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10 julio 2013

...y la ley moral en mí (o: "Si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá! ")- y 3.

Y para terminar con estos apuntes nazi-kantianos -y pido perdón por si alguien se ha sentido ofendido- aquí tenéis esta entrevista a Michel Onfray, el autor de El sueño de Eichmann, un kantiano entre en los nazis. El problema para Onfray estriba en la subordinación de la moralidad privada a la legalidad pública. Kant es el filósofo de la obediencia, dice, y toda filosofía política que no deja lugar a la desobediencia, al hecho de distinguir entre legalidad y moralidad, es una filosofía peligrosa. De ahí que la ética kantiana no pueda tomarse aisladamente y deba ser reconsiderada a la luz de su filosofía jurídica y política. De todos modos, para descender al caso práctico y a la aterradora extrapolación a la situación de los judíos en el Tercer Reich, lo mejor es que lo oigáis:




Y ahora volvemos al Kant de Respuesta a la pregunta:¿Qué es la Ilustración?, y a su querido Federico II el Grande, déspota e ilustrado, cuya máxima de gobierno era aquel desvergonzado Razonad todo lo que queráis y sobre lo que queráis pero obedeced, y después podéis seguir extrapolando:

“Un príncipe que no encuentra indigno de sí declarar que sostiene como deber no prescribir nada a los hombres en cuestiones de religión, sino que los deja en plena libertad y que, por tanto, rechaza al altivo nombre de tolerancia, es un príncipe ilustrado, y merece que el mundo y la posteridad lo ensalce con agradecimiento. Al menos desde el gobierno, fue el primero en sacar al género humano de la minoría de edad, dejando a cada uno en libertad para que se sirva de la propia razón en todo lo que concierne a cuestiones de conciencia moral”. 
Y sigue:“Si se nos preguntara ¿vivimos ahora en una época ilustrada? responderíamos que no, pero sí en una época de ilustración. Todavía falta mucho para que la totalidad de los hombres, en su actual condición, sean capaces o estén en posición de servirse bien y con seguridad del propio entendimiento, sin acudir a extraña conducción”.
 
Ya vemos que aunque "todavía falte mucho" -y siga faltando siempre- para que el hombre esté en posición de servirse con seguridad del propio entendimiento, Kant se congratula de que haya sido declarado mayor de edad y libre en cuestiones de religión y conciencia moral. La conducción extraña -y en exclusiva, sin trabas-  del "todavía incapaz"  por parte del Estado no parece preocuparle. Y su plena libertad en cuestiones de conciencia moral,  pese a "su actual condición", que es a lo que vamos, tampoco.

Y a lo que vamos es a que el problema de Eichmann, íntimamente convencido de las bondades del Reich, de la necesidad de librarlo de sus adversarios y de la moralidad de sus actos cuando su trabajo consistía, primero,  en impulsar y facilitar la emigración de los judíos,  y después en organizar los sistemas de deportación y transporte masivo, no fue un problema de conflicto entre moral privada y legalidad pública, o sólo lo fue en los últimos momentos, cuando sus proyectos para darles un territorio o "poner suelo bajo sus pies"  (en Madagascar,  o en Palestina, a donde facilitó la emigración de los primeros miles de asentados e incluso llegó a viajar como invitado de honor) quedaron definitivamente cancelados . El conflicto --rápidamente resuelto por otra parte  recurriendo al criterio de autoridad: ¿quién era él para oponerse cuando todos los importantes estaban de acuerdo?--  sólo surgió cuando, en 1942, en la conferencia de Wannsee, se acordó el exterminio físico de los judíos, la Solución Final.

El problema de Eichmann no es que fuera un infeliz burócrata cumplidor de la ley, una "banal" ruedecita de un sistema criminal, aunque de hecho lo fuera. El problema del íntegro y kantiano Eichmann, y de ningún modo católico, contra lo que se deja caer en la película sobre Hannah Arendt de M.von Trotta (En Jerusalén -habla Arendt- Eichmann declaró que era un Gottgläubiger, palabra con que los nazis designaban a aquellos que se habían apartado de la doctrina cristiana, y se negó a jurar ante la Biblia), es el de la Razón Práctica, es el de la Razón convertida en instancia moral absoluta: una razón además de práctica, pura: der reinen praktischen Vernunft (y no deja de ser llamativa esa obsesión por la pureza, por la limpieza, por lo rein, que tan extraño le es al hombre, tanto en Kant como en los nazis: der reinen Vernunft, das Reich Judenrein, die Reinigung der Rasse... todo siempre rein). Su problema es el de la carencia de unas normas objetivas, no formales, no manipulables, no dadas por sí mismo: esas "banderas negras" de las que le hablaban sus juzgadores, el "yo eso no puedo hacerlo" que busca y no encuenta Arendt por ningún lado. Su problema es el de la mudez de esas normas que se encuentran inscritas en la conciencia de todos los hombres y que suenan más claras cuanto menos se dedican a la autolegislación universal, las únicas que en los momentos críticos, momentos de arrasamiento de todo lo humano y para empezar de la tan cacareada "autonomía", lo pueden sostener.

Y la cuestión aquí, la que ni Arendt ni Onfray se plantean, muy partidarios los dos de las leyes que el hombre se da a sí mismo en el libre ejercicio de su razón, sería la de si el mal puede cometerse no tanto por la falta de reflexión, no tanto por la falta de razón autónoma, que esa es la tesis que Arendt sostiene hasta el final, sino por su hipertrofia. No fueron generalmente filósofos los que resistieron (ahí está el gran Heidegger), fue gente sencilla y nada kantiana en su mayor parte, como los dos campesinos que menciona Arendt, gente con sus diez mandamientos bien aprendidos, esos de los que conviene librarse para poder obedecer mejor al Federico, al Adolfo o al Iósif de turno. La cuestión no planteada es la de la capacidad de la razón, no la pura sino la de cada uno, limitada, interesada, siempre juez y parte, para distinguir el bien y el mal, y la del amordazamiento de la conciencia, esta sí particular y a la vez universal (que ese es el gran quebradero de cabeza de Kant) y heterónoma de toda heteronomía (Kant, naturalmente, no ignora que existe la conciencia, ese "tribunal interior", das Gewissen als innerer Gerichtshof. Un tribunal que, convertido en simple policía del imperativo categórico, queda sin voz, como quedó sin voz el de Eichmann que sólo le recriminaba sus excepciones piadosas). La cuestión aquí sería la de si la moralidad, y la resistencia moral tan necesaria y difícil en situaciones críticas, dependerá menos de la razón que se da argumentos y leyes a sí misma, y más de la escucha, escucha que es siempre la de lo Otro -y esa es su fuerza, su solidez y su garantía- en uno.

¿Y cómo no recordar ahora las palabras de Donoso, tan recalcitrantes, tan contracorriente, tan "kikirikí" y, sin embargo, tan anticipadoras: "Su orgullo ha dicho al hombre de estos tiempos dos cosas, y ambas se las ha creído: que no tiene lunar y que no necesita de Dios  (...)  que no hay otro mal sino aquel que la razón entiende que es mal, ni otro pecado que aquel que la razón nos dice que es pe­cado.." o bien:  "La legitimidad de la razón son dos palabras, de las cuales la última designa el sujeto y la primera el atributo; yo niego el atributo y el sujeto..."?

