28 diciembre 2012

Pie Jesu





https://www.youtube.com/watch?v=j10M6rGKuxA


Oh, santos inocentes, quedará escrito que vosotros seréis y que vosotros sois
Los únicos inocentes.
Y que incluso Francisco, mi siervo, a vuestro lado
No es pobre en absoluto.
Y que mi siervo san Luis de los franceses
A vuestro lado no es nada inocente.
Quedará escrito que hay en la vida, y en la existencia de esta tierra, tal amargura, tal hastío,
Tal ingratitud, tal retorcimiento,
Tal envejecimiento irrevocable del alma y del cuerpo,
Tal atontamiento que nunca más será despejado,
Tal fiebre que nunca más será refrescada,
tal pendiente que nunca más será remontada,
Tal pliegue de memoria, de impotencia para olvidar,
Tal pliegue de herida en la comisura de los labios,
Que las mayores santidades del mundo no borrarán jamás ese pliegue
Y que las mayores santidades del mundo no valdrán jamás tanto
Como los labios sin pliegue, las almas sin memoria, los cuerpos sin herida
De esos grandes santos y de esos grandes mártires que  no salieron del seno de su madre
Sino para entrar en el reino de los cielos. (...)
Y que incluso el potro no habrá adquirido con los mártires
Esa blancura, esa primeridad, esa entereza
De la primerísima, inocente infancia (...)
Y que un papel blanqueado no es un papel blanco
Y que un tejido blanqueado no es una tela blanca.
Y que un alma blanqueada no es un alma blanca.
Y que los más cercanos a mí serán esos niños lactantes
que nunca han sabido nada de la vida ni han hecho nada con la existencia
Sino recibir un buen sablazo
Quiero decir, dado en el momento preciso.

Charles Péguy, Los tres Misterios. El Misterio de los Santos Inocentes, Edit. Encuentro, Madrid 2008. Traducc. María Badiola

[Añadido el 8.1.2013: Os recomiendo esta entrada del día 5 de enero, sobre los santos inocentes, que me acabo de encontrar en el Blog "Un lugar en el mundo". En ella y  con la hondura que le caracteriza,  Suso Ares conversa con Péguy, con Camus y también (también, digo, porque no me sale ponerlos seguidos) con Saramago]

25 diciembre 2012

Verdad y Belleza

De la mano de Jacques Brel,  recitando que parte el alma,  os deseo a todos una hermosa y muy feliz Navidad. 

  http://www.youtube.com/watch?v=wbt4-Tuid1s

Dites, dites, si c'était vrai,
S'il était né vraiment à Bethléem, dans une étable;
Dites, si c'était vrai,
Si les rois Mages étaient vraiment venus de loin, de très loin,
Pour lui porter l'or, la myrrhe, l'encens;
Dites, si c'était vrai,
Si c'était vrai tout ce qu'ils ont écrit Luc, Matthieu
Et les deux autres;
Dites, si c'était vrai,
Si c'était vrai le coup des Noces de Cana,
Et le coup de Lazare;
Dites, si c'était vrai,
Si c'était vrai ce qu'ils racontent les petits enfants,
Le soir avant d'aller dormir,
Vous savez bien, quand ils disent Notre Père, quand ils disent Notre Mère;
Si c'était vrai tout cela,
Je dirais oui.
Oh, sûrement je dirais oui,
Parce que c'est tellement beau tout cela
Quand on croit que c'est vrai.

24 diciembre 2012

Atención y espera. Simone Weil (2.)

Y vamos que nos vamos, a terminar con Simone Weil, que no sólo los estudios escolares, sino también la lombarda (en eso no cayó, la cocina le era ajena), necesitan de atención:
...
"La atención consiste en suspender el pensamiento, en dejarlo disponible, vacío y penetrable al objeto, en mantener en sí mismo, cerca del pensamiento pero en un nivel inferior y sin contacto con él, los diversos conocimientos adquiridos que uno está forzado a utilizar. El pensamiento debe estar, respecto a todos los pensamientos particulares y ya formados, como el hombre sobre una montaña que, mirando hacia delante, percibe al mismo tiempo debajo suyo, pero sin mirarlos, muchos bosques y llanuras. Y sobre todo el pensamiento debe estar vacío, a la espera, no buscar nada, pero estar dispuesto a recibir en su verdad desnuda el objeto que va a penetrar en él.

