, si bien se mira, tienen su origen y van a morir en dos negaciones supremas: una, re­lativa a Dios, y otra, relativa al hombre. La sociedad niega de Dios que tenga cuidado de sus criaturas, y del hom­bre, que sea concebido en pecado. Su orgullo ha dicho al hombre de estos tiempos dos cosas, y ambas se las ha creído: que no tiene lunar y que no necesita de Dios; que es fuerte y que es hermoso; por eso le vemos engreído con su poder y enamorado de su hermosura.

Supuesta la negación del pecado, se niega, entre otras muchas, las cosas siguientes: (...) que la luz de la razón sea flaca y vacilante; que la voluntad del hombre esté enferma;  que el dolor sea un bien, acepta­do por un motivo sobrenatu­ral, con una aceptación vo­luntaria; que el tiempo nos haya sido dado para nuestra santificación; que el hombre necesite ser santificado. Supuestas estas negaciones se afirman, entre otras mu­chas, las cosas siguientes: (...) que siendo sana la razón del hom­bre, no hay verdad ninguna a que no pueda alcanzar; y que no es verdad aquella a que su razón no alcanza; que no hay otro mal sino aquel que la razón entiende que es mal, ni otro pecado que aquel que la razón nos dice que es pe­cado; es decir, que no hay otro mal ni otro pecado sino el mal y el pecado filosófico; que siendo recta de suyo, no necesita ser rectificada la voluntad del hombre; que de­bemos huir el dolor y buscar el placer; que el tiempo nos ha sido dado para gozar del tiempo, y que el hombre es bueno y sano de suyo.

De aquí nace y aquí tiene su origen un vasto sistema de naturalismo, que es la contra­dicción radical, universal, ab­soluta de todas nuestras cre­encias. Los católicos creemos y profesamos que el hombre pecador está perpetuamente necesitado de socorro y que Dios le otorga ese socorro perpetuamente por medio de una asistencia sobrenatural, obra maravillosa de su infini­to amor y de su misericordia infinita. Para nosotros, lo so­brenatural es la atmósfera de lo natural; es decir, aque­llo que, sin hacerse sentir, lo envuelve a un mismo tiem­po y lo sustenta. (...)  Todo este vasto y esplén­dido sistema de sobrenaturalismo, clave universal y uni­versal explicación de las cosas humanas, está negado implí­cita y explícitamente por los que afirman la concepción inmaculada del hombre, y los que esto afirman hoy no son algunos filósofos solamente, son los gobernadores de los pueblos, las clases influyentes de la sociedad y aun la so­ciedad misma, envenenada con el veneno de esta here­jía perturbadora.

Aquí está la explicación de todo lo que vemos y de todo lo que tocamos, a cuyo esta­do hemos venido a parar por esta serie de argumentos.(...) Si la fe no es necesaria la razón es soberana e independiente. Los progresos de la verdad dependen de los progresos de la razón; los pro­gresos de la razón dependen de su ejercicio; su ejercicio consiste en la discusión; por eso la discusión es la verda­dera ley fundamental de las sociedades modernas y el único crisol en donde se se­paran, después de fundidas, las verdades de los errores.

Otros hay que ... buscan su salida en una transacción, aceptando de la religión y de la Iglesia ciertas cosas y desechando otras que estiman exageradas.  Estos tales son tanto más pe­ligrosos cuanto que toman cierto semblante de impar­cialidad propio para engañar y seducir a las gentes; con esto se hacen jueces del cam­po, obligan a comparecer delante de sí al error y a la verdad, y con falsa modera­ción buscan entre los dos no sé qué medio imposible. La verdad, esto es cierto, suele encontrarse y se encuentra en medio de los errores; pero entre la verdad y el error no hay medio ninguno; entre esos dos polos contrarios no hay nada sino un inmenso va­cío; tan lejos está de la ver­dad el que se pone en el va­cío como el que se pone en el error; en la verdad no está sino el que se abraza con ella.