Y, sobre todo, cómo no volver a leer con asombro las palabras del Génesis, ahí desde el principio, esas palabras que Spinoza entiende no como una prohibición arbitraria y  muestra de autoridad, sino como un aviso, muestra de paternal inquietud: "De todo árbol del huerto podrás comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comieres ciertamente morirás" (Gen 2,16-17). Casi las mismas que escucha Moisés en el Sinaí cuando su pueblo, cansado de desierto, empezaba a ofuscarse: "Porque estos mandamientos que yo te prescribo hoy no son superiores a tus fuerzas ni están fuera de tu alcance... No están en el cielo... Ni están al otro lado del mar... Sino que la palabra está bien cerca de ti, está en tu boca y en tu corazón para que la pongas en práctica... Pero si tu corazón se desvía y no escuchas...yo os declaro que pereceréis sin remedio... Te pongo delante vida o muerte, bendición o maldición. Escoge la vida, para que vivas tú y tu descendencia..." (Deut. 30, 11-20).

Es así precisamente, como el reino de la muerte, como describe Eichmann, víctima a la vez que verdugo, aquellos tiempos oscuros. Y aquí os dejo, y terminamos, con este pasaje de Hannah Arendt, y en él los trucos, la perversidad, las manipulaciones de la inteligencia, los camuflajes -que no la banalidad- del mal, y muerte, muerte, muerte:

"Lo que se grababa en las mentes de aquellos hombres que se habían convertido en asesinos era la simple idea de estar dedicados a una tarea histórica, grandiosa, única («una gran misión que se realiza una sola vez en dos mil años»), que, en consecuencia, constituía una pesada carga. Esto último tiene gran importancia, ya que los asesinos no eran sádicos, ni tampoco homicidas por naturaleza, y los jefes hacían un esfuerzo sistemático para eliminar de las organizaciones a aquellos que experimentaban un placer físico al cumplir con su misión... De ahí que el problema radicara, no tanto en dormir su conciencia, como en eliminar la piedad meramente instintiva que todo hombre normal experimenta ante el espectáculo del sufrimiento físico. El truco utilizado por Himmler —quien, al parecer, padecía muy fuertemente los efectos de aquellas reacciones instintivas— era muy simple y probablemente muy eficaz. Consistía en invertir la dirección de estos instintos, o sea, en dirigirlos hacia el propio sujeto activo. Por esto, los asesinos, en vez de decir: «¡Qué horrible es lo que hago a los demás!», decían: «¡Qué horribles espectáculos tengo que contemplar en el cumplimiento de mi deber, cuán dura es mi misión!». El hecho de que Eichmann recordara mal las ingeniosas frases de Himmler quizá sea un indicio de que existían otros medios más eficaces para resolver los problemas de conciencia. Entre todos ellos destacaba, como Hitler había previsto certeramente, el simple hecho de la guerra. Eichmann repitió una y otra vez la existencia de «una actitud personal diferente» con respecto a la muerte «cuando uno ve muertos en todas partes», y cuando todos esperaban con indiferencia la propia muerte: «No nos importaba morir hoy o morir mañana, y, en ocasiones, maldecíamos el amanecer que nos pillaba todavía vivos.» "

El problema de Eichmann, querida Hannah Arendt, no era de "simple irreflexión" o de "incapacidad de pensar por sí mismo". De intelecto, reflexiones y razones él y todos estaban bien servidos. Su problema no era de cabeza, sino de corazón, y de ausencia de vasos comunicantes entre uno y otra. Es decir, de estricta moral kantiana: La razón, pura, blindada y campando a sus anchas; las inclinaciones naturales y los sentimientos, impuros, proscritos; la voluntad, sometida; la conciencia, falseada. Kant definía la santidad como la concordancia perfecta entre la voluntad y las leyes de la razón práctica: Lástima que Eichmann en una ocasión se apiadó y saltándose las normas fue en socorro de sus amigos. De no haber cedido, para Kant  sería santo.

Decía Péguy que el kantismo tiene las manos limpias pero no tiene manos. Y tenía razón, el kantismo no las tiene, pero algunos kantianos sí, ése es el problema.
 
Hannah Arendt, Eichmann en Jerusalén. Un estudio acerca de la banalidad del mal. Edit.Lumen, 2003, traducc. Carlos Ribalta. [http://fadeweb.uncoma.edu.ar/carreras/materiasenelweb/abogacia/teoria_del_derecho_II/fichas/Arendt, Hannah - Eichmann en Jerusalen.pdf ]

22 mayo 2013

Que parece casa sin dueño. Fray Luis de León


Un poco más del Libro de Job. Porque, al igual que entonces y  al igual que siempre, pasan cosas tan descomunales y bárbaras entre nosotros, y es tan grande la confusión y desorden......

(Cap.XXXI. Exposición)
 14."...Mas es de advertir, que donde decimos quando se levantare Dios à juicio, el original solamente dice, quando Dios se levantare: y en decir la Escritura que se levanta Dios es decir que viene a juzgar. Porque à la verdad à los que en esta vida de tiniebla vivimos, parécenos que duerme Dios, y que está caído su vando, en cuanto no ejercita su justicia: porque pasan cosas tan descomunales y bárbaras entre nosotros, y es tan grande la confusión y desorden, que parece casa sin dueño à los que no alumbra la fe, o que si lo tiene, que no advierte lo que pasa, y que duerme. Que como nuestra vista corta,  y nuestro ánimo angosto no alcanza ni comprehende muchas cosas, à que Dios tiene atención en lo que permite que pase, ni vé los fines grandes que en todo mira, ni los bienes que saca de hechos perdidos y malos, ni los muchos efectos buenos à que quiere que sirva una cosa mala que consiente se haga, lo qual todo aquella soberana Majestad conoce y ordena, templa y endereza con admirable consejo; parecenos, porque no envía luego sobre el malo sus rayos, que tiene descuido, ò que no mira, presos los ojos con sueño. Pues respecto de la imaginación de la carne, que imagina a Dios olvidado y caído, dice la Escritura, que se levantará Dios, quando ejercitáre en el juicio justicia. Porque si levantarse es mostrarse, y salir à luz lo que estaba escondido; los malos, cuyos ojos y deseos nunca miraron à Dios, le conocerán entonces para su miseria descubierto y clarísimo. Y si es  levantarse tomar brío, y mostrar fuerza; será no vencible con la que en aquel día convencerá à los pecadores de su culpa, y los sujetará à pena perpetua. Y si levantarse es declararse por superior à los otros; en aquel día lo rebelde todo, la alteza y soberbia del mundo, las torres de la vana excelencia, sus máquinas, sus consejos, sus mañas, su sér, su poder, sujeto à sus pies [se verá], y quedará él solo alto, y todo lo demás humillado y rendido. Ansí que debidamente es dicho, levantarse Dios, quando juzga. Y Job dice con grande razón, y pregunta, lo que responder pudiera en aquel dia al Juez..."
Exposición del Libro de Job. Obra posthuma del Padre Maestro Fr. Luis de Leon, de la Orden de N.P.S. Agustin. Cathedratico de Escritura en la Universidad de Salamanca. Reproducción digital basada en la de Madrid, en la Imprenta de Pedro Marín, 1779. Pag 392-393.
http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/exposicion-del-libro-de-job--5/html/

