22 marzo 2012

Mas los pañuelos que lavo

Un amigo que entiende de estas cosas me ha reconvertido en CD varios discos viejos, de aquellos de vinilo, que me hacía ilusión volver a escuchar.

Cuando el último tocadiscos se estropeó, allá por el 90, después de la transformación del plato en parking de cochecitos giratorio y de la aguja en grua , me pasé al reproductor de CD, que era menos tentador y más seguro, y guardé todos los LP en una caja en el maletero. De vez en cuando me acordaba de alguno y lo echaba de menos. Tenía varios discos que ya no he vuelto a encontrar, de Lipatti y de Cortot por ejemplo, con sus caras misteriosas y enfermizas en la portada, como si tocar el piano fuera una actividad de alto riesgo, de Barbara y de Brel, que no se quedaban atrás, de los Fronterizos, de Larralde, de Pete Seeger, de Joaquín Díaz...

Bastantes de Joaquín Díaz, coleccionados con el dinerillo de los cumples y con mucho amor platónico... y es que Joaquín Díaz fue mi segundo gran amor platónico, después del abuelo de Heidi, un tipo recio la mar de interesante que fue el primero (no el monigote de la serie japonesa, sino el de la novela de Spyri, todo un señor). Joaquín Díaz, a falta de cabaña en los Alpes, contaba con dos grandes ventajas: la de cantar y la de tener existencia real, lo cual supone un grado; aunque tratándose de platonismos y amores imaginarios -imaginario su objeto, que no el amor- ese grado importe poco. Cada domingo a primera hora de la tarde, tan a primera que por sistema me perdía el postre, tenía una cita con él y con "la hora folk" delante de la radio. Aquella era mi hora, la mejor de la semana. Un día, no sé si tenía quince o ya los dieciséis, me colé en un antro universitario cerca de la Plaza de España, una de esas salas que se llenaban hasta la bandera con el rumor de "redada", para verle y oírle en carne mortal. Era afable, sencillo, serio y elegante, como tenía que ser. Cantó el Romance de la molinera y el de la loba parda, y "Esta noche ha llovido" y "Duérmete fiu del alma". Para rematar nos invitó a corearle “Down by the Riverside”, y aquello, a pesar de los ánimos alicaídos por la falta de los grises a la cita, fue una apoteosis. Los amores platónicos nunca mueren, quizá por eso era al que más ganas tenía de volver a escuchar.

Con todo esto, no era de Joaquín Díaz de lo que venía a hablaros, sino de "El día de los torneos", uno de los romances que él canta, un romance fronterizo con la secuencia típica de encuentro entre caballero y cautiva-rescate a caballo-lágrimas de la rescatada al acercarse a su tierra-reconocimiento de la hermana, o la hija, perdida. Un tema que se repite en otros romances, como en el de don Bueso, con esa cautiva de malas pulgas que, al ser confundida con una mora, le espeta al caballero su "reviente el caballo y quien lo traía, que yo no soy mora ni hija de judía, que yo soy cristiana bautizada en pila". Todos tienen su aquel, pero mi preferido, el más conmovedor para mi gusto, siempre ha sido El día de los torneos, que además es el que canta Joaquín Díaz.

La cuestión es que, ahora que he vuelto a oírlo, me parece que lo mejor del romance, lo más conmovedor, no está en la peripecia del rescate, ni en las lágrimas de la esclava a la vista de los montes en que su padre cazaba, ni en el asombrado "Dios mío, qué es lo que dices, Virgen Sagrada María, creía llevar mujer y llevo una hermana mía" del caballero, ni siquiera en el emotivo final "Abra usted, madre, las puertas, ventanas y celosías, que aquí le traigo la rosa que esperaba noche y día", todo ello tan de cuento de final feliz. Lo que ahora más me conmueve, y antes pasaba por alto, es el brevísimo diálogo al pie de la fuente fría, una vez aclarado que de mora linda nada. Lo que ahora me emociona verdaderamente es el reparo de la esclava, esos pañuelos en los que piensa, cuando el caballero le ofrece la libertad:
-¿Te quieres venir conmigo?
-De buena gana me iría/mas los pañuelos que lavo/en dónde los dejaría.
(la respuesta del caballero: Los de seda y los de holanda/aquí en mi caballo irían/ y los que nada valieren/la corriente llevaría, tran pragmática que más parece la de un mercader calibrando el género, daría para otro capítulo).

Son los exactos perfiles de caballero y cautiva en cuatro octosílabos: un cruce de palabras a cuenta de unos paños, y la duda, esa pequeña objeción tan tierna y responsable, tan saint-exuperyniana sin saberlo: esos trapos que la anudan, los que ahora, mucho más que la aventura, me maravillan.

12 marzo 2012

Acechar a la furtiva



La primavera viene de puntillas, como el papá Noel de los niños.
Me propongo, de nuevo cada vez, acechar, vigilar mejor su entrada; pero permanece en ella algo misterioso, furtivo. Uno deja un instante de pensar en eso; los ojos se le cierran o se desvían hacia un libro… Uno levanta la cabeza y ya está ahí.


André Gide, Journal (1926-1950), t. II


['Vigilar' a la primavera, 'acecharla' dice Gide con esa palabra tan reveladora. No hace falta que preguntes a nadie por su edad, no hace falta ni siquiera verlo delante. Sólo escúchalo hablar de la primavera: si la padece, si la presiente, si la disfruta o no la nombra, si la acecha, si la ignora...]

07 marzo 2012

Como nosotros perdonamos (y 3) - Casiano y el enemigo dormido

Y para terminar, estas palabras de José Mª Cabodevilla, bien fuertes, y una fabulita de hace un par de siglos, de M.G.Lichtwer, que me ha encantado. Todo ello en Discurso del Padrenuestro. Ruegos y preguntas, que agradezco nuevamente a Suso :

..... A fin de que el posible falsificador de moneda no arguya en el juicio ignorancia, los billetes italianos llevan esta leyenda: La legge punisce i fabbricatori e gli spacciatori di biglietti falsi. Junto con los otros detalles del dibujo, la loba complaciente o el perfil del Capitolio, el falsificador tiene que copiar, letra por letra, esa frase acusatoria. De la misma manera, para que nunca arguyamos desconocimiento, cada vez que rezamos el Padrenuestro nos vemos obligados a repetir: Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.
..... Casiano supo que algunos cristianos habían decidido omitir tales palabras, a fin de ponerse a cubierto de la justicia del Señor. Casiano lo califica de "sutileza vana". Convengamos en que se trata de una sutileza más bien grosera. Imagine el monje Casiano que los falsificadores dejaran en blanco toda la greca reservada a la frase comprometedora, imagine qué sutil argucia.
..... De esta claúsula del Padrenuestro se deduce algo que tiene un sabor irrefutable, obvio, de conclusión matemática. Todos los pecados pueden ser perdonados menos uno, nuestra negativa a perdonar.
..... Diez mil talentos le perdonó su señor al deudor moroso. Diez mil talentos en términos de moral, equivaldrían a una suma superior a diez mil parricidios, la suma de todos los pecados habidos y por haber. De todos menos uno, por lo visto, ya que luego se negó a perdonarle cierto pecado que según una estimación humana tal vez sólo supondría algunos decimales: no le perdonó el que a su vez él no perdonase a un compañero suyo la pequeña cantidad de cien denarios.
..... Literalmente: "Si perdonáis, se os perdonará; si no perdonáis, no se os perdonará". Lo pone Mateo en boca de Jesús inmediatamente después del padrenuestro, como si fuera, de las siete peticiones, la única que necesitase una aclaración, o un subrayado, o una mayor insistencia.


*****
..... Un rey tenía tres hijos y muchas posesiones. Pero entre todas sus riquezas sobresalía un brillante de valor inmenso, admirado en toda la redondez del mundo. A la hora de repartir su hacienda, ¿a cuál de los tres hermanos reservaría el brillante? Decidió someterlos a una prueba; el brillante iría a parar a manos del que realizase, un día determinado, la acción más heroica. Al llegar la noche de aquel día, se presentaron los tres hermanos y cada uno relató su hazaña. El mayor había logrado dar muerte a un dragón que desde hacía mucho tiempo asolaba los campos y sembraba el pánico entre las gentes del reino. el segundo contó cómo había reducido, él solo, valiéndose de una pequeña daga, a diez hombres magníficamente armados. El pequeño habló en tercer lugar y dijo: "Salí esta mañana y encontré a mi mayor enemigo durmiendo al borde de un acantilado; lo dejé seguir durmiendo". El rey se levantó del trono, abrazó a su hijo menor y le entregó el brillante.
..... Lichtwer quiso con este hermoso relato explicar qué heroico, qué costoso, qué difícil es el perdón entre los humanos.

06 marzo 2012

Como nosotros perdonamos (2) - arrepentimiento y paso atrás

Como prometí en la anterior entrada, aquí vengo tras larga y provechosa conversación con Suso Ares, que de verdad le agradezco, a retractarme de lo dicho.

Debí sospechar que me equivocaba cuando, una vez "descubierto" ese entusiasmante "nosotros" que resolvía todos los chirridos, miré a ver lo que decía San Agustín y no encontré ningún comentario en ese sentido, sólo el de que, al decir "así como nosotros perdonamos", nos movemos a recapacitar sobre lo que pedimos y lo que en realidad practicamos. Tampoco en Simone Weil, quien, como os decía, insiste en la necesidad no sólo de perdonar las ofensas, sino de renunciar en todos los terrenos a la posición de acreedor, antes de pronunciar nuestra petición de perdón. Con todo, en vez de echarme atrás –la ignorancia es atrevida- pensé: bueno, no lo dicen expresamente, pero de algún modo eso se sabe. Del mismo modo que se sabe que donde dos o tres se reúnen en el nombre de Cristo, Él está en medio, y sin embargo cuando se reúnen tres, no dicen que están cuatro: hay muchas cosas que se saben y no se dicen. Y me quedé tan feliz y me lancé a contarlo. Lo siento.

Suso empezó leyéndome un pasaje de H.Schürmann, sobre la comprensión del Padrenuestro a la luz del Evangelio y viceversa. Decía que en el Padrenuestro se van sucediendo peticiones hasta que, tras la petición del perdón de los pecados, se introduce, como un elemento que rompe el ritmo y crea una tensión, una condición: “así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Interpolación que Schürmann relaciona con la interrupción del rito, mientras no se produzca la reconciliación con el hermano, de la que habla Mateo 5:23: “Así pues, si en el momento de llevar tu ofrenda al altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti…”.

