19 septiembre 2017

Besoin de nous tromper (Christian Bobin)



Lo apunté hace unos años porque no acababa de entenderlo.

Me pasa algunas veces, sobre todo con ciertos autores, uno de ellos podría ser Bobin. Me encuentro con afirmaciones con las que en principio no estoy de acuerdo y sin embargo siento que, por  discutibles que parezcan,  son ciertas. 

Y no es porque lo diga Bobin, aunque el argumento de autoridad, -autoridad que él evita cuidadosamente ejercer- tenga su peso. Es porque, no me digas cómo, sé que en el fondo tienen algo verdadero que aún no puedo ver.

No hay que desmenuzarlas ni hincarlas el diente, sólo hay que dejarlas dormir y apuntarlas en el cuaderno de los "para más tarde".

De vez en cuando lo agarro y releo lo apuntado. Algunas cosas sigo sin entenderlas, necesitan más reposo, quizá no las entienda nunca, pero otras de repente se han vuelto claras. Esta por ejemplo:

"Nous avons besoin de nous tromper avant d’accéder à la vérité". 

 [Christian Bobin,  Autoportrait au radiateur. Gallimard, 1997]

14 septiembre 2017

Orgullosos de la celda grande. Simone Weil


Un idiota de pueblo, en el sentido literal de la palabra, que ame realmente la verdad, aun cuando tan solo emitiera balbuceos, está infinitamente  más próximo a Platón de lo que Aristóteles lo haya estado nunca. Es un genio, mientras que a Aristóteles le conviene sólo la palabra talento. (...) Pero de todo eso no sabe nada, nadie se lo ha dicho, todo el mundo le dice lo contrario. Hay que decírselo. Hay que alentar a los idiotas, a la gente sin talento, a la gente de talento mediocre o apenas superior a la media y que son genios. No hay que temer que se vuelvan orgullosos. El amor a la verdad siempre está acompañado de humildad. El genio real no es mas que la virtud sobrenatural de la humildad en el dominio del pensamiento.

En lugar de alentar el florecimiento de talentos, como se proponía en 1789, hay que tener cariño y ser cálidos hacia el crecimiento del genio, con ternura y con respeto, ya que únicamente los héroes realmente puros, los santos y los genios pueden socorrer a los desgraciados. entre ambos, la gente de talento, de inteligencia, de energía, de carácter, de fuerte personalidad hacen pantalla e impiden la ayuda. No hay que hacer ningún mal a la pantalla, pero suavemente hay que echarla a un lado, intentando que se dé cuenta lo menos posible. Y hay que romper la pantalla mucho más peligrosa de lo colectivo, suprimiendo toda la parte de nuestras instituciones en la que habita una forma cualquiera del espíritu de partido. Ni las personalidades ni los partidos conceden jamás audiencia a la verdad ni a la desgracia, Hay alianza natural entre la verdad y la desgracia porque una y otra son suplicantes mudos, eternamente condenados a permanecer sin voz ante nosotros.

Cualquier espíritu encerrado en el lenguaje es sólo capaz de opiniones. La facultad natural llamada inteligencia tiene que ver con las opiniones y con el lenguaje. (...) Incluso en el mejor de los casos, un espíritu encerrado en el lenguaje está en prisión. Su límite es la cantidad de relaciones que las palabras pueden hacer presentes a su espíritu al mismo tiempo. (...) De esta manera el espíritu se mueve en un espacio cerrado de verdad parcial, que por otra parte puede ser más o menos grande, sin siquiera poder jamás lanzar una mirada sobre lo que está fuera.

Si un espíritu cautivo ignora su propio cautiverio vive en el error. Si lo ha reconocido, aunque sea por una décima de segundo, y se ha apresurado a olvidarlo, vive en la mentira. Hombres de inteligencia extremadamente brillante pueden nacer, vivir y morir en el error y la mentira. En estos la inteligencia no es un bien, ni siquiera una ventaja. La diferencia entre hombres más o menos inteligentes es como la diferencia entre criminales condenados a la cárcel de por vida, cuyas celldas fueran más o menos grandes. Un hombre inteligente y orgulloso de su inteligencia se parece a un condenado que se sintiera orgulloso de una celda grande.

No se entra en la verdad sin haber pasado antes por el propio anonadamiento, sin haber vivido mucho durante mucho tiempo en un estado de total y extrema humillación.

Simone Weil, Escritos de Londres y Últimas Cartas. Editorial Trotta, 2000


23 marzo 2017

El eco más profundo


"Entonces dijo: Un hombre tenía dos hijos"/ Y el que lo escucha por la centésima vez,/ Es como si fuese la primera vez/ Que lo escuchara ...(*) 

Creo que fue en el libro de H.J.Nouwen , El regreso del hijo pródigo. Reflexiones ante un cuadro de Rembrandt (al que también pertenece el famoso comentario sobre las manos, una de padre y otra de madre, que abrazan al desmoronado personaje en el que -según dicen- se pintó a sí mismo Rembrandt), donde leí que a lo largo de la vida solemos identificarnos, primero con el hijo que malgasta la herencia y termina cuidando cerdos, y más tarde con su hermano. Pero, sostiene Nouwen, lo que finalmente nos propone la parábola es la identificación con el padre, el padre como modelo al que debemos tender.

