19 febrero 2011

Aviso: Presentación de "Con el tiempo" de Enrique García-Máiquez

El próximo jueves 24 de febrero, a las 7 de la tarde, en la Librería Alberti de Madrid (Calle Tutor, 57) tendrá lugar la presentación del último libro de poemas, Con el tiempo (edit. Renacimiento), de nuestro admirado Enrique García-Máiquez. La presentación correrá a cargo del poeta José Cereijo, y tendremos la suerte y la oportunidad de escuchar algunos de los poemas en la voz de Enrique. Inolvidables poemas, como ese In Memoriam, dedicado a su madre, con el que se abre el libro, o El llanto de una niña sostiene las constelaciones, dedicado a su primera hija, con el que se cierra; que supongo que ya conocéis, y si no, no sé a qué estáis esperando. Aquí más detalles: http://www.libreriaalberti.com/ . El que se lo pierda, salvo por causas de fuerza mayor, pero muy fuerte y muy mayor, tonto será.
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Del libro yo no puedo hablar, no porque no tenga nada que decir, sino porque muchos de sus poemas los he hecho ya tan míos que tendría demasiado, no sabría por dónde empezar. Tendría que decir, por ejemplo, que un simple haiku, el primero de Las estaciones (Alguien me manda/ cientos de flores todas/ las primaveras) me ayudó a respirar en momentos en los que me faltaba el aire. Es una, sólo una, de las virtudes del libro, la de afectar de manera íntima a quien lo lee, la del reencuentro con uno mismo, la del reconocimiento. Sé de dos personas, no lectores habituales de poesía, que -despúes de darles a leer alguno de los poemas, y de verlas callar al terminar, con ese silencio que sigue al touché, al descubrimiento de algo que toca en lo hondo-, fueron a buscarlo y a comprarse su primer libro de poesía (sin contar las Coplas de Manrique y los obligatorios de las clases de Lengua de años ha, junto a los que ahora, como me dijo una de ellas, está puesto Con el tiempo).
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De todos modos, para ir abriendo oído, y practicando la crítica del escriba, de la que hablaba Enrique García-Máiquez ayer en "Rayos y Truenos", aquí os dejo esta pequeña selección:

VERSION

Estas líneas traducen un poema
de autor desconocido.
Una música antigua, oída un día
en el coche, camino del trabajo,
o la conversación en la que hablaban
de novios unas chicas jovencísimas
que espié sin querer, transido de nostalgia.
O puede que traduzcan la sonrisa
que salva una mañana, o bien las voces
que nos hieren en sueños, o un paisaje,
o una historia olvidada... Es un poema
incierto de autor desconocido el que estas líneas
traducen torpemente consultando
un diccionario oscuro.
Su lengua original fue la del fuego
y nunca nadie ha hecho una versión exacta.
*********

Más vale que no sepan para qué
sirve leer poesía, si algunos aún la leen.
No les expliques,
............................. calla,
.......................................que no sepan
que su belleza no es neutral, que hace
insoportables la crueldad, la idiotez y el ruido
y por eso nos vuelve solitarios. [...] (de LECTURA EN UN COLEGIO)
*********
[...]
el poema de amor de un joven siempre
será una redundancia;
un himno, una obviedad;
una elegía, un ejercicio..
........................................En cambio,
qué natural una elegía ahora,
cuando las dicta el tiempo,
y un himno es algo heroico, inconcebible,
y un poema de amor es la esperanza
única de vivir
....................... aún
................................estremecidos. (de ORATIO PRO DOMO SUA)
**********
El pasado me pisa los talones. [...]
Pero yo me resisto. Hacia delante
huyo cada mañana
con los brazos abiertos. [...]
La esperanza es lo único que queda
a salvo del pasado, más allá de su alcance,
y a salvo incluso del convencimiento
de que no por ahora.
De que luego tampoco. [...] (de SIN CONVENCIMIENTO, CON ESPERANZA)
**********
Aquella higuera que por no dar fruto
maldijo Jesucristo
sin pararse a esperar, sacrificándola
a una enseñanza dura para todos,
dio la leña más seca, las mejores
fogatas del invierno se encendieron
con sus resecos troncos y a su arrimo
se juntaron extraños, se bebía,
se inflamaba el amor de los esposos [...]
......................................... Alguna viga
también salió de aquella higuera inútil
y sostuvo una casa. Y hecha barco
hubo una tabla que llegó hasta Tarsis [...]
Aquella higuera pobre, sólo sombra
y polvo recibió una maldición
y en ese mismo instante fue bendita.
Cuántos frutos la higuera. Siempre es tiempo. (de LA HIGUERA ESTERIL]
********
[...]
Pero tú ven, vente conmigo
hasta las páginas de un libro,
aunque sea mío. (de FUGA)
*********

... aunque sea mío, dice Enrique García-Máiquez y , dicho por él, no es un recurso literario, no se trata de una captatio benevolentiae, quiere decir exactamente "aunque sea mío". No sabe que ése precisamente es el argumento de autoridad, es decir, de humanidad y hondura, de que lo que nos vamos a encontrar es auténtica poesía: que sea suyo. Con el tiempo es un libro inolvidable, que deja tocado, y que, además, como lo es un alma, sólo podría ser suyo.

16 febrero 2011

... tal como somos. L.Bloy (y 2)

(Cont.)

"...No obstante, trataré de darte algún consejo. Me dices que lo que más te aleja de la Confesión es la extrema mediocridad de tantos sacerdotes. Es decir, que querrías que Dios gobernara su Iglesia por medios humanos, pero sigamos. Desearías que el sacerdote fuese un profundo moralista. Pero, desdichada criatura, si es diez mil veces mejor que eso... Añades que querrías una penitencia proporcionada a la falta. Esta última frase, perdóname que te lo diga, no es más que charlatanería sentimental. Santa Catalina de Génova caía desfallecida cuando Dios consentía en mostrarle a la vista el horror de un solo pecado venial. ¡Y tú, tú querrías ser juzgado! Me empiezas a dar miedo. ¿Cómo podríamos vivir si Dios nos mostrara a nosotros mismos tal como somos? Por eso es necesario que nos hayamos vuelto inmortales antes de que llegue la hora de nuestro Juicio. Acuérdate bien, ese es el triple fondo de la doctrina. Me dices, en fin, que es posible que el orgullo tenga algo de parte en tus consideraciones. ¡Desde luego! ¡Puedes estar seguro! Y sobre todo tiene parte la mucha ignorancia. La confesión no debe ser discutida por almas tan nobles como la tuya ni siquiera en la práctica. Eso hay que dejarlo para los bribones. Lo que hay aquí de particularmente inaudito es la debilidad misma del instrumento. Si un sacerdote fuera completamente imbécil, sólo me parecería aún más sublime. Pensaría que el Hijo de Dios, con la Sabiduría del Todopoderoso y del Dios de la Ciencia, escoltado por novecientos millones de espíritus celestiales, desciende cada día de lo alto de los cielos hasta la voz de esa pobre criatura, y quedaría deshecho de admiración y de fe.

Sólo me quedan dos cosas por decirte y ojalá puedan llegarte al corazón. En primer lugar: No existe ningún caso en el que un alma arrepentida no termine por encontrar la dirección que necesitaba. Dios jamás permite que una inquietud tan santa permanezca estéril. En segundo lugar: Hay tres personas en la Confesión: Jesucristo, el confesor y el penitente. Es una imagen absolutamente exacta y profunda de la Santísima Trinidad (si tuviera tiempo intentaría desarrollarte esta idea, que es prodigiosa). Estas tres personas concurren en una sola acción, pero son perfectamente distintas unas de otras, y cada una de ellas tiene su propia función. Nuestro Señor Jesucristo y el confesor no lo hacen todo. Es necesario que tú, el penitente, te esfuerces en volar un poco con tus propias alas. Dios ha concedido libertad al alma del hombre para que haga uso de ella. Tienes que procurar leer libros capaces de transmitirte la admiración de Dios, de provocarte al amor. Tú tienes imaginación, pues bien, lee libros elocuentes: los Sermones y las Meditaciones de Bossuet, las Cartas espirituales de Fénelon, el Amor a Dios de san Francisco de Sales, lee al Padre Faber, ese segundo Shakespeare que ha dado Inglaterra. Reza mucho y confiésate por obediencia. Comulga por obediencia. Muy pronto lo harás por amor.

Y con esto he terminado. ¿Qué más podría decirte? He puesto mi corazón en esta carta. Si algunas de las cosas que en ella has de encontrar, te parecen duras y te causan pena, perdóname, te lo ruego. He hecho cuanto estaba en mis manos. Dentro de algunos días te estrecharé entre mis brazos. Llegaré a París el sábado próximo... Ese día es la fiesta de la Invención de la Santa Cruz, es decir, la conmemoración del día en que santa Elena, madre de Constantino, encuentra la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo en Jerusalén; esa reliquia más preciosa que todos los mundos, cuya sola visión hizo expirar de amor a un santo que acudió a verla. Yo no escogí el día de mi llegada a París, así que nuestro encuentro me parece muy significativo. Voy a París, para quedarme y sin proyecto alguno. Baste con decirte que yo también encontraré la Cruz. Vuelvo tan pobre como cuando lo dejé, pero quizá con un poco más de coraje y de confianza en Dios, que, así lo espero, me dará fortaleza. Ya te explicaré cuando hablemos por qué se me ha hecho imposible alargar la estancia aquí. ¡Pero fíjate qué extraño! He sufrido mucho en Périgueux, he deseado con todas mis fuerzas abandonarlo, y resulta que en el momento de partir siento que mi corazón se quiebra. La alegría de volveros a ver, mis buenos y fieles amigos, esa alegría que habría juzgado capaz de consolarme de todo, no endulza de ninguna manera la amargura inexplicable y horrorosa de esta marcha. ¡Ya ves! Había echado raíces. ¡Me admira lo admirablemente organizado que estoy para no ser jamás feliz en el mundo!"