19 mayo 2013

El pestañear de la aurora. Fray Luis de León

Para la asociación de Amigos de la Aurora (A.A.), con agradecimiento a su insigne y amable fundador, una aportacioncilla que me encontré hace unos días y espero que le guste (si es que no la conoce ya, que es hombre de mucho saber).
Está en el Capítulo 3 del Libro de Job. Un libro sobrecogedor, y más aún desmenuzado por Fray Luis de León directamente del hebreo: más pegado a la tierra, más concreto y detallista, por eso más tremendo, por lo mismo más hermoso.
Empieza Fray Luis traduciendo a lengua vulgar la Vulgata latina, que ya es una maravilla: ...expectet lucem et non videat, nec ortum surgentis aurorae..., para pasar a comentar después, casi palabra por palabra, el texto hebreo, y ¡zas!, ahí, como desperezándose legañosa después de una noche larga, aparece la aurora con su pestañeo:
(Capítulo III. Exposición) 9. " Dice más adelante: Entenebrezcanse las estrellas de su noche; espere luz, y no, y no vea alboradas de la mañana. Dice: Fuera tan noche aquella noche, y tan tenebrosa y obscura, que perdieran su luz las estrellas; las cuales, no solamente lucen con la noche, mas, cuando la noche es muy escura, suelen ellas más lucir. Y ansí declara la fuerza de su afecto y de su dolor justo con el encarecido exceso de lo que pide. (...)
Esperara luz, y no, es razón cortada, y hase de añadir y no vea la luz. Que es decir y desear: quedara sepultada aquella noche en tinieblas eternas, esto es, que nunca fuera. Y lo mismo es por otra manera: Y no vea alboradas de mañana. Y no vea, esto es, y nunca viera. Lo que dice alboradas, en el original, o es pestañas o aquel movimiento que hacen las pestañas y los ojos cuando se mueven aprisa; que es semejante a lo que hace el cuerpo del sol, o los resplandores de luz, que parece bullen en él, si alguno ha mirado en ello, cuando por el oriente amanece, que es como abrir las pestañas la mañana. Y ansí podremos decir: Y no vea el pestañear de la mañana."

Y buscando después en Google "pestañas-mañana-Job", esto es lo que me encuentro en el Comentario exegético y explicativo de la Biblia , de un tal Jamieson Fausett Brown:
"v.9.- parpados de la mañana: el alba. Los poetas árabes llamaban al sol el ojo del día. Sus primeros rayos, pues, que fulguraban antes de salir el sol, eran los párpados o pestañas de la mañana."
Y es estupendo lo del ojo del día ¿pero "párpados o pestañas"? Yo no tengo ni idea de hebreo y bien que lo lamento, no sé si los párpados y las pestañas comparten consonantes, comparten raíz o comparten simplemente el ojo, pero Fray Luis en cada renglón es Fray Luis y él no duda: párpados tiene la noche; pestañas, mejor aún: pestañeo, la primera luz de la mañana.


Exposición del Libro de Job. Obra posthuma del Padre Maestro Fr. Luis de Leon, de la Orden de N.P.S. Agustin. Cathedratico de Escritura en la Universidad de Salamanca. Reproducción digital basada en la de Madrid, en la Imprenta de Pedro Marín, 1779. Pag 37-38.
http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/exposicion-del-libro-de-job--5/html/

08 mayo 2013

Negra soy, pero hermosa. Joseph Ratzinger (2.)


Seguimos con "Crítica y Obediencia":
"Vamos ahora a ilustrar con un ejemplo esta problemática fundamental del ser de la Iglesia en el mundo. Pedro, a quien el Señor entrega el mismo poder que a toda la comunidad, puede servirnos, a modo de ejemplo, para compendiar la Iglesia.
Pedro es llamado por Jesucristo (en un brevísimo espacio de tiempo si aceptamos la cronología de san Mateo), Roca y Satanás (escándalo: piedra de tropiezo).
Esta contigüidad no es nada contraria a la mentalidad bíblica que conoce la victoria del poder de Dios por medio de la debilidad del hombre y que llama siervo de Dios al rey de Babilonia (Jer 25, 9), porque es utilizado por Yahvé como instrumento con el que hace la historia. Así, cuando Dios se sirve de Pedro (es decir, cuando no hablan por él la carne y la sangre) éste es capaz de convertirse en Roca. Pero este nombre no expresa un mérito sino un servicio, una elección y un encargo para el que nadie es apto, y menos este Simón que se hunde y al que le falta fe (Mt 14, 30). Esta dialéctica luce principalmente allí donde el encargo es más elevado: la concesión del primado se sitúa sobre el trasfondo de las negaciones (Jn 21, 15-27), la promesa en Lucas (22, 81 ss.) se junta con la inmediata predicación de la negación, y la promesa en Mateo está en aparente contradicción con los nombres de Satanás y piedra de escándalo. Siempre es promesa de la fuerza de Dios en la debilidad humana, siempre es Dios el Salvador y no el hombre, siempre es el a-pesar-de-todo de la gracia que no se deja desarmar por la torpeza del hombre, ni vencer por su pecado.

Por una recaída en la arbitrariedad del razonar humano que no quiere reconocer la gracia sino que se imagina siempre un secreto triunfo del hombre, nos hemos acostumbrado a desglosar en Pedro a la Roca y al pecador. Pensamos que éste es el Pedro prepascual, y nos formamos del Pedro posterior a Pentecostés una imagen extrañamente idealizada. Pero no es así: siempre están ambos mezclados. El Pedro anterior a la Pascua es el que quiere permanecer fiel en medio de la deserción de la masa, el que corre al encuentro del Señor en medio del mar, el que pronuncia aquellas hermosas palabras: "Señor, a quien iremos?; tú sólo tienes palabras de vida eterna y nosotros hemos creído que Tú eres el Santo de Dios" (Jn 6, 68). Y el Pedro posterior a Pentecostés es también el que por miedo a los judíos niega la libertad cristiana (Gál 2, 11 ss.). Siempre Roca y piedra de escándalo en una pieza.

Esta verdad ha persistido en toda la historia de la Iglesia. Y la tarea del creyente es sufrir esta paradoja del obrar divino que avergüenza a su orgullo. Lutero reconoció muy bien el momento de Satanás y no carecía de razón. Pero su culpa fue no haber sabido soportar la bíblica tensión entre Roca y Satanás que pertenece a la tensión fundamental de la fe. Nadie debiera haber comprendido esto mejor que el hombre que acuñó la fórmula: justo y pecador a la vez (simul peccator el iustus).

El donatista Tyconius hablaba de que la Iglesia es, en una misma pieza, Cristo y anticristo, Jerusalén y Babilonia. En realidad no hacía más que agudizar una idea que se encuentra en toda la tradición patrística. Orígenes veía expresada la tensión fundamental de la Iglesia en aquellas palabras de los Cantares: negra soy pero hermosa (Cant 1, 6).

Lo que se evidencia de todo esto una vez más es que no conviene separar limpiamente, uno de otro, la Iglesia y los hombres de la iglesia. Por ellos vive la Iglesia en el mundo. Vive de una manera humana el misterio divino que encierra. También la institución lleva consigo el lastre de la humanidad ¿quién no lo sabe? Pero precisamente por esto, la Iglesia, la santa, la pecadora Iglesia, es testimonio y realidad de la gracia de Dios que por nada se deja vencer. En su debilidad es y permanece Buena Nueva de una salvación que supera toda nuestra corrupción y esperanza.

Concluyamos este apartado con dos testimonios de la Edad Media (esa época que nos gusta idealizar como el tiempo de resplandor más puro de la cristiandad). En Guillermo de Auvernia, el gran teólogo y obispo de París se hallan estas palabras: "¿Quién no se horrorizaría si viera a la Iglesia con una cabeza de asno o al alma del fiel con dientes de lobo...? ¿Quién no llamaría a esta terrible imagen, más bien Babilonia y desierto que Ciudad de Dios?... Por el terrible abuso de los réprobos y carnales que inundan la Iglesia, los herejes la llaman prostituta y Babilonia... ". Y Gerhoh de Reichersberg, el gran teólogo bávaro, confiesa que es un terrible espectáculo el que "en medio de ti, Jerusalén, vive un pueblo casi completamente babilónico", y hace decir a la Iglesia: "Yo no me considero pura como los novacianos y cátaros; yo se cuántos pecados tengo en mí, y no rehusó la penitencia sino que digo: perdónanos nuestras deudas".

