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06 mayo 2022

Primavera en el aire





PRIMAVERA EN EL AIRE

Creías que la niebla y el mal tiempo
no acabarían nunca, que en tu casa
no volvería a entrar la primavera.
Y esta mañana, mira:
un año más florecen los cerezos;
álamos y castaños tiemblan ya de hojas verdes;
el aire huele a juventud y a huerta;
y el río, antes dormido bajo el hielo,
vuelve a correr al sol, más limpia el agua.


Sólo el brochazo de esas nubes negras
parcelando la sombra, monte arriba,
te advierte que esta pausa termina en otro invierno.
Y aunque el frío y el mal tú los conoces,
inocente y feliz como el jilguero
que ahora recita versos de amor a un Dios extraño,
-escúchalo- también bajo otras nubes,
tu pobre corazón canta por dentro.


José Mateos, Reunión, Editorial Comares. La Veleta






01 noviembre 2016

El canto del cuco. Christian Bobin



"Il y a quelque chose de talmudique dans l'appel du coucou, une question plus précieuse que toutes les réponses qu'on pourrait lui apporter.
Dans le chant indéfiniment relancé du coucou, un atome de désespoir, un minuscule "je sens qu'on ne me répondra pas, je n'y crois plus, c'est fichu", qui fait de cet oiseau le chanteur le plus humain de la forêt."

[Hay algo de talmúdico en el reclamo del cuco, una pregunta más valiosa que cualquier respuesta que se le pudiera ofrecer.
En el canto indefinidamente relanzado del cuco, un átomo de desesperanza, un minúsculo "tengo la impresión de que no se me responderá, ya no creo en ello, es inútil", que hace de este pájaro el cantor más humano del bosque.]

Christian Bobin . Un assassin blanc comme neige. Gallimard, 2011.

29 junio 2015

Ó rama ó que linda rama


Más Teresa Silva Carvalho, que canta que da gloria.
Ahora, por cambiar de tono, una canción del Alentejo, de las que dicen "de labor". 
Esta, en concreto, de la labor de apañar aceitunas, que también tenemos nosotros unas cuantas (canciones y aceitunas).
A mí se me hace rarísimo pensar en la gente del campo cantando deslomada, pero parece que sí, que era costumbre cantar mientras se trabajaba, que la jornada se hacía más leve. 
Habría que probar, a ver qué pasa .



Ó rama ó que linda rama
Ó rama da oliveira
O meu par é o mais lindo
Que anda aqui na roda inteira

Que anda aqui na roda inteira
Aqui e em qualquer lugar
Ó rama ó que linda rama
Ó rama do olival.

Eu gosto muito de ouvir
Cantar a quem aprendeu
Se houvesse quem me ensinara
Quem aprendia era eu.

Ó rama ó que linda rama...

Não m'invejo de quem tem
Carros, parelhas e montes
Só m'inveja de quem bebe
A água em todas as fontes.

Ó rama ó que linda rama...


02 junio 2013

Devanarse los sesos: Canción nocturna de la hilandera. Brentano


Me contaba una amiga que hay un youtube en el que una psicóloga, terapeuta o así pregunta a la concurrencia cuánto pesa el vaso con agua que sostiene en la mano. La concurrencia piensa: ah, esto ya nos lo sabemos, es lo del vaso medio lleno o medio vacío, pero ella sigue empeñada en que le digan cuánto pesa, si 200 o 300 gramos. Al final lo que pretende explicar es que el peso del vaso está en relación con el tiempo que pasamos sosteniéndolo: a la media hora la mano empieza a aborrecer el vaso, una hora después el vaso pesa una tonelada y se convierte en una pesadilla. Lo mismo con los problemas, concluye. Me lo contaba a propósito de lo que nos comemos el coco las mujeres, del mundo que hacemos de cualquier problema, de las vueltas que les damos,  de que no sabemos desconectar : si quedamos para charlar seguimos dándole al tema, si vemos una película inmediatamente la relacionamos con el tema, con el tema nos levantamos y con el tema nos acostamos...  Y sí, somos así, machaconas, plastas.