Supuesta la inmaculada con­cepción del hombre, y con ella la belleza integral de la naturaleza humana, algunos se han preguntado a sí propios: ¿por qué, si nuestra razón es luminosa y nuestra voluntad recta y excelente, nuestras pasiones que están en noso­tros como nuestra voluntad y nuestra razón, no han de ser excelentísimas? Otros se preguntan: ¿por qué, si la discusión es buena como me­dio de llegar a la verdad, ha de haber cosas substraídas a su jurisdicción soberana?. Otros no atinan con la razón de por qué, en los anteriores supuestos, la libertad de pen­sar, de querer y de obrar no ha de ser absoluta. (...)

 Si un pavor religioso no me impidiera poner los ojos en esos tiempos formida­bles, no me sería difícil apo­yar en poderosas razones de analogía la opinión de que el gran imperio anticristiano será un colosal imperio de­magógico..."

 Juan Donoso Cortés (1809-1853) . Obras Completas, Tomo II. Carta al cardenal Fornari

28 abril 2013

Yambos para caminar: Der Wanderer. Georg Philipp Schmidt- Schubert


Ya metida en harina de yambos y  poemas alemanes, aquí os traigo otro clásico,  éste con música incorporada. Si en el anterior los yambos acompañaban, a golpe de rueca, el hilar de la nostalgia femenina, ahora marcan el  paso del caminar masculino. Las hilanderas, ya se sabe, son mujeres, mientras que los caminantes, al menos los alemanes, son hombres. 

El poema, original de G.P.Schmidt von Lübeck (1766-1849) y titulado  "Des Fremdlings Abendlied" , algo así como "canción vespertina (no hay que confundir un Abendlied y un Nachtlied) del forastero", se hizo célebre gracias a Schubert, quien tras reducirlo y cambiarlo un poco lo utilizó como tema de su Lied "Der Wanderer" (D.493). Como poema es bastante mejor el original, sobre todo porque Schubert  elimina  las notas crepusculares y lo convierte en un poema diurno (dice por ejemplo que el valle humea -dampfen es echar vapor, como un caldero o un animal furioso- y que brama el mar, donde el poeta de Lübeck nos dibuja el mar y el valle a la luz del ocaso), y porque al recortar los versos que insisten en el extrañamiento, en la lejanía (so fern, so fern...), le da un aire más activo, más caminante, pero también más desesperado, más trágico. Sin embargo la música, ah, la música: las variaciones de tono siguiendo el texto: tremendo al principio, ligero y casi alegre al describir la tierra soñada,  resignado y sobrecogedor al final...  Y esos desgarrados Wo?, Wo bist du?...

Es verdad que el romanticismo no está de moda y que el poema,  tanto en el original como en  la versión de Schubert, es todo un repertorio de tópicos románticos, no le  faltan ni Heimweh (nostalgia, morriña), ni Sehnsucht (anhelos), ni Leidenschaft (sentimiento de desdicha), ni sobre todo Weltschmerz (desencanto, desengaño del mundo), pero lo que es innegable es que es bellísimo y, con todo, conmovedor y auténtico. Auténtico y susceptible de  lecturas, o escuchas,  varias. Basta decir comptentus mundi en lugar de Weltschmerz, o cambiar un valle por otro valle,  o fijarse en esa patria anhelada que hablará nuestro idioma (no en la que hablaremos nuestros idiomas) y en la que nuestros muertos volverán a levantarse, para que deje de parecer un producto típicamente romántico y se convierta en un poema  intemporal.  Incluso el verso final, casi un lema del romanticismo  -"en todos los climas, bajo todos los cielos, la felicidad siempre está en otra parte" decía ya Leopardi-,  ¿no encierra acaso una verdad eterna?  Y se me viene a la cabeza, sin ir más lejos, nuestro Julián Marías, bien poco sospechoso de romanticismo y dedicando todo un libro a "la felicidad, imposible necesario",  para decirnos, finalmente, lo mismo que decía Leopardi,  lo mismo que le dice al caminante el viento.