-Léon Bloy, Lettres de jeunesse, 1870-1893, Lettre IX. Périgueux, 25 avril 1873 [ la traducción es mía; los subrayados, suyos]

15 febrero 2011

,,, y compartiendo el peso. L.Bloy (1)

.
"... De todas las criaturas humanas que andan por el mundo, qué pocas tienen la profundidad de alma necesaria para saber hasta qué punto el dolor espiritualiza los afectos. Las almas vulgares piensan que la ternura de corazón, ese inestimable tesoro de la vida, es como una moneda que sólo se acuña con la brillante efigie de la abundancia y dentro de encantadores palacios llenos de felicidad. No conozco ninguna idea falsa tan estúpida como esa. Precisamente lo contrario es lo cierto. Habría que escribir un libro para demostrar con genio esta verdad, sin embargo tan elemental, la de que es necesario haber sufrido para ser capaz de amor. El amor es un acto de la voluntad, pero el dolor es siempre una revelación anterior a ese mismo acto, porque el hombre tiene en su mísero corazón lugares que todavía no existen, en los que el dolor entra para que existan. Por ese motivo, el martirio, es decir la aceptación completa de todo el dolor posible, precipita en un instante el alma en el amor perfecto, sin pasar siquiera por esa laboriosa imitación que es la penitencia [...]


-En efecto, casi nunca nos es posible, sea en el dolor, sea en la alegría, abrazar por entero lo que se presenta. En todo lo que nos pasa, lo que está implícito sobrepasa siempre a lo que se manifiesta. Es lo que queremos decir cuando hablamos de un dolor creciente. No es el dolor el que crece, es la apreciación que hacemos de él, y ese progreso tiene que ver con la imperfección de nuestros espíritus. De ahí viene que a menudo parezcamos mucho más heroicos de lo que realmente somos. No llevamos de nuestro fardo sino lo que vemos de él, y no vemos de él más que una parte. Nuestro Padre celestial lo hace descender sobre nosotros gradualmente y compartiendo el peso entre su propia mano y nuestros hombros, hasta que la costumbre nos hace capaces de soportar la presión entera sin ser aplastados. Nunca podemos ir más allá del presente por la inteligencia o por el sentimiento. Es así como los dolores son la mayor parte de las veces menos penosos de soportar de lo que parecen, pues los soportamos por grados, casi sin darnos cuenta. ¿Sabes por qué Jesucristo sufrió tanto? Trataré de explicarte en dos palabras una idea sobrecogedora. Es porque en su alma, todo el tiempo de su vida, hubo una identidad perfecta de presente, pasado y futuro. Eso es particularmente impresionante en la agonía del Huerto de los Olivos. Pero ese pensamiento es un abismo… Aceptar el presente no es nada, pero aceptar el porvenir… [...]

--Antes de seguir, he releído una vez más tu carta. Es singularmente elocuente y amarga, y me ha entristecido y afectado tan profundamente que creí que no me sería posible responderla. Por eso lo he retrasado tanto tiempo y tan cobardemente. Lo que sobre todo me desconsuela, acabas de verlo, es esa confianza en mí, esa creencia de que tengo lo que necesitas en la palma de la mano, que me bastaría abrirla para consolarte. ¡Pobre alma triste! ¡Qué gran error el tuyo! Piensas que tengo penetración y corazón bastantes para darte algo diferente a esas imbecilidades desoladoras tan liberalmente prodigadas por los regaladores de consejos en general: “tenga coraje, cárguese de paciencia, etc. etc.”. El corazón se me subleva sólo de pensar en esos consoladores idiotas por los que Rochefoucauld decía que siempre se tiene mucha fuerza para sobrellevar las desgracias ajenas. En lo que hace al coraje y la paciencia, uno tiene lo que tiene y se carga de lo que puede. Hay almas desdichadas en su martirio, que no dan la impresión de estar muy resignadas y que, sin embargo, son sublimes ante Dios sencillamente porque no se dejan caer en la desesperación. En general, la vida es insoportable. Esa es la verdad y lo grave del asunto. Si no comulgara muy a menudo, te aseguro que me moriría de asco. Por otra parte, hay un pasaje de M. de Saint-Bonnet, terrible para los que no son cristianos: La esperanza –dice – existe para desvanecerse, la ilusión para desaparecer, la juventud para ajarse. ¿Estas enamorado? Un corazón te rechazará. ¿Eres amado? Los que te amaban ya no existen. Todo gran suspiro es ignorado, la lágrima verdadera nunca es vista, el corazón… el corazón siempre está solo."

Léon Bloy, Lettres de jeunesse, 1870-1893, Lettre IX. Périgueux, 25 avril 1873. [ la traducción es mía, los subrayados son suyos]

11 febrero 2011

Anhelar lo que hay

"Desde el primer instante en que mi alma, humillada y llena de asombro, se postró ante la música de Mozart, muchas veces ha sido para mí una actividad grata y reconfortante la de pensar en aquella jovial concepción griega que denómina al mundo κόσμος , puesto que se muestra como un todo bien ordenado, como una grácil ydiáfana alhaja del espíritu que obra en él y lo entrelaza; y pensar que esa jovial concepción puede repetirse en un orden de cosas superior, que también en él hay una providencial sabiduría que es digna de admiración, puesto que, ante todo, reúne a los que se pertenecen de manera mutua: Axel y Valborg, Homero y la guerra de Troya, Rafael y el catolicismo, Mozart y el Don Juan. Hay una miserable incredulidad que cree disponer de un sinnúmero de alicientes. Supone que ese vínculo es incidental, y no ve en él otra cosa que la afortunada conjunción de diferentes potencias en el juego de la vida. Supone que es incidental que los enamorados se encuentren, que es incidental que se amen, que habría cientos de otras muchachas junto a las cuales un hombre podría haber alcanzado la misma dicha y a las que podría haber amado del mismo modo. Supone que muchos otros poetas habrían podido ser tan inmortales como Homero, si éste no hubiese acaparado ese glorioso tema, que muchos compositores habrían podido ser tan inmortales como Mozart si se les hubiese dado la oportunidad. [...]
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En lo incidental hay un solo factor [...] Lo venturoso tiene dos factores: es un hecho venturoso que la más excelsa materia épica le haya sido acordada a Homero, pues aquí el acento recae tanto sobre Homero como sobre la materia. En eso consiste la profunda armonía que resuena en todas las obras que llamamos clásicas. Lo mismo sucede con Mozart: es un hecho venturoso que aquello que, en sentido profundo, es acaso el único tema de la música, le haya sido dado ... a Mozart. [...]
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Lo que hay de afortunado en una producción clásica, lo que le hace ser clásica e inmortal, es la absoluta conjunción de dos fuerzas. Esa conjunción es tan absoluta, que la reflexión de épocas posteriores no podrá separar ni siquiera en el pensamiento lo que está tan íntimamente unido sin correr el riesgo de provocar o favorecer un malentendido. Así cuando se dice que Homero tuvo la fortuna de hallar la materia épica más excelsa, puede que esto le haga olvidar a uno que esa materia épica le llega siempre a través de la concepción de Homero, y que eso que se presenta como la materia épica más perfecta sólo está listo para nosotros en virtud de la transustanciación que es propiedad de Homero. Si se hace resaltar en cambio la actividad poética de Homero al penetrar esa materia, se corre el riesgo de olvidar que el poeta jamás habría llegado a ser lo que es si el pensamiento que le permitió penetrarla no fuera el pensamiento propio de la materia, si la forma no fuese el pensamiento propio de la materia. El poeta desea su materia; pero es muy cierto aquel dicho según el cual desear no es no es ningún arte, y hay un sinnúmero de impotentes anhelos que confirman esa enorme verdad. Anhelar de la manera correcta, en cambio, es un gran arte, o mejor aún, es un don. Es lo que hay de inexplicable y misterioso en el genio, lo mismo que una vara mágica a la que nunca se le ocurriría anhelar algo distinto de lo que obtendrá. El anhelo tiene allí un significado mucho más profundo del que suele tener, algo que la razón abstracta hallará tal vez ridículo, pues ésta piensa más bien el anhelo en relación con lo que no hay, no en relación con lo que hay."
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Søren Kierkegaard, O lo uno o lo otro. Un fragmento de vida (2. Los estadios eróticos inmediatos. Preámbulo intrascendente), Edit. Trotta, Madrid, 2006, Traducc. Darío González y Begoña Saez.

07 febrero 2011

lumen cordium, consolator optime

...Luz de los corazones, el que mejor consuela... dulce huésped del alma...; así invoca al Espíritu Santo la Secuencia Veni Sancte Spiritus.

El Iluminador es también el Consolador. El que, a la vez que ilumina, consuela. No podía ser de otro modo. -Con las luces de los hombres, sin embargo, no pasa lo mismo. No son dulces huéspedes del alma. Lo iluminado, por lo general, espanta.

05 febrero 2011

La interné me asusta

Resulta que después de pasar un buen rato buscando las gafas por toda la casa, enciendo el ordenador, miro el Blog, me pongo a corregir una entrada pasada sobre ojos que no ven, y estando en ello me aparece en el lateral el anuncio de una clínica oftalmológica. En el anuncio me cuentan que han conseguido liberar de gafas y lentillas a no sé cuántos miles de cegatos y me ofrecen una cirugía láser a precio especial. Es inquietante... ¿cómo saben que me paso la vida buscando las gafas?
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Al momento aparece otro, éste de unos profesores que llevan tiempo empeñados en que aprenda hebreo en línea. Esta proposición ya me gusta más que el láser, pero ¿a qué viene tanto empeño? ¿Y por qué no me proponen aprender inglés, que me sería más útil?
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Termino, abro el correo por si hay algo, y me encuentro un mail de "tu amigo-marketing Editorial Trotta", con quien no tengo más relación que la pasta que me gasto en Trottas, informándome de la reciente publicación de un libro de la sobrina de Simone Weil, titulado "En casa de los Weil. André y Simone". Esta información no es que me guste, me encanta, les quedo muy agradecida, pero...
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Por lo pronto desenchufo y me voy a dar un paseo, que hace un esplendido día de sol, a ver si se me pasa el escalofrío.

