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31 mayo 2018

ESPERAR SENTADO


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"Baptisterio de Florencia. En la puerta, la Spes de Andrea Pisano. Sentada, levanta los brazos inútilmente en dirección a un fruto que no puede alcanzar. A pesar de ello, tiene alas. Nada más verdadero."
Walter Benjamin, Dirección única.

"...Pero la esperanza no es más que la desconfianza del ser frente a los precisos diagnósticos  de su intelecto. Insinúa que toda conclusión desfavorable al ser tiene que ser un error de la inteligencia"
Paul Valéry, La Crise de l'esprit. Première Lettre. NRF,  (Tome XIII, p. 321-337).


En el Baptisterio de Florencia, la Esperanza de Andrea Pisano, sobre la que reflexionaba W. Benjamin, tiene alas, pero no vuela. Mira a lo lejos, tiende los brazos y con el torso erguido parece disponerse al vuelo. Sin embargo ... permanece sentada. La esperanza de Pisano es una contradicción, un ser demediado. De cintura para arriba, pura tensión, como la flecha a punto de salir del arco. De cintura para abajo es la imagen del cansancio, pura resignación.

La esperanza, apunta Valéry, es una desconfianza, no una confianza (Mais l'espoir n'est que la méfiance de l'être à l'égard des prévisions précises...). Es una diferencia importante.

La esperanza es uno mismo desconfiando de uno mismo. Es un combate, no es un refugio. Es el sí frente al no y el no frente al sí. 
La esperanza es trabajosa, y se cansa. Por eso se sienta. 

16 enero 2012

Entrevista a Enrique Andrés Ruiz: "Las dos hermanas".


Enrique Andrés Ruiz, crítico de arte, poeta, novelista, pensador y ensayista, escritor de pura cepa y una de las mentes más claras del país, autor de Los montes antiguos, los collados eternos (Edit. Encuentro), en mi opinión y sin ninguna duda una obra maestra y la mejor novela publicada el pasado 2011 en lengua castellana, en la más limpia, rica, gozosa y verdadera lengua castellana -porque un castellano de madre, sólo comparable al de Jiménez Lozano: vivido, mamado, no rebuscado en la chamarilería, es el que gasta Enrique Andrés-, acaba de publicar una antología de poesía española e hispanoamericana de tema pictórico, bajo el título Las dos hermanas, en las ediciones del Fondo de Cultura Económica.
Nadie como Enrique Andrés, poeta y -pinte o no pinte, que no lo sé- pintor él mismo, con ojos y con alma de pintor (no hay más que abrir Los montes antiguos, los collados eternos por cualquiera de sus páginas y “ver”, ver mucho mejor de lo que solemos, lo que allí se narra), para llevar a cabo esta antología, en la que una de las dos hermanas, la en tiempos considerada mayor y hoy convertida en menor: la poesía, nos habla sobre la otra: la pintura.
Con motivo de este último libro, en La Gaceta de hoy aparece la entrevista que aquí os enlazo, realizada por Ignacio Peyró. Habla en ella Enrique Andrés sobre ese totum -y ese tótem-denominado "arte contemporáneo", sobre poesía y pintura, sobre la belleza ideal y la hermosura o resplandor de lo real, sobre algunos de los autores presentes en la antología: Sánchez Mazas, M.Machado, R.Gaya, Alberti ... Habla en ella finalmente, respondiendo a una pregunta relacionada con Los montes antiguos, los collados eternos -una "ronda de historias en el sentido antiguo" según su autor-, sobre el hambre de destino y la redención literaria de "las criaturas huidizas", que diría María Zambrano. No os la perdáis, no tiene desperdicio. A continuación, unas breves muestras:

"...no podemos hablar hoy por las buenas de la subsistencia de la vieja hermandad entre poesía y pintura, por la sencilla razón de que ya "no hay" (institucionalmente, me refiero) pintura o escultura o dibujo, sino el dominio absoluto de una totalización estética llamada "arte contemporáneo", construida precisamente sobre la abolición o la ruina de aquellas viejas prácticas artísticas concretas. Este arte expandido es, así pues, producto más bien de la estética y sus reflexiones, por tanto un postulado ideológico, más concretamente político, no una inocente evolución estilística como las de la historia del arte. A eso se debe que los propios términos "arte contemporáneo" o "cultura contemporánea" tengan enseguida ese característico aire connotativo, como una especie de contraseña, que sugiere enseguida el propósito de transformación radical que no ha sido posible en la realidad. "

"Belleza, o la idea de belleza, no es algo, como decían mis viejos profesores, "pacífico en la doctrina", y en realidad, la estética arranca de la cancelación de aquella noción metafísica y su diseminación o relativización en el gusto y el juicio modernos. Pero esto no puede invitar, como parece hacerlo tantas veces, a desgarrarse las vestiduras. San Agustín mismo tenía una idea muy concreta sobre la belleza en el sentido clásico (otra cosa es la hermosura o resplandor de lo real). Pero no hemos perdido la belleza o la verdad como se pierde un paraguas."


"Aquellas dos viejas hermanas tenían sus talleres independientes como oficios independientes que eran. El arte total de hoy no es un oficio. Y luego tenían una intención común, que era la imitación de lo real, de lo creado, y en ese objetivo venían a confluir complementariamente. Esto tampoco puede existir hoy, porque el lema del
nuevo arte totalizado es precisamente su pretensión creativa y creadora de lo real (la realidad como obra política), que no se reclina ante ninguna otra creación previa."