¿Es una señal indiscutible de que han mejorado los tiempos el que los teólogos de hoy no se atrevan a hablar de esta forma? ¿O no será más bien una señal de que ha disminuido el amor, de que no arde el corazón en santo celo por la gloria de Dios en este mundo (2 Cor 11, 2), de que el amor se ha vuelto apático y ya no se atreve a correr el riesgo del dolor por la amada y para ella? El que ya no se sorprende por la negación del amigo ni lucha por su regreso, ya no ama. ¿Debe valer también esto de nuestra relación con la Iglesia? "

Preguntamos ahora cuál ha de ser la actitud del cristiano respecto a la Iglesia de la historia. También aquí puede decirse parodiando la fórmula agustiniana: el cristiano debe amar a la Iglesia; todo lo demás se seguirá de la lógica del amor. Si en tal ocasión es mejor hablar o callar, sufrir o luchar, depende en último término del amor a la Iglesia.
El teólogo puede desarrollar más concretamente este sentido eclesial, pero en la situación concreta es el yo -con su fe, su esperanza y amor personales- el que está llamado a la decisión; y no puede refugiarse en una regla puramente objetiva. Después de esto hemos de decir que la Iglesia ha recibido la herencia de los profetas. Ha entrado en la historia como Iglesia de los mártires y ha desempeñado la función de padecer por la verdad. En este sentido lo profético no ha muerto en ella. Tampoco puede decirse que ha llegado ya a su victoria última, perdiendo su función critica. Esto sería desconocer la antinomia que acabamos de describir entre prostituta y esposa. El paso de la forma de existencia de este mundo a la novedad del espíritu no es una cosa que se realizó hace largo tiempo, sino que permanece continuamente como la ley viva fundamental de la Iglesia.
Ella vive de la llamada del espíritu, en la crisis del paso de lo viejo a lo nuevo. No es casualidad el que los grandes santos estuvieran también en lucha por la Iglesia, con su tentación de mundanizarse, y que hayan sufrido bajo la Iglesia. Pensemos en Francisco de Asís, o en Ignacio de Loyola que en la cárcel eclesiástica tenía el ánimo tan alegre que decía: "En Salamanca no hay tantos grillos y cadenas que yo no pueda pedir más por amor de Dios". Y él no renunció en nada a su misión ni a su obediencia a la Iglesia.

Siguen un par de apartados breves en los que, a modo de resumen de todo lo anterior, se concretan unas reglas sobre como pueden, y deben, articularse la crítica y el amor a la Iglesia, que podéis terminar de leer aquí: http://www.unav.es/tdogmatica/ratzinger/textos.htm

JOSEPH RATZINGER. "Crítica y Obediencia" ("Freimut und Gehorsam", en Wort und Wahrheit núm.17, 1962).
Incluido en El nuevo pueblo de Dios, Herder, Barcelona, 1972. Traducido aquí por J.Valldeperas.

05 mayo 2013

Negra soy, pero hermosa. Joseph Ratzinger (1)


Voy leyendo poco a poco los magníficos archivos del Foro de estudios Joseph Ratzinger, una página llena de enlaces a sus libros (muchos de ellos completos), artículos, conferencias y entrevistas. Aquí os dejo estas reflexiones del por entonces joven catedrático de teología en Ratisbona, intemporales y sin desperdicio, sobre el a-pesar-de-todo de la gracia y sobre otras muchas cosas interesantes, todo ello al hilo del tema de la legitimidad de la crítica y la protesta en la Iglesia. El artículo, publicado en 1962 en la revista Wort und Wahrheit (Palabra y Verdad), se titula "Crítica y Obediencia":
"Nos lleva a la esencia del problema una comparación entre Antiguo y Nuevo Testamento. El AT descansaba en una promesa divina. Su culto y su sacerdocio fueron impuestos por Dios y su realeza tenía una promesa de perpetuidad. ¿ Se pueden atacar un culto y una institución que son de derecho divino? Cristo lo hizo, y predijo con una acción simbólica el fin del templo (cfr. Mc 11,11-19; 14,58; 15,29 ss; Jn 2,19). Los cristianos rara vez comprenden la enorme magnitud de este suceso; para ellos el AT es precisamente la antigua alianza; que a su tiempo debía convertirse en nueva. Pero esto no es así: mientras existió, fue sin más, la Alianza; no la antigua, sino la única alianza que Dios había hecho. No era nada claro que esta alianza debiera envejecer, y las profecías sobre un pacto nuevo (Jer 31, 31 ss.) (que en modo alguno estaban en primer plano en la conciencia de Israel) fueron dichas en un sentido escatológico (cfr. Is 11). La Thora era palabra de Dios, y el culto estaba divinamente establecido; atacarlos debía parecer a la conciencia de Israel lo mismo que a nosotros un ataque a la ordenación sacramental de la Cristiandad.

Sin embargo hay una diferencia ya que en el AT, junto al templo, la institución y la ley,existieron desde el principio los profetas, elegidos por Dios, como palabra libre que El se reservaba. La trágica figura de Jeremías, constantemente encarcelado como hereje, atormentado como rebelde a la Palabra y a la Ley de Dios, perseguido y fallecido sin nombre en la oscuridad del olvido, nos hace comprender la esencia y la enorme exigencia de la misión profética. La profecía no consiste tanto en ciertas predicciones, cuanto en la protesta profética contra la autosuficiencia de las instituciones que sustituyen la moral por el rito y la conversión por las ceremonias. El profeta es testigo de Dios. Frente a la interpretación arbitraria de la palabra de Dios y frente a la tergiversación clandestina y pública de las señales divinas, el profeta pone a salvo la autoridad de Dios y defiende Su palabra del egoísmo de los hombres. Y así, en el AT existe -combatida y oprimida por la autoridad, pero cada vez más reconocida como voz de Dios- una crítica que crece en mordacidad hasta la descripción del destructor del Templo como siervo de Dios (Jer 25, 9); con ello la misma destrucción del Templo (el corazón mismo de Israel) aparece ya aquí como culto frente al culto demasiado pagado de sí, que se realiza en el interior del Templo.

El primer intento de una teología cristiana, que es la predicación del diácono Esteban, enlaza con esta dirección: muestra que Dios en la historia no está al lado de la institución, sino de los que sufren y son perseguidos, y presenta a Cristo como consumación de los profetas por haber sido rechazado por los jerarcas. Cristo es la perfección de los profetas, no propiamente porque en El se han realizado las profecías, sino porque ha vivido hasta el fin la línea del espíritu profético, del no a la autocracia de la institución sacerdotal. Así se ha puesto a Sí mismo como ofrenda definitiva en el lugar de las víctimas del Templo (Heb 10, 5), destruyendo de esta manera al Templo (Jn 2, 19).
Algo parecido puede decirse de la exégesis que hacen los Padres cuando ven en el sacrificio de Malaquías (Mal 1, 10 ss.) una predicción del sacrificio de la Misa. Pues las palabras de Malaquías pertenecen a la línea que en el AT va haciendo estallar cada vez más el formalismo ceremonial para exigir del hombre su obediencia y su corazón, en lugar del rito.