Me quedé dándole vueltas, cómo no, a lo de las vueltas que le damos a todo y a esa expresión tan nuestra, la de "devanarse los sesos", y  me acordé de un poema de Clemens Brentano, el mismo Brentano que acabó escribiendo humildemente al dictado de Ana Catalina Emmerich, la vidente de Dülmen  llagada en cama y analfabeta que le contaba a Brentano, con precisión de arqueólogo, cómo eran las calles y las casas y los frutos amarillos de los árboles en Éfeso, cuando san Juan se trasladó allí con la Virgen.

El poema, un clásico y para mi gusto uno de los más bonitos de la lengua alemana, se titula "Der Spinnerin Nachtlied" (canción nocturna, o nocturno de la hilandera), y no hay muestra más viva ni más perfecta de ese girar femenino en torno a un tema, tan  femenino como fue siempre la tarea de hilar:  por el ritmo de los versos, por el run-rún machacón de los yambos que recuerda el del pedal de la rueca, por las  rimas abrazadas, sólo dos y siempre las mismas  que se repiten y alternan, por las ideas que aparecen y reaparecen con ligerísimas variaciones, trazando círculos como la rueda: ruiseñor, juntos, cantar, llorar, luna, sola, ruiseñor,  juntos, luna, sola, cantar, llorar...  El tema es el del amado ausente, pero el hilo, ese hilo del pensamiento,  ese run-rún  y vuelta y vuelta... es la mujer.
No paramos la rueda, no soltamos el vaso.

[Dejo la traducción al lado, no muy allá y sólo para aclarar de qué va, pero el poema hay que leerlo, y sobre todo oírlo, en alemán, marcando el golpe de  pedal: tatán,tatán, tatán... ]
.
Es sang vor langen Jahren                           Cantaba hace muchos años 
Wohl auch die Nachtigall;                           también el ruiseñor;
Das war wohl süßer Schall,                         era mucho más dulce su sonido
Da wir zusammen waren.                            cuando estábamos juntos.

Ich sing und kann nicht weinen                     Yo canto y no puedo llorar,               
Und spinne so allein                                     y así estoy  hilando sola
Den Faden klar und rein,                             el hilo claro y limpio,
Solang der Mond wird scheinen.                  siempre que la luna brilla.

Da wir zusammen waren,                             Cuando estábamos juntos,                   
Da sang die Nachtigall;                                 cantaba el ruiseñor;
Nun mahnet mich ihr Schall,                          permanece conmigo su sonido
Daß du von mir gefahren.                              ahora que tú me has dejado.

So oft der Mond mag scheinen,                    Siempre que la luna brilla ,
Gedenk ich dein allein;                                  sola, pienso en ti;
Mein Herz ist klar und rein,                           está mi corazón claro y limpio, 
Gott wolle uns vereinen!                               quiera Dios volver a unirnos.

Seit du von mir gefahren,                               Desde que tú me dejaste,
Singt stets die Nachtigall;                               no ha dejado de cantar el ruiseñor;
Ich denk bei ihrem Schall,                              oyendo su sonido pienso
Wie wir zusammen waren.                             en cómo estábamos juntos.

Gott wolle uns vereinen,                                 Quiera Dios volver a unirnos,
Hier spinn ich so allein;                                   aquí estoy hilando sola;
Der Mond scheint klar und rein,                      la luna brilla clara y limpia,
Ich sing und möchte weinen!                            canto y querría  llorar.

Der Spinnerin Nachtlied. Clemens Brentano (1788-1842)




24 junio 2012

Mañanita de San Juan

Madrugaba el Conde Olinos,
mañanita de San Juan,
a dar agua a su caballo
a las orillas del mar.
Mientras el caballo bebe
se oye un hermoso cantar,
las aves que iban volando
se paraban a escuchar...

Creo que del  romance del conde Olinos, con esas aves suspendidas en el aire, arranca mi descubrimiento de la poesía. Desde entonces -para mí- la poesía es eso:  quedarse en suspenso, pararse a escuchar...  y, por ejemplo, un caballo que bebe a las orillas del mar.

Había un Cancionero en casa de mis padres, un librote cuadrado y gordo editado por la "Sección Femenina",  con las canciones agrupadas por regiones (Vasconia, decía) y por temas: canciones de campo, bailables, de corro, de cuna,  romances...; cada una con su partitura  y con ilustraciones a dos tintas desperdigadas por aquí y por allá: una casa con gallinas y un pozo, una madre durmiendo a un niño, y en el apartado de los romances,  moras cautivas con un cántaro a la cadera, princesas asomadas a la torre y caballeros tocando el laud...