Está bien visto, cambiar de enfoque siempre enriquece, pero la tesis de Nouwen, ese supuesto camino de perfección, no termina de convencerme. El buen samaritano sí es un claro modelo a imitar: "míralo -se nos propone-  haz lo mismo que él hizo y no pases de largo". El padre del hijo pródigo, sin embargo, es otra cosa. La fuerza  arrasadora de ese padre no creo que resida en su cualidad ejemplarizante. El descubrimiento de ese padre, que  ha cambiado vidas de un plumazo, tiene la fuerza de una revelación. No opera por la vía ejemplarizante, sino por la fulminante. Por eso, mientras la parábola del samaritano instruye, la del pródigo convierte: ... Pero sobre ésta centenares y millares de hombres han llorado (...) Sólo ella quizá ha quedado plantada en el corazón del impío/ Como un clavo de ternura...(*).  

Quizá  sólo este justificando mi falta de avances identificativos, porque reconozco  que si Nouwen tiene razón, yo no progreso nada. Hace unos días volví a escuchar la parábola ... Y el que lo escucha por la centésima vez,/ Es como si fuese la primera vez...  Volví a imaginar las cábalas del hijo en el camino de vuelta, la miseria y la nostalgia que lo empujan a  ponerse en marcha,  la mezcla de alegría y vergüenza a medida que se acerca...  Y sí, las supuestas cábalas varían, el discurso que enhebra mientras anda, también, pero sigo en el lugar del pródigo, constantemente volviendo, sin pasar del primer grado.

El hermano, por lo demás, sigue sin parecerme un hermano. Lo cierto es que, empezando por Caín, no hay muchos buenos hermanos en las Escrituras.  A Esaú, muerto de hambre, su hermano Jacob no es capaz de ofrecerle ni un cacillo de lentejas gratis. Duele pensar en el hambre que el infeliz tendría para aceptar el trato, en su aborrecimiento por las lentejas cuando, calmada la necesidad, viera lo que había hecho. Con el hijo de Jacob, José, sus otros diez hermanos llegaron aún más lejos: lo tiraron a un pozo, después lo vendieron. Y volviendo al hermano de la parábola... no creo que parecerse a él sea un gran adelanto, no me parece tan admirable que nunca se haya corrido una juerga con los amigos. Es más, te echas a temblar si piensas que el padre podría haber estado ausente, que incluso podría haber muerto. ¿Qué habría sido del pródigo, cómo lo habría recibido el hermano? No es difícil hacerse una idea: suponiendo que lo hubiera admitido en casa, no habría pasado de los establos. Es lo que ocurre cuando la casa del padre pasa a ser la del hermano. Es lo natural. Como lo seguiría siendo que, pasados unos días, para alivio de ese hermano, el recién llegado se despidiera.

Sin embargo el padre... Aparece ese padre ("Y cuando aún estaba lejos lo vio su padre")y todo lo demás: los cerdos, las envidias, las herencias; los pozos, las traiciones, las lentejas... todo pasa a ser historia  ("Y corrió y se echó sobre su cuello y le besó"). Su padre lo vio de lejos y echó a correr a su encuentro, nada más. Pocas cosas en la vida tan breves y tan fulminantes. Así es esta palabra, una palabra que acompaña,/ que sigue como un perro, / se la golpea pero sigue./Como un perro maltratado, que vuelve siempre,/ permanece fiel...(*) 

¿Quién podría identificarse con él?  Ni un reproche, ni una condición, ni siquiera un "te perdono". Pura alegría sin el menor recelo...: no sufras, no me cuentes, no te angusties. Ya estás en casa. No hay ninguna posibilidad de identificación, ese es el secreto de su fuerza arrasadora. Un hombre tenía dos hijos. De todas las palabras de Dios/ Esta ha despertado el eco más profundo (...) Un punto de eco único ...(*) 

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(*) Charles Péguy, El Pórtico del Misterio de la Segunda Virtud.

25 enero 2017

...pas encore la nuit. Christian Bobin


"Il y a un temps où ce n'est plus le jour, et ce n'est pas encore la nuit. [...] Ce n'est qu'à cette heure-là que l'on peut commencer à regarder les choses, ou sa vie: c'est qu'il nous faut un peu d'obscur pour bien voir, étant nous-mêmes composés de clair et d'ombre".
Lettres d'or, Fata Morgana 1987

"Comment parler aux fous, aux morts, aux enfants, aux chimères, comment parler à ceux-là seuls qui ont quelque chose à nous dire".
L'homme du désastre, Fata Morgana, 2013