A continuación, y a vueltas con el tema del perdón condicionado frente a la Misericordia divina, "la Escuela de Salamanca" planteó: ¿Entonces para ti el Padre nuestro debería consistir en una serie de peticiones –siete contó- sin ninguna exigencia? Y esa fue la primera vía de agua con la que el barco se me empezó a hundir. Me vi como el eterno convidado a casa ajena al que nunca se le ocurre llevar un vino, ni un postre, ni unas simples flores para la cocinera. Me vi como un gorrón (no lo digo en femenino porque suena peor aún). Después habló de la otra gran tensión, o paradoja, entre la Justicia y la Misericordia divinas. Y de Dios como Padre exigente (no un “Papaíto blandito”) y de la exigencia del cristianismo. Exigencia radical, como señala esa interrupción en el Padrenuestro, en lo que toca al perdón y la reconciliación entre hermanos. En definitiva: que el Padrenuestro es la oración de los discípulos, y éstos, por serlo, han de manifestar cuando menos su disposición al perdón.

En cuanto a la inclusión de Cristo en ese “nosotros”, comentó Suso que habría que distinguir varios niveles, porque lo verdadero en un plano, no lo es en otro. Por lo que se refiere al Padrenuestro, “nosotros” señala exclusivamente a los discípulos. Por lo que ya apuntaba Ángel Ruiz: “Vosotros orad así” (Mt,6:9) o “Cuando oréis, decid” (Lc,11:2), y porque en él se pide perdón por "nuestras ofensas”, y Cristo, que es el todo Santo, bajo ningún concepto puede ofender al Padre. Una cosa es cargar con nuestros pecados y hacerse pecado para justificarnos y otra muy distinta reconocerse, ni siquiera solidariamente, ofensor. Cristo es el Mediador entre Dios y los hombres porque es el Santo, el sin pecado, el Inocente, a una infinita distancia de nosotros. Por otra parte, Cristo oraba a solas y la relación que mantiene con su Padre es misteriosa y exclusivamente suya, la oración que enseña a los discípulos es la de los discípulos.

Al terminar la conversación, larga y pacientísima por su parte y que de modo sucinto os cuento, preguntó: –¿Cómo lo ves ahora? –No lo veo como lo veía. –¿Y cómo te sientes? (así es Suso, de Silleda) –Bien (bien hecha migas). Hoy me ha enviado un par de páginas muy clarificadoras del Discurso del Padrenuestro. Ruegos y preguntas, de José Mª Cabodevilla, que os colgaré en la próxima, y este texto del libro de H. Schürmann, que resume perfectamente la cuestión:

Generalmente, Jesús no se agrupa con sus discípulos en un “nosotros” que constituyera comunidad de oración. La tradición nos habla siempre de las enseñanzas que Jesús daba a sus discípulos sobre la oración, y de la oración solitaria que practicaba el Salvador. En efecto, Jesús tenía que distinguir entre “su Padre” y el Padre de los discípulos, y entre “su Dios” y el de ellos: de suerte que no hubiera podido pronunciar, en unión con sus discípulos y en el mismo sentido que ellos, la invocación de “Padre” con que comienza el Padrenuestro. La petición de la remisión de las culpas y la de la preservación de la tentación, son peticiones inconcebibles en labios de Jesús. Pero tampoco hay que imaginarse al grupo de los discípulos de Jesús como una comunidad de oración, de la que estuviera excluido su Maestro.
¿Qué he aprendido? Que no se pueden eliminar “tensiones” dándose a la inventiva. Que la pieza que aparentemente encajamos, desencaja todo el resto. Que hay que ser prudente, y humilde, y no entusiasmarse con las ocurrencias, que ni siquiera son necesarias. Este mismo domingo, la Epístola de San Pablo (Romanos 8, 31b-34) decía: Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? ... ¿Quién condenará? ¿Será acaso Cristo, que murió, más aún, resucitó y está a la derecha de Dios, y que intercede por nosotros? -Volví a sentirme feliz, sin necesidad de malabarismos.

28 febrero 2012

Como nosotros perdonamos (1)

Añadido del 29.2 a las 22.30:
Acabo de hablar con Suso Ares. Lo de más abajo no era un mediterráneo, era sólo un espejismo. Imaginación calenturienta, cabeza cuadrada y prisa en resolver los puzzles hacen mala mezcla. Mañana me retracto en regla. Doctores tiene la Iglesia -que si de algo no han hablado no es porque sea obvio, sino porque no es-, y teólogos en Salamanca, y buenas personas con prudencia y paciencia dispuestas a echar la tarde explicando y haciendo entrar en razón. Mil perdones .

[Hay una petición en el Padrenuestro que siempre me ha parecido inquietante y no terminaba de entender, que es la de: "perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden". Cada vez que la pronunciaba, no podía evitar una voz al fondo que añadía: " ...aun así, si es posible, no te cortes por favor y perdónanos mejor".

Y es que no tendría sentido pedirle a Dios que nos perdone las ofensas, o las deudas (como antes se decía quizá mejor dicho ), del mismo modo, exactamente del mismo modo, que nosotros perdonamos a nuestros deudores. En primer lugar porque el perdón suyo y el nuestro son completamente diferentes: el suyo borra, el nuestro, simplemente, no tiene en cuenta. Y en segundo lugar porque sería poner límites a la misericordia de Dios, como si se lo quisiera someter a medida humana.

Sería suicida pedirle a Dios que nos perdone en la medida, y solamente en la medida, en que nosotros somos capaces de perdonar, cuando lo que pedimos desde el fondo del alma es que nos perdone como únicamente Él sabe y puede: del todo, sin merma en el amor y sin tachón en el juicio. Es decir, no como nosotros (habría tanto que hablar sobre nuestra capacidad real de perdonar, y es tan comprensible a veces la incapacidad... Pienso, por ejemplo, en la madre de esa niña asesinada en atentado terrorista que increpaba hace poco al asesino ante el Tribunal, o en tantos otros casos terribles). Es decir, nunca como nosotros, que en el mejor de los casos, aquel en el que el daño no se anota en el "debe", no podemos evitar su pequeña huella en el "haber" (ese triste "te conozco, bacalao, aunque te haya perdonao"). El verdadero perdón, de sobra lo sabemos, es el que dice lo que sólo Dios dice: "esa ofensa no eras tú".

En definitiva, sentía que pedirle a Dios que nos perdone menos de lo que Él es capaz, además de absurdo, es imposible. Imposible, sobre todo, porque se trata de la oración que Cristo nos enseñó, y si nos enseñó a orar así, no pudo ser para limitar la Misericordia del Padre, sino para todo lo contrario.

Por todo eso, durante muchísimos años he pensado (con mucha incomodidad y sin querer pensarlo, pues al fin y al cabo se trata del Padre Nuestro y llevamos más de veinte siglos rezándolo así) que tenía que haber un error de traducción en ese “así como”, y que la única petición posible y natural sería la de que perdonase nuestras deudas y nos hiciese capaces de perdonar del mismo modo a nuestros deudores. Y en eso estaba, en buscarle los tres pies al "así como", a ver si en griego decía otra cosa, que no, o quizá en arameo, que, por lo que me han dicho, tampoco. Hasta que hace unos días descubrí, justo a continuación, el "nosotros". Vaya cosa ¿no? Ahí estaba, desde siempre, bien a la vista: "así como nosotros". Otro de esos mediterráneos que inmediatamente sospecho que todo el mundo conoce, menos yo que a todos los mares les llego siempre tarde. Y bueno, sí, seguramente es otra de esas muchas obviedades con las que me alegro como el que encuentra un tesoro, obviedades que no se cuentan, como no se va contando que la noche sucede al día o viceversa (que más bien creo que es viceversa, pero ese es otro tema).

“Como nosotros”, dijo, y allá arriba en el monte, Él encabezaba el “nosotros”: Mírame a mí que estoy al frente, decía, no les mires tanto a ellos, que no saben lo que hacen ni lo que no hacen. Cada vez que pedimos al Padre que nos perdone “como nosotros perdonamos”, Cristo se nos pone delante. Él es el que da la cara, como en aquel monte. Y no nos permitiría rezarlo solos, ni una sola vez, ni siquiera a la carrera o sin pensarlo mucho, porque sería una temeridad. Cada vez que rezamos el Padrenuestro, estoy profundamente convencida, Cristo lo reza con nosotros.

¿Cómo iba a haber un error de traducción en la oración que Cristo nos enseñó, la que repetirían desde aquel primer momento y se transmitiría con el mayor de los cuidados? ¿Y cómo vamos a proponernos de medida y pedirle al Dios de la Misericordia que sea tan mezquino como lo somos nosotros y nos perdone sólo a medias? ¿Y cómo puede pasarse uno años dándole vueltas, sin verlo, a lo que tiene delante, más claro y mucho más grande y más emocionante que el mar mediterráneo?

Simone Weil, que decía que no se puede rezar el Padrenuestro con atención plena "sin que un cambio quizá infinitesimal, pero real, se opere en el alma", al comentar la petición de perdón al Padre "como también nosotros perdonamos", solamente insiste en la necesidad de haber perdonado previamente las ofensas recibidas, y aún es más: de haber renunciado a todo lo bueno que creemos que el prójimo y la vida nos deben, antes de pronunciarla (Attente de Dieu, p.155-157, Exposé à propos du"Pater"). Y sin embargo, de otra forma lo sabía , lo supo desde que empezó a rezarlo: que Cristo reza al Padre a nuestro lado: Parfois aussi, pendant cette récitation ou à d'autres moments, le Christ est présent en personne... (Att.de Dieu, p.40, Lettre IV-Autobiographie spirituelle).

"Nosotros" somos Él y nosotros. Cuando lo rezamos a solas, no lo rezamos a solas, ni utilizamos un genérico "nosotros". Cuando lo rezamos en grupo, tampoco lo rezamos solos: Como en aquel monte, Él se pone delante, mira al Padre y empieza: Padre nuestro ... Y entonces sí, bien arrimados, al abrigo de ese compasivo, generoso, tremendamente desigual y dulcísimo "nosotros", podemos pedirle, nos atrevemos a pedirle, que nos perdone "como nosotros perdonamos", exactamente así.]

21 febrero 2012

Personas de bien



"Siempre tenemos la impresión de que nos aman porque somos personas de bien. Y no nos damos cuenta de que somos amados porque quienes nos aman son personas de bien."

Lev Tolstói, Diarios (1895-1910), Edit. Acantilado, Selección y traducción de Selma Ancira.

10 febrero 2012

Del inevitable desencuentro (O día triste/día alegre). Test.

TEST: ¿Es usted "de izquierdas", "de derechas", o "de centro con simpatías" ? (También cabe la opción: " hasta el gorro de los unos y los otros").

1. Lea, por favor, el siguiente poema:

Firma Pilatos la que juzga ajena
Sentencia, y es la suya. ¡Oh caso fuerte!
¿Quién creerá que firmando ajena muerte
El mismo juez en ella se condena?

La ambición de sí tanto le enajena
Que con el vil temor ciego no advierte
Que carga sobre sí la infausta suerte,
Quien al Justo sentencia a injusta pena.