Mi infancia, a falta de recuerdos de un patio de Sevilla,  podría decir que es ese libro. El libro en el suelo, porque con casi seiscientas páginas no había quien lo sostuviera, desencuadernado, con los bordes arruinados de tanto trajín, y  dentro Delgadina, Gaiferos, la golondrina que se fue a su africano hogar,  la niña que segaba y ataba los haces, y los pájaros absortos parados en el aire. Cuando me gustaba mucho una letra, le llevaba a mi padre el libro; él empezaba marcando el compás -lo primero siempre coger el compás-  y me silbaba la música. Muchos años después, cuando ya vivía fuera, llevó el libro a restaurar y me lo regaló, asombrósamente con todas sus páginas, como nuevo.

 ...Y déjame a la trasera/ del carro, Pedro/  porque vaya más cerca/ del bien que dejo,  es lo primero que me encuentro al abrirlo ahora.

Que paséis una feliz noche de San Juan (porque la mañana ya quedó atrás...)



(PS. Perdón, que me soplan que la noche de san Juan es la del 23 al 24,  la que va antes de la mañanita, y que llego tarde. Vaya vida llevo que se me  ha pasado sin enterarme. Felicidades de cualquier modo para todos los Juanes y las Juanas)

22 abril 2012

Brazadas de lilas

Las flores preferidas de mi madre eran las lilas. Por su cumpleaños, a primeros de mayo, siempre se juntaba con varios ramos, lilas blancas, lilas lilas, todos sabían de su pasión por las lilas. Se acercaba el ramo al pecho, las aspiraba y decía: mmm... lilas; después las colocaba por los jarrones: las lilas blancas en el jarro azul y blanco, ese jarro parecido al de la tabla de Memling, las lilas lilas en el florero largo de cristal verde oscuro. El olor de las lilas se mezclaba con el de la tarta y el del café, y con el del aire de mayo cuando hace la calor.
Me gustaban las lilas, podrían haber sido también mis flores preferidas, me chiflaba verlas en el jarro azul y blanco, tan favorecido con ellas toda la primavera. Ahora está en mi casa, vacío, sobre el mueble de la entrada. Ayer pensé comprar un buen ramo de lilas blancas para volver a llenarlo en su honor. No pude, no sé cuándo podré. Las últimas que le llevé, una ramita de las primeras lilas, las que asoman en abril (abril es el mes más cruel, haciendo brotar las lilas de la tierra muerta, mezclando memoria y deseo...), se las puse entre las manos, no sé si quise figurarme una sonrisa. Un par de días después, la tarde que murió, mi primo Luismiguel se presentó con un ramo de lilas, lo dejó a sus pies.
Hay tanta vida y tanta muerte, tanta vida en suma, en sus racimos, en sus flores menuditas, en sus hojas acorazonadas de un verde intenso.... Anoche busqué el libro de W.Withman y le dediqué estas lilas. Estas puedo resistirlas, son menos invasivas, se repliegan al cerrar el libro, apenas huelen:

Primavera que eternamente retornas, trinidad segura me traes:
Las lilas siempre en flor, la estrella que declina en el oeste
y el pensamiento de aquel amor.
...
En el huerto, delante de una vieja alquería, junto al vallado enjalbegado,
se yergue un alto arbusto de lilas...
cada hoja es un milagro, y de este arbusto del huerto,
de capullos de tenue color y hojas acorazonadas de un verde intenso,
arranco una rama con su flor.
...
pero ante todo de la lila que florece primero,
copiosamente arranco, arranco las ramitas de los arbustos,
las traigo a brazadas y las vierto en ti.
...
La lila y la estrella y el pájaro entrelazados con el canto de mi alma,
allá entre los pinos y los cedros fragantes, umbríos, nebulosos.

(De "La última vez que florecieron las lilas en el huerto", Hojas de Hierba.)

12 marzo 2012

Acechar a la furtiva



La primavera viene de puntillas, como el papá Noel de los niños.
Me propongo, de nuevo cada vez, acechar, vigilar mejor su entrada; pero permanece en ella algo misterioso, furtivo. Uno deja un instante de pensar en eso; los ojos se le cierran o se desvían hacia un libro… Uno levanta la cabeza y ya está ahí.