"En la literatura los héroes y los personajes siempre han hallado el destino (como decía Walter Benjamin), el éxito, es decir, la redención o significado que a cualquier vida real le niega el infortunio y la muerte. Yo he querido recoger [en Los montes antiguos, los collados eternos], ciñéndome a un trozo de una España ya desaparecida (mi vieja Soria natal, entre ciudad y campo), las historias sin redención literaria de muchas gentes, pero también los sueños de lo contrario, es decir, las esperanzas
siempre fracasadas que toda aquella gente antigua tuvo de redención, de salvación, de gloria, de destino novelesco, de que su vida tuviera ese sentido imposible. "

29 septiembre 2010

La teología que es hoy "pequeña y fea"

-I.-"Es notorio que ha existido, según se dice, un autómata construido de tal manera que resultaba capaz de replicar a cada jugada de un ajedrecista con otra jugada contraria que le aseguraba ganar la partida. Un muñeco trajeado a la turca, en la boca una pipa de narguile, se sentaba al tablero apoyado sobre una mesa espaciosa. Un sistema de espejos despertaba la ilusión de que esta mesa era transparente por todos sus lados. En realidad se sentaba dentro un enano jorobado que era un maestro en el juego del ajedrez y que guiaba mediante hilos la mano del muñeco. Podemos imaginarnos un equivalente de este aparato en la filosofía. Siempre tendrá que ganar el muñeco que llamamos «materialismo histórico». Podrá habérsela -sin más ni más con cualquiera, si toma a su servicio a la teología que, como es sabido, es hoy pequeña y fea y no debe dejarse ver en modo alguno."
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-II. "El cronista que narra los acontecimientos sin distinguir entre los grandes y los pequeños, da cuenta de una verdad: que nada de lo que una vez haya acontecido ha de darse por perdido para la historia. Por cierto, que sólo a la humanidad redimida le cabe por completo en suerte su pasado. Lo cual quiere decir: sólo para la humanidad redimida se ha hecho su pasado citable en cada uno de sus momentos. Cada uno de los instantes vividos se convierte en una cita à l'ordre du jour, pero precisamente del día final."

-IX. "Tengo las alas prontas para alzarme, /Con gusto vuelvo atrás,/ Porque de seguir siendo tiempo vivo, /Tendría poca suerte. Gerhard Scholem: Gruss vom Angelus.Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. En él se representa a un ángel que parece como si estuviese a punto de alejarse de algo que le tiene pasmado. Sus ojos están desmesuradamente abiertos, la boca abierta y extendidas las alas. Y este deberá ser el aspecto del ángel de la historia. Ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de datos, él ve una catástrofe única que amontona incansablemente ruina sobre ruina, arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero desde el paraíso sopla un huracán que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irrefrenablemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras que los montones de ruinas crecen ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso."

WALTER BENJAMIN, Tesis de filosofía de la historia . El texto y la viñeta están tomados de la página de Enrique Eskenazi: http://homepage.mac.com/eeskenazi/filosofia.htm
[Acaban de cumplirse setenta años desde la muerte de W.Benjamin en circunstancias no muy claras en Port-Bou, la noche del 26 al 27 de septiembre de 1940, después de que le negaran la autorización para entrar en España. Benjamin debía tomar un barco en Lisboa con destino a los Estados Unidos, desde donde lo reclamaban sus amigos Adorno y Horkheimer huidos con prudencia tiempo atrás.
Según cuentan quienes lo acompañaron en el camino a pie hasta Port-Bou, su mayor preocupación era la de salvar un grueso manuscrito con su último trabajo, el que le retuvo en París cuando aún le hubiera sido posible salvarse. El destino de esa inseparable cartera negra de mano que protegía más que a su vida, sigue siendo un misterio. Según el acta levantada por el juez, las pertenencias del Sr.W.B. eran una maleta de piel, un reloj de oro, una pipa, un pasaporte expedido en Francia por el American Foreign Service, seis fotografías tamaño carné, una radiografía, unas gafas, diversas cartas, unos cuantos papeles y algo de dinero. Con ese dinero pagó escrupulosamente la cuenta de la pensión en la que murió y su enterramiento. No dejó deudas.
No hay un ángel de la Historia y Benjamin lo sabía. Los ángeles visitan a los que en ella viven, acompañan sus historias, y se los oye o se los desoye. Quizá su ángel, el de su historia, lo animaba a abandonar la biblioteca en la que tomaba notas y a escuchar la llamada de sus amigos cuando todo era posible. Quizá entre los montones de notas decía: "¡Ahora!"
Es sabido que los ángeles no se dejan empujar por los vientos de la tierra y nunca vuelan de espaldas. Los ángeles guían, caminan hacia delante y saben siempre a dónde van. La Historia marcha sin ángel, desbocada y terrible, sin la menor idea de hacia dónde va, y ni siquiera de por dónde vino. Eso es lo que Benjamin sabía, que sólo Dios sabe, y que todas y cada una de las innumerables pequeñas historias, las únicas que los ángeles velan, serán tenidas en cuenta. En Port-Bou, en medio del huracán, no estaba el ángel de la Historia, sólo estaba Benjamin enredado. Seguramente, cuando redactababa sus tesis contra el materialismo dialéctico -aquella visión de la Historia como apisonadora, rodando imparable y omnisciente rumbo a la sociedad sin clases-, no imaginó que ese texto, la novena de las tesis, podría leerse un día como una premonición, como la descripción de sus últimas horas. El cuadro de Klee, el que tanto le gustaba y arrastraba de casa en casa, puede ser visto entonces - y estremece verlo así- como su propio retrato. Qué lástima de vida. Tenía cuarenta y ocho años.]