Jueces del mundo, detened la mano,
Aún no firméis, mirad si son violencias
Las que os pueden mover de odio inhumano;

Examinad primero las conciencias,
Mirad no haga el Juez recto y soberano
Que en la ajena firméis vuestras sentencias.
(Sor Juana Inés de La Cruz)

2. Una vez leído, responda a la pregunta: Al hilo de los últimos acontecimientos judiciales ¿En quién o quiénes pensaría usted al leer "Pilatos"? ¿En quién o quiénes leyendo "ambición de sí", "injusta pena"? ¿quiénes los jueces del mundo que deben examinar la conciencia y no hacer violencia movidos de odio inhumano? La pregunta por el Justo no procede porque Justo con mayúscula sólo hay uno.

3. Para confirmar el diagnóstico, puede completar el test leyendo este otro texto:

...
Quizá yo, tras el Cáucaso erguido,
esconderme podré de los tiranos,
de su ojo que todo lo registra,
de su oído que nada escucha en vano.
(Mihail Lermontov)

4. ¿Le parece oportuna la descripción del "tirano", una exageración caucasiana, o piensa que depende de a quién pertenezcan el ojo y el oído...? ¿Le parece a usted extrapolable al caso, no hace falta decir cuál, que una vez más nos divide, o no se lo parece en absoluto?

5. El resultado, usted mismo.

--

09 febrero 2012

El arte y el ego . María Zambrano

Ando leyendo un libro de María Zambrano, de los que me trajeron los Reyes, con el sugerente título de Confesiones y Guías. El libro, como su título indica, trata de la Confesión (San Agustín, Rousseau, etc.) y de la Guía (Maimónides y la de perplejos, el padre Granada y la de pecadores, Unamuno y la de angustiados -que eso le parece a Zambrano su Vida de Don Quijote y Sancho-, etc.) como formas del pensamiento intermedias, entre la filosofía y la narración de la propia vida, que constituyen un género literario específico. Un género al que también pertenecerían las meditaciones, los soliloquios o incluso las colecciones de aforismos, y que se diferencia de la novela, de la poesía, del ensayo o de la autobiografía aun manteniendo puntos de contacto con todos ellos.
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Confesiones y Guías que, contrariamente a lo que hoy podríamos esperar, es decir: un relato de intimidades o una lista de sitios interesantes, suelen partir de un “ahí donde te ves, me vi” ("ahí" que por lo general es una selva oscura ché la diritta via era smarrita), para después dar razón de un itinerario personal, de un saber por experiencia, subjetivo, no sistemático, y, sin embargo -frente a la idea aristotélica de que solamente lo científico y universalizable puede ser transmitido o enseñado-, perfectamente transmisible. Se trata pues de una forma de pensamiento tremendamente atractiva -y según Zambrano minusvalorada- en la que no se escamotea ni se hace abstracción del sujeto pensante y en la que la verdad no reside en el cielo de las Ideas, indiferente a la vida de los mortales. Se trata de la trayectoria de un “yo” que se dirige a un “tú”, llamando por tanto a la implicación y al reconocimiento del lector en lo que allí se cuenta, y a una reflexión sobre la propia vida sin la que el objetivo de la obra fracasaría.
-
Ningún otro género exige tanto ni da, seguramente, tanto. Y pienso ahora por ejemplo en Gerard Depardieu y en su encuentro tardío, como el de San Agustín -que realmente no fue tan tardío-, con Las Confesiones. O en el "esto es verdad" de Edith Stein, la discípula de Husserl, tras leerse de un tirón el Libro de la vida de Sta. Teresa. Reconocimiento es la palabra clave, y una verdad capaz de penetrar la vida (o mejor dicho: una verdad acogible por la vida, porque, por mucho que Zambrano insista en el divorcio entre la filosofía especulativa y la vida real del individuo, la capacidad de las "Ideas" para penetrar en ésta, aunque sea a tortas, así se trate de la Crítica de la Razón Pura o de la Fenomenología de Hegel, parece algo innegable).

--Otro día pondré algún extracto de las reflexiones de Zambrano sobre Confesiones y Guías, hoy sólo esta sobre el egocentrismo en el arte, que me ha recordado una idea parecida en Papini. Aquí os dejo con los dos (primero Papini que es mayor, y de remate Zambrano que da una pista muy buena sobre un asunto tan complejo como es ese del ego del artista): .



«Enrico Sacchetti cuenta que vio un día en el estudio del escultor Libero Andreotti una gran cabeza de Cristo y junto a ella un boceto más pequeño que también representaba al Redentor. Sacchetti le dijo que el boceto le parecía mucho mejor. El escultor empezó a reírse en forma extraña y dijo “¿Te gusta más ésa? ¿Pero sabes quién la hizo? El Diablo”. Y parecía de veras que hubiese visto al Diablo; allí, en el estudio, modelando la cabeza de Cristo. Y agregó: ¡Por suerte; me di cuenta! «Sacchetti me decía que creía haber comprendido la razón que le inspiró al amigo tan extraña certeza. El boceto de Cristo era realmente hermoso; pero se parecía muchísimo a la cabeza del escultor. Andreotti albergaba, pues, la legítima sospecha de que las obras donde predomina demasiado el ego del autor, tienen origen satánico y deben, por ello, ser desechadas.

También en el arte, el egocentrismo es un pecado y se debe, casi seguramente, a la inspiración y a la colaboración del demonio. En la afirmación de Gide hay algo de verdad. Todo artista es a su manera un revelador de la obra divina; pero al mismo tiempo es, lo quiera o no, un imitador del Antidios. Sin un poco de orgullo, sin una punta de soberbia, no sería posible la creación de la obra de arte. (...) Y en cuanto las artes figurativas están dedicadas a la imitación de la realidad; podría insinuarse que también el artista merece ser llamado, aunque en un sentido más noble y puro, simia Dei, como se llamó al Diablo en la Edad Media. La insinuación diabólica ha adquirido hoy, sobre todo en pintura, una forma totalmente opuesta a la que hemos señalado. En efecto, muchos artistas de estos días se rebelan tenazmente contra la vieja costumbre de representar lo natural, pretenden independizarse de toda forma sensible exterior y sueñan con crear un mundo que no conserve rastro o reflejo alguno del mundo creado por Dios. Aquí ya no nos encontraríamos con la simia Dei sino precisamente con lo contrario, es decir, con la simia Diaboli, porque lo que se quiere es imitar al Diablo justamente en su carácter esencial, que es el de la rebelión. La afirmación de Gide podría parecer confirmada por el hecho de que en muchísimas obras modernas, especialmente en las narrativas, la parte principal queda absorbida por la representación y el análisis del pecado y del delito, es decir, del mal»  (Giovanni Papini, El diablo)



"La confesión es el lenguaje de alguien que no ha borrado su condición de sujeto; es el lenguaje del sujeto en cuanto tal. No son sus sentimientos, ni sus anhelos siquiera, ni aun sus esperanzas; son sencillamente sus conatos de ser. Es un acto en el que el sujeto se revela a sí mismo, por horror de su ser a medias y en confusión. El que se novela, el que hace una novela autobiográfica, revela una cierta complacencia sobre sí mismo, al menos una aceptación de su ser, una aceptación de su fracaso, que el que ejecuta la confesión no hace de modo alguno. El que se autonovela objetiva su fracaso, su ser a medias, y se recrea en él, sin trascenderlo más que en el tiempo virtual del arte, lo cual lleva mucho peligro. Objetivarse artísticamente es una de las más graves acciones que hoy se pueden cometer en la vida, pues el arte es la salvación del narcisismo; y la objetivización artística, por el contrario, es puro narcisismo. (...) La poesía puede caer en él, la confesión está al borde; es un riesgo mortal. Si resbala en él entonces es una confesión truncada, mezquinamente fracasada, por ser simple exhibición de lo que no es. No es camino sino trágica y a la par grotesca galería de espejos; alucinatoria repetición." (María Zambrano, Confesiones y Guías, Edit. Eutelequia, Madrid, 2011)

22 enero 2012

Simone Weil. Autobiografía espiritual (2)

Continúa la carta dirigida al Padre Perrin:

" Durante toda aquella progresión espiritual no recé una sola vez. Temía el poder de sugestión de la plegaria, ese poder por el cual Pascal la recomienda. El método de Pascal me parece uno de los peores posibles para llegar a la fe.
El contacto con usted no pudo persuadirme de que rezara. Al contrario, el peligro me parecía tanto más temible por cuanto, además, debía desconfiar del poder de sugestión de mi amistad hacia usted. Al mismo tiempo me sentía muy incómoda por no rezar y no decírselo. Y sabía que no podía decírselo sin hacerle caer de inmediato en un error respecto a mí. En ese momento no habría podido hacerle comprender.
Hasta el pasado septiembre, nunca en la vida se me había ocurrido rezar, al menos en el sentido literal del término. Jamás, ni en voz alta ni mentalmente, le había dirigido palabras a Dios. Nunca había pronunciado una plegaria litúrgica. Alguna vez llegué a recitarme el Salve Regina, pero solo como un hermoso poema.
El último verano, practicando el griego con T... (*) , le fui analizando palabra por palabra el Pater en griego. Nos prometimos aprenderlo de memoria. Creo que él no lo hizo. Yo tampoco, de momento. Pero unas semanas más tarde, hojeando el Evangelio, me dije que, ya que me lo había prometido y era algo bueno, debía hacerlo. Lo hice. La dulzura infinita de ese texto griego me atrapó de tal manera que durante varios días no pude evitar recitármelo continuamente. Una semana más tarde comenzé la vendimia. Recitaba el Pater en griego cada día antes del trabajo, y lo repetía muy a menudo en la viña.
Desde ese momento me he impuesto por única práctica recitarlo una vez cada mañana con una atención absoluta. Si durante la recitación mi atención se desvía o se adormece, aunque sea de una manera infinitesimal, vuelvo a empezar hasta que logro por una vez una atención absolutamente pura. Alguna vez ha sucedido, entonces, que recomienzo de nuevo por puro placer, pero no lo hago si el deseo no me empuja.
La virtud de esta práctica es extraordinaria y cada vez quedo sorprendida, pues por más que cada día la experimento, en cada ocasión sobrepasa cuanto espero.
A veces las primeras palabras ya arrancan mi pensamiento de mi cuerpo y lo transportan a un lugar fuera del espacio, desde el que no hay ni perspectiva ni punto de vista. El espacio se abre. La infinidad del espacio ordinario de la percepción es reemplazada por una infinidad a la segunda o a veces a la tercera potencia. Al mismo tiempo, esa infinidad de infinidad se llena de parte a parte de silencio, un silencio que no es una ausencia de sonido, que es el objeto de una sensación positiva, más positiva que la de un sonido. Los ruidos, si los hay, no me llegan más que después de haber atravesado ese silencio.
A veces también, durante esa recitación o en otros momentos, Cristo está presente en persona, pero con una presencia infinitamente más real, más traspasante, más clara y más llena de amor que aquella primera vez en la que me tomó.
Nunca me habría atrevido a decirle todo esto, de no ser porque me voy. Y como parto más o menos con la idea de una muerte probable, me parece que no tengo el derecho de callar estas cosas. Pues, al final, en todo esto no se trata de mí. No se trata más que de Dios. Yo no cuento ahí verdaderamente nada. Si pudieran suponerse errores en Dios, pensaría que todo esto ha caído sobre mí por error. Pero es posible que Dios se complazca en utilizar los desperdicios, las piezas fallidas, los objetos desechados. Despues de todo, aunque el pan de la hostia estuviera mohoso, aun así se convierte en el Cuerpo de Cristo una vez que el sacerdote lo consagra. Sólo que él no puede oponerse, mientras que nosotros sí, nosotros podemos desobedecer. Me parece a veces que habiendo sido tratada de una manera tan misericordiosa, todo pecado por mi parte debe de ser un pecado mortal. Y los cometo sin cesar. "

(*) Se refiere a Gustave Thibon, quien la acogió como trabajadora en su granja, por recomendación del P.Perrin, cuando fue apartada de la enseñanza por las ordenanzas antisemitas del gobierno de Vichy.