Llegamos así al NT. ¿También aquí está la verdad de parte de los que sufren y son estigmatizados por los portadores de cargos? Se ha intentado explicar así la esencia de la Reforma. "Nuestra tarea propia en el diálogo con nuestros hermanos católicos es hacerles comprensible - no intelectual, sino religiosamente- la viva actitud de protesta, como la tarea divina que desde Lutero nos acosa y nos inquieta interiormente". Aquí hay que notar dos cosas: de la idea de una protesta profética no se puede deducir el derecho a una existencia cristiana fuera de la Iglesia. Es sabido cómo los profetas permanecían profetas en Israel, y en él sufrían su pasión hasta convertirse en testigos de Dios, en mártires. El mismo Jesús realizó su misión en Israel (Mt 10,5 ss.) y reconoció, a pesar de todo, la autoridad de los maestros de Israel (Mt 23,2 ss). Los Apóstoles comenzaron su predicación en Israel; y sólo después de dura lucha se atrevieron a dar el paso hacia los paganos que supuso un giro en la Historia de Salvación y el fin de la antigua alianza. Para dar este paso se necesitó una decisión de la Iglesia entera, y la convicción de que la nueva acción de Dios en su Hijo autorizaba a ello. Pero los capítulos 9-11 de la carta a los Romanos, testifican el profundo sufrimiento que supuso esta separación para los primitivos cristianos.

Con esto hemos aludido ya a la segunda observación: los cristianos comprenden que se ha realizado, ya ahora, la alianza escatológica definitiva e irrevocable; que el antiguo pacto ha envejecido pero el actual no puede envejecer.
El porqué de esta diferencia lo ha esbozado san Pablo en el capítulo cuarto de la carta a los Romanos, y puede resumirse así: el antiguo pacto era condicional, el nuevo es absoluto. En el antiguo, Dios prometía la salvación si Israel, por su parte, cumplía la Ley. La salvación depende de la moralidad y esta es la razón profunda de la existencia de los profetas: han de recordar que toda la magnificencia cultual no sirve de nada si no se cumple toda la Ley. Todo cambia en el NT. Dios se hace hombre y, en el hombre Jesucristo, acepta a la humanidad que cree en Jesús. Con esto se decide definitivamente -y en sentido afirmativo- el drama de la historia universal. Dios cierra un nuevo pacto, y acepta a la Iglesia no apoyándose en la condición siempre oscilante de la moralidad humana, sino en virtud del absoluto de la acción salvadora y gratuita de Cristo (Rom 4, 16). La Iglesia no descansa en el esfuerzo de los hombres sino en la gracia, descansa en el a-pesar-de-todo dicho por Dios y, en él, es para siempre Iglesia santa. La Iglesia presenta en su interior el a-pesar-de-todo de la gracia divina y, con él, un absoluto: la definitiva voluntad salvífica de Dios. (...)
Los Santos Padres expresaron este hecho con la imagen atrevida de la casta meretriz: según su propio origen histórico la Iglesia es prostituta, procede de la Babilonia de este mundo. Pero Cristo el Señor la ha purificado, la ha convertido de prostituta en esposa. Urs von Balthasar ha mostrado en penetrantes análisis que esto no es una pura expresión histórica (algo así como: antes era impura, ahora es pura) sino que describe una permanente tensión histórica existencial de la Iglesia. Ella vive constantemente del perdón que la transforma de prostituta en esposa; la Iglesia de cada generación es la iglesia procedente de la gracia, a la que Dios hace salir constantemente de la Babilonia en que de por sí moran los hombres.

Esto se pone de manifiesto por un análisis del misterio de la Encarnación.
Estamos acostumbrados a considerar la Encarnación como una justificación teológica de la institucionalidad de la Iglesia (en cuanto representa la aparición de Dios en formas de esté mundo). Esto es mucha verdad pero debe ser completado por lo siguiente: la Encarnación no es un término, sino un principio que concluye en la Cruz. Junto a la teología de la Encarnación ha de ir la teología de la Cruz. Esto quiere decir que todas las organizaciones terrenas, para conseguir su perfecta realización, deben pasar por la Cruz: toda forma terrena es provisoria. Y así como sería falso concebir la Iglesia con esquemas de la antigua, alianza para protestar contra Ella en nombre de una Palabra que no puede darse sin Ella, es igualmente falso concebir la Encarnación como un término, y proclamar en consecuencia que la Iglesia es el reino perfecto de Dios, negando prácticamente su gran futuro escatológico y presentándola ya en este mundo como algo sin mancilla e incriticable. El a-pesar-de-todo de la gracia divina lleva en sí el precioso misterio de lo definitivo, pero no ha hallado aún su forma definitiva, sino que está ligado al signo de la Cruz: a los hombres que necesitan de la cruz para llegar a la gloria."


JOSEPH RATZINGER. "Crítica y Obediencia" ("Freimut und Gehorsam", Wort und Wahrheit núm.17, 1962).
Incluido en El nuevo pueblo de Dios, Herder, Barcelona, 1972.
Traducido aquí por José Valldeperas. http://www.unav.es/tdogmatica/ratzinger/

01 abril 2013

Aurora lucis rutilat: Él sale como esposo de su alcoba

 El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra.
 Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje.

 Allí le ha puesto su tienda al sol:
él sale como esposo de su alcoba,
contento como un héroe,
a recorrer su camino.
Asoma por un extremo del cielo,
y su órbita llega al otro extremo:
nada se libra de su calor.

... El estupendo salmo 18, cuya primera parte se acaba de proclamar, no sólo es una plegaria, en forma de himno, de singular intensidad; también es un canto poético al sol y a su irradiación sobre la faz de la tierra. En él el salmista se suma a la larga serie de cantores del antiguo Oriente Próximo...
Pero para el hombre de la Biblia hay una diferencia radical con respecto a estos himnos solares: el sol no es un dios, sino una criatura al servicio del único Dios y creador. Basta recordar las palabras del Génesis: «Dijo Dios: haya luceros en el firmamento celeste, para apartar el día de la noche, y valgan de señales para solemnidades, días y años; (...) Hizo Dios los dos luceros mayores; el lucero grande para el dominio del día, y el lucero pequeño para el dominio de la noche (...) y vio Dios que estaba bien» (Gn 1,14.16.18). [...]
Consideremos ahora la primera parte del salmo. Comienza con una admirable personificación de los cielos, que el autor sagrado presenta como testigos elocuentes de la obra creadora de Dios. En efecto, «proclaman», «pregonan» las maravillas de la obra divina. También el día y la noche son representados como mensajeros que transmiten la gran noticia de la creación. Se trata de un testimonio silencioso, pero que se escucha con fuerza, como una voz que recorre todo el cosmos. [...]
Luego el himno cede el paso al sol. El globo luminoso es descrito por el poeta inspirado como un héroe guerrero que sale del tálamo donde ha pasado la noche, es decir, sale del seno de las tinieblas y comienza su carrera incansable por el cielo (vv. 6-7). Se asemeja a un atleta que avanza incansable mientras todo nuestro planeta se encuentra envuelto por su calor irresistible.
Así pues, el sol, comparado a un esposo, a un héroe, a un campeón que, por orden de Dios, cada día debe realizar un trabajo, una conquista y una carrera en los espacios siderales. Y ahora el salmista señala al sol resplandeciente en el cielo, mientras toda la tierra se halla envuelta por su calor, el aire está inmóvil, ningún rincón del horizonte puede escapar de su luz.
La liturgia pascual cristiana recoge la imagen solar del salmo para describir el éxodo triunfante de Cristo de las tinieblas del sepulcro y su ingreso en la plenitud de la vida nueva de la resurrección. La liturgia bizantina canta en los Maitines del Sábado santo: «Como el sol brilla, después de la noche, radiante en su luminosidad renovada, así también tú, oh Verbo, resplandecerás con un nuevo fulgor cuando, después de la muerte, dejarás tu tálamo». Una oda (la primera) de los Maitines de Pascua vincula la revelación cósmica al acontecimiento pascual de Cristo: «Alégrese el cielo y goce la tierra, porque el universo entero, tanto el visible como el invisible, participa en esta fiesta: ha resucitado Cristo, nuestro gozo perenne».  Por último, otra (la cuarta) concluye: «Cristo, nuestra Pascua, se ha alzado desde la tumba como un sol de justicia, irradiando sobre todos nosotros el esplendor de su caridad».
La liturgia romana no es tan explícita como la oriental al comparar a Cristo con el sol. Sin embargo, describe las repercusiones cósmicas de su resurrección, cuando comienza su canto de Laudes en la mañana de Pascua con el famoso himno: «Aurora lucis rutilat, caelum resultat laudibus, mundus exsultans iubilat, gemens infernus ululat»: «La aurora resplandece de luz, el cielo exulta con cantos de alabanza, el mundo se llena de gozo, y el infierno gime con alaridos» (*)
Juan Pablo II. Catequesis sobre el Salmo 18A. Audiencia general del Miércoles 30 de enero de 2002

