Violin Concerto in D Major, Op. 35 - II. Canzonetta, Andante
“ESTOY ESCUCHANDO el concierto para violín de Chaikovski, que
apenas conozco porque hasta hace poco rechazaba obstinadamente a este
compositor por considerarlo demasiado sentimental y facilón. Pero, con el paso
de los años, uno se vuelve más tolerante y ahora descubro mucha belleza en él.
Mientras sonaba la parte central de la obra -la Canzonetta. Andante- he
recordado algo que Sviatoslav Richter contó en el curso de una entrevista con
Bruno Monsaingeon: durante la guerra, fue a parar al Leningrado sitiado, donde tenía que dar un concierto. Encontró una ciudad
donde había tanta gente que moría bajo las bombas y los obuses, y en invierno
por añadidura de inanición y de hambre, que a lo largo de los muros de las
casas y en los puentes de los canales yacían durante largo tiempo los cadáveres
congelados que nadie retiraba. Y en aquella ciudad mísera y atormentada que
disponía de una red radiofónica extensísima (una peculiaridad de la Unión
Soviética: altavoces en todas las calles y la posibilidad de transmitir a cada
momento el estado de ánimo del caudillo a las almas de los ciudadanos), de
todos los megáfonos se derramaron las notas del movimiento lento del concierto
para violín, la Canzonetta. Andante. No me lo puedo quitar de la cabeza.
La contraposición entre la heroica ciudad moribunda, donde los ancianos y los
enfermos pagaban con sus vidas las decisiones de las autoridades militares, y
el parsimonioso canto del violín; el contraste de las calles lúgubres, las
ruinas y el hedor con esta dulce cantinela no me dejan tranquilo. De todos los
postes, de todos y cada uno de los megáfonos, esta preciosa melodía. En medio
de un paisaje de muerte."
Adam Zagajewski. Una leve exageración. Acantilado. Barcelona
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