31 enero 2011

Nadie sabe que dicen la verdad

" ... Aquí se toma a veces como postre compota de manzanas en puré, sin ninguna mezcla, como nosotros.

Las mezclas se llaman fruit fool. Es un poco de compota de frutas en puré, mezclada con muchas custards (químicas) o gelatina, o con otra cosa. El nombre es delicioso.

Pero estos fools no son como los de Shakespeare. Mienten, haciendo creer que son fruta, mientras que en Sh. los locos son los únicos personajes que dicen la verdad.
Cuando vi aquí Lear, me pregunté cómo es que desde hacía tiempo no había saltado a la vista de la gente (yo incluida) el carácter intolerablemente trágico de esos locos. Su dimensión trágica no consiste en las cosas sentimentales que se dice respecto a ellos; sino en esto:

En este mundo sólo los seres caídos en el último grado de la humillación, muy por debajo de la mendicidad, no sólo sin consideración social, sino mirados por todos como desprovistos de la primera dignidad humana, la razón - sólo ellos tienen de hecho la posibilidad de decir la verdad. Todos los otros mienten.

En Lear es chocante. Incluso Kent y Cordelia atenúan, mitigan, edulcoran, le ponen un velo a la verdad, andan con rodeos, mientras no están forzados de decirla o de mentir lisa y llanamente.

No sé lo que pasa con las demás obras que ni he visto ni he releído aquí (a excepción de 12th Night). Darling M., si releyeras un poco a Sh. con esta idea, encontrarías quizá aspectos nuevos.

El extremo de lo trágico es que, como los locos no tienen ni título de profesor ni mitra de obispo, y como nadie piensa que haya que prestar atención al sentido de sus palabras -estando todos, por adelantado, seguros de lo contrario, puesto que se trata de locos-, su expresión de la verdad ni siquiera es escuchada. Nadie, incluidos los lectores y espectadores de Sh. desde hace cuatro siglos, sabe que dicen la verdad. No verdades satíricas o humorísticas, sino simplemente la verdad. Verdades puras, sin mezcla, luminosas, profundas, esenciales.

¿Es ese también el secreto de los locos de Velázquez? La tristeza de sus ojos ¿es la amargura de poseer la verdad, de tener, al precio de una degradación sin nombre, la posibilidad de decirla, y de no ser escuchados por nadie? (excepto Velázquez). Valdría la pena volverlos a ver con este interrogante.

Darling M., ¿sientes la afinidad, la analogía esencial entre esos locos y yo -a pesar de la Escuela, la cátedra y los elogios a mi "inteligencia"? [...] Es bien sabido que una gran inteligencia es a menudo paradójica y a veces disparata un poco... Los elogios de la mía tienen como finalidad evitar la pregunta: "¿Dice la verdad o no?". Mi reputación de "inteligencia" es el equivalente práctico de la etiqueta de locos de esos locos. ¡Cuánto más me gustaría su etiqueta! "


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SIMONE WEIL, Escritos de Londres y últimas cartas (Carta a sus padres del 4 de agosto de 1943), Madrid, 2000, Editorial Trotta, Traducción de Maite Larrauri.

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[Hace unos días tuve la oportunidad de asistir en el Museo del Prado a la presentación del último libro del escritor Santiago Miralles: Velázquez y Rubens, conversación en el Escorial, publicado por la editorial Turner. La presentación se abrió con la escenificación de uno de los diálogos que podrían haber sostenido los dos pintores a lo largo de los nueve meses que Rubens pasó en Madrid, corriendo el año 1628, en su doble calidad de diplomático y solicitadísimo pintor. Una conversación entre dos pintores de diferente edad, diferente status y, sobre todo, diferente visión del mundo, con el telón de fondo de la Historia, de la vida en la corte de FelipeIV y del Madrid de aquellos años (el mismo de Lope, Quevedo, Calderón... una conjunción comparable a la de la Atenas de Pericles, apuntó Santiago Miralles), que vale por varios tomos de Historia y dos buenas y voluminosas biografías de los dos pintores puestos frente a frente, como bien dijeron en la presentación. Impresiona escuchar a quienes sólo estamos habituados a ver - y a ver no "a ellos", sino "desde ellos". Fue como caer de repente en la cuenta de que los dueños de esos ojos y esas manos en vida también hablaban. Todavía con el eco de las palabras de los dos pintores, palabras en las que Rubens recrimina a Velázquez su afición a los asuntos menores, como pintar bufones y gentecilla, y le recomienda tratar temas más elevados, cojo anoche mi librito nuevo de S.Weil, como quien vuelve a la patria, y me encuentro estas consideraciones sobre "los locos" de Velázquez en la penúltima carta que dirige a sus padres, ocultando su grave enfermedad, pocos días antes de morir. Aquí van, pues, dedicadas a Santiago Miralles, que hace hablar con amor a Velázquez de sus bufones.]

27 enero 2011

Corazón que no siente, ojos que no ven

"Ojos que no ven, corazón que no siente", dice el refrán. Tal como suele usarse, referido a la visión fisica, obviamente es un refrán absurdo: los ciegos no sentirían, seríamos incapaces de amar en la distancia, dejaríamos de preocuparnos por todo lo que no tenemos delante... Todos sabemos que no es así, y que el que así lo utiliza, no dice nada bueno de sí mismo.
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Referido a los ojos del alma, sí que es cierto. Pero ¿por qué no ven los ojos del alma? ¿No será porque el corazón no siente de antemano? ¿No sería más propio decir entonces: corazón que no siente, ojos que no ven..., corazón que sigue sin sentir, y un largo etc. sin remedio?
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Y sin embargo, se aprende a ver. Ya lo decía Rilke: "aprendo a ver". No sé cómo se aprende, ni si hay una escuela de ver, ni si se puede mandar al corazón a la escuela... No sé cómo, pero sí que se aprende. Y también que se olvida, aunque eso Rilke no lo dijera nunca: 'me olvido de ver'. El corazón se vuelve indiferente, deja de ver, es otra de las cosas que sabemos todos. Por eso la clásica pregunta '¿Cómo no lo ve?', o '¿Cómo no lo vi'?', que tantas veces nos hacemos, no conduce a ninguna parte. La pregunta no debe apuntar a la vista, nunca es cuestión de dioptrías o de falta de focos.

Hay días cansados, pesados como el plomo -aprender es un esfuerzo, eso tampoco lo dijo Rilke pero se entiende, todo lo que se aprende cuesta-, en los que siento lo fácil que sería olvidarse. Y me imagino a un montañero bajo un alud de nieve. Todos los que sobreviven cuentan lo fácil que es amodorrarse, ir cediendo al hielo, rendirse al sueño fatal. El corazón puede morir así, congelado, sonriente. Y con los ojos pasa lo mismo, se habitúan con facilidad, insensiblemente, a la falta de luz. Como cuando, metidos en un libro, no nos damos cuenta de que anochece, y sólo al acercarse alguien que enciende una lámpara, advertimos que estábamos a oscuras. Entonces, cuando me entra el vértigo de lo fácil que sería, me acuerdo de Bartimeo.
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De todos los milagros de Cristo, el que más me ha conmovido siempre, más aún que el de la pobre hemorroísa "impura" que sale corriendo después de rozarle el manto, tan conmovedor; más que el del paralítico de la piscina que nunca llega a tiempo de meterse en el agua; más que la resurrección de Lázaro, conmovedor por las lágrimas, porque al lado de la resurrección eterna -que esa sí que conmueve- la otra fue sólo para un rato; el que más de todos, digo, siempre ha sido el de Bartimeo, el ciego que lo llamaba a gritos. Me conmueve la pregunta de Cristo: "¿Qué quieres que haga por ti?", como haciéndose el tonto, que todos pensarían "qué cosas tiene, pues qué va a querer". Y también la respuesta: "Que vea, Señor, que vea". Así de simple, así de honda, así de para siempre y para todos.
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Cuando pienso en el alud, o en la noche cayendo sobre el libro, me parece escuchar un suave: “¿Qué puedo hacer por ti?”. Me conmueve que se siga haciendo el tonto.

21 enero 2011

Como la tierra al sol

En el metro, en la estación de principe de Vergara, junto a las escaleras mecánicas, hay un hombre que todas las mañanas se sienta a cantar canciones de amor. Tiene un ipod conectado a un altavoz en el que selecciona las canciones, mirando la pantallita y moviendo una rueda con mucha concentración, como si no valiera cualquiera, como si cada momento requiriese una y solamente una; y cuando encuentra la necesaria, conecta, se yergue, se desparraman los primeros acordes por los andenes y las escaleras, y empieza. Lo hace tan bien, con un porte tan digno y señorial, y con una distancia, casi diría conmiseración, mientras canta y nos observa correr y transbordar y subir y bajar, que da apuro acercarse a dejarle algo en el platillo. Es él quien parece que nos lo deja. A veces la canción se me queda pegada y me paso todo el día canturreándola, todo el día con el gato que está triste y azul, o con el millón de amigos. No hace falta decir que tiene predilección por Roberto Carlos.
Esta mañana estaba cantando esa canción de Perales que dice "cada vez que te beso me sabe a poco...", y mientras las escaleras nos subían a todos bien apiñados, atacó el estribillo : "Te quiero, te quiero... ". Y ahí, al oírselo cantar, al empezar a seguirle para mis adentros, me di cuenta. Sentí, oyéndole pronunciarlo, que lo que él decía no era lo mismo que lo que canturreaba yo. Que había una diferencia inevitable. Que el "te quiero" del hombre dice algo distinto del "te quiero" de la mujer. Cuando el hombre dice "te quiero", está diciendo "te quiero para mí" -ahí estaba, ese punto de ansia, ese requerimiento urgente en la voz del cantante. Cuando es una mujer, lo que está diciendo es "aquí estoy para ti". Eso se canta de otro modo. Al llegar arriba, terminaba el estribillo: "...como la tierra al sol". Justo. Más claro, agua.
Que esa canción la ha escrito un hombre, es evidente. La mujer no quiere como la tierra al sol, las mujeres quieren como el sol a la tierra.

