08 junio 2013

Yambos para caminar: Der Wanderer. Georg Philipp Schmidt- Schubert


Ya metida en harina de yambos y  poemas alemanes, aquí os traigo otro clásico,  éste con música incorporada. Si en la anterior entrada los yambos acompañaban, a golpe de rueca, el hilar de la nostalgia femenina, ahora marcan el  paso del caminar masculino. Las hilanderas, ya se sabe, son mujeres, mientras que los caminantes, al menos los alemanes, son hombres. 

El poema, original de G.P.Schmidt von Lübeck (1766-1849) y titulado  "Des Fremdlings Abendlied" , algo así como "canción vespertina (no hay que confundir un Abendlied y un Nachtlied) del forastero", se hizo célebre gracias a Schubert, quien tras reducirlo y cambiarlo un poco lo utilizó como tema de su Lied "Der Wanderer" (D.493). Como poema es bastante mejor el original, sobre todo porque Schubert  elimina  las notas crepusculares y lo convierte en un poema diurno (dice por ejemplo que el valle humea -dampfen es echar vapor, como un caldero o un animal furioso- y que brama el mar, donde el poeta de Lübeck nos dibuja el mar y el valle a la luz del ocaso), y porque al recortar los versos que insisten en el extrañamiento, en la lejanía (so fern, so fern...), le da un aire más activo, más caminante, pero también más desesperado, más trágico. Sin embargo la música, ah, la música: las variaciones de tono siguiendo el texto: tremendo al principio, ligero y casi alegre al describir la tierra soñada,  resignado y sobrecogedor al final...  Y esos desgarrados Wo?, Wo bist du?...

Es verdad que el romanticismo no está de moda y que el poema,  tanto en el original como en  la versión de Schubert, es todo un repertorio de tópicos románticos, no le  faltan ni Heimweh (nostalgia, morriña), ni Sehnsucht (anhelos), ni Leidenschaft (sentimiento de desdicha), ni sobre todo Weltschmerz (desencanto, desengaño del mundo), pero lo que es innegable es que es bellísimo y, con todo, conmovedor y auténtico. Auténtico y susceptible de  lecturas, o escuchas,  varias. Basta decir comptentus mundi en lugar de Weltschmerz, o cambiar un valle por otro valle,  o fijarse en esa patria anhelada que hablará nuestro idioma (no en la que hablaremos nuestros idiomas) y en la que nuestros muertos volverán a levantarse, para que deje de parecer un producto típicamente romántico y se convierta en un poema  intemporal.  Incluso el verso final, casi un lema del romanticismo  -"en todos los climas, bajo todos los cielos, la felicidad siempre está en otra parte" decía ya Leopardi-,  ¿no encierra acaso una verdad eterna?  Y se me viene a la cabeza, sin ir más lejos, nuestro Julián Marías, bien poco sospechoso de romanticismo y dedicando todo un libro a "la felicidad, imposible necesario",  para decirnos, finalmente, lo mismo que decía Leopardi,  lo mismo que le dice al caminante el viento.

Aquí os dejo la versión de Schubert (con una traducción meramente informativa),  para leer marcando el paso: papum-papum-papum.... Un poco más abajo podéis escuchar el Lied en la voz de D.Fischer-Dieskau. Cuentan que habitualmente, al terminar de cantarlo, el público permanecía silencioso, incapaz de reaccionar. A continuación, si os apetece, podéis cantarlo vosotros mismos con el acompañamiento de lujo del inolvidable Gulda:


Ich komme vom Gebirge her,                         Vengo de las montañas,
Es dampft das Tal, es braust das Meer.           El valle humea y ruge el mar.
Ich wandle still, bin wenig froh,                     Camino silencioso, poco alegre,
Und immer fragt der Seufzer, wo?                  Y mi suspiro  pregunta sin cesar ¿dónde?

Die Sonne dünkt mich hier so kalt,                 El sol aquí parece tan frío,
Die Blüte welk, das Leben alt,                        las flores marchitas, la vida gastada,
Und was sie reden, leerer Schall;                    Todo cuanto dicen, sonidos huecos;
Ich bin ein Fremdling überall.                         Soy un extraño en todas partes.

Wo bist du, mein geliebtes Land?                 ¿Dónde estás, mi amada patria, 
Gesucht, geahnt, und nie gekannt!                  Buscada, anhelada y nunca hallada?
Das Land, das Land so hoffnungsgrün,          La patria, patria de mis verdes esperanzas,
Das Land, wo meine Rosen blühn.                 Patria en la que mis rosas florecen.

Wo meine Freunde wandelnd gehn,               Aquella en la que mis amigos pasean
Wo meine Toten auferstehn,                           En la que mis muertos resucitan
Das Land, das meine Sprache spricht,            La patria que habla mi lengua,
O Land, wo bist du? . . .                                  Oh, patria, ¿dónde estás?...

Ich wandle still, bin wenig froh,                     Camino silencioso,  poco alegre,         
Und immer fragt der Seufzer, wo?                  Y mi suspiro no deja de preguntar ¿dónde?
Im Geisterhauch tönt's mir zurück:                  El susurro del viento me devuelve la respuesta:
"Dort, wo du nicht bist, dort ist das Glück."    "Donde tú no estás, allí está la dicha"





4 comentarios:

Angel Ruiz dijo...

Muchísimas gracias. Y de un supuesto poema "romántico", gracias a tu comentario, hemos llegado a un poema bien hondo.

CB dijo...

Es que el romanticismo canta muy "jondo", sólo hay que aligerarlo un poco de ruinas y suspiros fantasmales.
Y el ritmo, más aún en el de Schmidt, es fantástico, te echa a andar.
Llevo una semana buscando un verbo mejor que humear para "dampfen" (porque no dice que el valle eche humo como un valle idílico con casitas y chimeneas humeantes, sino que despide vapor, vaho) y no se me ocurre.
Gracias a ti, Ángel.

Ignacio Trujillo dijo...

¡Vaya pedazo de entrada: letra y música!

CB dijo...

Pues ahora tienes que cantarlo con el señor Gulda. El bajo de ultratumba del final es dificilillo, pero se puede hacer trampa.
Me alegro de que te haya gustado. Gracias, Ignacio.