Aquí os dejo la versión de Schubert (con una traducción meramente informativa),  para leer marcando el paso: papum-papum-papum.... Un poco más abajo podéis escuchar el Lied en la voz de D.Fischer-Dieskau. Cuentan que habitualmente, al terminar de cantarlo, el público permanecía silencioso, incapaz de reaccionar. A continuación, si os apetece, podéis cantarlo vosotros mismos con el acompañamiento de lujo del inolvidable Gulda:


Ich komme vom Gebirge her,                         Vengo de las montañas,
Es dampft das Tal, es braust das Meer.          el valle humea, ruge el mar.
Ich wandle still, bin wenig froh,                       camino en silencio, poco dichoso,
Und immer fragt der Seufzer, wo?                  y un suspiro  pregunta sin cesar ¿dónde?

Die Sonne dünkt mich hier so kalt,                  El sol aquí se me antoja tan frío,
Die Blüte welk, das Leben alt,                        las flores marchitas, la vida gastada,
Und was sie reden, leerer Schall;                    las conversaciones, ruido vacío;
Ich bin ein Fremdling überall.                          soy un extraño en todas partes.

Wo bist du, mein geliebtes Land?                 ¿Dónde estás, mi patria querida, 
Gesucht, geahnt, und nie gekannt!                  buscada, anhelada y nunca conocida?
Das Land, das Land so hoffnungsgrün,          La patria verde de mis esperanzas,
Das Land, wo meine Rosen blühn.                la patria en la que mis rosas florecen.

Wo meine Freunde wandelnd gehn,               Allí donde mis amigos andan paseando
Wo meine Toten auferstehn,                          donde mis muertos vuelven a levantarse
Das Land, das meine Sprache spricht,            La patria que habla mi idioma,
O Land, wo bist du? . . .                                Oh, patria, ¿dónde estás?...

Ich wandle still, bin wenig froh,                     Camino en silencio,  poco dichoso,         
Und immer fragt der Seufzer, wo?                 y un suspiro pregunta siempre ¿dónde?
Im Geisterhauch tönt's mir zurück:                 El susurro del viento me trae la respuesta:
"Dort, wo du nicht bist, dort ist das Glück."    "La dicha está allí donde no estás tú"






23 abril 2013

Devanarse los sesos: Canción nocturna de la hilandera. Brentano


Me contaba una amiga que hay un youtube en el que una psicóloga, terapeuta o así pregunta a la concurrencia cuánto pesa el vaso con agua que sostiene en la mano. La concurrencia piensa: ah, esto ya nos lo sabemos, es lo del vaso medio lleno o medio vacío, pero ella sigue empeñada en que le digan cuánto pesa, si 200 o 300 gramos. Al final lo que pretende explicar es que el peso del vaso está en relación con el tiempo que pasamos sosteniéndolo: a la media hora la mano empieza a aborrecer el vaso, una hora después el vaso pesa una tonelada y se convierte en una pesadilla. Lo mismo con los problemas, concluye. Me lo contaba a propósito de lo que nos comemos el coco las mujeres, del mundo que hacemos de cualquier problema, de las vueltas que les damos,  de que no sabemos desconectar : si quedamos para charlar seguimos dándole al tema, si vemos una película inmediatamente la relacionamos con el tema, con el tema nos levantamos y con el tema nos acostamos...  Y sí, somos así, machaconas, plastas.

Me quedé dándole vueltas, cómo no, a lo de las vueltas que le damos a todo y a esa expresión tan nuestra, la de "devanarse los sesos", y  me acordé de un poema de Clemens Brentano, el mismo Brentano que acabó escribiendo humildemente al dictado de Ana Catalina Emmerich, la vidente de Dülmen  llagada en cama y analfabeta que le contaba con precisión de arqueólogo cómo eran, poco después de la muerte de Cristo,  las calles y las casas y los frutos amarillos de los árboles en Éfeso.

