09 agosto 2026

En la hospedería del Valle de los Caídos. Dieciséis años después.

He vuelto a pasar unos días al Valle de los Caídos. Busqué en el Blog las entradas que colgué la primera vez que vine y me sorprendí al ver que eran del 2010, no me parecía que hubiera pasado tanto tiempo desde entonces. 

Después de los últimas movidas temía que la hospedería hubiera dejado de estar abierta al público,  pero nada más llamar, buena señal, me cogieron el teléfono y pude reservar para la semana siguiente. La verdad es que iba con un poco de miedo, no sabía con lo que me podía encontrar ni si estaría  todo medio desmantelado, pero no, al llegar y volver a verlo me emocioné, tanto la hospedería como, enfrente, la abadía de los benedictinos y la escolanía, siguen en pie, hermosísimas, en medio de los montes bajo la cruz, y cada vez más vivas.


Algunos desconchones en los arcos y muchas lagartijas que hasta diría que le dan encanto, algunos menos monjes de los que recordaba y alguno con la voz más cansada  (son dieciséis años de canto diario más), pero gracias a ellos lo importante sigue igual: El recogimiento y la solemnidad de la impresionante misa cantada en la Basílica todos los días a las 11, el canto de las horas a sus horas, que abrían la clausura para que pudiéramos entrar... Lo importante como decía sigue igual: Siguen los monjes, sigue el culto, siguen los bellísimos pinares y hasta sigue el latín, que esta semana celebraban un curso en la hospedería, Sub Cruce scholae Latina Icon participantes de toda España a los que se oía declinar y analizar textos desde el pasillo, y para fin de mes tienen otro previsto sobre canto gregoriano. Así pues, con humedades y lagartijas pero más vivos que nunca. Mientras no acaben con ellos, que no creo que se dejen, un verdadero remanso de paz y de esperanza.

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