Todos los contrasentidos en las traducciones, todos los sinsentidos en la solución de los problemas de geometría, todas las torpezas ('gaucheries' en frances, literalmente izquierdadas o izquierdeces, es sólo una curiosidad al margen) de estilo y todos los defectos en el encadenamiento de ideas en los deberes de Lengua, todo eso proviene de que el pensamiento se ha precipitado con demasiada rapidez  sobre alguna cosa, y estando así prematuramente satisfecho ha dejado de estar disponible para la verdad. El motivo es siempre el de que se ha pretendido ser activo; se ha pretendido buscar. Los bienes más preciosos no deben ser buscados, sino esperados. Pues el hombre no puede encontrarlos por sus propias fuerzas, y si se lanza en su búsqueda, encontrará en su lugar falsos bienes en los que no sabrá discernir la falsedad. 

Hay para cada ejercicio escolar una manera específica de esperar la verdad con deseo y sin permitirse buscarla. Una manera de prestar atención a los datos de un problema de geometría sin buscar la solución, a las palabras de un texto en latín o griego sin buscarles el sentido; de esperar, cuando se escribe, que la palabra justa acuda por sí misma a ponerse bajo la pluma, rechazando solamente las palabras insuficientes.

El primer deber hacia los escolares y los estudiantes es el de hacerles conocer este método, no sólo en general, sino en la forma particular relativa a cada ejercicio. Es el deber no sólo de sus profesores, sino también de sus guías espirituales. Estos deben, además, mostrar a plena luz, a una luz resplandeciente, la analogía entre la actitud de la inteligencia en cada uno de esos ejercicios y la actitud del alma que, bien provista la lámpara de aceite, espera a su esposo con confianza y deseo. Que cada adolescente con afición, mientras hace una traducción de latín, desee acercarse, por medio de ella, un poco más al instante en el que será verdaderamente ese siervo que, mientras su amo está en una fiesta, vela y escucha detras la puerta para abrirle en cuanto llame. El amo, entonces, sienta al siervo a la mesa y le sirve él mismo de comer.

Solamente esa espera, esa atención,  pueden obligar al amo a semejante exceso de ternura. Cuando el siervo se ha extenuado de fatiga en los campos, el amo a su regreso le dice: "Prepara mi comida y sírveme". Y lo trata de siervo inútil que hace solamente lo que se le mandó. Ciertamente es necesario hacer en el dominio de la accción todo lo que se ha mandado, al precio de no importa qué grado de esfuerzo, fatiga y sufrimiento, porque el que desobedece no ama. Pero después de eso no se es más que un siervo inútil. Es una condición del amor, pero no es suficiente. Lo que fuerza al amo a hacerse siervo de su siervo, a amarlo, no es nada de todo eso, todavía lo es menos una pesquisa que el siervo hubiera tenido la temeridad de emprender por propia iniciativa; es sólo la vigilia, la espera y la atención."

Y  vamos con la lombarda, que tiene que hacerse muy despacio y hay que removerla para que no se pegue (no hagáis nunca el disparate de cocerla en agua, sólo un poquito de vino y a hacerse en su  jugo, a ser posible con un par de reinetas).
¡¡Os deseo a todos una vigilante y muy feliz Nochebuena!! 

Simone Weil, Attente de Dieu, "Reflexions sur le bon usage des études scolaires en vue de l'amour de Dieu", págs 67-75.


Atención y espera. Simone Weil (1)


Vamos con el tema de la lectura lenta, y la atención y la espera,  en Simone Weil.  Lo malo es que el tema, una de las columnas de su pensamiento,  necesitaría mucha lentitud y toda la atención posible, y yo me pongo a ello con apresuramiento, o sea fatal (el apresuramiento, para SW, es una de las formas del mal), y sin una traducción a mano. Así que perdón por adelantado.

El título del texto que os extracto, uno de los capítulos de Attente de Dieu (pág.67-75), es el de "Reflexiones sobre el buen uso de los estudios escolares con miras al amor de Dios", un título que nos deja preguntándonos qué tendrá que ver una cosa con la otra,  pero que lo dice todo. Y lo que dice es que existe una analogía entre la actitud de la inteligencia aplicada a cada uno de esos ejercicios (una traducción, un problema de matemáticas...) y la situación del alma que, con la lámpara bien provista de aceite, espera a su esposo con confianza y deseo.