El poema, un clásico y para mi gusto uno de los más bonitos de la lengua alemana, se titula "Der Spinnerin Nachtlied" (canción nocturna, o nocturno de la hilandera), y no hay muestra más viva ni más perfecta de ese girar femenino en torno a un tema -tan  característicamente femenino como el trabajo de hilar-,  por el ritmo de los versos, por el run-rún machacón de los yambos que recuerda el del pedal de la rueca, por las  rimas abrazadas, sólo dos y siempre las mismas  que se repiten y alternan, por las ideas que aparecen y reaparecen con ligerísimas variaciones, trazando círculos como la rueda: ruiseñor, juntos, cantar, llorar, luna, sola, ruiseñor,  juntos, luna, sola, cantar, llorar...  El tema es el del amado ausente, pero el hilo, ese hilo del pensamiento,  ese run-rún  y vuelta y vuelta... es la mujer. No paramos la rueda, no soltamos el vaso.

[Dejo la traducción al lado, no muy allá y sólo para aclarar de qué va, pero el poema hay que leerlo, y sobre todo oírlo, en alemán, marcando el golpe de  pedal: tatán,tatán, tatán... ]
.
Es sang vor langen Jahren                           Cantaba hace muchos años 
Wohl auch die Nachtigall;                           también el ruiseñor;
Das war wohl ßer Schall,                         era mucho más dulce su sonido
Da wir zusammen waren.                            cuando estábamos juntos.

Ich sing und kann nicht weinen                     Yo canto y no puedo llorar,               
Und spinne so allein                                     y así estoy  hilando sola
Den Faden klar und rein,                             el hilo claro y limpio,
Solang der Mond wird scheinen.                  siempre que la luna brilla.

Da wir zusammen waren,                             Cuando estábamos juntos,                   
Da sang die Nachtigall;                                 cantaba el ruiseñor;
Nun mahnet mich ihr Schall,                          permanece conmigo su sonido
Daß du von mir gefahren.                              ahora que tú me has dejado.

So oft der Mond mag scheinen,                    Siempre que la luna brilla ,
Gedenk ich dein allein;                                  sola, pienso en ti;
Mein Herz ist klar und rein,                           está mi corazón claro y limpio, 
Gott wolle uns vereinen!                               quiera Dios volver a unirnos.

Seit du von mir gefahren,                               Desde que tú me dejaste,
Singt stets die Nachtigall;                               no ha dejado de cantar el ruiseñor;
Ich denk bei ihrem Schall,                              oyendo su sonido pienso
Wie wir zusammen waren.                             en cómo estábamos juntos.

Gott wolle uns vereinen,                                 Quiera Dios volver a unirnos,
Hier spinn ich so allein;                                   aquí estoy hilando sola;
Der Mond scheint klar und rein,                      la luna brilla clara y limpia,
Ich sing und möchte weinen!                           yo canto y querría  llorar.

Der Spinnerin Nachtlied. Clemens Brentano (1788-1842)




22 abril 2013

Come già ti vedeva. Giuseppe Ungaretti


LA MADRE

E il cuore quando d'un ultimo battito
Avrà fatto cadere il muro d'ombra,
Per condurmi, Madre, sino al Signore,
Come una volta mi darai la mano.

In ginocchio, decisa,
Sarai una statua davanti all'Eterno,
Come già ti vedeva
Quando eri ancora in vita.

Alzerai tremante le vecchie braccia,
Come quando spirasti
Dicendo: Mio Dio, eccomi.

E solo quando m'avrà perdonato,
Ti verrà desiderio di guardarmi.

Ricorderai d'avermi atteso tanto,
E avrai negli occhi un rapido sospiro.


  ( "Sentimento del Tempo". 1930)

[Y cuando el corazón, de un último latido,/ haya hecho caer el muro de sombra,/ Para conducirme, madre, hasta el Señor,/ Como una vez me darás la mano.
De rodillas, decidida,/ Serás una estatua delante del Eterno,/ Como ya te veía/ Cuando estabas todavía en vida.
Alzarás temblorosa los viejos brazos,/ Como cuando expiraste/ Diciendo: Dios mío, heme aquí.
Y sólo cuando me haya perdonado/ Te entrarán deseos de mirarme.
Recordarás lo mucho que me esperaste/ Y tendrás en los ojos un rápido suspiro.]

