26 febrero 2010

II. Rilke (Tengo miedo)

Seguimos con el libro de J.M. Ibáñez Langlois (Rilke, Pound, Neruda. Tres claves de la poesía contemporánea) :

"Han pasado los ismos a la vera del Libro de horas y de las Elegías; se han hecho y deshecho los gustos y las modas literarias, y la lírica intemporal de su obra, esa poesía esencial de la condición humana, se yergue inalterada en el más cambiante de los tiempos.
Y es que, de este cambio él parece haber poseído la anticipada clave. El hombre en descampado sobre las cumbres del corazón; el hombre indefenso y proyectado hacia lo abierto; el hombre, habitante de la total, la pura peligrosidad del mundo. [...] Rilke es lectura que no puede ahorrarse quien quiera comprender el signo de este tiempo. [...] Los críticos alemanes han encontrado la palabra justa: "Gedankenlyrik"; una "lírica del pensamiento" es la de este artista, para quien pensar y poetizar eran energías aún no escindidas, un solo movimiento del intelecto y el corazón."
***

"...Y ciertamente no le interesó su propia personalidad a la manera romántica, el culto al yo, la genialidad consciente. (...) En él, precursor, la exacerbación del autoanálisis se convierte en olvido de sí, en pura mirada, atención al misterio de la cosa, palabra que la revela. (...) "¿Qué derecho tendrían esos libros a nacer de mí si no fueran más que yo?" (...) Lo dice en el Réquiem para un poeta:
Oh vieja maldición de los poetas
que se quejan cuando deben decir;
que siempre opinan sobre sus sentires
en lugar de formarlos, y suponen
que cuanto en ellos es triste y gozoso
sabrían y podrían en poemas
llorarlo o festejarlo. Como enfermos
convierten en lamento su lenguaje,
para decir dónde les duele, en vez
de transformarse, duros, en palabras,
como el cantero de una catedral
se transforma en la calma de la piedra..."
***

"Pero Rilke no es sospechoso de interesarse por el puro juego de las formas. Se recordará aquel célebre pasaje donde por boca de Malte, identifica los versos con experiencias, y para cada uno de ellos pide a su autor haber visto muchas ciudades, hombres y cosas; haber conocido animales, pájaros, flores; retener lugares, encuentros inesperados, noches de viaje, días de infancia, compañias de agonizantes, noches de amor y tantas cosas más que han de hacerse sangre en nosotros, mirada y gesto; sólo de todo eso, sólo entonces, puede ocurrir que en una hora muy extraña se levante en su centro la primera palabra de un verso."
***

"Se sintió enfermo del alma, pero no estuvo dispuesto a curarse porque, una vez sano, hubiera quedado vacío para la creación...:  Me sentía tan íntimamente ligado a la obra iniciada, a la dicha y al dolor que me procuraba, que jamás deseé sinceramente cambio alguno... Me parece que si se hacía salir a mis demonios interiores, alguno de mis ángeles, aunque fuese el más pequeño, quedaría aterrado, y usted comprenderá que a esto no puedo exponerme."
***

"Padre y no hijo de filósofos. Su gran poesía, gestada en los mismos años que las grandes novelas de Kafka, también coterráneo suyo, va a pesar no menos que éstas en la génesis del pensamiento existencial, en Heidegger, Marcel, Jaspers. Así el precursor de las sombrías intuiciones de lo abierto, del existir, de la angustia, de la muerte propia, de la soledad, del riesgo, con medio siglo de posterioridad, se sigue beneficiando de la vertiginosa actualidad de tales exploraciones:
Sólo nosotros vemos muerte. El libre
animal tiene tras de sí su ocaso
y ante sí a Dios, y cuando va, camina
por lo eterno, lo mismo que las fuentes.
Nunca tenemos, ni un momento, el puro
espacio por delante, en que las flores
se abren interminables. Siempre hay mundo
(...)
¿Quién nos volvió al revés, para que siempre
por más que hagamos, nuestro gesto sea
el de marcharse...?
Así vivimos siempre en despedida."
***

En cuanto a la valoración de la obra de Rilke exclusivamente por sus conexiones filosóficas, continúa Ibáñez Langlois :