11 enero 2011

Ya se van los Reyes

Como os conté cuando empezaba el adviento, en casa de mis padres, según la tradición paterna, los regalos de Navidad los traía el Niño Jesús la noche del 24 de diciembre. Eso tenía dos grandes ventajas: la primera, que los recibíamos antes; la segunda y más importante, de índole teológica podría decirse, que nunca teníamos miedo de que nos trajera carbón o tuviera en cuenta cómo nos habíamos portado. Los Reyes llevan regalos a quien se los merece, por eso viajaron hasta Belén, y al rey Herodes, a pesar de su rango, no consta que le dejaran ni un souvenir; pero el Niño Jesús no hacía distinciones, no juzgaba -nunca juzgó. Venía para todos, incluso venía más para los malos, no había que asustarse. Mis padres nunca nos dijeron eso de "si no te portas bien, el Niño Jesús no te traerá nada", no podían (véase Jn 12:47). Es cierto que tampoco nos lo dijeron con los regalos de Reyes, que siempre caía alguna otra cosa, unas pinturas o un cuento y unos guantes o una bufanda. Y sin embargo, por alguna razón, cuando el 6 de enero nos despertabamos al grito de los vecinos de abajo "Luisitooo, han venido los Reyes", siempre tenía el temor de que hubieran pasado de largo, o de encontrarme el pedazo de carbón. Es largo de explicar, creo que la generosidad sin llevar cuentas del Niño Jesús me afinaba la conciencia y me desarmaba, y empezaban a pesarme las peleas con mi hermana, las trolas de todo el año y hasta el desorden de mi estantería. Para cuando llegaban los Reyes era todo contrición, habría aceptado sin rechistar el pedrusco.
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Esas cosas dejan huella, sigo teniendo aprensión a levantarme y no encontrar nada, y más ahora con tanta crisis y los bolsillos vacíos. Por eso la víspera de Reyes fui a Pasajes y me agencié un par de libritos de Bobin, por si acaso, más que nada por disimular. Llegó el día de Reyes y además de los Bobin, me encontré un ramo de flores blancas, verdes y amarillas de Melchor, con un vale en el que se promete su reposición, una vez por Gaspar y otra por Baltasar (qué bien, todo un mes y pico de flores, qué Magos tan detallosos y ocurrentes), un CD de Sprigsteen con canciones de Pete Seeger al que le tenía muchas ganas (¡O Mary Don't You Weep! Qué gozada y qué listos son los Reyes), un perfume muy oh-là-là que huele a azahar, y al señor Søren Kierkegaard [¿cómo se hará para escribir la 'o' cruzada? -Gracias, Ángel, corregido-] por partida doble: O lo uno o lo otro, y Entweder- Oder, para que vaya al uno y al otro y aprenda alemán aunque sea con un danés (pero qué gentiles y sabios son). Tengo que frenar las ganas de leerlo de corrido en español y a veces hago trampa, pero me encanta el sistema y se aprenden palabros curiosísimos. También los dos Bobin: L'inespérée y La part manquante parecen geniales.
Qué generosos y majos, qué buenos son los Reyes, y yo pensando que pasarían de largo... Ya me tienen hecha polvo.

Tres condiciones para ser feliz

Terminadas las vacaciones, vuelve la vida ordinaria (que bendita sea) y vuelvo yo al trabajo. Casi todos andan recién aterrizados, así que, al cruzarnos por los pasillos, todavía nos deseamos feliz año, esta vez con abundantes coletillas del tipo "uff", "no sé yo", "a ver qué nos depara", y alguna que otra expresión más fuerte.
-Encima de la mesa me encuentro una agenda 2011 la mar de estilosa, con su nuevo anagrama de diseño -el diseño que no falte- y gomita a lo Moleskine, y un taco de sobremesa. Qué detalle.
-Al cambiarlo por el del año pasado, echo un ojo a las anotaciones y me encuentro cosas como estas:

18 de marzo -"lira-lirio-cigarra. Tallo/piernas débiles-cabeza inclinada-vibran/voz estridente-Titón". Y en la cara de al lado: "Alceo: báñate las costillas en vino,/ que ya vuelve la estrella y es penosa la época,/ y todo está sediento y con ardor, /y suena el son de la cigarra en el follaje; /con sus alas derrama su fuerte/ y continua canción en el verano ardiente... ahora son mucho más pesadas/ las mujeres y débiles los hombres, /porque Sirio abrasa su cabeza y seca sus rodillas...". [Sí, los lirios del campo leí no sé dónde que suenan, debe de ser una maravilla oírlos. Y está bien eso de que ya vuelve la estrella y es penosa la época, incluso lo del vino... pero ¿por qué le parecería tan cargante el verano a Alceo?]
-O bien: 24 de junio- "S.Juan de la Cruz. Avisos. 34: La perfección no está en las virtudes que el alma conoce de sí, mas consiste en las que nuestro Señor ve en el alma, la cual es carta cerrada, y así no tiene de qué presumir, mas estar el pecho por tierra acerca de sí". [Esto sí que me convence: cartas cerradas, como le gustaba recordar a Ernestina: No sé hablar de esas cosas que se han puesto de moda,/ basura en las esquinas y vómitos de perro ... Por eso te dedico estas cartas cerradas /que Tú has leído ya infinidad de veces. ]
-O bien esta idea rara de Virginia Woolf: 14 de octubre. "El deseo de leer, como todos los demás deseos que distraen nuestras almas infelices, puede ser analizado". [Pues qué quieres que te diga, como que casi mejor dejarlo sin analizar.]
-
Todo ello entremezclado con anotaciones de trabajo -que son las más, a ver qué os vais a pensar- y con otros apuntes peregrinos (dentistas, recados pendientes, ojoaquí-ojoallá-acuérdate-acuérdate...). Antes de tirar el taco con el año viejo a la papelera, y mientras me hago el firme propósito de dispersarme menos en este, me llama la atención una de las citas con las que el propio calendario nos obsequia cada día, llena de flechas en rojo. La cita, del 5 de abril, es de Flaubert y dice: "Tres condiciones se requieren para llegar a ser feliz: ser imbécil, ser egoísta y gozar de buena salud. Pero bien entendido, si os falta la primera condición todo está perdido". Caray, cómo se las gastaba el tipo y qué mal día tendría yo para subrayarlo en rojo... Y a ver qué cara se me pone ahora cuando vuelva a cruzarme con alguien que me desee feliz año y me acuerde de la primera de las condiciones.
-Por la misma razón no me atrevo a deciros nada para el recién comenzado 2011, pero sí que os deseo, con permiso de Flaubert, muchos buenos ratos. Y si en alguno de ellos os volvéis un poco imbéciles, pues enhorabuena, que tampoco pasa nada, disfrutadlo mientras podáis y os dejen.

22 diciembre 2010

Que ha nacido un niño cubierto de flores

Queridos amigos, aquí os dejo unos versos de Joâo Saraiva que me encontré hace unos meses y tenía reservados para la ocasión, y un bonito villancico de los de cantar y bailar y ponerse contento.
¡Feliz Navidad!

NATAL
Pobre menino Jesus.
Homens e bois te adoraram
e mais tarde, numa cruz,
homens te martirizaram.
Vinte séculos depois,
os homens nâo melhoraram
e ainda sâo mansos os bois!    


(Joâo Saraiva. “Natal”. Poesías Líricas e Sátiras, Lisboa, 1962)

Y ahora ya el villancico: "Corre caballito", un Aguinaldo venezolano, cantado  por el grupo Serenata Guayanesa:





A propósito de bueyes, añado aquí este poema de Thomas Hardy , en traducción de Miguel D'Ors,  que acaba de enviar "Marinero":

 LOS BUEYES

Nochebuena. Las doce en el reloj.

"Ahora se arrodillan", decía un viejo
cuando estábamos todos sentados, apiñados
al amor de la lumbre.

..................................... E imaginábamos

a las mansas criaturas apacibles
en su cuadra de paja
y a nadie le pasaba por la mente dudar
que entonces se pusieran de rodillas.

Pocos podrían urdir tan bella fantasía
en estos años. Sin embargo, siento
que si alguien nos dijera en Nochebuena: "Ven
a ver cómo los bueyes se arrodillan
en el corral a solas, junto a aquel
valle que nuestra infancia frecuentaba",
yo me iría con él en la penumbra
con la esperanza de poderlos ver.


08 diciembre 2010

Entramos en grand pozo

...Todos quantos vevimos, ........que en piedes andamos,....... 17
siquiere en [presion]]........         o en lecho yagamos,
todos somos romeos........          que camino [pasamos],
San Peidro lo diz esto, ........      por él vos lo provamos.

Quanto aquí vevimos........       en ageno moramos; .............. 18
la ficança durable........             suso la esperamos;
la nuestra romería ........            estonz la acabamos,
quando a Paraíso........               las álmas envïamos.

En esta romería........                 avemos un buen prado ......... 19
en qui trova repaire........           tot romeo cansado:
la Virgin Glorïosa,........            madre del buen Criado,
del qual otro ninguno........       egual non fue trobado. [...]

Es clamada, y éslo,.........         de los cielos reína, ................ 33
tiemplo de Jesu Christo,........  estrella matutina,
sennora natural, .......               pïadosa vezina,
de cuerpos e de almas........     salud e medicina

Ella es vellocino........             que fue de Gedeón, ................ 34
en qui vino la pluvia,........      una grand vissïón;
ella es dicha fonda ........         de David el varón
con la qual confondió........     al gigant tan fellón.