Simone Weil, Attente de Dieu (1942)- Lettre IV-Autobiographie spirituelle, pg.39-40

16 enero 2012

Entrevista a Enrique Andrés Ruiz: "Las dos hermanas".


Enrique Andrés Ruiz, crítico de arte, poeta, novelista, pensador y ensayista, escritor de pura cepa y una de las mentes más claras del país, autor de Los montes antiguos, los collados eternos (Edit. Encuentro), en mi opinión y sin ninguna duda una obra maestra y la mejor novela publicada el pasado 2011 en lengua castellana, en la más limpia, rica, gozosa y verdadera lengua castellana -porque un castellano de madre, sólo comparable al de Jiménez Lozano: vivido, mamado, no rebuscado en la chamarilería, es el que gasta Enrique Andrés-, acaba de publicar una antología de poesía española e hispanoamericana de tema pictórico, bajo el título Las dos hermanas, en las ediciones del Fondo de Cultura Económica.
Nadie como Enrique Andrés, poeta y -pinte o no pinte, que no lo sé- pintor él mismo, con ojos y con alma de pintor (no hay más que abrir Los montes antiguos, los collados eternos por cualquiera de sus páginas y “ver”, ver mucho mejor de lo que solemos, lo que allí se narra), para llevar a cabo esta antología, en la que una de las dos hermanas, la en tiempos considerada mayor y hoy convertida en menor: la poesía, nos habla sobre la otra: la pintura.
Con motivo de este último libro, en La Gaceta de hoy aparece la entrevista que aquí os enlazo, realizada por Ignacio Peyró. Habla en ella Enrique Andrés sobre ese totum -y ese tótem-denominado "arte contemporáneo", sobre poesía y pintura, sobre la belleza ideal y la hermosura o resplandor de lo real, sobre algunos de los autores presentes en la antología: Sánchez Mazas, M.Machado, R.Gaya, Alberti ... Habla en ella finalmente, respondiendo a una pregunta relacionada con Los montes antiguos, los collados eternos -una "ronda de historias en el sentido antiguo" según su autor-, sobre el hambre de destino y la redención literaria de "las criaturas huidizas", que diría María Zambrano. No os la perdáis, no tiene desperdicio. A continuación, unas breves muestras:

"...no podemos hablar hoy por las buenas de la subsistencia de la vieja hermandad entre poesía y pintura, por la sencilla razón de que ya "no hay" (institucionalmente, me refiero) pintura o escultura o dibujo, sino el dominio absoluto de una totalización estética llamada "arte contemporáneo", construida precisamente sobre la abolición o la ruina de aquellas viejas prácticas artísticas concretas. Este arte expandido es, así pues, producto más bien de la estética y sus reflexiones, por tanto un postulado ideológico, más concretamente político, no una inocente evolución estilística como las de la historia del arte. A eso se debe que los propios términos "arte contemporáneo" o "cultura contemporánea" tengan enseguida ese característico aire connotativo, como una especie de contraseña, que sugiere enseguida el propósito de transformación radical que no ha sido posible en la realidad. "

"Belleza, o la idea de belleza, no es algo, como decían mis viejos profesores, "pacífico en la doctrina", y en realidad, la estética arranca de la cancelación de aquella noción metafísica y su diseminación o relativización en el gusto y el juicio modernos. Pero esto no puede invitar, como parece hacerlo tantas veces, a desgarrarse las vestiduras. San Agustín mismo tenía una idea muy concreta sobre la belleza en el sentido clásico (otra cosa es la hermosura o resplandor de lo real). Pero no hemos perdido la belleza o la verdad como se pierde un paraguas."


"Aquellas dos viejas hermanas tenían sus talleres independientes como oficios independientes que eran. El arte total de hoy no es un oficio. Y luego tenían una intención común, que era la imitación de lo real, de lo creado, y en ese objetivo venían a confluir complementariamente. Esto tampoco puede existir hoy, porque el lema del
nuevo arte totalizado es precisamente su pretensión creativa y creadora de lo real (la realidad como obra política), que no se reclina ante ninguna otra creación previa."


"En la literatura los héroes y los personajes siempre han hallado el destino (como decía Walter Benjamin), el éxito, es decir, la redención o significado que a cualquier vida real le niega el infortunio y la muerte. Yo he querido recoger [en Los montes antiguos, los collados eternos], ciñéndome a un trozo de una España ya desaparecida (mi vieja Soria natal, entre ciudad y campo), las historias sin redención literaria de muchas gentes, pero también los sueños de lo contrario, es decir, las esperanzas
siempre fracasadas que toda aquella gente antigua tuvo de redención, de salvación, de gloria, de destino novelesco, de que su vida tuviera ese sentido imposible. "

12 enero 2012

Le tourbillon de la vie

Aquí os dejo a Jeanne Moreau cantando "el torbellino de la vida".
Me gustaba mucho in illo tempore. La aprendimos en clase de francés, con aquella profesora disfrazada de francesa de Montmartre, con medias de rejilla, botines y cinturones de asfixia, que no se quitaba la boina ni para dar la clase, y se llamaba Mademoiselle Margot. Nos traía cassettes y, medio en trance, nos iba dictando las letras de las canciones, exagerando la pronunciación con una boquita muy requetefrancesa y muy requetepintada de piñón. La imitábamos descaradamente, nos partíamos de risa con sus gestos, sus andares, sus aires a lo existencialista y sus caras de embeleso, pero nos pasábamos el día canturreando las canciones. Con le tourbillon nos dio fuerte, además era facilísima de tocar a la guitarra con un par de acordes. La cantábamos en el patio, o en el bar del instituto si llovía; cuando se hartaban de escuchar la murga, nos íbamos al Parque del Oeste y vuelta a empezar. Hasta montamos el numerito en una actuación de fin de curso. De repente, anoche, sin saber por qué, se me ocurrió buscarla y... voilà!
Debe de tener algo adictivo porque llevo todo el día que no se me va de la cabeza.


Quizá es una simple cancioncilla pegadiza, pero me sigue gustando, y merece la pena ver y oír a Jeanne Moreau: suena un poco rasposa y destemplada cuando arranca, pero cómo se va creciendo, y qué manera tan encantadora de cantar y  bailar con la voz, los ojos y la sonrisa sin descomponer la figura.
Sin descomponer la figura, como la mismísima Mlle. Margot. Con aquellos atuendos y su peculiar mise en scène, todo un personaje y una magnífica profesora. Tan buena profesora ella, como ingratas, injustas y tontas perdidas nosotras. ¿Cómo pudo soportarnos? Sabía perfectamente que en cuanto se daba la vuelta empezaban los visajes, que era nuestra diversión. Pese a todo, con temple existencialista, nos miraba con simpatía, se hacía la loca.
No sé qué habrá sido de ella. Como a todas, se la tragó el torbellino.

05 enero 2012

Al cambiar de calendario

Y aquí rescato unas cuantas notas, encontradas al repasar el taco del calendario viejo:

Una del mes de febrero, que anoté pensando en... mejor no señalar: "Todavía más he visto bajo el sol: en la sede del derecho, allí está la iniquidad. Eclesiastés 3:16". Y sigue: "...para que vean que por sí mismos son como animales. Ecl 3:18" .

Allá por el mes de marzo, junto a la cita diaria del Myrga, esta vez de Francis Bacon (el empirista, no el otro): "Si comienza uno con certezas, terminará con dudas; mas si se conforma en comenzar con dudas, llegará a terminar con certezas", está anotado: "no creas: Donoso Cortés- la duda cartesiana".
Lo que dice Donoso Cortés, que no está allí, pero lo tengo apuntado por acullá, es lo siguiente: "La teoría cartesiana, según la cual la verdad sale de la duda como Minerva de la cabeza de Júpiter, es contraria a aquella ley divina que preside al mismo tiempo a la generación de los cuerpos y de las ideas, en virtud de lo cual los contrarios excluyen perpetuamente a sus contrarios, y los semejantes engendran siempre a sus semejantes. En virtud de esta Ley, la duda sale perpetuamente de la duda, y el escepticismo del escepticismo".

En abril, una etimología: "hermoso-fermoso-formoso. Formoso= hecho con horma (con forma), con molde". Y otra: "intellegere=elegir entre". Somos seres inteligentes porque elegimos. Acertar o no, parece que es otro asunto.

En el mes de mayo, Antonio Machado: "¿Y ha de morir contigo el mundo tuyo,/ la vieja vida en orden tuyo y nuevo?/ ¿Los yunques y crisoles de tu alma,/ trabajan para el polvo y para el viento?". Sigue intrigándome ese orden suyo y nuevo de la vieja vida.

Del mes de septiembre, rescato esta nota otoñal: "Todos hemos de morir, somos agua derramada en tierra que no se puede recoger" (2 Sam 14:14).

Y del mes de noviembre, una nota sobre Aloysius, el oso Teddy de Sebastian Flyte: "Aloysius= Luis. En inglés: St. Aloysius Gonzaga. ¿Alguna relación entre Luis Gonzaga-Sebastian y Francisco Javier-Cordelia?". Podría ser, de hecho San Luis Gonzaga murió contagiado de peste por cuidar a un amigo enfermo, y San Francisco Javier, como Cordelia, fue misionero (y curiosamente los dos son jesuitas, el primero italiano y el segundo español). Supongo que algún retornante a Brideshead ya se lo habrá planteado.
La nota está debajo de otra sobre Aloysius Bertrand, que así fue como me saltó en Google ese llamativo "St. Aloysius Gonzaga". Aloysius Bertrand, que no creo que tenga nada que ver con Sebastian Flyte aunque murió tuberculoso, fue el autor de la serie de poemas en prosa Gaspard de la nuit -tesorero de la noche- y, según Baudelaire, su precursor. La nota dice: "Gaspard, tomado del original persa, que significa: hombre a cargo de los tesoros reales".

