22 febrero 2010

¿Optimismo o pesimismo?

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...El otro día, en Nueva York, después de una charla sobre este problema [el mal en el mundo], un oyente me lanzó a bocajarro la pregunta: "Y finalmente ¿es usted optimista o pesimista?"
Respondí que esa pregunta no tenía sentido alguno y que no se trataba de ser optimista o pesimista a priori, sino de ver el bien o el mal allí donde están y tal como son, y, sobre todo, de trabajar para vencer el mal con el bien.
Pues hay un optimismo y un pesimismo, tan vulgares e irreflexivos el uno como el otro, que consisten en juzgar el mundo según nuestros humores o nuestra situación del momento. Si uno está feliz, lo ve todo de color de rosa, y en cuanto surge la menor contrariedad lo ve todo negro. Es en ese sentido en el que Bernanos decía que el optimista es un imbécil alegre y el pesimista un imbécil triste.
Estos dos errores opuestos tienen su origen en la misma falta de lucidez y en la misma inclinación a relacionarlo todo consigo mismo. Esa es la razón de que alternen con tanta facilidad en el mismo individuo. Conocí un hombre que disfrutó largo tiempo de una magnífica salud y cuyos asuntos marchaban de maravilla. "La vida es bella" proclamaba a cada instante. Todos los enfermos le parecían quejicas y todos los desgraciados incapaces. Pero llegó el día en que le tocó conocer de cerca la enfermedad y las dificultades materiales. Se hundió entonces en un pesimismo absoluto, repitiendo sin cesar que el mundo era cruel y que la vida no merecía la pena vivirla.
Ese cambio de óptica se explica sin esfuerzo. El hombre que, incrustado en su felicidad personal, permanece ciego e insensible a los males ajenos, es quien más indefenso se encuentra en el momento en que la prueba se abate sobre él. Se convierte en presa integral de ese mal que no supo ni ver ni prever.
Así, después de estar cegado por la felicidad hasta el punto de dejar de ver el mal que le rodea, es cegado por la desgracia al punto de no ver ya los bienes que le quedan. Pues aquí abajo no existe ningún mal absoluto; sea como sea nuestra prueba, siempre conservamos algo -ya sea la salud física, o algunos recursos materiales, o bien el afecto de quienes nos rodean- y, en el caso de que lo hayamos perdido todo, aún nos queda la esperanza en Dios y en la vida eterna.
No olvidemos, en efecto, que nuestra paz interior depende menos de los sucesos en sí que de nuestra interpretación de los mismos; según el modo en que los recibamos, la peor catástrofe puede convertirse para nosotros en causa de desesperación o en motivo de esperanza. Pienso ahora en dos hombres de mi comarca que durante la última guerra fueron deportados al mismo campo campo de concentración. Uno era creyente y el otro ateo. El primero desfalleció ante la prueba y perdió la fe; el segundo, iluminado por el sufrimiento, volvió a la religión. El acontecimiento resultó diferente.
Es así como se resuelve el falso problema del optimismo y el pesimismo. Es igualmente absurdo decir que todo va bien o que todo va mal: lo que se nos pide es luchar sin descanso para que todo vaya mejor.
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Gustave Thibon, Revue Itineraires, "Billets", 1 octobre 1976
Fuente: O equilíbrio e a harmonia. http://oequilibrioeaharmonia.blogspot.com/
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[Este último sábado -qué maravilla este invento de internet- un caballero de Sâo Paulo, de nombre Fernando, tuvo la amabilidad de enviarme un comentario en relación con la entrada dedicada al profesor Rafael Gambra, por el que compartimos admiración, y darme a conocer el interesantísimo Blog del que es autor, dedicado en exclusiva al filósofo y escritor-campesino, como él mismo gustaba llamarse, G. Thibon, una de las lumbreras del pensamiento católico del siglo XX.
Fue Thibon quien en 1940, por recomendación del Padre Perrin, destinatario de las cartas más tarde publicadas bajo el título "Attente de Dieu", acogió en su granja como trabajadora a Simone Weil, apartada de la docencia por las leyes antisemitas del Gobierno de Vichy. De la paciencia y el afecto de Thibon por su extraña protegida y de las largas conversaciones entre ambos surgió el aprecio mutuo y una profunda amistad. Viéndose obligada a huir del país en 1942, S.Weil confió el manuscrito de La gravedad y la gracia al filósofo, quien se encargó de hacerlo imprimir poco después de que ella falleciera.
El texto de arriba es traducción de la entrada titulada "Optimisme ou Pessimisme?", publicada el 20 de febrero en el Blog "O equilíbrio e a harmonia" por D. Fernando, a quien quedo agradecidísima por la visita y por su fabuloso Blog, en el que pueden encontrarse conferencias y artículos de Thibon aparecidos en la revista "Itineraires" que serían difícilmente accesibles de otro modo.]

4 comentarios:

Fernando dijo...

Cara C.B.,

Que grande alegria ver uma referência
ao "O equilíbrio e a harmonia" aqui no "sol y escudo".
Sua tradução para o espanhol ficou fabulosa! Parabéns.
Gustave Thibon é um autor muito pouco conhecido (pelo menos aqui no Brasil) e é uma grande satisfação ver que meu pequeno esforço para divulgá-lo está dando frutos.
Para terminar, agradeço os elogios ao blog e reforço o que bem observou um outro leitor do "sol y escudo": Além dos textos serem ótimos, ler os seus comentários entre colchetes é verdadeiro deleite.

Um grande abraço.

cb dijo...

Muchas gracias, Fernando.

Ya habrá visto que soy un zote informático y no he conseguido ni poner un link al final del texto ni sacar el nombre de su Blog a la derecha, así que me alegra mucho su requeteamabilísimo comentario, porque quien esté interesado en G.Thibon (que quien no lo esté no sabe lo que se pierde) podrá entrar directamente pinchando sobre su nombre.

"Optimismo o pesimismo" es una buena muestra del don que tiene Thibon para hacer que parezca evidente lo que hasta un segundo antes no lo era. Y la cita de Bernanos es muy buena, temo que de vez en cuando me vuelvo una imbécil triste.

Voy leyendo todas sus entradas. La serie "A informaçâo contra a cultura" es estupenda. Y las que son fabulosas son sus traducciones, parece que la conferencia estuviera escrita originalmente en portugués. Creo que me gusta más así que en francés, suena de maravilla, es una lengua hermosísima (y con un complicado sistema de acentuación por lo que veo. A falta del signo adecuado en el teclado, por ejemplo, no sé si es peor escribir "informaçâo" o "Sâo Paulo", con circunflejo, que "informaçao" o "Sao Paulo" a secas).

Un abrazo y gracias de nuevo, por permitirnos conocer mejor a G.Thibon y por su amabilidad.

Kurtz75 dijo...

Gracias por facilitarme este texto. Me ha dado mucho que pensar.

cb dijo...

Thibon siempre da mucho que pensar.
Las gracias se las debemos a él y a Fernando, del Blog "o equilibrio e a harmonia", que nos da a conocer textos tan estupendos.
Bienvenido y muchas gracias por su visita, Kurtz.