Ella es dicha fuent ......            de qui todos bevemos, ........... 35
ella nos dio el cevo .......         de qui todos comemos;
ella es dicho puerto........         a qui todos corremos,
e puerta por la qual ........        entrada atendemos. [...]

Es dicha vid, es uva,.......         almendra, milgranada,  ......... 39
que de granos de graçia........   está toda calcada,
oliva, cedro, bálssamo, .......    palma bien ajumada,
piértega en que sovo........        la serpiente alzada.

El fust que Moïsés.......            enna mano portava ................ 40
que confondió los sabios........ que Faraón preciava,
el que abrió los mares........      e después los cerrava,
si non a la Gloriosa........          ál non significava. [...]

Sennores e amigos, ........          en vano contendemos,............42
entramos en grand pozo, ........  fondo no'l trovaremos;
mas serién los sus nomnes........que nos d'ella leemos
que las flores del campo, ........  del más grand que savemos.

[* 34a- Jueces 6: 36  //   34c- I Reyes 17:49   //   40a- Éxodo 4:25 y 8:10 ]

Gonzalo de Berceo, Milagros de Nuestra Señora, Ediciones Cátedra-Letras Hispánicas, 1998.

01 diciembre 2010

Proverbios

Prov 11, 14 - Donde no hay buen gobierno, el pueblo se hunde; abundancia de consejeros, trae salvación.

Prov 11, 24 - Hay quien gasta y todavía va a más; y hay quien ahorra en demasía sólo para venir a menos.
Prov 12, 11 - Quien cultiva su tierra se hartará de pan, quien persigue naderías es un insensato.
Prov 13, 7 - Hay quien se hace el rico y nada tiene, hay quien se hace el pobre y tiene gran fortuna.


[Leerlos y venírseme a las mientes el Estado de las Autonomías ha sido todo uno. ¿No os recuerda a nadie ese que se hace el pobre? ¿Y el que se hace el rico?
Y qué bien que por fin entiendo toda esta proliferación de consejeros y consejeras en las autonomías, en las heteronomías, debajo de cada piedra... Qué alegría, cuánta salvación.]

28 noviembre 2010

Destilad, cielos, el rocío

Hoy es primer domingo de Adviento y empieza el año litúrgico. Feliz año nuevo, pues.

En España este domingo no se celebra tanto en las casas y pasa un poco desapercibido, pero en Alemania es el día en el que verdaderamente empiezan las fiestas de Navidad. Por la tarde, con el café y la tarta de rigor sobre la mesa, se enciende la primera vela de la corona de Adviento y los niños cantan: Advent, Advent, ein Kerzlein brennt;/erst eins, dann zwei, dann drei, dann vier;/dann steht das Christkind vor der Tür. [Adviento, Adviento, arde una pequeña vela;/ primero una, luego dos, luego tres, luego cuatro,/ y ya está el Niño Jesús a la puerta.]

La corona que había en mi casa era una especie de bandeja honda y plateada , con unos pinchos en los que se sujetaban las velas; en el centro se ponían nueces y mandarinas, y alrededor ramas de pino que el día anterior, en cuanto oscurecía, íbamos a cortar con mi padre a un pinar de cuatro pinos que resistía, arrimado a las tapias de un cuartel, a las afueras del barrio.

Cada domingo, al prender la nueva vela, parecía que el Niño Jesús avanzaba un pasito. El último domingo de adviento, con las cuatro encendidas,  no aguantábamos la impaciencia. Despues de merendar poníamos el Belén y montábamos el árbol. La Nochebuena estaba a la vuelta de la esquina, y los regalos también, los que nos encontrábamos al volver de la Misa del gallo, junto al Belén y el árbol misteriosamente iluminado.

Nunca vi que ninguno de mis padres se retrasara cuando nos íbamos a Misa, ni que se adelantara al volver. Y sin embargo, el árbol que dejábamos apagado, a la vuelta estaba encendido. Y mira que encenderlo llevaba su tiempo, porque por entonces no usábamos bombillitas, sino velas auténticas, sujetas a las ramas con unas pinzas-palmatoria diminutas que a cada segundo amenazaban volcarse. El árbol iluminado así, con sus velas oscilantes -como borrachos decía mi madre, como monjes que se inclinan, corregía mi padre-, con las llamitas temblorosas haciendo brillar como lluvia las cintas de plata enganchadas a las ramas, era un auténtico espectáculo. Emocionaba mirarlo, sobre todo porque en cualquier momento podía empezar a arder. No sé cómo lo harían, apagarlo al salir y colocar los regalos y tenerlo encendido al llegar. Nunca se me ocurrió preguntarlo

Hoy me sigue pareciendo preciosa la costumbre alemana de que los regalos los traiga Christkind. Al terminar de abrirlos, nos acercábamos al Belén y le dábamos las gracias al Niño Jesús, por los regalos y por haber nacido. Después soplábamos el árbol y mi madre respiraba aliviada.

Pasados los años y sólo a condición de que no tuvieran colorines y jamás de los jamases sonaran, entraron en casa las guirnaldas eléctricas, y desaparecieron los borrachos y los monjes inclinados. Fue una concesión a lo cómodo, lo seguro y lo moderno, que cada Navidad, al enchufar las luces del árbol, creo que todos lamentábamos en silencio. Tiempo después encontré las pinzas-palmatoria en el fondo de un maletero. Algún año de estos compraré un abeto bien verde, lo llenaré de velas oscilantes y resurgirá con aquel olor a resina y a cera, esplendoroso y fiel como canta el villancico: Du grünst nicht nur zur Sommerzeit, nein, auch im Winter, wenn es schneit... O Tannenbaum, wie treu sind deine Blätter!

Aquí abajo os dejo un enlace al canto gregoriano Rorate caeli de super, un himno que se canta en el Oficio Divino durante el Adviento, con textos tomados del profeta Isaías (Is 45,8 y 64,6). Un clamor por la llegada del Justo:

https://www.youtube.com/watch?v=AWriu33XO7E 

[Y esta es su traducción:
 Destilad, cielos, el rocío; lloved, nubes, al Justo.
No te enojes Señor,
no te acuerdes más de nuestra maldad.
La ciudad del Santo está desierta;
Sión ha quedado arrasada,
Jerusalén, desolada,
la casa de tu santidad y tu gloria,
donde te alabaron nuestros padres.
Destilad, cielos, el rocío; lloved, nubes, al Justo.
 

Hemos pecado y estamos manchados.
Hemos caído como las hojas
y nuestras maldades nos arrastraron como el viento.
Nos escondiste tu rostro
y nos dejaste con nuestra iniquidad.
Destilad, cielos, el rocío; lloved, nubes, al Justo.

Mira, Señor, la aflicción de tu pueblo
y envía al Prometido:
envíanos al Cordero que rige la Tierra,
desde el desierto de Petra
hasta el monte de la hija de Sión,
para que rompa el yugo de nuestra esclavitud.
Destilad, cielos, el rocío; lloved, nubes, al Justo.

Consuélate, pueblo mio, consuélate,
que pronto llegará tu salvación;
¿Por qué te consumes de tristeza?
¿Por qué se renueva tu dolor?
Te salvaré, no temas:
yo soy el Señor, tu Dios,
el Santo de Israel, tu redentor. ]

25 noviembre 2010

De blog a blog, pasando por el suelo

Venía esta mañana en el autobús con el librito de G.Steiner Nostalgia del Absoluto, y al encontrarme con el pasaje en el que, hablando de Freud y del psicoanálisis, compara la concepción tripartita de la conciencia  -aquello del ello, el yo y el superyó freudiano- con las casas vienesas de tres pisos, me he puesto contentísima. He pensado que la crítica, aunque pelín malévola, era genial, que la semejanza estaba muy bien hallada, y que tenía que colgarlo en el blog.

Me bajé del autobús y seguía dándole vueltas a los tres pisos, a la escalera que los comunicaría, si sería de caracol o con rellanos entre piso y piso, y a si la teoría de Freud habría sido diferente de haber existido ascensores en las casas vienesas de fines del XIX, cuando mi casa propia, con su ello, su yo y su superyó, ha pegado un resbalón y se ha venido al suelo. No pasa nada, me caigo mucho, desde pequeña, así que tengo práctica. Sé caer muy finamente, levantarme como un resorte y seguir el camino como si tal cosa.

Al llegar al trabajo me han comentado que debería ir al médico, que podría tener que ver con el laberinto del oído. Siempre hay quien se resiste a aceptar que hay cosas sin remedio y que una es como es. Tampoco me he atrevido a contarles que, en todo caso, con lo que podría tener algo que ver no es con el laberinto, sino con las escaleras vienesas de caracol. Por otra parte, caerse es reconfortante, te permite recordar que la gente es buena. No ha habido resbalón al que no hayan acudido raudas un par de personas. Hoy han sido dos señores la mar de animosos -que si este suelo desliza que es un horror, que si el ayuntamiento no repone los adoquines rotos-  y, además, de muy buen ver. Igual repito el número mañana.

Lo que empieza a preocuparme es que lo primero que se me ha venido a la cabeza, una vez incorporada, ha sido otra entrada de blog, ésta de J.M.Mora Fandos, en la que se declaraba contrario a los pavimentos de caucho en los parques infantiles. Tiene razón, pensé ayer leyéndolo, la vida es dura y cuanto antes se enteren los niños, mejor. Hoy, sin embargo, he pensado que lo que debe pavimentarse con caucho es, a excepción de los parques infantiles,  todo el resto del mundo mundial.
Tengo que entrar a decírselo a Mora Fandos: que la tierra para los niños, que con algo tienen que llenar el cubo y si se perdieran el sana-sana y los mimos no habrían ganado nada. Y el caucho para los demás, que ni cubo, ni sana-sana, ni necesidad de descubrir que la vida es dura.