 (*) Se trata de un antiguo himno ambrosiano:
Aurora lucis rutilat/ Caelum resultat laudibus/ Mundus exsultans iubilat/ Gemens infernus ululat.
Cum rex ille fortissimus/ Mortis confractis viribus/ Pede conculcans tartara/ Solvit catena miseros.
Ille, quem clausum lapide/  Miles custodit acriter/  Triumphans pompa nobili/  Victor surgit de funere.
Inferni iam gemitibus/ Solutis et doloribus/ Quia surrexit Dominus/ Resplendens clamat angelus.
Esto perenne mentibus/ Paschale, Iesu, gaudium/ Et nos renatos gratie/ Tuis triumphis aggrega.
Iesu, tibi sit gloria/ Qui morte victa praenites/ Cum Patre et almo Spiritu/ In sempiterna saecula.
 


18 abril 2012

Tú lo sabes

-Sobrevino sobre mí la mano de Yahveh. Me hizo salir por el espíritu de Yahveh. Me puso en medio del valle. Y éste estaba lleno de huesos.
Me hizo caminar entre ellos, alrededor, alrededor. Y he aquí que eran muchísimos y numerosos sobre la planicie del valle. Y, he aquí que estaban completamente secos.
Y me dijo: “Hijo de Adán, ¿podrán revivir estos huesos?” Dije: “Mi Señor Yahveh, ¡tú lo sabes!”

Ezequiel 37, 1-3

17 abril 2011

Domingo de Ramos: el burro y las despensas

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1. ...la Iglesia une hoy, con admirable sabiduría, la procesión y la Pasión. La procesión suscita vítores y la Pasión lágrimas... Que el hombre mundano observe y comprenda que la alegría termina en el pesar. Por eso aquel que practicó y enseñó tantas cosas, cuando se hizo hombre quiso demostrar personalmente con su palabra y su ejemplo lo que nos había dicho mucho antes por boca del Profeta: Toda carne es hierba, y su belleza como flor campestre.
Aceptó, pues, el triunfo de la procesión, consciente de que ya estaba inminente el día terrible de su muerte.
¿Podrá alguien fiarse de la gloria versátil del mundo si contempla al Santo por excelencia y además Dueño supremo del universo, pasando tan rápidamente de la victoria más sublime al desprecio más absoluto? Una misma ciudad, las mismas personas y en unos pocos días le pasea triunfal entre himnos de alabanza y le acusa, le maltrata y le condena como a un malhechor. Así acaba la alegría caduca y a esto se reduce la gloria del mundo.

2. Vosotros, en cambio, podéis captar un mensaje más espiritual: por eso os presentamos en la proce­sión la gloria de la patria celeste, y en la Pasión el camino que a ella conduce. Ojalá que la procesión te recuerde el gozo y alegría incomparables de nuestro encuentro con Cristo ... el día glorioso en que Cristo entrará en la Jerusalén celestial.(...)
La procesión te dice a dónde nos dirigimos, y la Pasión nos muestra el camino. Los sufrimientos de hoy son el sendero de la vida, la avenida de la gloria, el camino de nuestra patria, la calzada del reino, como grita el ladrón crucificado: Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino. Lo ve caminar hacia el reino y le pide que, cuando llegue, se acuerde de él. Tam­bién él llegó, y por un atajo tan corto que aquel mismo día mereció estar con el Señor en el paraíso. La gloria de la proce­sión hace llevaderas las angustias de la Pasión, porque nada es imposible para el que ama.

3. Y no te extrañe nada oír que esta procesión es símbolo de la celestial, ya que al mismo se le recibe en ambas, aunque las personas y el modo sean muy diversos. En esta procesión Cristo va sentado en un bruto animal; en aquélla, en cambio, habrá animales racionales, como dice la Escritura: Señor, tú salvas a hombres y animales. Recordemos aquel otro pasaje: Soy como un animal ante ti y estaré siempre contigo. Y conti­núa, refiriéndose a la procesión: Tú agarras mi mano derecha, me guías según tus planes y me llevas a un destino glorioso.

4. Y ya que hemos hablado del asno, de los mantos y de las ramas de árboles, quiero fijarme con más atención en las tres clases de ayuda que se le ofrecen en esta procesión al Sal­vador. La primera se la da el jumento en que va montado, la segunda los que tienden sus vestidos y la tercera los que cor­tan ramas de árboles. ¿No os parece que todos le presentan lo que les sobra, y honran al Señor sin molestarse ellos en nada, a excepción del jumento que se le ofrece él mismo?
... Yo creo que ese asno en que Cristo va sentado sois vosotros que, en frase del Apóstol, glorificáis y lleváis a Cristo con vuestro cuerpo. Los hombres del mundo cuando hacen limosna de sus bienes, no le ofrecen al Señor su cuerpo, sino lo que usa o necesita el cuerpo. Los prelados cortan ramas de árboles cuando hablan de la fe y obediencia de Abrahán, de la castidad de José, de la mansedumbre de Moisés o de las virtudes de otros santos. No hacen más que tomarlo de sus bien surtidas despensas; y deben distribuir gratuitamente lo que recibieron de balde. Si todos cumplen fielmente su minis­terio, es indudable que participan en la procesión del Salvador y entran con él en la ciudad santa (...) ¿Quién va más cerca de Jesús en la procesión? Creo que es muy fácil comprenderlo.

San Bernardo. Sermones litúrgicos (EN EL DOMINGO DE RAMOS. Sermón Primero: Sobre la procesión y la Pasión).

