No os perdáis las sonrisas a la orquesta -y cómo en un momento (7:40) parece que les dice "sí, sí, ya sé que es una preciosidad, pero no hace falta que os pongáis tan estupendos", ni las miradas de guasa ante la cámara, ni los bailecillos vieneses o el arranque del final casi por bulerías.
F.Gulda (Austria 1930-2000) tenía, y sigue teniendo, sus seguidores apasionados y sus detractores -entre ellos, los que consideran un defecto su mayor virtud, es decir los que no distinguen entre ligereza y ligereza, la de la superficialidad y la que sólo alcanzan los mejores-, pero dudo que nadie pudiera no quererle.
En fin, que no es posible oírle y mirarle, con esa cara de gamberro bondadoso y feliz, y no contagiarse de felicidad un rato. Ahí os lo dejo. Para que os contagiéis, que buena falta hace, y porque hoy es San Enrique y hay que celebrarlo.