15 abril 2013

Lo acabado y lo inacabado

Oímos hablar de 'un trabajo acabado', 'una casa acabada', una labor o un cuadro 'acabados', y entendemos algo bueno, que el trabajo o la casa, la labor o el cuadro están completos, que no hay más que añadir.
Oímos hablar de  'una historia acabada' y  pensamos en una historia truncada, en una  historia infeliz.
Oímos hablar de 'un hombre acabado'  y sentimos lástima.

Y esto es lo que hay, lo acabado, lo que  no se acaba, lo finito y lo infinito,  la de cosas que sabemos sin saber que las sabemos... y una tarde bochornosa y  una pila inacabable de ropa por planchar.

11 abril 2013

El "correctivo" y el edificio. Kierkegaard (2.)

[Las críticas de Kierkegaard al luteranismo oficial, y a la iglesia de Copenhague en particular, siempre están relacionadas con lo que él consideraba sus arreglos con el mundo, tanto en su vertiente social como intelectual. Es decir, con sus pretensiones de identificar el cristianismo con el modus vivendi de la buena sociedad danesa, y con los intentos, personificados en el  teólogo y obispo Martensen, de compatibilizar la fe con "los vientos" hegelianos (*).
Kierkegaard, aunque nunca dejó de ser luterano, sostenía que el catolicismo, por su defensa del ascetismo, por su conocimiento del hombre más profundo y realista  (el hombre por lo general no es un ser atormentado, sino un tramposo), y por haberse librado de la práctica desaforada de la introspección y la interpretación subjetiva propias del luteranismo, es menos propenso a la contemporización con el mundo.]
(*) Los daneses tenemos un defecto que en la lengua danesa tiene una palabra que le corresponde: «windsluger» (tragavientos). Se emplea generalmente para los caballos, pero puede aplicarse también al hombre. Los alemanes producen el viento y los daneses se lo tragan; he aquí la relación en que se hallan desde hace mucho tiempo daneses y alemanes (Diario, 1854). 

Aquí la Continuación:

 ...  "Cuando el catolicismo degenera, ¿qué forma toma la corrupción? La respuesta es sencilla: gazmoñería hipócrita. cuando el protestantismo degenera, ¿con qué clase de corrupción nos encontramos? La respuesta no es difícil: mundanalidad superficial. Sin embargo, ésta se mostrará con un refinamiento que no puede darse en el catolicismo. Pongámoslos uno frente a otro: la gazmoñería hipócrita y la mundanalidad superficial. Pero mantengo que, por añadidura, hay cierto refinamiento que no aparece en el catolicismo y que se debe a que el protestantismo se construye sobre una presunción. Ése es el refinamiento que quiero mostrar.

    Cojamos un ejemplo muy sencillo. Imaginemos a un prelado católico que es completamente mundano; naturalmente no hasta el extremo de que la ley pueda castigarlo o que la naturaleza misma se tome su venganza. No, pues es demasiado mundano para ser tan estúpido, no, todo está sagazmente calculado (y esto es precisamente lo más mundano de todo) para un disfrute sagaz y, a su vez, para el disfrute de esa sagacidad y, así, toda su vida consiste en el disfrute de todo placer posible de un modo insuperable para ningún epicúreo mundano. ¿Cómo lo juzgaria entonces un católico? Pues bien, supongo que diría (muy acertadamente): No me compete a mí juzgar al alto clero. Y, sin embargo, el católico se daria cuenta inmediatamente de que se trata de mundanidad. ¿Y por qué se daría cuenta enseguida?  Porque, simultáneamente, el católico ve expresado un lado completamente distinto del cristianismo, un hecho que el prelado tendrá que aceptar, pues a su lado camina un hombre que vive en la pobreza y, de este modo, el católico tiene la profunda sensación de que esto es más verdad que la manera de vivir del prelado que, desgraciadamente, no es más que pura mundanidad.

