21 julio 2013

Un día me fui del pago. José Larralde


Hace unos días, repasando por las entradas anteriores los libros de Kant de aquellos años lejanos, llenos de subrayados y notitas absurdas (por ejemplo esta: "Postulados-uso regulativo-no constitutivo" -por ejemplo, ya veis qué cosas, la idea o postulado del mundo-;  o esta otra: "antinomias/paralogismos" -que debía de ser algo de suma importancia porque estaba anotado en rojo,pero ya no sé por qué-),  me encontré una cuartilla con la letra de una canción.  La letra habla de un gaucho que se va del pago ... y aquí estoy, míreme usté.
Se me vino entonces a la memoria, de golpe, la escena entera: la tarde, la mesa, el tocadiscos (yes), la música sonando mientras me partía la crisma con el susodicho. Volví a verme con los libros delante y a escuchar el disco de Larralde, el del vozarrón, al fondo.
Ahora sé que hay más verdad en las coplillas de Larralde que en todo Kant. No sé si por entonces lo sabía, si es que empezaba a intuirlo, o si sólo me gustaba oírle. Creo que era otro de esos socorros a los que me agarraba mientras perdía pie. Kant es un encantador de serpientes, empiezas a bailar a su son -es tan brillante, tan perfectos sus engranajes, tan embaucador-  y terminas hecha un nudo en el fondo del cesto. Qué digo un nudo, Kant es el flautista de Hamelin en persona, empiezas a seguirle y hay un momento en el que das un solo paso más, uno solo,  y ya no vuelves. Del mismo modo que a veces me agarraba a los árboles  (había uno en el jardín de la Facultad, un árbol normalito con un tronco rugoso  -el de la ciencia del bien y del mal lo teníamos dentro-  con el que llegué a tener una relación muy estrecha),  de ese mismo modo me agarraba a Larralde.
Ahora me doy cuenta, pasa mucho, sólo al correr del tiempo vemos lo que nos socorría. El día que nos muramos estoy segura de que veremos cosas increíbles.

La letra de la canción decía:  Un día me fui del pago,/ la pucha que lo extrañé,/ salí buscando trabajo/ y aquí estoy, míreme usté.// Cuando uno sale al camino,/ es difícil de saber/ si podrá pegar la vuelta/ o morirá sin poder.// Cuanto más leguas se hacen,/ más quedan por recorrer;/ los caminos son pa' dirse,/  las penas son pa' volver.//  Un día me fui del pago,/ pero Dios ha de querer/ que no se me manque el zurdo/ sin llegar a Huanguelén...

El "zurdo" no es un caballo -o no sólo-, el "zurdo" es el corazón. El corazón, como bien sabéis, se nos puede "mancar" de muchas formas.
 Aquí está Larralde, benditos sean él y todo lo que en esta vida viene en nuestro socorro:



https://www.youtube.com/watch?v=w1lc8iJfqug

Y aquí os dejo esta otra, que no estaba guardada en el libro pero me hacía mucha gracia y me la sigue haciendo : "... porque tengo razón, que no tengo razón, que me falta un ojal, que me sobra un botón..."


4 comentarios:

Mora Fandos dijo...

Kant, qué peligro, menos mal que está Larralde. Muy bonita la entrada, Cristina. Saludos estivales.

CB dijo...

Y que lo digas, ya sólo el lenguaje es un lenguaje enfermo: categorías, paralogismos, postulados, el yo fenoménico, el yo nouménico... Sólo con mirar la Fundamentación por el lomo, y eso que es una fundamentación, a mí ya me entra la inestabilidad. Menos mal que, como dice Bobin, siempre al lado del veneno se encuentra el antídoto: caminos, pagos, penas, arroyos, montes y vientos, y ese chancho en los maizales... Aire por Dios, qué maravilla.

Gracias, José Manuel, y enhorabuena por ese máster que ya sé que ha sido todo un éxito. Que tengas un feliz verano.




Anónimo dijo...

Gracias por la nota. Escuchando una y otra vez la letra, no me terminaba de cerrar la idea de que "el zurdo" fuera el caballo. Saludos y buen 2014.

CB dijo...

Lo mismo para usted, querido anónimo.