Pues bien, con d o sin d, que Gaspar, y Melchor y Baltasar, se porten generosamente.

04 enero 2012

Empezando el año

Ahora que se abren los caminos por los que transitaremos este nuevo año, y que lo empiezo, para no variar, expurgando el almanaque viejo antes de tirarlo a la papelera, os traigo este texto de Suso Ares Fondevila , pasado de año en año al almanaque nuevo desde el 2009 en el que se lo leí, con el que inauguro una vez más el taco en blanco.
Feliz 2012 y que el Señor de los abismos y las verdes praderas os lleve de su mano:


Señor de los Abismos

Te encontrará en lo escarpado, en la selva,
en medio del polvo, tirado en el desierto. En lo difícil te hallará, donde tú
estés perdido, sin rumbo, triste hasta la muerte. Ahí te saldrá al encuentro
porque Él es el Señor de los Abismos, de las terribles hondonadas, de las simas
cuyo fondo no divisa la mirada del hombre. Lo terrible está en Él y en Él se
amansa, se vuelve quietud, sendero imposible que ahora es posible, porque lo ha
pisado y lo ha hecho suyo. Nuestros caminos son sus caminos y, cualquiera que
sea el que recorran nuestros pasos, nos llevan a él, todos.
[Publicado en su Blog, Un lugar en el mundo, el 28 de octubre de 2009]

25 diciembre 2011

Navidad. Entre Brahms y Lope

Hoy,  para celebrar la Navidad, Brahms y Lope de Vega, los dos mano a mano.
Se trata del Geistliches Wiegenlied, también conocido como Canción de cuna espiritual (aunque más bien debería decirse sacra, aquí geistliches sólo indica que no es una canción de cuna profana).
La música, según parece, la compuso Brahms para corresponder a sus amigos, el violinista Joseph Joachim y su mujer, la mezzosoprano A.Schneeweiss, que habían puesto a su primer hijo el nombre de Johannes en honor del músico. El texto lo tomó del Spanisches Liederbuch, o Libro de canciones españolas, de  Emanuel von Geibel, y es la traducción alemana del  Pues andáis en las palmas de Lope de Vega. 

La pieza, para mezzo, viola y piano, contiene, además, un guiño dedicado al nombre de su amigo en las notas que repite la viola, tomadas del villancico Joseph, lieber Joseph mein , una preciosidad de villancico tradicional en el que la Virgen le pide a san José que le ayude a mecer  al Niño. Villancico tradicional, por cierto, en el que también se basará esta  joya de Max Reger, el Maria Wiegenlied  (en el enlace una de las interpretaciones más bonitas de las que que andan por youtube, que es la de la Escolanía del Escorial: delicada, sin alardes, como tiene que ser, con sentimiento y dulzura  que estamos durmiendo al Niño). 

 Aquí tenéis el Geistliches Wiegenlied - Op. 91, nº 2 de Brahms. Más abajo, el poema original de Lope de Vega  y, a continuación, la traducción alemana de von Geibel (con su retraducción al español). Patéticas y benditas traducciones que, con todo, permitieron el encuentro del tierno Lope y el fiero Brahms (tan fiero y tan atento que, según cuentan, antes de abandonar cualquier reunión pedía disculpas  por si le había quedado alguien por insultar) :


Pues andáis en las palmas
Pues andáis en las palmas,/ángeles santos, /que se duerme mi Niño,/ tened los ramos .// 
Palmas de Belén/ que mueven airados/ los furiosos vientos/ que suenan tanto;/ no le hagáis ruïdo, /corred más paso./ Que se duerme mi Niño,/ tened los ramos.//
El Niño divino/ que está cansado/ de llorar en la tierra/ por su descanso,/ sosegaros quiere un poco/ del tierno llanto./ Que se duerme mi Niño,/ tened los ramos. //
Rigurosos hielos/ le están cercando;/ ya veis que no tengo/ con qué guardarlo./ Ángeles divinos/ que vais volando,/ que se duerme mi Niño,/ tened los ramos. 

Traducc. E. Geibel.- Spanisches Liederbuch
Die ihr schwebet  .......................Vosotros que revoloteáis
Um diese Palmen........................en torno a estas palmas
In Nacht und Wind, ....................en la noche y en el viento,
Ihr heilgen Engel, ........................ángeles santos,
Stillet die Wipfel!........................ ¡aquietad sus copas!
Es schlummert mein Kind.............Mi Niño está durmiendo.

Ihr Palmen von Bethlehem......... Palmas de Belén
Im Windesbrausen,.................... en el rugiente viento,
Wie mögt ihr heute ....................¡cómo podéis hoy
So zornig sausen! .......................azotar con tanta furia!
O rauscht nicht also!.................. ¡Oh, no hagáis tanto ruido!
Schweiget, neiget....................... Callaos, inclinaos
Euch leis und lind; .....................suave y silenciosamente;
Stillet die Wipfel! ......................¡aquietad las copas!
Es schlummert mein Kind...........Mi Niño está durmiendo.

Der Himmelsknabe.....................El Niño del cielo
Duldet Beschwerde,.................. soporta el sufrimiento,
Ach, wie so müd er ward............Ay, qué fatigado se siente
Vom Leid der Erde.....................del dolor de la tierra!
Ach, nun im Schlaf ihm................Ay, ahora en el sueño,
Leise gesänftigt.......................... suavemente sosegado,
Die Qual zerrinnt, ..................... apaciguad su tormento,
Stillet die Wipfel! ....................-.¡aquietad las copas!
Es schlummert mein Kind.......... Mi Niño está durmiendo.

Grimmige Kälte.........................El  frío penetrante
Sauset hernieder,....................... caerá enseguida,
Womit nur deck ich ...................¿con qué podré tapar
Des Kindleins Glieder!.............. el cuerpecito del Niño?
O all ihr Engel,............................Oh, ángeles todos
Die ihr geflügelt......................... que con vuestras alas
Wandelt im Wind,..................... camináis por el viento,
Stillet die Wipfel!.......................¡aquietad las copas!
Es schlummert mein Kind.........  Mi Niño está durmiendo.

Aprovecho ya, todo de una,  para desearos un feliz 2012.

10 diciembre 2011

Simone Weil. Autobiografía espiritual (1)

.
"En 1938 pasé diez días en Solesmes, del domingo de Ramos al martes de Pascua, siguiendo todos los oficios. Tenía intensos dolores de cabeza, cada sonido me dolía como un golpe, y únicamente un esfuerzo de atención extremo me permitía salir de esta carne miserable, dejarla sufrir sola, ovillada en su rincón, y encontrar un a alegría pura y perfecta en la inaudita belleza del canto y de las palabras. Esa experiencia me permitió, por analogía, comprender mejor la posibilidad de amar el amor divino a través de la desdicha. Sobra decir que a lo largo de esos oficios el pensamiento de la Pasión de Cristo se introdujo en mí de una vez por todas.

Había allí un joven católico inglés que, por vez primera, me hizo considerar la idea de una fuerza sobrenatural en los sacramentos, por el brillo verdaderamente angélico del que aparecía revestido después de haber comulgado. El azar, pues prefiero decir azar que Providencia, hizo de él, para mí, verdaderamente un mensajero, pues fue quien me dio a conocer la existencia de esos poetas ingleses del siglo XVII llamados metafísicos. Más tarde, leyéndolos, descubrí el poema del que le leí una traducción por desgracia muy insatisfactoria, aquel titulado Amor. Me lo aprendí de memoria. A menudo, en el momento culminante de las crisis violentas de dolor de cabeza, me aplicaba en recitarlo, concentrando en él toda mi atención y adhiriéndome con toda el alma a la ternura que encierra. Creía recitarlo sólo como un hermoso poema, pero, sin yo saberlo, esa recitación tenía la virtud de una plegaria. Fue en el curso de una de esas recitaciones, cuando, tal como le escribí, Cristo mismo descendió y me tomó.

En mis razonamientos sobre la insolubilidad del problema de Dios, nunca había previsto esa posibilidad, la de un contacto real, de persona a persona, aquí abajo, entre un ser humano y Dios. Había oído vagamente hablar de ese género de cosas, pero nunca creí en ellas. En las Florecillas, las historias de apariciones, más que nada, me fastidiaban, igual que los milagros del Evangelio. Por otra parte, en ese repentino ser tomada por Cristo, ni los sentidos ni la imaginación tuvieron parte alguna, solamente he sentido la presencia, a través del sufrimiento, de un amor análogo al que se lee en la sonrisa de un rostro amado.

Nunca había leído a los místicos, porque jamás sentí nada que me ordenara leerlos. En las lecturas también me he esforzado siempre en practicar la obediencia. No hay nada más favorable al progreso intelectual. Por tanto, en la medida de lo posible, no leo más que aquello de lo que tengo hambre, en el momento en el que tengo el hambre, y así no leo, sino que como. Dios me había impedido misericordiosamente leer a los místicos, a fin de que me fuera evidente que ese contacto absolutamente inesperado no había sido fabricado por mí.

Sin embargo, seguí rehusando a medias, no mi amor, pero sí mi inteligencia. Pues me parecía cierto, y aún lo creo hoy, que nunca se le hará demasiada resistencia a Dios si se hace por pura preocupación por la verdad. Cristo ama que se prefiera la verdad, pues antes de ser Cristo, es la verdad. Si uno se aleja de él para ir hacia la verdad, no hará un largo camino sin caer en sus brazos. "

(Continuación aquí)

Simone Weil, Attente de Dieu (1942)- Lettre IV-Autobiographie spirituelle, pg.36-38.
[Se trata de la larga carta dirigida al Padre Perrin desde Marsella, a punto de embarcar, y , tal como le dice, con el pensamiento de su probable muerte. En ella relata la historia de su vida espiritual, por parecerle -siempre en las antípodas de la vanidad- no tener derecho a guardar silencio sobre esas cosas que se refieren a Dios, en las que ella no cuenta para nada: il me semble que je n'ai pas le droit de taire ces choses. Car après tout, dans tout cela il ne s'agit pas de moi. Il ne s'agit que de Dieu. Je n'y suis vraiment pour rien. ]


*El texto original está disponible en Les Classiques des sciences sociales

07 diciembre 2011

ANTOLOGIA PERSONAL, de José Cereijo. Presentación por Jaime García-Máiquez

El pasado viernes 25 de noviembre se presentó en el Ateneo de Madrid el último libro de José Cereijo: Antología personal (Editorial Polibea), una selección de autor, como el título indica, en la que se reunen poemas y algún relato breve, espigados entre los que componen su obra publicada hasta el momento: Límites (1994- Talavera de la Reina, Colecc.Melibea); Las trampas del tiempo (1999- Edic.Hiperión); La amistad silenciosa de la luna (2003-Edit. Pre-Textos); Música para sueños (2007 -Edit.Pre-Textos); y Apariencias (2005-Edit.Renacimiento). Todos ellos poemarios, a excepción del último, que es un libro de relatos.
La Antología incluye unas Palabras preliminares de Enrique García-Máiquez, buen conocedor del poeta y de su poesía, y una pequeña introducción del propio autor.
Ofició como presentador del acto el hermano del prologuista, y también poeta, Jaime García-Máiquez, de recién estrenada paternidad. Vaya para todos mi más cordial enhorabuena.
Aunque sentí muchísimo no poder asistir y celebrar con ellos los felices acontecimientos, José Cereijo ha tenido la amabilidad de enviarme el texto de la magnífica presentación . Aquí os lo dejo:

