03 agosto 2019

Como el objeto iluminado y su sombra


"La palabra 'bien' puede tomarse en dos sentidos muy distintos : como correlato del mal y como bien absoluto. En este segundo sentido el bien no es lo opuesto al mal, lo absoluto no puede tener ningún correlato, pues está en un plano donde todas las oposiciones se trascienden. Por su mismo carácter absoluto el bien no puede darse en una instancia puramente humana como es la sociedad. "El bien es Dios". Como no somos Dios, no somos buenos, y el bien sólo puede provenir de lo bueno.  El bien real para el hombre estará siempre acompañado de mal, como el objeto iluminado de su sombra. 

Aparentemente no habría entonces ninguna salida para el problema de la acción. La única solución para Simone Weil es actuar contemplando "el bien puro e imposible, saber que es imposible y no amarlo menos", y luego obrar. Y en cuanto al mal que inevitablemente acarreará, rogar que caiga sobre la propia cabeza. En este sentido una sociedad humana nunca puede ser buena. Está en el terreno de lo relativo, como la familia, las tradiciones, la cultura, etc., son metaxu,  es decir, intermediarios. Su uso consiste en saber que son puentes y no quedarse a vivir en ellos. El gran peligro de lo social es que puede convertirse en un ídolo. Se toma entonces lo relativo como absoluto y se lo adora como a un bien. Para designar a esta sociedad así divinizada, Simone Weil utiliza una expresión tomada de Platón, la llama el "gran animal". El gran animal es lo colectivo que ahoga a la persona rodeándola de muros que impiden llegar a lo real. La sociedad se convierte entonces en una pantalla entre el hombre y Dios. Pero quizá no sea correcto decir que la sociedad ahoga al individuo, puesto que supone una personalización inadecuada, sino que sería más exacto afirmar que es el individuo quien se arroja en lo social para ahogarse.

El dolor es uno de los grandes temas de Simone Weil. Es sagrado porque es real. El hombre que sufre no se miente a sí mismo. Contemplar el dolor, no desde fuera, sino desde el dolor mismo, es un camino hacia Dios. Por eso siente tanto respeto por los desposeídos, por los pobres, por todos aquellos a quienes las circunstancias ofrecen mayores posibilidades de sufrimiento y menos recursos para disfrazarlo. Aquí  también está el peligro de las virtudes sociales que no son más que eso. Aquel a quien la sociedad aplaude no conocerá  jamás la amargura extrema.  Quizá  también se complacerá en este aplauso y no buscará otra cosa. "El fariseo", dice Simone Weil, "es aquel que es bueno por respeto al gran animal". Pero es bueno con ese bien que es correlato del mal y que se sitúa en el mismo plano. Es bueno como un hombre que acumula dinero frente al ladrón que se lo roba . "Son los que, según el Evangelio, ya recibieron su salario".


Lo social y lo absoluto en el pensamiento de Simone Weil, artículo de Maria Eugenia Valentié. Ideas y Valores, Volumen 2, Número 7-8, p. 610-618, 1953.

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