"...es la invalidación del Rilke joven, el más alejado de toda filosofía, el que en Ewald Traggy ridiculiza las "Weltanschauung" y las visiones del mundo: Una mañana, todavía en noviembre, despierta Traggy y tiene una cosmovisión, de veras. No se puede negar, está ahí... puesto que se la ha encontrado en casa, asume que sea suya...
[...] Pero, ¿se puede juzgar la obra de Rilke con este metro? Estos señores metafísicos germánicos... con ese solo desplazamiento están leyendo a Rilke como a Husserl. (...) ¿Es que nadie querrá leer un poema como poema y entender a un poeta como poeta? ¿Es que los psiquiatras y filósofos serán por profesión ajenos a la belleza pura, a la inocencia creadora, al resplandor no comprometido de estos libros henchidos de versos así? :
Señor, es tiempo. Enorme fue el verano.
Pon ya sobre el reloj de sol tu sombra
y deja suelto el viento en las llanuras."
***

"Es hora de terminar esta ya extensa incursión.... Allí donde se cumple el último círculo de su existencia, el más vasto: ... Giro en torno de Dios, antigua torre,/giro hace miles de años./ Y aún no sé si soy águila o tormenta/ o si soy un gran cántico. Allí donde terminan incluso sus exploraciones descendentes, su vertiginoso caer en la angustia y en la muerte: Pues hay Alguien que acoge esta caída/ con suavidad inmensa entre sus manos.
[...] Su esencial heterodoxia fue la idea, recogida de la mística de Silesius y del maestro Eckhart, según la cual   "Dios necesita de nosotros, Dios no puede existir sin el hombre".  Lo dicen los más hermosos poemas del Libro de horas...:

¿Qué vas a hacer, Señor, cuando me muera?
Tu cántaro soy yo (¿y cuando me rompa?)
tu bebida soy yo (¿y cuando me vierta?)
Tu mirada, que acojo en mi mejilla
tibia, como una almohada, largo tiempo
caminará en mi busca
y a la puesta del sol se dormirá
en el regazo de piedras extrañas.
¿Qué harás, Señor, entonces? Tengo miedo."

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José Miguel Ibáñez Langlois, Rilke, Pound, Neruda. Tres claves de la poesía contemporánea, Ediciones Rialp, Madrid, 1978.


(Continuará)
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[Tengo que decir que los articulos sobre Rilke recogidos en este librito de Ibáñez Langlois (Rilke en su tiempo; Las patrias de Rilke: Rusia, París, Toledo; Rilke ante los psicólogos; ¿Rilke existencialista?; Rilke frente a Dios...así hasta nueve artículos, más una historia personal del descubrimiento del poeta por el autor del libro) son lo mejor que he leído sobre Rilke. Se nota que tras ellos hay un poeta. Alguien, no recuerdo quién, decía que sólo los poetas están capacitados para ejercer la crítica poética. No sé si se puede ser tan tajante, lo que sí sé es que se nota cuándo es un poeta, y un poeta agradecido, el que la ejerce. Sólo hay dos cosas en el libro que me perturban: la irónica alusión al " temblor de un chopo en el crepúsculo" en la introducción (véase la entrada anterior), y la "esencial heterodoxia" de esa idea de Rilke: la de que Dios nos necesita. ¿Por qué? ¿Qué es lo que tiene de heterodoxo?
P.S.: Dos buenos amigos, experimentados en esto de la bloguería, me han aconsejado reducir el tamaño de las entradas, parece que un poco disuasorio. Así que gracias a quien haya llegado hasta aquí, puede pasarse a cobrar por caja... En serio, procuraré corregirme. Esta entrada la dejo ya así porque tenemos un largo fin de semana por delante. Feliz fin de semana]

24 febrero 2010

I. El temblor de un chopo

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"Charlando con un crítico de arte, mi vecino en las páginas dominicales del diario "El Mercurio", llegábamos, desde nuestras respectivas disciplinas -la literatura y la plástica-, a un acuerdo axiomático: la gran creación artística de nuestro siglo se sitúa en el intervalo entre las dos guerras mundiales, y más en la cercanías de la primera que de la segunda. En ese punto mi interlocutor me pidió, sin piedad ni ambages, que le indicara los tres nombres más significativos de la poesía del siglo XX, tanto por su calidad propia como por su influencia. Poco amigo de rankings poéticos, confieso que en el calor de la conversación, lancé los dos primeros nombres con los ojos cerrados, sin duda alguna: Rainer Maria Rilke y Ezra Pound. El tercer nombre me resultó mucho más problemático (...) ¿Uno de tantos franceses: Eluard, Breton, Aragon, Saint-John Perse? Ninguno me convencía como talento individual. Lo mismo me ocurría con los herméticos italianos: Ungaretti, Montale, Quasimodo. El griego Kavafis es grande, pero poco representativo, y Pound realizó mejor que él una tarea vagamente similar."