ANTOLOGIA PERSONAL de José Cereijo. Presentación por Jaime García-Máiquez

"Hoy he venido para presentar a José Cereijo, lo que es un placer por partida doble: es amigo mío y es un poeta que admiro desde hace ya muchos años. Lo que quiero decir de él, con motivo de esta antología son tres cosas, que voy a dividir en grupos compactos de ideas con un título cada uno:

En primer lugar LA FORMA

Mi hermano Enrique ya ha dicho en el prólogo de esta Antología, que Cereijo escribe como se habla (vieja propuesta de Juan Valdés: El estilo que tengo me es natural y sin afectación ninguna. Escribo como hablo; solamente tengo cuidado de usar de vocablos que signifiquen bien lo que quiero decir, y dígolo cuanto más llanamente me es posible, porque, a mi parecer, en ninguna lengua está bien la afectación., y ha matizado, además, algo que es importante: Cereijo escribe como habla; como habla él. Porque si escribiera como se habla ahora, mal andaríamos. Su voz grave, honda, hermosa, lo ajustado de sus afirmaciones, lo exacto de sus comentarios… parecen la encarnación misma de algunos de sus poemas.

La aspiración de escribir cómo se hablaba en el siglo XX venía con razón de la necesidad de dotar de naturalidad un lenguaje literario decimonónico, rancio … Algo que, a través de Laforgue, vino a hacer en España con gracia Manuel Machado, y luego con ironía Jaime Gil de Biedma, y luego con dos o tres copitas encima la mayor parte de la poesía de la experiencia. Los poetas del realismo sucio de los últimos años han venido a demostrar que esa vertiente de la poesía, si no agotada, venía a ser un poco agotadora para el lector que buscaba en la poesía algo más que expresividad; para el lector que buscara la antigua emoción de unas cuantas palabras verdaderas.

La anti-retórica de escribir como se habla, hoy se ha vuelto –paradójicamente- un recurso artificioso del que el lector avisado desconfía. De ahí que la forma en la poesía de José Cereijo –versos claros, sencillos, clásicos, trabajados con arte, con… artesanía, solidificado con el adobe de las palabras comunes- nos resulte (me resulte a mí, al menos) sorprendentemente idóneas y actuales para la creación de un nuevo vínculo entre el poeta y el lector actual, de confianza y de respeto, de solemnidad y emoción.

Lo que quiero decir, es que el clasicismo en la forma de escribir de Cereijo es hoy (aunque pueda parecer todo lo contrario) una novedad casi desafiante, que crece hacia el futuro hundiendo sus raíces en lo más claro que la tradición nos puede ofrecer en cuanto a la retórica.

En segundo lugar EL TONO

El tono de la poesía de José Cereijo tiene la musicalidad de un himno. El himno según el diccionario (y según Wikipedia) viene a ser un canto celebrativo, y uno se pregunta qué es lo que viene a celebrar nuestro poeta en estos versos.

Yo creo que celebra la elegía, que no es sólo una forma literaria para él, sino más bien una manera de entender el mundo, una manera de celebrar –y le cito a él textualmente: la gloria incomparable de estar vivo. Pero esa celebración la hace siempre Cereijo “con trampa”: la hace desde la muerte, como en Pájaro muerto, como en El último verso de Virgilio, o como en Armónico murmullo… donde acaba asegurando en uno quizá de sus versos más esenciales: todo esto tiene que morir, y canta. El tiempo puede ser el veneno que nos mata, pero el canto puede ser el antídoto; o más que el antídoto, que quizá para él no lo hay, el canto es la dignificación ante la derrota. Y quizá en parte su pequeña venganza. [anécdota]

Es un tono poético, pero también es un tono moral, de estoicismo. No desdeñaría para él mismo frases como la platónica, que escribió Marco Aurelio: “Eres una pequeña alma que sustenta un cadáver”; o la de Séneca: “Doloroso es que comencemos a vivir cuando morimos; la vida es una leyenda: no que sea larga, sino que esté bien narrada es lo que de verdad importa”.

Y es este tono, en carne y alma, y esa forma de la que hablamos antes, lo que hace de él un poeta clásico; no en el sentido métrico como decimos, sino cultural. Un poeta al que sus amigos tendrían –como el mismo dice- por un hombre frío, por lo que tiene de templado en cuanto a las emociones, y reflexivo en cuanto a su inteligencia.

Lo mismo se dijo de Borges, con el que José tiene tantas afinidades. Y resulta enternecedor que el único defecto (desde mi punto de vista, un poco miope) de este libro –haber introducido algunos cuentos- sea un defecto típicamente borgiano: en ambos la realidad y el sueño se confunden, en ambos la emoción y la fantasía se entremezclan. Un defecto que, como los innumerables defectos borgianos, uno agradece y disfruta.

Y en tercer lugar EL FONDO

Mi hermano ya ha explicado –ha vuelto a explicar- que la escasez de temas en la poesía de Cereijo obedece por una parte a ceñirse a lo esencial, y por otra a su sensibilidad clásica, que se encuentra especialmente cómoda al tratar los temas comunes de la tradición. Es decir, que estamos ante un poeta que no ha venido a revolucionar la literatura con su manera de escribir, y que se dedica a escribirle poemas a la luna, la rosa, el otoño, la melancolía, la alondra… Es evidente que su importancia viene de otro lado; concretamente del otro lado: no de las palabras ni de los temas, sino de un talento especial para trascender la cáscara de esos materiales comunes.

Y lo más importante que trasciende Cereijo en su literatura es su nihilismo (que él considera acaso propio de la vida misma, y que es uno de los síntomas del mundo moderno), dotándole de una dignidad estoica que nos conmueve por lo que tiene de verdadera. En un poema titulado Los brazos, dice algo que podría ser significativo en este aspecto: Si alguna vez sintieras que la carga/ te pesa demasiado/ y ya no puedes más: piensa en estos brazos/ y un momento, si puedes,/ abandónate en ellos, por favor, y descansa. Su dignidad frente a la desesperanza, su resignación ante el dolor, su canto frente al inevitable silencio final… quizá no pueda ayudarle a él (como quieren hacer creer sus propios versos) pero consiguen hacernos descansar a todos nosotros.

Quería hacer notar, por último, algo que desentona en la perfecta estructura que acabamos de esbozar sobre la poesía de José Cereijo: todo esta medido, todo está en su sitio, todo está calculado, pero en el laberinto estoico-borgiano que ha venido levantando hay algo que brilla levemente, que lo cruza sigiloso, que serpentea de una esquina a otra: es el hilo de Ariadna. El amor, como se sabe, siempre anda trastocándolo todo; hace que el hombre frío, acaso sin esperanza, no pueda disimular un atisbo de felicidad… aunque sea con retraso, con trampa (como dijimos antes), a través de la ilusión, los sueños o la nostalgia.

Es, en fin, su poesía un referente para poetas más jóvenes que él, que hemos querido ver en su “escribir como se habla”, una propuesta –de verdad- responsable para el escritor y respetuosa con el lector; que hemos querido ver en su elegante estoicismo un referente moral; y en su talento literario –que al fin y al cabo es el que viene a sustentarlo todo- una suerte de referente que podríamos denominar -si quisiéramos llamar a las cosas por su nombre- de maestría."

28 noviembre 2011

La caridad feroz de los recuerdos

-
Podría decirse que todos los recuerdos son agridulces. Si el recuerdo es bueno, porque pasó el tiempo, que todo se lo lleva. Si el recuerdo es malo, por lo mismo, porque el tiempo, que todo lo cura, pasó.
Sin embargo el término 'agridulce' no es bueno, no es exacto. Se mezclan demasiado, como en una salsa china, lo agrio y lo dulce, mientras que en el recuerdo los dos ingredientes permanecen separados: lo bueno sigue siendo bueno... y qué pena que pasó. Lo malo sigue siendo malo... y menos mal que ya no duele tanto. No ligan el tiempo y la memoria, se suman, o se siguen, pero no se mezclan.
Por eso son perfectos estos versos de Ungaretti. Pertenecen a El cuaderno del viejo. Los apunté hace tiempo creyendo que los entendía pero sin entenderlos del todo. Me pasa a veces, hay cosas que apunto para luego. O que entiendo luego porque las apunté antes, vete a saber:

"¿Sucederá que vea
extenderse el desierto
hasta que también le falte
la caridad feroz de los recuerdos?"

[Accadrà di vedere
Espandersi il deserto
Sino a farle mancare
Anche la carità feroce del ricordo? ]

Ahora entiendo bien el último verso: "La caridad feroz de los recuerdos". Y que Ungaretti resalta la ferocidad (separada de la caridad por una cesura y esperando a abalanzarse, inesperadamente, como una fiera). Y empiezo a entender, en el penúltimo, ese "también"... Aunque si vamos al original, que la verdad es que lo acabo de buscar (porque, con la entrada publicada, que siempre corro mucho, he caído en que en italiano las cosas podían ser distintas), no salgo del último verso. En él, "Anche", ese "anche" desolado, que habla de lo que ya falta, es el principio del verso final, como tenía que ser.

27 noviembre 2011

Et nubes pluant iustum

Vuelve el Adviento y vuelve su primer domingo. Y con el Adviento, más aún que con la Navidad, vuelven los recuerdos de la infancia. No sé por qué. Quizá porque para cuando llega la Navidad ya lo tengo todo recordado, o quizá porque la Navidad la celebraba todo el mundo, mientras que aquellas costumbres "raras" del Adviento eran sólo nuestras: La corona con su vela semanal, el calendario de ventanitas que nos enviaba la familia de Alemania, cada una con un dibujo -nada de chocolatinas, pero qué dibujos-, las tarjetas de felicitación que decían Frohe Adventszeit... Nos gustaban esas costumbres raras y sólo nuestras. Siguiendo, pues, la rara costumbre de la felicitación adventicia (las otras ya están más generalizadas), aprovecho para desaros un muy feliz Adviento.

Yo he sacado la corona de todos los años, le he puesto cuatro velas nuevas y la tarta está en el horno. Y como los recuerdos no varían, que son también los de todos los años, rescato aquí la entrada del año pasado, sobre todo para mi hijo Enrique, que ahora que está lejos puede que la lea. Para que se acuerde de encender la primera vela, y luego la segunda, y la tercera...