    Ahora imaginémonos, por otro lado, un país protestante, donde no hay ni rastro de catolicismo; donde la gente, hace mucho tiempo, ha aceptado la idea luterana, pero sin su premisa original; donde hace mucho tiempo que se han librado del ascetismo y el ayuno, de los monjes y los que predican el cristianismno en pobreza; y no sólo eso, sino que se han librado de todo ello a conciencia, como si fuera algo ridículo y estúpido, hasta el punto de que si apareciera una figura así, la gente se echaría a reír como si se tratara de una extraña bestia. Se han librado de ello como de una concepción inferiror e imperfecta del cristianismo. Imaginémonos ahora en este país protestante a un prelado protestante que es el exacto homólogo del prelado católico. Entonces ¿qué? Pues que en este caso, el prelado protestante disfruta de un refinamiento en el placer, un refinamiento por el que al prelado católico se le haría la boca agua en vano, puesto que en todo el ambiente protestante no hay ni una sola alma viviente que tenga un sentido profundo de lo que significa renunciar al mundo (la suerte de devoción que tenía su parte de verdad aunque fue exagerada en la Edad Media), porque la religión del país está construida sobre el resultado del protestantismo (sin su premisa original), a saber, que la devoción no es más que el honesto disfrute de la vida (que sin duda es maravilloso cuando uno ha sido testigo del miedo, el temblor y la tribulación de Lutero). Así, el prelado protestante posee un refinamiento en el placer, a saber, el refinamiento que supone que sus contemporáneos consideren su disfrute mundano devoción. Mirad, se dicen sus contemporáneos entre ellos (y recordemos que en el catolicismo la situación era que uno le decía al otro: No lo consideremos ni nos mortifiquemos por ello, no es más que simple mundanidad), contemplemos al luterano franco, miradle con su sopa de tortuga, no hay nadie tan entendido como él, miradle en el banquete de ostras, mirad como sabe disfrutar de cada situación que se le presenta y cómo sabe velar astutamente por sus asuntos, así pues ¡admiremos al luterano franco! ¡Vuela alto, muy por encima del inferior e imperfecto ideal de ingresar en un monasterio, de ayunar, de predicar el cristianismo en pobreza, vuela alto por encima de todo ello, en libertad de espíritu y luteranismo franco! Lo noble no es abandonar el mundo, escapar de él, no, el luteranismo genuino es como el prelado, pues esto es devoción. Sus contemporáneos no lo soportan a regañadientes, ni se esfuerzan por ignorarlo, no, lo contemplan con admiración...

    Lutero estableció el más elevado principio espiritual: la introspección pura. Puede llegar a ser tan peligrosa que podemos hundirnos hasta el más bajo de los paganismos bajos (no obstante el más elevado y el más bajo son iguales)... Y así se se puede alcanzar un punto en el protestantismo en que la mundanidad sea venerada y altamente valorada como piedad. Y eso, tal como sostengo, no puede darse en el catolicismo.

   Pero ¿por qué no puede darse en el catolicismo? Porque el catolicismo sostiene la premisa universal según la cual nosotros, los hombres, somos unos granujas. ¿Y por qué se puede dar en el protestantismo? Porque el principio protestante está relacionado con una premisa en particular: un hombre que está angustiado por la muerte, temeroso, tembloroso y atribulado -y de éstos no hay muchos en una misma generación."

El pensamiento vivo de Kierkegaard. Edición y Prólogo de W.H.Auden. Ediciones Duomo, 2012, traducc. Sofía Pascual,  pp.186-189.

09 abril 2013

El "correctivo" y el edificio. Kierkegaard (1)