"¿Los españoles? De la generación de 1927 yo sólo salvaría enteramente a García Lorca, pero aun éste tiene algo de parcial, casi de local. Borges, ni pensarlo. Paz, tampoco. Me pareció entonces -y no por coterraneidad- que sólo Pablo Neruda resume como ningún otro el siglo entero, con todos sus vaivenes y aun con todas sus contradicciones. Poeta enorme, "gran mal poeta" para sus enemigos, "fenómeno de la naturaleza" para sus admiradores, uno se explica bien la intensa impresión de fuerza y vitalidad americana que causó en Miguel Hernández, quien comparaba tristemente ese desborde volcánico con aquella poesía peninsular que no sabía sino conmoverse delicadamente ante el temblor de un chopo en el crepúsculo castellano."

"Rilke, Pound, Neruda: tres claves de la poesía contemporánea. (...) Quedaba la tarea -que se cumple inicialmente en estas líneas- de desentrañar a grandes rasgos qué había aportado de propio y específico, a la lírica de nuestro siglo, cada uno de estos hombres tan disímiles. "
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(Continuará)
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José Miguel Ibáñez Langlois
, Rilke, Pound, Neruda. Tres claves de la poesía contemporánea, Ediciones Rialp, Madrid, 1978

22 febrero 2010

¿Optimismo o pesimismo?

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...El otro día, en Nueva York, después de una charla sobre este problema [el mal en el mundo], un oyente me lanzó a bocajarro la pregunta: "Y finalmente ¿es usted optimista o pesimista?"
Respondí que esa pregunta no tenía sentido alguno y que no se trataba de ser optimista o pesimista a priori, sino de ver el bien o el mal allí donde están y tal como son, y, sobre todo, de trabajar para vencer el mal con el bien.
Pues hay un optimismo y un pesimismo, tan vulgares e irreflexivos el uno como el otro, que consisten en juzgar el mundo según nuestros humores o nuestra situación del momento. Si uno está feliz, lo ve todo de color de rosa, y en cuanto surge la menor contrariedad lo ve todo negro. Es en ese sentido en el que Bernanos decía que el optimista es un imbécil alegre y el pesimista un imbécil triste.
Estos dos errores opuestos tienen su origen en la misma falta de lucidez y en la misma inclinación a relacionarlo todo consigo mismo. Esa es la razón de que alternen con tanta facilidad en el mismo individuo. Conocí un hombre que disfrutó largo tiempo de una magnífica salud y cuyos asuntos marchaban de maravilla. "La vida es bella" proclamaba a cada instante. Todos los enfermos le parecían quejicas y todos los desgraciados incapaces. Pero llegó el día en que le tocó conocer de cerca la enfermedad y las dificultades materiales. Se hundió entonces en un pesimismo absoluto, repitiendo sin cesar que el mundo era cruel y que la vida no merecía la pena vivirla.
Ese cambio de óptica se explica sin esfuerzo. El hombre que, incrustado en su felicidad personal, permanece ciego e insensible a los males ajenos, es quien más indefenso se encuentra en el momento en que la prueba se abate sobre él. Se convierte en presa integral de ese mal que no supo ni ver ni prever.
Así, después de estar cegado por la felicidad hasta el punto de dejar de ver el mal que le rodea, es cegado por la desgracia al punto de no ver ya los bienes que le quedan. Pues aquí abajo no existe ningún mal absoluto; sea como sea nuestra prueba, siempre conservamos algo -ya sea la salud física, o algunos recursos materiales, o bien el afecto de quienes nos rodean- y, en el caso de que lo hayamos perdido todo, aún nos queda la esperanza en Dios y en la vida eterna.
No olvidemos, en efecto, que nuestra paz interior depende menos de los sucesos en sí que de nuestra interpretación de los mismos; según el modo en que los recibamos, la peor catástrofe puede convertirse para nosotros en causa de desesperación o en motivo de esperanza. Pienso ahora en dos hombres de mi comarca que durante la última guerra fueron deportados al mismo campo campo de concentración. Uno era creyente y el otro ateo. El primero desfalleció ante la prueba y perdió la fe; el segundo, iluminado por el sufrimiento, volvió a la religión. El acontecimiento resultó diferente.
Es así como se resuelve el falso problema del optimismo y el pesimismo. Es igualmente absurdo decir que todo va bien o que todo va mal: lo que se nos pide es luchar sin descanso para que todo vaya mejor.
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Gustave Thibon, Revue Itineraires, "Billets", 1 octobre 1976
Fuente: O equilíbrio e a harmonia. http://oequilibrioeaharmonia.blogspot.com/
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[Este último sábado -qué maravilla este invento de internet- un caballero de Sâo Paulo, de nombre Fernando, tuvo la amabilidad de enviarme un comentario en relación con la entrada dedicada al profesor Rafael Gambra, por el que compartimos admiración, y darme a conocer el interesantísimo Blog del que es autor, dedicado en exclusiva al filósofo y escritor-campesino, como él mismo gustaba llamarse, G. Thibon, una de las lumbreras del pensamiento católico del siglo XX.
Fue Thibon quien en 1940, por recomendación del Padre Perrin, destinatario de las cartas más tarde publicadas bajo el título "Attente de Dieu", acogió en su granja como trabajadora a Simone Weil, apartada de la docencia por las leyes antisemitas del Gobierno de Vichy. De la paciencia y el afecto de Thibon por su extraña protegida y de las largas conversaciones entre ambos surgió el aprecio mutuo y una profunda amistad. Viéndose obligada a huir del país en 1942, S.Weil confió el manuscrito de La gravedad y la gracia al filósofo, quien se encargó de hacerlo imprimir poco después de que ella falleciera.
El texto de arriba es traducción de la entrada titulada "Optimisme ou Pessimisme?", publicada el 20 de febrero en el Blog "O equilíbrio e a harmonia" por D. Fernando, a quien quedo agradecidísima por la visita y por su fabuloso Blog, en el que pueden encontrarse conferencias y artículos de Thibon aparecidos en la revista "Itineraires" que serían difícilmente accesibles de otro modo.]

