18 junio 2010

Servidumbre. Ch. Péguy

El que ama se pone, por eso mismo,
Sólo por eso, a partir de eso, en la dependencia.
El que ama cae en la servidumbre del que es amado.
Es la costumbre, es la ley común.
Es fatal.
El que ama cae, se pone bajo la servidumbre, bajo un yugo de servidumbre.
Depende del ser amado.
Y ésa es la situación, hija mía, que Dios se ha creado al amarnos.
[...]
¿Me comprendes? Digo que Dios teme del pecador, pues teme por el pecador.
Cuando se teme por alguien, se teme de él.
Dios se ha dejado poner bajo esa ley común.
Y someter.
Bajo ese nivel común.
[...]
Inversión de la creación, la creación al revés.
El Creador depende ahora de su criatura.
El que es todo se ha puesto, ha soportado ser puesto, se ha dejado poner a ese nivel.
El que es todo depende, aguarda, espera, del que no es nada.
El que puede todo depende, aguarda, espera, del que no puede nada
(Y que puede todo, ay, pues todo se le ha entregado ...
En confianza,
En esperanza,
Todo se le ha permitido.
En toda confianza.
Se le ha entregado, se le ha permitido, su propia salvación, el cuerpo de Jesús, la esperanza de Dios)...
Terrible entrega.
Terrible privilegio, terrible responsabilidad.
Como Jesús en los siglos de los siglos ha entregado su cuerpo
En las pobres iglesias
A la discreción del último de los soldados,
Así Dios en los siglos de los siglos ha entregado su esperanza
a la discreción del último de los pecadores...
Como el último de los miserables pudo abofetear a Jesús,
Y tenía que ser así ...
El más ínfimo de los pecadores puede descoronar, puede coronar
Una esperanza de Dios.
[...]
Esta es la situación en la que se ha puesto,
La mala situación.
Se ha puesto en la situación de necesitar de nosotros.
Qué imprudencia. Qué confianza.
Bien, mal puesta, depende de nosotros.
Qué esperanza, qué obstinación, qué resolución, qué fuerza incurable de esperanza.
En nosotros.
Qué despojamiento, de sí, de su poder.
Qué imprudencia.
Qué descuido, qué imprevisión,
Qué improvidencia
De Dios.
Podemos fallar.
Podemos faltar.
[...]
Y como echamos al vuelo las campanas en nuestras Pascuas,
A todo vuelo,
En nuestras pobres, en nuestras triunfantes iglesias,
En el sol y el buen tiempo del día de Pascua,
Así Dios por cada alma que se salva
Echa a todo vuelo las campanas de las Pascuas eternas.
Y dice: Ah, no me había equivocado.
Tenía razón en confiar en ese muchacho.

Charles Péguy. El pórtico del misterio de la segunda virtud, Ediciones Encuentro, Madrid, 2008. Traducc. José Luis Rouillon Arróspide.

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