Junto con las velas nuevas, para que no se diga, renuevo también la versión del Rorate caeli. Las niñas con los candelabros dan un poco de impresión, pero cantan realmente bien. Lo dicho: feliz tiempo de Adviento para todos.




22 noviembre 2011

"Regen, regen..." ("Lluvia, lluvia...") de Ricardo Defarges


Enrique García-Máiquez publica hoy en su Blog, Rayos y Truenos, un precioso poema de Ricardo Defarges, titulado "Regen, regen..." El poema, que gira en torno a uno de esos encuentros azarosos que nos dejan huellas profundísimas e inexplicables -tan profundas y tan inexplicables que el encuentro, en vez de azar, parece destino-, probablemente no habría sido escrito, o lo habría sido de otro modo, si el afán del poeta por encontrar de nuevo la pieza (y cabe imaginar que a la dama misteriosa que la entonó por última vez), no hubiera sido en vano. Es muy cierto lo que comenta EGM sobre la trivialización de las artes, todas accesibles a un clic. Es cierto que la irrepetibilidad acentúa la impresión de la belleza, y también lo es que la posibilidad de la repetición puede ir en contra del recuerdo, de su asentamiento en el alma. Puede ir en contra, sí, pero no siempre puede. A veces es la misma fuerza de la impresión, su profundidad, la que convierte el instante en irrepetible. Una vez marcado, una vez impreso, el recuerdo permanece en el fondo del alma y ni doscientos clics, entonces, podrían alterarlo. El pobre clic, el que a veces buscamos como locos, sin descansar hasta que lo encontramos (y estoy pensando en la búsqueda desesperada de una música de Arvo Pärt que oí en la radio de la cocina mientras batía un huevo, y en cómo el huevo se quedó suspendido en el aire; y en la alegría cuando conseguí el disco, y en la de tenerlo a mano ahora), ya sólo sirve para rememorar aquella primera impresión, para ayudarnos a revivirla, para acompañar, como las fotos de los que queremos y nos quisieron y ya no están.

Dicho lo cual, como el poema ya está escrito y, sean las cosas como sean, no le va a perjudicar, aquí está la letra de la inolvidada canción que el poeta sólo escuchó dos veces. La música (a otro clic en youtube para quien quiera) la sigo dejando en el misterio. Pongo la letra porque la lectura del poema, acordándome de la canción, me ha emocionado doblemente, y porque, en el fondo, el poema y la canción (sobre un lied de Matthias Claudius, de 1775) se hacen eco. Por otra parte, estoy casi segura de que Ricardo Defarges acabó encontrando la pieza:


Ein lied um Regen--------------------Una canción pidiendo la lluvia

Regen, Regen, komm herab! ---------- Lluvia, lluvia, cae ya!
Unsre Saaten stehn und trauern,------Nuestros sembrados aguantan y penan,
Und die Blumen welken. ---------------Y las flores se marchitan

(Der Zweite)--------------------------------(segunda voz)
Regen, Regen, komm herab! ----------- Lluvia, lluvia, cae ya!
Unsre Bäume stehn und trauern! ------Nuestros árboles aguantan y penan,
Und das Laub verdorret.----------------Y el follaje se seca.

(Der Erste)-----------------------------------(primera voz)
Und das Vieh im Felde schmachtet,-----Y enflaquece el ganado en el campo,
Und brüllt auf zum Himmel.-------------Y muge mirando al cielo.

(Der Zweite)-----------------------------------(segunda voz)
Und der Wurm im Grase schmachtet,----Y adelgaza el gusano en la hierba,
Schmachtet und will sterben.-------------Adelgaza y quiere morir.

(Beide)-------------------------------------------(ambas)
Laß doch nicht die Blumen welken!-------No dejes que se marchiten las flores,
Nicht das Laub verdorren!----------------No dejes que las hojas se sequen,
Oh, laß doch den Wurm nicht sterben!---Oh, no dejes que el gusano muera,
Regen, komm herab! ---------------------Lluvia, cae ya.

* Matthias Claudius (1740-1815). Sämmtliche Werke des Wandsbecker Bothen

Y a continuación el poema de Defarges:
Regen , regen...

Sólo lo escuchaste dos veces.
En Santa María la Blanca
por vez primera; años después,
en un teatro madrileño,
la mujer del poeta amigo
(los mismos que en Toledo),
le pidió que te lo cantase
a la dama judía misteriosa,
que nunca más volviste a ver.
En vano te afanaste
por encontrar la pieza.
Pero a lo largo de los años,
aquella solitaria lluvia
ha seguido calándote el alma.
Te espera tal vez al otro lado.

* Ricardo Defarges, Este don a la muerte, Renacimiento, 2011

19 noviembre 2011

"Tan bella, tan cerca" de José Manuel Mora Fandos, y su presentación en Madrid

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El jueves pasado estuve en la presentación, a cargo de Enrique Andrés Ruiz, de Tan bella, tan cerca (Ediciones de la isla de Siltolá), el último libro de José Manuel Mora Fandos, a quien hasta ahora sólo conocía de modo virtual. Un modo de conocer algo frío, pero muy certero, según he podido ir comprobando en todos los casos en los que, tras la voz, he tenido el privilegio de conocer a la persona.
José Manuel Mora Fandos es pura cordialidad, con ese punto de timidez infantil vencida que se encuentra en el fondo de la gente encantadora y de la amabilidad más exquisita. La timidez, aunque haya que vencerla, más que nada por lo que hace sufrir, si es que no es una virtud, viene siempre en compañía de grandes virtudes compensatorias. Una de ellas suele ser la generosidad. Mora Fandos la derrocha. No hay más que verle llegar desde Valencia cargado con el saxo, más el estuche de carboncillos, las acuarelas y hasta el spray fijador, para dedicarnos un dibujo a cada uno y despedirnos con esos tres solos de saxo tan increíblemente evocadores y bien tocados. Tristes y consoladores (que bien puede ser triste y ser consuelo, diría Salazar y Torres) como solamente pueden serlo unos solos de saxo bien tocados. Y aún se lamentaba de no haber podido traer unas rosquillas con las que tenía pensado convidarnos.
La presentación fue la demostración práctica perfecta de lo que realmente significa ese hallazgo de José Manuel Mora: la vida entendida como co-ser y en-cantar.
Impagable fue también escuchar a Enrique Andrés, con ese don para llegar directo al corazón de los asuntos, para trazar las grandes líneas y la vida de las ideas, de esa media docena de ideas que son las que siempre nos ocupan, para descubrir relaciones sorprendentes y delimitar posiciones irreconciliables. Y el asunto en este caso, el que vertebra el libro de José Manuel Mora, era la Belleza: la Belleza eterna e inmutable por un lado, la “belleza caediza” -así dijo- por el otro, y, entre una y otra, la forma bella de una vida: una forma que se traduce en sentido, y un sentido que tiene siempre carácter narrativo. Por allí desfilaron Homero y la generación de las hojas que el viento esparce por el suelo, Platón, la Poética de Aristóteles, don Quijote, Unamuno, Hegel, W.Benjamin, H.Arendt , la teleología cristiana y el fin último de cada vida, la postmodernidad, esa que ha expulsado la narratividad de las aulas, como observa en su libro Mora Fandos… A todos ellos, y convocado por el profesor José Antonio Millán, que matizaba a Enrique Andrés, se sumó Baudelaire con sus poemas en prosa, a los que tengo que volver sin falta en cuanto termine Tan bella, tan cerca.
A continuación, José Manuel Mora Fandos, atendiendo a la pregunta de Corina Dávalos, nos explicó cómo había ido creciendo el libro, nos habló de la importancia de la pintura y la música en su vida y en su escritura, nos contó que cinco meses antes de nacer ya daba clases de música en el vientre de su madre, profesora de piano, y , finalmente, dedicó un cariñoso agradecimiento a los tres Enriques con los que su libro, como si fuera una caja de corn-flakes, se ha visto “enriquecido”: a Enrique Andrés por su presentación, a Enrique Baltanás que le sugirió el precioso título, y a Enrique García Máiquez que firma el magnífico prólogo.
Al filo de las diez, tras el perfecto broche musical y la estupenda velada, que fue un continuo sentirse regalado, me fui con mi Tan bella tan cerca, tan dedicado con su rama de almendro florecido al carbón compuesto y a la acuarela roja, tan feliz y tan agradecida.
Y eso es todo. Como salí corriendo y no le di las gracias al cordialísimo Mora Fandos como las merecía, aprovecho para dárselas desde aquí.

17 noviembre 2011

El carácter español visto por un alemán (2)


"Esta preponderancia de lo humano y personal explica, entre otros muchos fenómenos, el que España haya producido muy pocos sistemas filosóficos. Al ocuparse de las obras de Kant, Unamuno creyó ver asomarse en el autor de la Crítica de la Razón práctica al hombre Kant y por él se interesó más que por el filósofo Kant de la Crítica de la Razón pura. Sólo una filosofía que versara sobre la actitud práctica del hombre concreto frente a la vida y la muerte pudo despertar el entusiasmo del gran pensador Unamuno. Puede decirse paradójicamente que España podrá carecer de filosofía, pero tiene muchísimos filósofos, es decir, gentes llenas de sabiduría innata, espontánea, que viven como filósofos permitiéndose el supremo lujo de no publicar un renglón en su vida sobre las muchas cosas que saben... quería señalar el hecho de que, incluso el gran Séneca en la antigüedad, más tarde los Suárez, Balmes, Donoso Cortés y otros, fueron, ante todo, moralistas. Luis Vives, que suele citarse como filósofo especulativo, pasó la mayor parte de su vida en el extranjero. [...]

En Alemania, los genios son venerados, quiere esto decir que el ciudadano de tipo medio se da cuenta de la distancia que le mantiene separado de aquellos privilegiados, que para él quedan como esfumados, envueltos en una atmósfera de respetuosa veneración. En otros términos: los grandes hombres en Alemania acaban por convertirse en ideas, en mitos. Todo lo que tienen de hijos de Adán y Eva parece que se desprende de ellos, quedando totalmente absorbidos por el renombre y la gran obra. En España los hombres de fama se hacen ante todo populares. Los periódicos publican de ellos caricaturas, las que, lejos de ser burlas irreverentes, subrayan, por el contrario, aquellos rasgos humanos, incluso los demasiado humanos, que las grandes personalidades tengan en común con el resto de sus semejantes... Esta actitud que el pueblo español suele observar en el trato con sus hombres célebres está caracterizada por las numerosas entrevistas que suelen publicar los periódicos. Así, por ejemplo, en una de ellas el reportero nos informa sobre la vida y costumbres del maestro Luna. Por boca del propio músico sabemos que a pesar de su corpulencia come poco, que hace gimnasia y engorda, que no hace gimnasia y engorda lo mismo, etc., etc. ¡Qué hombre más simpático! comentan los lectores, aun cuando de la consabida entrevista no se desprende nada, o muy poco, sobre la obra del entrevistado. El mismo modo de ser explica también la predilección tan archiespañola por los apodos, los que, sobre todo en el campo, suelen transmitirse de generación en generación ... No sólo los toreros célebres figuran en los carteles casi exclusivamente con su respectivo apodo, lo notable es que el pueblo pone motes hasta a los actores extranjeros... Así, por ejemplo, al cómico norteamericano Buster Keaton, el de la cara inmutablemente seria, el pueblo ya sólo le conoce por "el Pamplinas".