El nudo de la analogía está en el verbo 'attendre', y en su doble significado de atender y esperar. Dos actitudes hermanas, aunque en castellano la hermana 'esperar' decidiera independizarse (nuestro 'atender' al principio era similar al francés. Lo dice Covarrubias  en la voz 'atención': en lenguaje antiguo castellano vale esperar,  y pone de ejemplo esta preciosidad: "orillicas del río mis amores he - y debajo de los álamos me atendé). Tanto se independizó que en un análisis de texto nos costaría trabajo -y mucha atención- incluirlas en el mismo campo semántico. Pero siguen siendo hermanas: en las dos se encuentra la misma vigilancia, la apertura, la tensión del ánimo, el olvido de sí y, en definitiva, el amor. El verbo atender (del attendere latino, y éste de ad tendere), con todos los significados hermanos juntos: escuchar, vigilar, prestar atención, cuidar, esperar...,  es prácticamente un sinónimo del verbo amar. Aún más, no sólo prácticamente un sinónimo, sino su sinónimo práctico, el limpio de adherencias corteses, románticas, fantásticas y depredadoras, la prueba del nueve del verbo amar.

 Eso es lo que le permite a Simone Weil pasar, sin solución de continuidad,  de los estudios escolares a las dos parábolas de los siervos, la del siervo vigilante, al que el amo hace sentar a la mesa para servirle la comida (Lc 12:35-38), y la del siervo inútil, que curiosamente es el currante, el que cuida del ganado y los campos,  y que sin embargo, al llegar a la casa,  ni es invitado a sentarse a la mesa ni merece las gracias del amo (Lc 17:7-10). ¿La diferencia entre el primero, el que espera a que su amo vuelva de la boda para abrirle al primer toque, y el que llega agotado, y seguramente harto, del campo?: La atención, la espera, el deseo, el amor.
(Por eso era una entrada perfecta de adviento, que de ahí las prisas, por si conseguía sacarla antes del 24. De todos modos, hasta las 12 de la noche, si no me equivoco,  seguimos en Adviento):


"Si se busca con verdadera atención la solución de un problema de geometría  y al cabo de una hora se continua en el mismo punto que al empezar, pese a todo se ha avanzado, durante cada minuto de esa hora, pero en otra dimensión más misteriosa. Sin sentirlo, sin saberlo, ese esfuerzo en apariencia estéril y sin frutos ha hecho crecer la luz en el alma.[...]

El mejor sostén de la fe es la garantía de que si uno le pide a su Padre pan,  Él no da piedras. Con independencia incluso de toda creencia religiosa explícita, cada vez que un ser humano realiza un esfuerzo de atención con el único deseo de volverse más capaz de alcanzar la verdad, consigue hacer crecer esa capacidad, aunque su esfuerzo no haya producido ningún fruto visible. Un cuento esquimal explica así el origen de la luz: "El cuervo que en la noche eterna no podía encontrar alimento, deseó la luz  y la tierra se iluminó". Si verdaderamente hay deseo, si el objeto del deseo es verdaderamente la luz, el deseo de luz produce la luz (ojo que esto no tiene nada que ver con el manido wishful thinking; el cuervo no se inventa la luz: la obtiene). Hay deseo  verdaderamente, cuando hay esfuerzo de atención. Es verdaderamente la luz lo que es deseado, cuando cualquier otro móvil está ausente. Aunque los esfuerzos de atención permanecieran en apariencia estériles durante años, algún día una luz exactamente proporcional a esos esfuerzos inundará el alma. Cada esfuerzo añade un poco de oro a un tesoro que nada en el mundo puede arrebatar. Los esfuerzos inútiles realizados por el cura de Ars, durante largos y dolorosos años, para aprender latín, dieron todos sus frutos en el discernimiento maravilloso por el que percibía el alma misma de los penitentes tras de sus palabras e incluso tras de su silencio. [...]

La inteligencia sólo puede ser conducida por el deseo  [...] Es el papel jugado por el deseo en el estudio el que permite convertirlo en una preparación a la vida espiritual. Pues el deseo, orientado hacia Dios, es la única fuerza capaz de levantar el alma. O más bien es Dios el único que viene a tomar el alma y la levanta, pero sólo el deseo obliga a Dios a descender. [...]