 "¿Acaso el catolicismo y el protestantismo no están relacionados el uno con el otro como, por ejemplo -puede parecer extraordinario, pero en realidad es tremendamente físico-, un edificio que no se sostiene, con un contrafuerte que no puede sostenerse solo, aunque el todo que conforman sea incluso muy firme y seguro siempre que el edificio y el contrafuerte se mantengan unidos?  Dicho de otro modo, el protestantismo, el luteranismo, es realmente un correctivo y el resultado de haberlo convertido en regulador ha sido una gran confusión.
[...]
Intentemos desarrollar la idea de manera más clara. Fue después de que un yugo muy pesado hubiera oprimido a los hombres durante mucho tiempo, después de que fueran asustados con la muerte, el Juicio Final y el infierno de generación en generación, con ayunos y azotes, fue entonces cuando se rompió la cuerda. El hombre Lutero se fugó de la celda de un monasterio. Ahora bien, procuremos no separar lo que va junto, el primer y el segundo plano, procuremos no quedarnos con un paisaje sin segundo plano, sin trasfondo, no saquemos conclusiones que carezcan de todo sentido. Lo que Lutero osó hacer fue lo correcto dadas las circunstancias,  pues lo opuesto había sido falsamente exagerado. Entonces, decíamos que Lutero escapó del monasterio. Pero ésta no era realmente la mejor ocasión para contemplar con dulce sensatez cuánta verdad había en lo opuesto cuando no era exagerado. Lutero sabía que no estaba precisamente a salvo y, por lo tanto, era más bien una cuestión de aprovechar la ventaja ganada en la fuga para herir a lo opuesto lo más profundamente posible.

 Ahora veamos el orden de las cosas, tal como estaban cuando Lutero se escapó: estaban equivocadas. Eliminemos la suposicion necesaria para Lutero y el luteranismo carecerá absolutamente de sentido. [...] Intentemos imaginar el ataque de Lutero contra lo que consideraba excesivo, en un estado de extrema tensión,  y que ese ataque se convierte en una especie de Resultado, hasta tal punto que desaparece la extrema tensión, y el luteranismo será un absoluto sinsentido. Imaginemos un país, aislado de cualquier influencia católica, al que este Resultado luterano ha sido llevado. Allí la generación actual nunca ha oído hablar de ese aspecto de la cuestión religiosa, expresado a través del monasterio, el ascetismo, etc. y que la Edad Media exageró; al contrario, es educada desde la infancia, suavizada desde la infancia con la idea luterana de calmar las conciencias intranquilas. Sin embargo, es importante señalar que no hay ni una sola alma cuya conciencia necesite ser calmada, ni lejanamente. Entonces ¿qué es el luteranismo? ¿Tiene sentido calmar la conciencia inquieta cuando la suposición "conciencias inquietas" simplemente no existe? ¿Acaso no pierde el luteranismo su sentido y, lo que es peor, no se convierte en un refinamiento que denotaría la diferencia entre la corrupción de un protestantismo degenerado y la de un catolicismo degenerado?

 Y eso es precisamente lo que pretendía mostrar, junto con el hecho de que el protestantismo no está hecho para sostenerse solo."
(Continuará)

El pensamiento vivo de Kierkegaard. Edición y prólogo de W.H.Auden. Ediciones Duomo, 2012, pp.184-186 (en ninguno de los textos seleccionados, titulados y agrupados según el criterio de Auden, se cita la obra de la que provienen. Éste, con el título "Catolicismo-Protestantismo", forma parte del capítulo 6: "Cristo, el tropiezo").
 [La obra, en tono académico y escrita por encargo,  es una presentación de las ideas centrales kierkegaardianas (lo existencial, el individuo, las tres categorías o estadios, el instante, la angustia, etc). Lo más personal del libro está en  la comparación de Kierkegaard con J.H.Newman, "ese otro gran predicador del S.XIX",  y en la selección en sí.  Auden, según la solapa del libro, nació en el seno de una familia anglocatólica de clase media.]

01 abril 2013

Aurora lucis rutilat: Él sale como esposo de su alcoba

 El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra.
 Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje.

 Allí le ha puesto su tienda al sol:
él sale como esposo de su alcoba,
contento como un héroe,
a recorrer su camino.
Asoma por un extremo del cielo,
y su órbita llega al otro extremo:
nada se libra de su calor.