Es evidente que el humanismo exagerado, al lado de sus rasgos simpáticos, entraña, desde luego, grandes inconvenientes para la vida colectiva. Consideración tan extremada al individuo tiene forzosamente que redundar en daño de la comunidad. Pues si, indudablemente, en un sentido meramente humano, resulta simpático que el viajero de un tranvía pueda mandar que se pare el coche para subir o bajar cuando le venga en gana, nadie negará que esta costumbre imposibilita el regular funcionamiento del sevicio tranviario. Pero es que, en el conflicto que fatalmente ha de surgir, muy a menudo, entre los mandatos de lo razonable a favor de la comunidad y el humanismo anticolectivo a beneficio del individuo, el español de tipo medio se inclina a favorecer este último. Así es que, no rara vez, en los exámenes, las recomendaciones tienen más eficacia que el saber y el valer del candidato. Un proverbio sumamente significativo dice: "Más vale un adarme de favor que un quintal de justicia"... Y entonces el daño recae, no sólo en el postergado, sino en la comunidad que se ve privada de los servicios de una persona competente.

De esto se desprende muy fácilmente que el criterio puramente humano termina por dañar forzosamente todas aquellas cosas que se basan sobre la organización. La sangrienta realidad de la guerra civil está imponiendo al pueblo español la dura necesidad de subordinarse y de posponer los intereses individuales a los del todo mayor. Reconocemos, sin restricción alguna, que esta es la lección más ardua que este pueblo de los caballeros tiene que aprender. Como que si realmente llegara a aprenderla, esto equivaldría a una transformación radical de su carácter, a una verdadera metamorfosis."


Werner Beinhauer, El carácter español, I."La supremacía del hombre", Ediciones Nueva Época, Madrid (Prólogo del autor para la edición española fechado en septiembre de 1944, Colonia).

15 noviembre 2011

El carácter español visto por un alemán (1)

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"Lo que en España ocupa siempre el primer lugar es el hombre, al que quedan supeditados, incluso, la obra y la profesión. Si comparamos el retrato de un rey pintado por un artista español con un cuadro análogo de pintor francés, echamos de ver que el francés pinta en primer lugar un rey, cuya humanidad aparece enteramente absorbida por la realeza. En cambio, el retrato del autor español representa ante todo un hombre, que es rey por casualidad... Pero este mismo concepto lo hace extensivo a los más humildes, incluso a los mendigos y aun a los caídos por culpa propia, pues a ellos también les considera como a hermanos, sus hermanos infortunados. Un proverbio muy significativo dice: "Todos somos hijos de Adán y Eva, sino que nos diferencia la lana y la seda"... Esta ideología profundamente católica y cristiana es la que ha venido plasmando al hombre español a través de los siglos, imprimiendo a su carácter los rasgos más sobresalientes. Ella ha orientado su manera de pensar y de sentir, incluso en aquellos, en los muchos, que hoy reniegan conscientemente del contenido católico de tal pensar o sentir.

Tanto en la vida personal como en la pública, las relaciones personales siempre han resultado de eficacia mayor que todos los hechos y consideraciones de carácter objetivo. Cabe decir, pues, que el español es hombre subjetivo en el mejor sentido del vocablo, pues en su criterio no prevalece nunca la cosa, sino el hombre de carne y hueso. "En Alemania, escribe el satírico Julio Camba, se sacrifican los hombres a las ideas; nosotros, por el contrario, sacrificamos las ideas a los hombres". En 1925, tras innúmeras negociaciones, se logró concertar el tratado de comercio entre Alemania y España. Ninguno de los políticos alemanes se explicaba entonces el motivo de tanta dilación, que algunos achacaban a malévolas maquinaciones de ciertos órganos marcadamente aliadófilos. Más tarde supe que el verdadero motivo de lo que tanto disgusto causó en Alemania era de índole bien distinta. Era, sencillamente que, por razones de orden puramente técnico, el Gobierno alemán había enviado a cada sesión de las varias que al efecto se celebraron, un representante distinto. Pues, según criterio alemán, lo esencial era la misión en sí y no la persona que enviaban a desempeñarla. En España, por el contrario, donde no se concibe tal deslindamiento entre cosa y persona, el procedimiento alemán suscitó el enojo y la suspicacia de los contrincantes peninsulares... En España, desde luego, lo que decide, más que las cosas en sí, es el cómo éstas se hacen, o en otros términos: el criterio subjetivo prevalece sobre el objetivo.

Esto nos hace comprender también la importancia de lo convencional dentro de la sociedad española. El hombre del norte, de suyo más objetivo, especialmente el alemán, propende a menospreciar el importante papel que lo convencional desempeña en la vida de los pueblos latinos. Esto se refiere, sobre todo, al lenguaje diario. Un ejemplo concreto: cuando un español se halla en el caso de tener que dar una negativa, le repugna hacerlo de una forma concisa y tajante... Para amortiguar el golpe, el español suele emplear circunloquios o frases veladas. Ahora bien, las gentes del norte, habituadas a una franqueza más ruda, y poco habituadas a distinguir el lenguaje convencional de la expresión literal, fácilmente salen engañadas cuando se atienen al pie de la letra a las palabras de un español, y entonces es fácil que se quejen de las pretendida mentirosidad de este pueblo, cuando en realidad el español, lejos de engañar al extranjero, por el contrario, ha querido evitarle un disgusto. Así, por ejemplo, las evasivas al tenor de "veremos", o "bien podrá ser" y otras análogas, en el estilo convencional, equivalen, casi siempre, a una negativa rotunda y terminante. Y es que, entre españoles, aun de las más ínfimas capas sociales, las noticias desagradables suelen comunicarse generalmente de un modo velado e indirecto. Es este un detalle que revela las exquisiteces espirituales de una cultura muy antigua. Llama la atención la pasmosa facilidad y prontitud con que el español más humilde suele comprender una indirecta y con qué oportunidad sabe replicar a ella. En los países del norte, sólo entre los hombres más cultos y de sensibilidad muy refinada, podría encontrarse tanta flexibilidad de espíritu."

Werner Beinhauer, El carácter español, I."La supremacía del hombre", Ediciones Nueva Época, Madrid (Prólogo del autor para la edición española fechado en septiembre de 1944, Colonia).

05 noviembre 2011

lili-lala o tararira: a cada cual su Aurora.

El Alva hermosa y fría,
Que bien puede ser fría y ser hermosa,
Como mujer casera y hazendosa,
Con la primera luz del claro día
Se levantó, aliñando paralelos,
Barriendo nubes y fregando Cielos.
Salía con las crenchas destrençadas,
El jaque descompuesto,
Y echada por los hombros la basquiña;
Sólo un zarcillo puesto,
Que porque el Sol, que viene, no la riña,
Y regarle el salón del Mundo puesto,
Dexó prendido el otro en la almohada;
La saya arremangada,
y el manteo de buelta solo baxo:
Dexando el estropajo,
Que del cielo labó los azulejos,
Por dar al orbe luzes y reflexos,
Tomó la regadera,
Y desaguando una tinaja entera
Que estava serenada de la noche
Del Cielo en los desvanes,
En que tuvo en remojo tulipanes,
Y una jarra con rosas y alhelíes,
En los zaquizamíes,
Antes que el sol sus rayos desabroche
(si los rayos del Sol tienen corchetes),
Regó las plantas, y roció las flores;
Y salpicando a algunos ruiseñores,
A entonar empezaron mil motetes
Con sonora armonía,
Mas nada de la letra se entendía.
Matizó de colores los regazos
De las altas montañas;
Y peinando de sombras las marañas,
Dexó caer los braços,
Luego apretó los puños a menudo
Y dio mil esperezos,
Otros tantos bostezos,
Y en uno y otro remató estornudo,
Que con la madrugada
Salió la Aurora un poco acatarrada.
Bordó de plata las espumas canas
De los ríos undosos,
Y de los turbios charcos cenagosos
Oyó callar las ranas,
Cantaron los jilgueros,
Y callaron los grillos,
Con los páxaros tristes y agoreros,
Verbi gracia lechuzas y cuclillos,
Los montes y las lamparas dexaron
Y a las hondas cabernas se baxaron.
Ya empezaran las vozes y bullicios
De los viles mecánicos oficios,
Si no en valor, en el trabajo iguales;
Y el de los oficiales
Al canto de los páxaros ayuda;
Pues cada qual canoro la saluda,
Con blanda voz que al Zefiro regala,
Con la dulce canción de lili lala,
O con la que estilo heroyco admira,
cuyo concepto acaba en tararira.
Como el titiritero,
Que después de tener el teatro a obscuras,
Enseña al auditorio las figuras,
Poniendo en el tablero
Las escondidas luces;
Arremedando al Cielo las capuzas,
La clara luz del día,
Las figuras del Mundo descubría:
La comparacioncilla tiene gala,
Y aunque lo diga yo no ha estado mala.
...

Agustín de Salazar y Torres (1642-1675), ESTACION PRIMERA DE LA AURORA. Discurso Primero. Sylva I. Cithara de Apolo. Varias poesías divinas y humanas que escribió don Agustín de Salazar y Torres y saca a luz don Juan de Vera Tassis y Villarroel, su mayor amigo. Primera Parte (Madrid, 1694).
[Aquí un enlace a la reproducción digital del original conservado en la Biblioteca de la Universidad de Granada (y otro a los sonetos, que no tienen desperdicio). Don Agustín, nacido en Almazán y criado en México junto a su tío, Obispo de Campeche, con menos de doce años recitaba Las Soledades y el Polifemo de Góngora "comentando los lugares oscuros y desatando intrincadas cuestiones". Tras volver a España con el duque de Alburquerque, fue nombrado Capitán de Armas de la provincia de Agrigento en Sicilia, "antes de pasar a Alemania con la Señora Emperatriz en compañía del Sr. Duque de Alburquerque". Murió en Madrid con menos de treinta y cuatro años, "extenuado y atrófico", en circunstancias tan oscuras como los lugares de Góngora que descifraba de niño. "Fue tan gallarda su facundia, quanto severa su desgracia, ¿pero quando no fueron correlativas entre sí estas calidades?" dice Juan de Vera y Tassis en el Discurso de la Vida y Obras de D. Agustín de Salazar, para concluir: "...y tú (o passagero, o lector), qualquiera que seas, lee, atiende, admira, y llorarás con todos"]