01 marzo 2011

Con todas las extravagancias de un amante

La transformación del Dios de los filósofos.
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Pero no olvidemos la otra cara del hecho. La fe cristiana se decidió solamente en favor del Dios de los filósofos... Pero al tiempo la fe cristiana dio a este Dios una significación nueva, lo sacó del terreno de lo puramente académico y así lo transformó profundamente. Este Dios que antes aparecería como algo neutro, como un concepto supremo y definitivo, este Dios que se concibió como puro ser o puro pensar, eternamente cerrado en sí mismo, sin proyección alguna hacia el hombre y hacia su pequeño mundo, (...) es para la fe el hombre Dios, que no sólo es pensar del pensar, eterna matemática del universo,sino agapé, potencia de amor creador. En este sentido se da en la fe cristiana la misma experiencia que tuvo Pascal cuando una noche escribió en un trozo de papel que luego cosió al forro de su casaca, estas palabras: "Dios de Abraham, Isaac y Jacob, no el Dios de los filósofos y letrados". Frente a un Dios que se inclina cada vez más a lo matemático, vivió la experiencia de la zarza ardiente y comprendió que Dios, eterna geometría del universo, sólo puede serlo porque es amor creador, porque es zarza ardiente de donde nace un hombre por el que entra en el mundo de los hombres.
.Para apreciar en su justa medida la transformación que experimentó el concepto filosófico de Dios mediante su equiparación al Dios de la fe, hemos de acudir a algún texto bíblico que nos hable de Dios. Al azar elegimos la parábola de la oveja y de la dracma perdidas de Lc 15,1-10. El punto de partida es el escándalo de los fariseos y letrados por el hecho de que Jesús se siente a la mesa con los pecadores. La respuesta es una alusión al hombre que tiene 100 ovejas, pierde una,va a buscarla y, por fin, la encuentra; por ella se alegra mucho más que por las 99 que no tuvo que buscar. (...) En esta parábola, en la que Jesús justifica y describe su obra y misión como enviado de Dios,juntamente con la historia de Dios y el hombre aparece el problema de quién es Dios.
.Si queremos deducir de este texto quién es Dios, diremos que es el Dios que nos sale al encuentro, el Dios antropomórfico y a-filosófico. Como en muchos otros textos del Antiguo Testamento, padece y se alegra con los hombres, busca, sale al encuentro. No es la geometría insensible del universo, no es justicia ni efecto alguno; tiene un corazón, está ahí como amante, con todas las extravagancias de un amante. (...)
.La gran mayoría de los hombres de hoy confiesa de algún modo que existe algo así como "una esencia superior.. Pero parece absurdo que esa esencia pueda ocuparse de los hombres.(...) en un tiempo en el que la tierra carece de importancia en el gigantesco universo, en el que el hombre, pequeño grano de arena, es insignificante ante las dimensiones cósmicas, nos parece absurda la idea de que esta esencia superior se ocupe de los hombres (...) pero en realidad pensamos en Dios de modo pequeño y humano. (...)
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El dicho que precede al Hyperion de Hölderlin nos recuerda, frente a tales nimiedades, la imagen cristiana de la verdadera grandeza de Dios: Non coerceri maximo, contineri tamen minimo, divinum est : es divino no estar encerrado en lo máximo y estar, sin embargo, contenido en lo mínimo.(...) Esta superación de lo más grande y esta entrada en lo más pequeño constituye la verdadera esencia del espíritu absoluto. Pero al mismo tiempo aparece aquí una valoración de lo maximum y de lo minimum que es muy significativa para la comprensión cristiana de lo real: Para quien, como espíritu, lleva y transforma el universo, un espíritu, el corazón del hombre que puede amar, es mucho mayor que todas las galaxias. Las medidas cuantitativas quedan superadas; se señala aquí otra jerarquía de grandeza en la que lo pequeño pero limitado es lo verdaderamente incomprensible y grande.

Joseph Ratzinger, Introducción al cristianismo [5. El Dios de la fe y el Dios de los filósofos]

24 febrero 2011

Verdad, y no costumbre, se llamó a sí mismo

"Lo paradójico de la antigua filosofía estriba, desde un punto de vista histórico religioso, en que conceptualmente ha destruido el mito, pero al mismo tiempo ha querido legitimizarlo desde el punto de vista religioso. Es decir, la antigua filosofía no era religiosamente revolucionaria, sino muy evolucionista (1); consideraba la religión como ordenación de la vida moral, no como verdad. En la carta a los romanos (Rom 1,18-31) lo ha descrito Pablo maravillosamente en un lenguaje profético comentando un texto de la literatura sapiencial. Ya en los capítulos 13-15 del libro de la Sabiduría se alude al destino mortal de las antiguas religiones y a la paradoja que existe en la separación de la verdad y de la piedad.[...] La religión no iba por el camino del Logos, sino que permanecía en él como mito inoperante. Por eso su fracaso inevitable procede de la separación de la verdad, lo que lleva a que se la considere como pura institutio vitae, es decir, como pura organización y forma de la configuración de la vida. Frente a esta situación Tertuliano describió con palabras sencillas y majestuosas la posición cristiana cuando dijo: Cristo no se llamó a sí mismo costumbre, sino verdad [Dominus noster Christus veritatem se, non consuetudinem cognonminavit] .
A mi modo de ver, ésta es una de las grandes ideas teológicas de los Padres. Ahí se resume, en maravillosa poesía, la lucha de la primitiva Iglesia y la tarea continua que incumbe a la fe cristiana si quiere seguir siendo fiel a sí misma. La divinización de la consuetudo romana, de la "costumbre" de la ciudad de Roma, que quiere erigir sus usos en norma autosuficiente de la actitud, contradice a la única exigencia de la verdad. (2).
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Joseph Ratzinger, Introducción al cristianismo. 5.- El Dios de la fe y el Dios de los filósofos.

[(1) El texto procede de la página de "mercaba.org". Me pareció chocante ese muy evolucionista referido a la filosofía antigua, y al contrastarlo con el original alemán, encuentro que lo que dice es esto: ...nicht revolutionär, sondern höchstens evolutionär... Es decir: no "muy", sino "a lo sumo" o "como mucho" (tampoco me parece que el evolucionismo tenga vela alguna en este entierro, creo que se trata simplemente de un juego de palabras con "revolucionaria" que podría mantenerse: a lo sumo 'evolucionaria', pero eso ya queda al gusto).
-(2) A continuación, donde en el texto de Ediciones Sígueme, Salamanca 2005, dice: Con ello el cristianismo se pone decididamente de parte de la verdad y se separa de una concepción de la religión que se reduce a un conjunto de ceremonias..., en la versión digital se saltan un renglón (las tres o cuatro que he mirado deben proceder de la misma, porque tienen el mismo error) y dicen justo lo contrario: Con ello el cristianismo se ha colocado decididamente del lado de la religión que se limita a ser forma ceremonial... Así que, ojo con las ediciones en línea, que tienen algún error, como éste, importante.]
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08 diciembre 2010

Entramos en grand pozo

...Todos quantos vevimos, ........que en piedes andamos,....... 17
siquiere en [presion]]........         o en lecho yagamos,
todos somos romeos........          que camino [pasamos],
San Peidro lo diz esto, ........      por él vos lo provamos.

Quanto aquí vevimos........       en ageno moramos; .............. 18
la ficança durable........             suso la esperamos;
la nuestra romería ........            estonz la acabamos,
quando a Paraíso........               las álmas envïamos.

En esta romería........                 avemos un buen prado ......... 19
en qui trova repaire........           tot romeo cansado:
la Virgin Glorïosa,........            madre del buen Criado,
del qual otro ninguno........       egual non fue trobado. [...]

Es clamada, y éslo,.........         de los cielos reína, ................ 33
tiemplo de Jesu Christo,........  estrella matutina,
sennora natural, .......               pïadosa vezina,
de cuerpos e de almas........     salud e medicina

Ella es vellocino........             que fue de Gedeón, ................ 34
en qui vino la pluvia,........      una grand vissïón;
ella es dicha fonda ........         de David el varón
con la qual confondió........     al gigant tan fellón.

Ella es dicha fuent ......            de qui todos bevemos, ........... 35
ella nos dio el cevo .......         de qui todos comemos;
ella es dicho puerto........         a qui todos corremos,
e puerta por la qual ........        entrada atendemos. [...]

Es dicha vid, es uva,.......         almendra, milgranada,  ......... 39
que de granos de graçia........   está toda calcada,
oliva, cedro, bálssamo, .......    palma bien ajumada,
piértega en que sovo........        la serpiente alzada.

El fust que Moïsés.......            enna mano portava ................ 40
que confondió los sabios........ que Faraón preciava,
el que abrió los mares........      e después los cerrava,
si non a la Gloriosa........          ál non significava. [...]

Sennores e amigos, ........          en vano contendemos,............42
entramos en grand pozo, ........  fondo no'l trovaremos;
mas serién los sus nomnes........que nos d'ella leemos
que las flores del campo, ........  del más grand que savemos.