Aquí os dejo, por fin, con G. Steiner:
-
"Progresivamente, hemos llegado a comprender que los modelos y conceptos freudianos son imágenes, escenas, metáforas cautivadoras; que están anclados no en un cuerpo de hechos externos científicamente demostrables, sino en el genio individual de su fundador y en circunstancias locales.
Propongo con vacilación, pero con cierta seriedad, la sugerencia de que la famosa división de la conciencia humana -el ello, el yo, el superyó- no es en sí misma más que el reflejo anatómico del sótano, la vivienda y la buhardilla de un hogar de la clase media de la Viena del cambio de siglo. Las teorías de Freud no son científicas en el sentido de ser universales, de ser independientes de su medio étnico-social, como lo son las teorías de la física o la biología molecular. Son lecturas inspiradas y proyecciones a partir de las muy especiales condiciones sexuales, familiares y económicas de la vida burguesa en la Europa central y occidental entre, digamos, los años 1880 y 1920. [...] Sus verdades son de un orden estético, intuitivo, como las que encontramos en la filosofía y en la literatura. Los compañeros de Freud, sus aliados en el gran viaje hacia el interior, fueron, como él mismo llegó a presentir, Schopenhauer, Proust o Thomas Mann."
-
Es decir, que  la psicopatología de la vida cotidiana y el psicoanálisis a las estanterías de literatura.

22 noviembre 2010

Otra manera de decirlo. Bobin

"Hay una literatura que es suntuosa, sobrecargada de oro y autoestima. Considera el hecho de escribir mayor que la vida. No conoce nada más noble que una bella frase. Engendró, sin lugar a dudas, obras maestras, y me resulta indiferente. Es de una literatura distinta de la que estoy hambriento. Es tan antigua como la primera. No supone menos trabajo pero no busca lo mismo.
O mejor: hay una manera de escribir que busca, no encuentra más que por accidente o por gracia, y sigue buscando. Y hay una manera de escribir que da vueltas en torno a su espejo, una novia que se prueba el traje. Esa no busca nada, no tiene nada que buscar, ha encontrado desde siempre con quien casarse: con ella misma. Su belleza no me impresiona. No admiro una obra porque me dicen que la admire, sino por el poder del amor que en ella vibra. Lo que yo entiendo aquí por amor no es nada sentimental. El único amor que es real es de una dureza increíble. Esa es la palabra: increíble. El poeta Henri Pichette dice que nunca se debería escribir ni una sola frase que no se pudiera susurrar al oído de un agonizante. Pues bien, eso es exactamente. La manera de escribir que a mí me gusta es exactamente eso. Y todos nosotros somos agonizantes, ¿no? [...]
Lo que digo aquí, puedo decirlo de otra manera: Hay una palabra de príncipes y hay una palabra de mendigos. La de los príncipes es como una estancia en la que no hubiera nada y en la que al mismo tiempo todo estuviera lleno, lleno a rebosar. Es una palabra que está sorda de bastarse a sí misma. La de los mendigos, por el contrario, contiene en ella el vacío suficiente -de espacio, de silencio- para que el primer llegado se deslice en ella encontrando allí su bien. Es una palabra que deja en ella sitio a otra, que hace posible la llegada de algo distinto a ella misma. Ya sabéis: la vieja tradición de poner en la mesa un plato de más para un visitante imprevisto. Esas son las palabras que a mí me gustan. Es en esas mesas donde mejor como."

Christian Bobin. Autorretrato con radiador. Árdora Ediciones, Madrid, 2006. Traducción José Areán.

11 noviembre 2010

Lo crudo y lo pasado por el fuego


"No se puede saber lo que un hombre tiene en la mente cuando pronuncia una deteminada palabra (Dios, libertad, progreso...)... No se puede percibir la presencia de Dios en un ser humano, sino solamente el reflejo de esta luz en la manera en que concibe la vida terrenal. (...) Se da peor testimonio de Dios hablando de Él que expresando, sea en actos, sea en palabras, el aspecto nuevo que adquiere la creación cuando el alma ha pasado por el Creador. A decir verdad, sólo así se da testimonio. (...)

No hay fuego en un plato cocinado; pero se sabe que ha pasado por el fuego. Por el contrario, aunque se crea haber visto el resplandor de la llama, si las patatas están crudas, es seguro que no han pasado por el fuego. No es por la manera en que un hombre habla de Dios, sino por la manera en que habla de las cosas terrenales, como mejor se puede discernir si su alma ha pasado por el fuego del amor de Dios. Ahí , ningún disimulo es posible. Hay falsas imitaciones del amor a Dios, pero no de la transformación que éste realiza en el alma, pues no se tiene ninguna idea de esa transformación si no es pasando por ella. (...)

Según la concepción de la vida humana expresada en los actos y en las palabras de un hombre, puedo discernir si mira esta vida desde un punto de vista situado aquí abajo o desde lo alto del cielo. Si un hombre dice haber viajado en avión, aunque haya dibujado las nubes, su dibujo para mí no es una prueba, puedo pensar que es una fantasía. Si me trae un dibujo de la ciudad a vista de pájaro, esa sí es una prueba. Si un hombre me describe al mismo tiempo dos flancos opuestos de una montaña, sé que se encuentra en un lugar más elevado que la cima. Es imposible comprender y amar a la vez a los vencedores y a los vencidos, como hace la Ilíada, si no es desde un lugar, situado fuera del mundo, donde mora la sabiduría de Dios. (...)

Si afuera en la noche enciendo una linterna, no será mirando la bombilla como juzgaré su potencia, sino mirando qué cantidad de objetos están iluminados... Sólo las cosas espirituales tienen valor, pero sólo las cosas carnales tienen una existencia constatable. En consecuencia, el valor de las primeras, no es constatable más que como iluminación proyectada sobre las segundas. El valor de una forma de vida religiosa, o más en general, espiritual, se aprecia por la iluminación proyectada sobre las cosas de este mundo. Dios, que ha querido crear este mundo, ha querido que sea así. "

Simone Weil, El conocimiento sobrenatural, Ed.Trotta, 2003, Traducc. M.Tabuyo y A. López.

[Hablaba el otro día con un amigo sobre esa especie de rastro que busco en todo lo que leo, sobre la insatisfacción que me produce la literatura en la que no lo encuentro y cómo se me vuelve triste, aburrida y, cuanto más ingeniosa, más insoportable. No tiene que ver con el género, con el tema, ni con las habilidades estilísticas. Leyendo a Simone Weil, una vez más, encuentro las palabras: Se trata de ese aspecto nuevo sin el cual las cosas de este mundo parecen repetitivas y cansinas, de ese reflejo sin el que parecen planas. Lo que busco son palabras pasadas por el fuego como las patatas de S.Weil, aunque sean las más vulgares del diccionario, ese dibujo de la ciudad desde un punto de vista más alto que el del propio ombligo. Eso es lo que rastreo, casi como un perro, lo mismo me da que se trate de poesía clara -con gaseosa o limón- o metafísica, de novela realista o de ficción, de biografía o de ensayo. No pretendo que me hablen de Dios (salvo los místicos, los santos, algunos teólogos que serán místicos o santos y dos o tres poetas, ¿quién sabría, quién podría..?), sólo sentir su huella, esa luz sobre lo no luminoso, sobre las cosas carnales, ya se trate de las patas de la mosca o de la nostalgia de un día de otoño.

Bueno, pues tengo que decir que, precisamente, acabo de recibir uno de esos libros en los que de inmediato se advierte la huella del fuego. Una huella que me sorprende donde no la esperaba, y no por el autor, que es Enrique Baltanás, siempre luminoso, sino por el título, tan profesoral: La obra común de los hermanos Machado (Edit.Renacimiento). Un gran descubrimiento, no sabía nada de las obras de  teatro escritas al alimón por los dos hermanos. Y en todas ellas, en todos los pasajes que E. Baltanás nos va leyendo  -porque eso, tan poco habitual, es lo que hace: desgranar el texto, ir leyendo a los autores sin prejuicios ni clichés- aparece ese reflejo de luz en la manera de concebir la vida terrenal al que se refería S.Weil, muy especialmente en la manera de concebir las terrenalísimas relaciones entre el hombre y la mujer.

Así que me he encontrado con un libro, de título académico, que esconde un verdadero tratado a tres manos -las de los dos Machado y la de Baltanás- sobre el amor humano y su aprendizaje; sobre todas esas cosas que llamamos 'amor' y por lo común sólo son deseo, narcisismo, afán de posesión y finalmente ruina, y sobre el descubrimiento, unas veces a tiempo, otras demasiado tarde, del amor verdadero:  "...lo que [Juan de Mañara] ha descubierto es que no hay amor que así pueda llamarse que no esté traspasado por la piedad: no vive el amor, lo sueña/ quien ama sin Dios; amores/ sin caridad son quimeras."

Los comentarios al hilo de los textos, ya sean sobre el folklore -verdades tan viejas que por serlo se olvidan-, sobre el rastro indeleble del mal causado, sobre la expiación, sobre el psicoanálisis y el deseo mimético, sobre el mito de Don Juan y el donjuanismo, sobre Valle Inclán -inmenso ingenio de la nadería pretenciosa-, sobre las figuras del agricultor o el cazador en materia de amores, etc, etc, son antológicos, un dechado de sabiduría y de gracia. Tenéis que leerlo, es un auténtico difrute. Le quedo muy agradecida. ]

29 octubre 2010

Sabio distraído

-
Si es sabio, no es distraído.
Si es distraído, no es sabio:.
'Sabio distraído' es un oxímoron.

Claro que 'distraído' a secas es peor. ¿O no ?

19 octubre 2010

En el paraíso siempre hay manzanas

.
Hoy cambio de tercio; estoy en la pausa del trabajo y es la hora del hambre. Cuando me da el bajón de azúcar empiezo a pensar en tartas de manzana y hasta el aire lo veo "color de caramelo", según la feliz expresión de Ángel Ruiz un día que estaba especialmente lírico o que también tenía bajón de azúcar.