18 febrero 2010

Disminución

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Los bienhechores de Cristo ("tuve hambre y me disteis de comer") no son llamados por él amantes o caritativos, son llamados los justos. El Evangelio no hace ninguna distinción entre el amor al prójimo y la justicia. Nosotros hemos inventado la distinción entre justicia y caridad. Es fácil comprender por qué. Nuestra noción de justicia dispensa al que tiene de la obligación de dar. Si con todo da, cree que puede estar contento de sí mismo, piensa que ha hecho una buena obra. ... Sólo la identificación absoluta de la justicia y el amor hace posibles, a la vez, tanto la compasión y la gratitud como el respeto de la dignidad de la desdicha, por el mismo desdichado y por los otros.
***
La virtud sobrenatural de la justicia consiste, cuando uno es el superior en una relación desigual de fuerzas, en comportarse exactamente como si hubiera igualdad. Exactamente bajo todos los conceptos, comprendidos los menores detalles de tono y actitud, pues un detalle puede bastar para volver a lanzar al inferior al estado de materia que en esa situación es por naturaleza el suyo, de igual modo que el menor choque congela el agua que se mantuvo líquida por debajo de cero grados. Esta virtud, en el caso del inferior así tratado, consiste en no creer que verdaderamente exista igualdad de fuerzas, en reconocer que la generosidad del otro es la única causa de ese tratamiento. Es lo que denominamos reconocimiento. El reconocimiento, cuando es puro, es una participación en esa misma virtud, pues sólo puede reconocerla quien es capaz de ella.
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Aquel que trata como iguales a aquellos a quienes la relación de fuerzas le puso muy por debajo, les hace verdaderamente un don , les otorga la condicion de seres humanos de la que la suerte les privaba. En la medida en que le es posible a una criatura, reproduce a su modo la generosidad original del Creador. Esta virtud es la virtud cristiana por excelencia...
***
La existencia del mal aquí abajo, lejos de ser una prueba contra la realidad de Dios, nos revela su verdad. ... La Creación, por parte de Dios, no es un acto de expansión, sino de retirada, de renunciamiento. Dios más todas las criaturas es menos que Dios sólo. Dios ha aceptado esta disminución. Ha vaciado de sí una parte del ser. Él mismo se ha vaciado en ese acto de su divinidad; es por lo que San Juan dice que el Cordero ha sido degollado desde la constitución del mundo. Dios ha permitido la existencia de cosas diferentes a Él y valiendo infinitamente menos que Él. Se ha negado a sí mismo por el acto creador, como Cristo nos ha prescrito negarnos a nosotros mismos. Dios se ha negado en nuestro favor para darnos la posibilidad de negarnos por Él. Esta respuesta, este eco, al que podemos rehusarnos, es la única justificación posible a la locura de amor del acto creador.
***
La generosidad y la compasión son inseparables y tienen la una y la otra su modelo en Dios; esto es: la creación y la Pasión.
***
Incluso en el arte y la ciencia, si bien la producción de segundo orden, brillante o mediocre, es una extensión de sí, la producción enteramente de primer orden, la creación, es renuncia de sí. No se discierne esta verdad porque la gloria entremezcla y recubre de fulgor indistintamente a las producciones de primer orden y a las más brillantes de segundo orden, incluso dando frecuentemente ventaja a estas últimas.
***
La caridad del prójimo, estando constituida por la atención creadora, es análoga al genio...
***