... El estupendo salmo 18, cuya primera parte se acaba de proclamar, no sólo es una plegaria, en forma de himno, de singular intensidad; también es un canto poético al sol y a su irradiación sobre la faz de la tierra. En él el salmista se suma a la larga serie de cantores del antiguo Oriente Próximo...
Pero para el hombre de la Biblia hay una diferencia radical con respecto a estos himnos solares: el sol no es un dios, sino una criatura al servicio del único Dios y creador. Basta recordar las palabras del Génesis: «Dijo Dios: haya luceros en el firmamento celeste, para apartar el día de la noche, y valgan de señales para solemnidades, días y años; (...) Hizo Dios los dos luceros mayores; el lucero grande para el dominio del día, y el lucero pequeño para el dominio de la noche (...) y vio Dios que estaba bien» (Gn 1,14.16.18). [...]
Consideremos ahora la primera parte del salmo. Comienza con una admirable personificación de los cielos, que el autor sagrado presenta como testigos elocuentes de la obra creadora de Dios. En efecto, «proclaman», «pregonan» las maravillas de la obra divina. También el día y la noche son representados como mensajeros que transmiten la gran noticia de la creación. Se trata de un testimonio silencioso, pero que se escucha con fuerza, como una voz que recorre todo el cosmos. [...]
Luego el himno cede el paso al sol. El globo luminoso es descrito por el poeta inspirado como un héroe guerrero que sale del tálamo donde ha pasado la noche, es decir, sale del seno de las tinieblas y comienza su carrera incansable por el cielo (vv. 6-7). Se asemeja a un atleta que avanza incansable mientras todo nuestro planeta se encuentra envuelto por su calor irresistible.
Así pues, el sol, comparado a un esposo, a un héroe, a un campeón que, por orden de Dios, cada día debe realizar un trabajo, una conquista y una carrera en los espacios siderales. Y ahora el salmista señala al sol resplandeciente en el cielo, mientras toda la tierra se halla envuelta por su calor, el aire está inmóvil, ningún rincón del horizonte puede escapar de su luz.
La liturgia pascual cristiana recoge la imagen solar del salmo para describir el éxodo triunfante de Cristo de las tinieblas del sepulcro y su ingreso en la plenitud de la vida nueva de la resurrección. La liturgia bizantina canta en los Maitines del Sábado santo: «Como el sol brilla, después de la noche, radiante en su luminosidad renovada, así también tú, oh Verbo, resplandecerás con un nuevo fulgor cuando, después de la muerte, dejarás tu tálamo». Una oda (la primera) de los Maitines de Pascua vincula la revelación cósmica al acontecimiento pascual de Cristo: «Alégrese el cielo y goce la tierra, porque el universo entero, tanto el visible como el invisible, participa en esta fiesta: ha resucitado Cristo, nuestro gozo perenne».  Por último, otra (la cuarta) concluye: «Cristo, nuestra Pascua, se ha alzado desde la tumba como un sol de justicia, irradiando sobre todos nosotros el esplendor de su caridad».
La liturgia romana no es tan explícita como la oriental al comparar a Cristo con el sol. Sin embargo, describe las repercusiones cósmicas de su resurrección, cuando comienza su canto de Laudes en la mañana de Pascua con el famoso himno: «Aurora lucis rutilat, caelum resultat laudibus, mundus exsultans iubilat, gemens infernus ululat»: «La aurora resplandece de luz, el cielo exulta con cantos de alabanza, el mundo se llena de gozo, y el infierno gime con alaridos» (*)
Juan Pablo II. Catequesis sobre el Salmo 18A. Audiencia general del Miércoles 30 de enero de 2002

 (*) Se trata de un antiguo himno ambrosiano:
Aurora lucis rutilat/ Caelum resultat laudibus/ Mundus exsultans iubilat/ Gemens infernus ululat.
Cum rex ille fortissimus/ Mortis confractis viribus/ Pede conculcans tartara/ Solvit catena miseros.
Ille, quem clausum lapide/  Miles custodit acriter/  Triumphans pompa nobili/  Victor surgit de funere.
Inferni iam gemitibus/ Solutis et doloribus/ Quia surrexit Dominus/ Resplendens clamat angelus.
Esto perenne mentibus/ Paschale, Iesu, gaudium/ Et nos renatos gratie/ Tuis triumphis aggrega.
Iesu, tibi sit gloria/ Qui morte victa praenites/ Cum Patre et almo Spiritu/ In sempiterna saecula.