André Gide, Journal (1926-1950), t. II


['Vigilar' a la primavera, 'acecharla' dice Gide con esa palabra tan reveladora. No hace falta que preguntes a nadie por su edad, no hace falta ni siquiera verlo delante. Sólo escúchalo hablar de la primavera: si la padece, si la presiente, si la disfruta o no la nombra, si la acecha, si la ignora...]

19 octubre 2010

En el paraíso siempre hay manzanas

.
Hoy cambio de tercio; estoy en la pausa del trabajo y es la hora del hambre. Cuando me da el bajón de azúcar empiezo a pensar en tartas de manzana y hasta el aire lo veo "color de caramelo", según la feliz expresión de Ángel Ruiz un día que estaba especialmente lírico o que también tenía bajón de azúcar.

--Hace poco decía, aunque luego lo borré porque no venía a cuento [por cierto, una curiosidad, cada vez que retoco una entrada, que son muchas porque a mí nada me sale a la primera ni a la segunda... ¿os vuelve a aparecer como recién publicada, o el sistema se percata de que sólo era una corrección], os decía que hubo un libro que me regalaron a los diez años que puso una montaña y una casa de madera en mi imagen del paraíso. Pues bien, entrando a los detalles, si la montaña tiene una casa, la casa tiene un horno y el horno tiene una tarta de manzana, sobre todo a estas horas. También tiene visillos, siempre blancos y entreabiertos. Mi madre decía que una casa sin visillos parece un hospital robado, es decir, el colmo de la desolación. Creo que los visillos los llevo en la sangre por parte de madre (*). La tarta de manzana viene más por parte de padre. Así que en el paraíso habrá una montaña, una casa con olor a manzana horneada, una tarta recién hecha, y gente para comerla tras unos visillos entreabiertos; el resto me da igual. El domingo hice la primera de la temporada porque el tiempo la pedía. Todavía no ha llegado el frío, pero la casa estaba destemplada y a las paredes ya no les queda ni una pizca del calor del verano. Salió buena y la casa se caldeó, no se puede pedir más.  Aquí os dejo la receta, es fácil, aparente y tiene muchos treses, que es un número santo:

-3 manzanas (reineta, claro, y mejor de las feas)
-3 huevos
-3 cucharadas rasas de maizena
-3 yogures naturales
-1 y 1/2 medidas (el envase de yogur) de azúcar . O 3 mitades de envase, para no perder el compás.

Se bate todo, salvo una de las manzanas, con la batidora. Se vierte la mezcla en cacharro bajo de Pyrex o similar untado de mantequilla, se decora con la manzana sobrante en rodajitas finas (si se hunden no importa, que luego reflotan), y al horno a 180º arriba y abajo unos tres cuartos de hora (hasta que se dore). Se remata barnizándola a la española con mermelada, o espolvoreándola a la alemana con azúcar y canela.

-Para terminar, un enlace un tanto cursi, con su piano (hay que esperar unos cuantos trinos para que empiece), sus frases estupendas y sus muchos pajaritos: "Les oiseaux messagers" (uno de ellos, como si fuera un pájaro de Ramón Gaya, dice: Si la única oración de toda vuestra vida es un simple "gracias", es suficiente) . Me los he encontrado buscando en la carpeta de recetas. No sé lo que hacían ahí, pero pueden quedar propios en una entrada repostera. 
Y eso es todo, os ruego que disculpéis el bajón y la debilidad:
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* (...aux clartés des étoiles/ je crois encore la voir/ entrouvrir ses longs voiles/ aux vents tièdes du soir...) "Je crois entendre encore" , aria de Bizet . 