Hay algo en nuestra alma que repugna la verdadera atención mucho más violentamente que la carne repugna la fatiga. Ese algo está mucho más cerca del mal que la carne. Por eso, cada vez que se presta verdadera atención,  se destruye un poco de ese mal dentro de sí. Si se atiende con esa intención, un cuarto de hora de atención equivale a muchas buenas obras."

(y de mañana lo termino, que ya es muy largo y también muy tarde)

22 diciembre 2012

Probidad intelectual y lectura atenta. Simone Weil.


Leía estos días las interesantísimas entradas del Blog En Compostela , dedicadas al reciente libro de Gregorio Luri  -que acabo de pedirme a los Reyes- sobre la vida y la obra de Leo Strauss, y al hilo de esa conversación sostenida a lo largo de los siglos sobre los problemas intemporales del hombre en la que, según Strauss,  consiste la civilización occidental, me acordaba de Simone Weil, tan buena conversadora, con esa asombrosa facilidad para pegar la hebra con todos los grandes y  para hacérsela pegar a ellos entre sí, y a cada  poco pensaba en lo que ella dijo sobre esto y lo de más allá.

Se hablaba en las entradas, por ejemplo,  de la "probidad intelectual" de la que hoy se reviste el rechazo a todo tipo de creencia, y que Gregorio Luri define estupendamente como "increencia no razonada" -aunque yo la verdad es que sigo dudando de la posibilidad de ese grado cero que sería la increencia, sobre todo si le ronda cerca la palabra intelectual. Me parece que la intelectualidad, que  huye de la contradicción mucho más que de la mentira,  necesita llamar "increencia" a lo que no es más que "creencia-en-que-no", aunque sólo sea para disimular la llamativa contradicción de rechazar la creencia desde la creencia, tan llamativa como la del que rechazara los partidos de futbol desde la portería contraria. Pues bien, Simone Weil dedica precisamente unas breves líneas a ese tema en una de sus cartas de despedida, la conocida como Autobiografía espiritual , breves pero con el brillo de la verdadera probidad y la verdadera inteligencia, esas que empiezan con el cuestionamiento de sí  mismo:

"Cela ne m'empêche pas d'avoir envers vous la plus grande dette que je puisse avoir contractée envers un être humain. Voici exactement en quoi elle consiste.
D'abord vous m'avez dit une fois, au début de nos relations, une parole qui est allée jusqu'au fond de moi-même. Vous m'avez dit : « Faites bien attention, car si vous passiez à côté d'une grande chose par votre faute, ce serait dommage. »
Cela m'a fait apercevoir un nouvel aspect du devoir de probité intellectuelle. Jusque-là je ne l'avais conçu que contre la foi. Cela semble horrible, mais ne l'est pas, au contraire. Cela tenait à ce que je sentais tout mon amour du côté de la foi. Vos paroles m'ont fait penser que peut-être il y avait en moi, à mon insu, des obstacles impurs à la foi, des préjugés, des habitudes. J'ai senti qu'après m'être dit seulement pendant tant d'années : « Peut-être que tout cela n'est pas vrai », je devais, non pas cesser de me le dire - j'ai soin de me le dire très souvent encore à présent -, mais joindre à cette formule la formule contraire, « Peut-être que tout cela est vrai », et les faire alterner."

["Eso no me impide tener con usted la deuda más grande que pueda haber contraído con un ser humano, que consiste exactamente en  esto:
Para empezar, usted me dijo una vez, al principio de nuestra relación, unas palabras que me llegaron a lo más hondo. Usted me dijo: "Preste mucha atención, pues sería una lástima que por error suyo pasara de largo ante una gran cosa".
Eso me hizo percibir un aspecto nuevo del deber de probidad intelectual. Hasta entonces sólo lo
había concebido contra la fe. Parece horrible, pero no lo es, al contrario. Eso se debía a que todo mi amor lo sentía de parte de la fe. Sus palabras me hicieron pensar que quizas hubiera en mí, sin darme cuenta, obstáculos impuros a la fe, prejuicios, hábitos. Sentí que, después de haberme dicho durante tantos años: "Es posible que todo eso no sea verdadero", debía, no dejar de decírmelo -tengo cuidado de decírmelo a menudo todavía-, pero sí añadir a esa fórmula la fórmula contraria. "Es posible que todo eso sea verdadero", y hacerlas alternar. "]
Attente de Dieu- Autobiographie spirituelle, p.41)

Sobre la lectura y la lentitud, que es el mismo tema de la atención tan querido por Simone Weil, mañana.  Porque es el último domingo de adviento (y 'attendre'  significa atender y esperar -también cuidar. Una joya de verbo),  y para que Ángel le disculpe todo eso que no le acaba de convencer  y que tan bien explican Luri y  Strauss: "El poeta sabe cosas que el filósofo parece ignorar. La principal de ellas es el apego natural de los hombres al mundo". La pobre era filósofa.