[* 34a- Jueces 6: 36  //   34c- I Reyes 17:49   //   40a- Éxodo 4:25 y 8:10 ]

Gonzalo de Berceo, Milagros de Nuestra Señora, Ediciones Cátedra-Letras Hispánicas, 1998.

01 diciembre 2010

Proverbios

Prov 11, 14 - Donde no hay buen gobierno, el pueblo se hunde; abundancia de consejeros, trae salvación.

Prov 11, 24 - Hay quien gasta y todavía va a más; y hay quien ahorra en demasía sólo para venir a menos.
Prov 12, 11 - Quien cultiva su tierra se hartará de pan, quien persigue naderías es un insensato.
Prov 13, 7 - Hay quien se hace el rico y nada tiene, hay quien se hace el pobre y tiene gran fortuna.


[Leerlos y venírseme a las mientes el Estado de las Autonomías ha sido todo uno. ¿No os recuerda a nadie ese que se hace el pobre? ¿Y el que se hace el rico?
Y qué bien que por fin entiendo toda esta proliferación de consejeros y consejeras en las autonomías, en las heteronomías, debajo de cada piedra... Qué alegría, cuánta salvación.]

10 mayo 2010

Identidades narrativas 6. "Tú eres ese hombre" (2 Sm 12,7)


Lo cuenta el Segundo Libro de Samuel: Después de que David, paseando por la terraza, descubriera a Betsabé en el baño, mandara que se la trajeran, le hiciera un hijo y, tras el fracaso de sus estratagemas para ocultar los hechos, diera órdenes para que su marido, el oficial Urías, no saliera vivo del combate, Yahveh le envió al profeta Natán.
Natán, sorteando con habilidad las defensas de la autojustificación y el orgullo, le hace oír su propia historia como si fuera la de otro. En el momento en que David, encolerizado con el relato, decide que aquel otro merece la muerte, Natán le revela: “Tú eres ese hombre”… La visita termina, muy encantadora, verdadera y sencillamente así: “Y Natán se fue a su casa”. Las visitas de Natán son cortas, de otro modo no podrían resistirse.
Natán es el demoledor de las “identidades narrativas”, de los cuentos que nos contamos, bien trabados, presentables y sin fisuras; la luz que Yahveh nos envía, sin manto y sin sandalias pero habilísima hoy igual que entonces, y nos dice que no somos como nos figuramos, sino bastante peores, y, a la vez, que no somos sólo eso, miseria puesta al desnudo, sino bastante más.
De falsas identidades y corazones contritos y humillados, como el que se rompe en el Salmo 51 después de que David reconociera su culpa, habla también la parábola de Jesús que empieza “Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, uno de esos que cobran impuestos para Roma…” (Lc 18, 9-14).
Sin la visita de ese Natán interior, sin esa luz enviada que destruye y reconstruye, y que siéndonos íntima no nos es propia, como sí lo son la razón, la memoria, el orgullo y el deseo –manipuladores y siempre interesados-, no veo cómo podríamos conocernos, ni llegar una chispa más lejos que el famoso barón que pretendía salir del pantano tirándose de los pelos hacia arriba.
Y aun con todo lo anterior, la pregunta por el quién, afortunadamente, no parece tener cumplida respuesta aquí abajo. Quizá sólo tengamos que aprender a vivir en la humildad del no-ser, acoger la incertidumbre, dedicarnos al hacer y dejarnos de preguntas. Porque, además de nuestras culpas, sólo una cosa está clara: que donde se levanta el “tú”, la pregunta por el “yo” desaparece. Es difícil imaginar a Teresa de Calcuta cuestionándose su identidad, o, sin ir más lejos, a mi vecina, la que pasea a su padre, inválido, ciego y hecho un primor, mientras le radia lo que se va encontrando, preguntándose quién soy yo. Yo soy quien te quiere, eso basta.

Resumiendo y terminando, que va siendo hora: Ya lo dijo Víctor Hugo, con la hondura de los grandes poetas y como si respondiera a todos de un tirón, empezando por el oráculo de Delfos y terminando por H. Arendt: “Estoy velado para mí mismo, no sé mi verdadero nombre”. Así es, y ni falta que hace. Nuestro verdadero nombre, así lo espero, nos será dicho.

03 mayo 2010

Identidades narrativas 5. Cuentos chinos

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“Conócete a ti mismo”, decía la famosa inscripción del templo de Apolo. Y en que es algo muy conveniente, desde entonces para acá, estamos todos de acuerdo; en que sea fácil o incluso posible, después de veintitantos siglos dándole vueltas, ya no tanto. Según parece, su sentido original, lejos de pretender lanzar al hombre al buceo introspectivo en busca de su mismidad, era simplemente el de un llamado al respeto de los límites, un aviso contra la desmesura. Pero llegó Sócrates, agarró el oráculo, que para eso son oscuros, contestó muy humildemente: “sólo sé que no sé nada” y empezó la fiesta, y lo de dentro y lo de fuera, y los puentes que se tienden o saltan por los aires, y la verdad y la mentira, y el mentirse.
Porque sí, en principio parece que tenemos los medios necesarios para llegar a conocernos: estamos dotados de razón, de autorreflexión, tenemos memoria y una conciencia que juzga… pero tenemos también una capacidad de fabulación desbordante, y una inmensa habilidad para convertir el autoconocimiento en autoengaño. Y orgullo, mucho. Ya lo advirtió Nietzsche: "Lo hice yo, dice mi memoria; no lo pude hacer yo, dice mi orgullo. Y vence el orgullo". Quizá por eso algunos apuntan a que sólo podemos conocernos en la mirada del otro, aunque los otros muchas veces no ayuden más que a complicar las cosas, que también tendemos a inventar al prójimo, más que a nosotros mismos si cabe.
Fabulaciones, el difícil equilibrio entre realidad y deseo, cordura y locura, verdad y mentira. Cervantes, aunque nos haga simpatizar con el deseo, la locura y la mentira, todavía hablaba en esos términos, los que distinguen lo cierto de lo falso. “Yo sé quién soy –decía Don Quijote- y sé que puedo ser, no sólo los que he dicho, sino todos los doce Pares de Francia…” Es decir, una invención, un yo ficticio, noble y enternecedor, pero ficticio. La objetividad aún no había sido abolida, ni la modernidad (la que hizo del Quid est veritas? su lema) había entrado todavía a saco.

Las últimas tendencias sobre este asunto de la identidad, superada la visión positivista y curricular que nos reducía a meros datos biográficos, consideran que somos “estructuras narrativas”. Como dice H.Arendt: “responder a la pregunta quién, es contar la historia de una vida”. Somos biografía contada, o lo que es lo mismo, sujetos narrativos que interpretan los acontecimientos dispersos de su vida y los insertan (o los ensartan) en una trama con sentido. Si el ensartador es la memoria, buena o mala, la imaginación, la conciencia o el orgullo, no hace al caso; sólo importa que el cuento sea bueno, que las piezas encajen -las que no, se ignoran-, que salgamos favorecidos, claro, que parezca convincente. Identidades narrativas, o cuentos chinos, tanto da. Cada uno con el suyo.

¿Qué querría decir Rilke con aquello de que hasta los sagaces animales advierten que no nos sentimos seguros como en propia casa en este mundo interpretado"? ¿Cómo no se dieron cuenta, ni Rilke ni los sagaces animales, de que la estructura narrativa es nuestra casa?
Menos mal que aún nos queda Natán...

24 marzo 2010

¿Dónde estás?

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------ -Y-Yahveh Dios llamó al hombre y le dijo:

-----------------«¿Dónde estás?»--

--------(Génesis 3, 9)