11 marzo 2010

Los lirios del campo. Kierkegaard

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"Mirad a los lirios del campo, miradlos. Ello quiere decir: préstales cabal atención, conviértelos en objeto no de una furtiva mirada al pasar, sino de tu consideración; por eso se emplea allí la expresión que el sacerdote suele usar en las reflexiones más serias y solemnes; ...muchos viven quizá en la gran ciudad y jamás contemplan los lirios; muchos habitan seguramente en el campo y pasan por delante de ellos sin regalarles una mirada. ¡Ay, cuántos habrá que según la indicación evangélica los contemplen debidamente! (...)
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Los lirios "no se fatigan ni hilan", en realidad no hacen otra cosa sino adornarse, o mejor dicho: estar adornados. De la misma manera que en la primera parte de este Evangelio -cuando se hablaba de las aves del cielo y se afirmaba: "no siembran ni siegan, ni encierran en los graneros"- se estaba como aludiendo al trabajo que el varón se impone para alimentarse a sí y a los suyos, así también estas palabras sobre los lirios son como una alusión al trabajo de la mujer. La mujer no sale fuera para cubrir las necesidades de la vida, permanece en el hogar, cose e hila, procura tenerlo todo tan primoroso como sea posible: su tarea diaria, su diligente trabajo está en la relación más próxima con la elegancia. Esto es lo que acontece también con el lirio: se queda en casa, no se aparta del sitio, pero ni trabaja ni hila, no hace sino adornarse, o mejor dicho: estar adornado.
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De esta manera ya tenemos al afligido, que con su pena se fue hasta los lirios, allá en el campo en medio de ellos; sorprendido por su hermosura, ha cogido el primero que topó, sin ninguna elección previa, pues ni siquiera se le ha pasado por las mientes que pudiera haber un único lirio respecto del cual no fueran válidas las palabras de que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos. Supongamos que el lirio pudiese hablar, ¿no tendría que decirle al afligido: Cómo es posible que te admires tanto de mí? ... ¿Lo que es válido acerca de un pobrecito como yo, no lo será respecto de ser hombre, que es indudablemente el milagro de la creación? Sin embargo, el lirio no puede hablar; y precisamente por eso, porque allá fuera reina un silencio ininterrumpido y nadie está presente, el afligido está en situación de hablar consigo mismo... No es el lirio quien lo dice; ni es ningún otro hombre, ya que con otro hombre surge con la mayor facilidad la idea inquietante de la confrontación ... y se olvida lo que es ser hombre a expensas de las diferencias entre uno y otro hombre. Mas en el campo junto a los lirios... donde los grandes pensamientos de las nubes disipan todas las pequeñeces: allí el afligido es el hombre único, y aprende de los lirios lo que probablemente no aprendería de ningún otro hombre. (...)
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¿Qué aprende, pues, el afligido de los lirios? Aprende a contentarse con ser un hombre y a no preocuparse de las diferencias ente hombre y hombre; aprende a hablar tan brevemente, tan solemnemente, tan elevadamente de eso de ser hombre, como el Evangelio lo hace acerca de los lirios. Pensemos en Salomón. Si está revestido de la púrpura real y sentado en su trono rodeado de toda su gloria, es obvio que se le hablará solemnemente diciendo: "Su Majestad"; mas cuando se tiene que hablar con una solemnidad suprema, con el lenguaje eterno de la seriedad, entonces hay que decir : ¡Hombre! Y justamente lo mismo solemos decirle al más insignificante cuando, como Lázaro, yace casi desconocido en la pobreza y en la miseria: ¡Hombre! Y en el momento decisivo de la muerte, cuando todas las diferencias quedan eliminadas, decimos: ¡Hombre! Y no es que con ello hablemos de una manera empequeñecedora, al revés, afirmamos lo supremo; ... pues esta -esencialmente igual- gloria de todos los hombres no es por cierto la triste igualdad de la muerte... sino cabalmente la de la hermosura."
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Sören Kierkegaard, Los lirios del campo y las aves del cielo, Editorial Trotta, Madrid, 2007. Prólogo y traducción de Demetrio Gutiérrez Rivero.
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[Me ha sorprendido mucho, por evidente y por no haber reparado nunca en ello, la relación del lirio con las tareas femeninas y la del gorrión con las tareas masculinas. ¿Es un hallazgo de Kierkegaard? ¿Es algo que se entendía con naturalidad en tiempos pasados y ha dejado de entenderse en estos, en los que la mujer, como el gorrión, "vuela de acá para allá para aprovisionarse de alimentos" ? ¿Formaba parte de la exégesis tradicional y ha sido eliminado en los actuales comentarios bíblicos por "incorrecto"? Y sobre todo ¿habrá más cosas que, estando claras antes, se nos hayan vuelto oscuras?  Y otra pregunta me hago: sumando -porque normalmente sumamos- al adorno el vuelo y al hilado el llenado del granero, ¿habremos dejado de ser comparables con los lirios? ]