17 diciembre 2012

La segunda caída. Mircea Eliade.


Después de una temporada con Kierkegaard, ese Bloy protestante, cualquier otro autor irremediablemente parece un soso. De todos modos, para ir rematando cosas,  os traigo unos parrafitos de Lo sagrado y lo profano, un hito de la contracultura y una de las obras más conocidas del filósofo, comparativista e historiador de las religiones Mircea Eliade. En ella, a propósito de la desacralización de la existencia y del "hombre sin religión", habla Eliade, en el capítulo de conclusiones finales,  de "una segunda caída" y emplea la expresión "caer más bajo". Es cierto que el descenso se refiere a los niveles de consciencia, pero la idea que queda clara, después de pasear con él de tribu en tribu y de civilización en civilización, es esa: la de un retroceso ahí donde muchos pretenden ver un avance, o por decirlo a la manera antropológica: la de una autocastración.  Debieron de lloverle muchos palos desde su publicación en 1956, y ocho años después, en la introducción a la edición francesa, parece pedir disculpas y pasar por el aro del obligado panegírico del hombre arreligioso, pero del libro, que ahí está,  no movió una coma:

"Como hemos dicho, el hombre arreligioso en estado puro es un fenómeno más bien raro, incluso en la más desacralizada de las sociedades modernas. La mayoría de los hombres «sin-religión» se siguen comportando religiosamente, sin saberlo. [...] A veces les aturde una verdadera algarabía mágico-religiosa, pero degradada hasta la caricatura, y por esta razón difícilmente reconocible. El proceso de desacralización de la existencia humana ha desembocado más de una vez en formas híbridas de magia ínfima y de religiosidad simiesca. No pensamos en las innumerables «pequeñas religiones» que pululan en todas las ciudades modernas, en las sectas y en las escuelas pseudoocultistas, neoespiritualistas y sedicentes herméticas, pues todos estos fenómenos pertenecen aún a la esfera de la religiosidad, aunque se trate casi siempre de aspectos aberrantes de pseudomorfosis. Tampoco hacemos alusión a los diversos movimientos políticos y profetismos sociales, cuya estructura mitológica y fanatismo religioso son fácilmente discernibles. Bastará, para poner sólo un ejemplo, recordar la estructura mitológica del comunismo y su sentido escatológico.  [...] Pero no es sólo en las «pequeñas religiones» o en las místicas políticas donde se encuentran comportamientos religiosos camuflados o degenerados: se los reconoce incluso en los movimientos que se proclaman francamente laicos, incluso anti-religiosos. Así, en el desnudismo o en los movimientos en pro de la libertad sexual absoluta, ideologías donde se pueden entrever las huellas de la «nostalgia del Paraíso», el deseo de reintegrarse al estado edénico anterior a la caída [...].

En cierto sentido, podría casi decirse que, entre los modernos que se proclaman arreligiosos, la religión y la mitología se han «ocultado» en las tinieblas de su inconsciente —lo que significa también que las posibilidades de reintegrar una experiencia religiosa de la vida yacen, en tales seres, muy en las profundidades de ellos mismos—. En una perspectiva judeo-cristiana podría decirse igualmente que la no-religión equivale a una nueva «caída»» del hombre: el hombre arreligioso habría perdido la capacidad de vivir conscientemente la religión y, por tanto, de comprenderla y asumirla; pero, en lo más profundo de su ser, conserva aún su recuerdo, al igual que después de la primera «caída», y aunque cegado espiritualmente, Adán habría conservado la suficiente inteligencia para pemitirle reencontrar las huellas de Dios visibles en el Mundo. Después de la primera «caída», la religiosidad había caído al nivel de la conciencia desgarrada; después de la segunda, ha caído aún más bajo, a los subsuelos del subconsciente: ha sido olvidada».

Mircea Eliade, Lo sagrado y lo profano, Edit.Guadarrama, Madrid 1981 (pág. 120-122)