--Hace poco decía, aunque luego lo borré porque no venía a cuento [por cierto, una curiosidad, cada vez que retoco una entrada, que son muchas porque a mí nada me sale a la primera ni a la segunda... ¿os vuelve a aparecer como recién publicada, o el sistema se percata de que sólo era una corrección], os decía que hubo un libro que me regalaron a los diez años que puso una montaña y una casa de madera en mi imagen del paraíso. Pues bien, entrando a los detalles, si la montaña tiene una casa, la casa tiene un horno y el horno tiene una tarta de manzana, sobre todo a estas horas. También tiene visillos, siempre blancos y entreabiertos. Mi madre decía que una casa sin visillos parece un hospital robado, es decir, el colmo de la desolación. Creo que los visillos los llevo en la sangre por parte de madre (*). La tarta de manzana viene más por parte de padre. Así que en el paraíso habrá una montaña, una casa con olor a manzana horneada, una tarta recién hecha, y gente para comerla tras unos visillos entreabiertos; el resto me da igual. El domingo hice la primera de la temporada porque el tiempo la pedía. Todavía no ha llegado el frío, pero la casa estaba destemplada y a las paredes ya no les queda ni una pizca del calor del verano. Salió buena y la casa se caldeó, no se puede pedir más.  Aquí os dejo la receta, es fácil, aparente y tiene muchos treses, que es un número santo:

-3 manzanas (reineta, claro, y mejor de las feas)
-3 huevos
-3 cucharadas rasas de maizena
-3 yogures naturales
-1 y 1/2 medidas (el envase de yogur) de azúcar . O 3 mitades de envase, para no perder el compás.

Se bate todo, salvo una de las manzanas, con la batidora. Se vierte la mezcla en cacharro bajo de Pyrex o similar untado de mantequilla, se decora con la manzana sobrante en rodajitas finas (si se hunden no importa, que luego reflotan), y al horno a 180º arriba y abajo unos tres cuartos de hora (hasta que se dore). Se remata barnizándola a la española con mermelada, o espolvoreándola a la alemana con azúcar y canela.

-Para terminar, un enlace un tanto cursi, con su piano (hay que esperar unos cuantos trinos para que empiece), sus frases estupendas y sus muchos pajaritos: "Les oiseaux messagers" (uno de ellos, como si fuera un pájaro de Ramón Gaya, dice: Si la única oración de toda vuestra vida es un simple "gracias", es suficiente) . Me los he encontrado buscando en la carpeta de recetas. No sé lo que hacían ahí, pero pueden quedar propios en una entrada repostera. 
Y eso es todo, os ruego que disculpéis el bajón y la debilidad:
.
* (...aux clartés des étoiles/ je crois encore la voir/ entrouvrir ses longs voiles/ aux vents tièdes du soir...) "Je crois entendre encore" , aria de Bizet . 

29 septiembre 2010

La teología que es hoy "pequeña y fea"

-I.-"Es notorio que ha existido, según se dice, un autómata construido de tal manera que resultaba capaz de replicar a cada jugada de un ajedrecista con otra jugada contraria que le aseguraba ganar la partida. Un muñeco trajeado a la turca, en la boca una pipa de narguile, se sentaba al tablero apoyado sobre una mesa espaciosa. Un sistema de espejos despertaba la ilusión de que esta mesa era transparente por todos sus lados. En realidad se sentaba dentro un enano jorobado que era un maestro en el juego del ajedrez y que guiaba mediante hilos la mano del muñeco. Podemos imaginarnos un equivalente de este aparato en la filosofía. Siempre tendrá que ganar el muñeco que llamamos «materialismo histórico». Podrá habérsela -sin más ni más con cualquiera, si toma a su servicio a la teología que, como es sabido, es hoy pequeña y fea y no debe dejarse ver en modo alguno."
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-II. "El cronista que narra los acontecimientos sin distinguir entre los grandes y los pequeños, da cuenta de una verdad: que nada de lo que una vez haya acontecido ha de darse por perdido para la historia. Por cierto, que sólo a la humanidad redimida le cabe por completo en suerte su pasado. Lo cual quiere decir: sólo para la humanidad redimida se ha hecho su pasado citable en cada uno de sus momentos. Cada uno de los instantes vividos se convierte en una cita à l'ordre du jour, pero precisamente del día final."

-IX. "Tengo las alas prontas para alzarme, /Con gusto vuelvo atrás,/ Porque de seguir siendo tiempo vivo, /Tendría poca suerte. Gerhard Scholem: Gruss vom Angelus.Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. En él se representa a un ángel que parece como si estuviese a punto de alejarse de algo que le tiene pasmado. Sus ojos están desmesuradamente abiertos, la boca abierta y extendidas las alas. Y este deberá ser el aspecto del ángel de la historia. Ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de datos, él ve una catástrofe única que amontona incansablemente ruina sobre ruina, arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero desde el paraíso sopla un huracán que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irrefrenablemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras que los montones de ruinas crecen ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso."

WALTER BENJAMIN, Tesis de filosofía de la historia . El texto y la viñeta están tomados de la página de Enrique Eskenazi: http://homepage.mac.com/eeskenazi/filosofia.htm
[Acaban de cumplirse setenta años desde la muerte de W.Benjamin en circunstancias no muy claras en Port-Bou, la noche del 26 al 27 de septiembre de 1940, después de que le negaran la autorización para entrar en España. Benjamin debía tomar un barco en Lisboa con destino a los Estados Unidos, desde donde lo reclamaban sus amigos Adorno y Horkheimer huidos con prudencia tiempo atrás.
Según cuentan quienes lo acompañaron en el camino a pie hasta Port-Bou, su mayor preocupación era la de salvar un grueso manuscrito con su último trabajo, el que le retuvo en París cuando aún le hubiera sido posible salvarse. El destino de esa inseparable cartera negra de mano que protegía más que a su vida, sigue siendo un misterio. Según el acta levantada por el juez, las pertenencias del Sr.W.B. eran una maleta de piel, un reloj de oro, una pipa, un pasaporte expedido en Francia por el American Foreign Service, seis fotografías tamaño carné, una radiografía, unas gafas, diversas cartas, unos cuantos papeles y algo de dinero. Con ese dinero pagó escrupulosamente la cuenta de la pensión en la que murió y su enterramiento. No dejó deudas.
No hay un ángel de la Historia y Benjamin lo sabía. Los ángeles visitan a los que en ella viven, acompañan sus historias, y se los oye o se los desoye. Quizá su ángel, el de su historia, lo animaba a abandonar la biblioteca en la que tomaba notas y a escuchar la llamada de sus amigos cuando todo era posible. Quizá entre los montones de notas decía: "¡Ahora!"
Es sabido que los ángeles no se dejan empujar por los vientos de la tierra y nunca vuelan de espaldas. Los ángeles guían, caminan hacia delante y saben siempre a dónde van. La Historia marcha sin ángel, desbocada y terrible, sin la menor idea de hacia dónde va, y ni siquiera de por dónde vino. Eso es lo que Benjamin sabía, que sólo Dios sabe, y que todas y cada una de las innumerables pequeñas historias, las únicas que los ángeles velan, serán tenidas en cuenta. En Port-Bou, en medio del huracán, no estaba el ángel de la Historia, sólo estaba Benjamin enredado. Seguramente, cuando redactababa sus tesis contra el materialismo dialéctico -aquella visión de la Historia como apisonadora, rodando imparable y omnisciente rumbo a la sociedad sin clases-, no imaginó que ese texto, la novena de las tesis, podría leerse un día como una premonición, como la descripción de sus últimas horas. El cuadro de Klee, el que tanto le gustaba y arrastraba de casa en casa, puede ser visto entonces - y estremece verlo así- como su propio retrato. Qué lástima de vida. Tenía cuarenta y ocho años.]

13 septiembre 2010

En la hospedería del Valle de los Caídos (y 3)

Cristo resucitado. Juan de Ávalos. Cementerio abadía benedictina Valle de los Caídos

La semana, que tan larga parecía, al final se me hizo corta.
Las caminatas por los pinares, con aquel olor a resina penetrante, el suelo lleno de piñas, matojos y agujas secas que sonaban crunch-crunch a cada paso, y el sol colándose entre las ramas, daban la vida. Un día vi pasar corriendo a un gamo. Otro día pasó una ráfaga de felicidad sin porqué, desconcertante, como equivocada de sitio. Otro día más, en lo alto del camino que lleva a la base de la Cruz, me pareció entender por fin ese "a la sombra de tus alas" tan repetido en los Salmos.
"A la sombra de tus alas mientras pasa la calamidad", dice por ejemplo el S. 57, y piensas en Dios como un águila que cuida de sus polluelos, o en las alas de los querubines de oro que flanqueaban el Arca, como leí en algún sitio. Demasiado alegórico, demasiado distante todo. Allá arriba, a la sombra de la Cruz bajo el sol de mediodía, es fácil descubrir qué alas son las que nos acogen.
Uno de los últimos días, cruzando la pinada, al llegar a un claro desde el que se ve toda la sierra de Guadarrama, el móvil se despertó y empezaron a entrar mensajes atrasados: que cómo estaba -pues estupendamente; que cuándo volvía -por mí dentro de un par de años.
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Poco a poco fui conociendo al resto de los hospedados: Un señor de Bilbao que nunca sabías si hablaba en serio o te estaba contando un chiste, primo de uno de los monjes, me acompañaba por la tarde a Vísperas. Nos poníamos en el sitio reservado para los huéspedes, al lado del organista, y cogíamos el libro de cantos marcado con papelitos. Cuando nos perdíamos entre los papelitos, el organista, sin mover la cabeza, como si nos viera de oído, susurraba: “Himno, página 32”, o “Magnificat, página 3”. A la salida, el primo monje se quedaba un rato hablando con nosotros, y cada tarde aparecía con unos libros o unas hojas que acababa de imprimir o una dirección de Internet que pensaba que nos podía interesar, y siempre acertaba. Se nota que son una Orden de acogida, con una Regla que reza: "al que no tiene qué darle, déle una respuesta amable, porque está escrito: “Más vale una palabra amable que la mejor dádiva”. Todos hablan amablemente y lo justo -que es un arte bien difícil-, miran con afecto y escuchan con atención. Como bien dicen, la vida en un monasterio no impide la proximidad, la proximidad es una cuestión de amor.
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Conocí también allí a una tocaya muy agnóstica y meditativa, que llamaba al valle "la montaña mágica", de la que acabé amiguísima. Hablábamos mucho y practicábamos la traducción simultánea: donde ella decía "estar orientado", yo decía "fe"; donde yo decía "gracia", ella decía "canalizar"; donde ella decía "auto-conciencia", "auto-sanación", "autoayuda"..., yo quitaba el "auto"...; cuando hablábamos de la belleza del lugar y el encanto de la hospedería estábamos completamente de acuerdo. Una mañana bajó a la Misa en la Basílica y salió conmovida. Cuando nos despedimos, yo sólo supe decirle "que te vaya muy bien, que encuentres lo que buscas", y ella fue quien respondió: "que Dios te bendiga". Es posible que a veces los "de lejos" estén más cerca de Dios que los "de casa".
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Por la noche se organizaba una tertulia en el porche; algunos eran asiduos y contaban cosas sobre la vida allá arriba en invierno: sobre los niños de la Escolanía, que estudian su curso y aprenden a cantar como podéis oír más abajo, sobre lo tristes que se marchan cuando cumplen los catorce y les cambia la voz, o cómo muchos de ellos son hijos de antiguos escolanos que recuerdan esa etapa como lo mejor de su vida. Contaban que los oficios de Semana Santa con la Escolanía, y especialmente el de la noche de Pascua, son inolvidables; que hay quien sube a pasar allí la semana entera para vivirlos de cerca, pero que, con todo, da pena ver la Iglesia tan vacía, sobre todo desde que han cerrado el Valle y la gente da por sentado que la Basílica y la abadía lo están también. Después he sabido que sólo gracias a las muchas gestiones y a la perseverancia del abad no ha sido así. Los benedictinos siempre han sido una orden evangelizadora y civilizadora, una fuerza de resistencia frente a la barbarie, y está claro que lo siguen siendo. Precisamente el sábado pasado, en la fiesta que el Instituto Alemán dedicó a Baviera para celebrar la noche en blanco, me enteré de que München -monjes- se llama así por los de San Benito; no me extrañaría nada que les debiéramos hasta la cerveza.
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Cumplida la semana, me recogieron al anochecer. El valle, tan oscuro y sobrecogedor la primera noche, parecía tan acogedor la última que al marcharme casi lloro. Hace un mes de aquello y todavía, cuando salgo de casa por la mañana, pienso: ahora cantan Laudes, y cuando recojo la cena: ahora Completas. Conforta saber que mientras aquí abajo unos empiezan el curso, otros vuelven a sus fatigas, unos corren felices a su primera cita y otros se despiden para siempre, unos esperan y otros desesperan, ellos oran incansables por los caídos, que eso al cabo es lo que somos todos: Deus, in adiutorium me intende; Domine, ad adiuvandum me festina. Es decir: Dios mío ven en mi auxilio; Señor, date prisa en socorrerme.
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-Aquí os dejo unas imágenes de la Misa: http://www.youtube.com/watch?v=XvclcOMG8fg

- Aquí el Llibre Vermell, en las voces de los monjes y la Escolanía, con un preciosísimo Virelay "Polorum Regina" al final (minuto 6'49):

https://www.youtube.com/watch?v=sq_mtQsr5t4

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También aquí: Polorum Regina (virelay) : 
https://youtu.be/W9iJupdAV8I?si=dPIrE92-fxJcp7qr



03 septiembre 2010

En la hospedería del Valle de los Caídos (2)



-El portero de la Abadía me explicó muy amablemente (no sé por qué pero se me vino a la cabeza Sebastian Flyte) que todos los días a las 11 se podía asistir a la Misa conventual en la cripta de la Basílica, también se podía participar en los oficios de Laudes y Vísperas con la comunidad.
Los monjes se reúnen siete veces durante el día a cantar el oficio divino, más o menos cada tres horas, tal como ordena la Regla de San Benito (Dice el profeta "siete veces al día te alabé". Nosotros observaremos este sagrado número septenario si cumplimos los oficios de nuestro servicio en Laudes, Prima, Tercia, Sexta, Nona, Vísperas y Completas), y se levantan otra en la noche (Pues de las vigilias nocturnas dice el mismo profeta "A media noche me levantaba para darte gracias"), y asombrosamente, porque además trabajan, nunca parecen cansados ni se les escapa un bostezo. Cada semana salmodian los 150 salmos de un salterio completo y cada domingo vuelven a empezar.
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A las 11 estaba en la Basílica. Ver entrar a los monjes en doble fila, silenciosos y con la cabeza baja, con esa difícil mezcla de humildad y grandísima dignidad que supongo que dan los años de sujeción a la Regla, ya impresiona. El recogimiento y la solemnidad de la celebración aunque era una Misa de diario; el cuidado, casi diría mimo, de la liturgia; el canto gregoriano y el eco doblándolo en las naves como si las piedras se echaran a cantar; el incienso subrayando y adorando... Todo ayudaba a levantar el corazón y abrirlo al misterio. Corazones caídos que se levantan, corazones cerrados como puños que se abren... Por eso el rito, aunque es repetición, nunca es rutina. El rito es recuerdo del significado, lo contrario de la rutina, que es su olvido. Al terminar la Misa volvieron a salir en fila, con los ojos bajos, como uno solo con muchos pies. No es un modo de hablar muy subido pero lo que se me vino a la cabeza mientras pasaban fue "ahí queda eso".
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Al salir, a 1.500 metros de altura y con el móvil muerto, ya no me sentía aislada. Pensaba en esa homogeneidad, la de la comunidad, la del mismo canto, sin brillos, sin solos, sin tenores ni barítonos, sin concesiones a la sentimentalidad, en ese apagamiento del "yo" que sin embargo alimenta el alma. En esa uniformidad que, al revés que tantas otras, hace crecer y dignifica; como si borrara el "yo" sobrante y falso para hacer crecer el verdadero, y en el despojamiento que enriquece. Pensaba en la vida pautada, pautada hasta extremos que no resistiríamos dos días -sólo hay que leer la Regla- y en la obediencia, y en la calma y la paz que desprenden y en cómo edifican con su sola presencia. Pensaba en las órdenes de predicadores, que cultivan la palabra, y en las que cultivan el silencio, que también predican. En la importancia del lenguaje de los gestos, eso que ahora han descubierto los psicólogos y los expertos en recursos humanos y lleva siglos practicándose en la liturgia, y en que un monje silencioso y con los ojos bajos es puro lenguaje, un lenguaje que traspasa.
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Con todo esto y dando vueltas por la explanada, decidí que necesitaba urgentemente un plan. Un plan no es lo mismo que una Regla pero es fundamental cuando se llega desarreglado. De momento doma el tiempo, como que lo pone de tu parte y, por simple que sea, ya es algo que obedecer. Decidí que los cantos de Laudes los oiría desde mi cuarto al despertar, que no era cosa de andar llamando a las puertas de ninguna abadía a esas horas. Después iría a la Misa de la Basílica y, al salir, tiraría monte arriba. Por la tarde, antes de Vísperas, tiraría monte abajo. Las butacas bajo los chopos a la entrada de la hospedería parecían un sitio ideal para leer en los ratos libres y, escondida al fondo del patio acristalado, descubrí una máquina que por 50 céntimos te daba un café además de las gracias. Con la abadía enfrente, un plan y hasta café, la semana por delante empezaba a pintar de maravilla.

23 agosto 2010

En la hospedería del Valle de los Caídos (1)

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El domingo a media tarde me dejaron en la hospedería de los monjes benedictinos del Valle; iba con la idea de quedarme una semana.

En el comedor, a la hora de la cena, no llegábamos a veinte; gente mayor, algún matrimonio, un par de amigas, un par de caballeros solos, todos en mesas separadas. Me alegró ver en la mesa de al lado un niño con sus abuelos. Al terminar de cenar anochecía y salí a dar un paseo. En un momento, como se baja un telón, cayó la noche a plomo. Enfrente, en la abadía, los monjes empezaron a cantar Completas con las ventanas del coro abiertas de par en par. Terminaron, cerraron las ventanas, se apagaron las luces y se hizo el silencio. El valle quedó oscuro y sobrecogedor, como boca de lobo hambriento.

Sales de la ciudad y descubres lo que significan exactamente "noche" o “silencio”. Lo que significaban es que a las 12 de la noche ya quería irme, pensaba que me había equivocado. Cogí el móvil para pedir que me recogieran cuanto antes y nada, muerto, no había cobertura, la cosa no tenía remedio. Subí a la habitación, me senté a la mesa de pino que estaba junto a la ventana, encendí el flexo, abrí un libro, lo cerré... Con tanto silencio no había quien leyera.

Al despertar olía a romero, hacía un día esplendido y desde la abadía llegaban de nuevo los cantos de monjes; cantaban Laudes con las ventanas abiertas al valle. Recordé el himno que dice “Qué mañana de luz recién amanecida… despertad, es hora de nacer…” Acabaron, volvieron a entornar las ventanas y bajé a desayunar. Al dar los buenos días, Héctor, el niño de la mesa vecina, me preguntó cómo me llamaba y si tenía amigos, después me cambió mi minicaja de Chococrispis por su mermelada y se llevó el pan de sobra para echárselo a los peces. Los intercambios siempre son buenos, sentí no tener diez años para irme a jugar con él.