Dios no está presente, aunque se le invoque, allí donde los desgraciados son simplemente una ocasión para hacer el bien...Pues entonces ...son amados impersonalmente. Y es preciso hacerles llegar a su estado inerte, anónimo, un amor personal . Es por lo que expresiones como "amar al prójimo en Dios o por Dios", son expresiones engañosas y equívocas.... No es el momento de volver el pensamiento hacia Dios. Igual que hay momentos en los que hay que pensar en Dios olvidando a todas las criaturas sin excepción, hay momentos en los que mirando a las criaturas no hay que pensar explícitamente en el Creador. En esos momentos la presencia de Dios en nosotros tiene por condición un secreto tan profundo que lo sea incluso para nosotros. Hay momentos en los que pensar en Dios nos separa de Él. El pudor es la condición de la unión nupcial.

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En el amor verdadero no somos nosotros quienes amamos a los desdichados en Dios, es Dios en nosotros quien ama a los desdichados. Cuando estamos nosotros en la desgracia, es Dios en nosotros quien ama a los que nos desean el bien. La compasión y la gratitud descienden de Dios, y cuando se intercambian en una mirada, Dios está presente en el punto en que las miradas se encuentran. El desgraciado y el otro se aman a partir de Dios, a través de Dios, pero no por amor de Dios; se aman por amor el uno del otro.


Simone Weil, Attente de Dieu. Lettres écrites du 19 janvier au 26 mai 1942, Éditions Fayard, Paris, 1966 . Traducc. sol y escudo.

16 febrero 2010

Quijotes todos

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... Preguntóle si traía dineros; respondió don Quijote que no traía blanca, porque él nunca había leído en las historias de los caballeros andantes que ninguno los hubiese traído. (I,III)

—... Hágote saber, Sancho, que es honra de los caballeros andantes no comer en un mes, y, ya que coman, sea de aquello que hallaren más a mano; y esto se te hiciera cierto si hubieras leído tantas historias como yo, que, aunque han sido muchas, en todas ellas no he hallado hecha relación de que los caballeros andantes comiesen, si no era acaso y en algunos suntuosos banquetes que les hacían, y los demás días se los pasaban en flores. (II,X)


(El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha)

09 febrero 2010

Donoso y Valera

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1. Donoso Cortés dice:
De cómo en toda gran cuestión política va envuelta siempre una gran cuestión teológica:

M. Proudhon ha escrito en sus Confesiones de un revolucionario estas notables palabras: «Es cosa que admira el ver de qué manera en todas nuestras cuestiones políticas tropezamos siempre con la teología». Nada hay aquí que pueda causar sorpresa, sino la sorpresa de M. Proudhon. La teología, por lo mismo que es la ciencia de Dios, es el océano que contiene y abarca todas las ciencias, así como Dios es el océano que contiene y abarca todas las cosas (…)

Esto sirve para explicar por qué causa, al compás mismo con que se disminuye la fe, se disminuyen las verdades en el mundo; y por qué causa la sociedad que vuelve la espalda a Dios ve ennegrecerse de súbito, con aterradora oscuridad, todos sus horizontes. Por esta razón, la religión ha sido considerada por todos los hombres y en todos los tiempos como el fundamento indestructible de las sociedades humanas: Omnis humanae societatis fundamentum convellit qui religionem convellit, dice Platón en el libro X de sus Leyes. Según Jenofonte (sobre Sócrates), «las ciudades y naciones más piadosas han sido siempre las más duraderas y más sabias». Plutarco afirma (contra Colotés) que «es cosa más fácil fundar una ciudad en el aire que constituir una sociedad sin la creencia de los dioses». Rousseau, en el Contrato Social (1.4 c.8), observa que «jamás se fundó Estado ninguno sin que la religión le sirviese de fundamento». Voltaire dice (Tratado de la tolerancia c.20) que «allí donde hay una sociedad, la religión es de todo punto necesaria». Todas las legislaciones de los pueblos antiguos descansan en el temor de los dioses... Como César hubiera pronunciado un día en pleno Senado ciertas palabras contra la existencia de los dioses, luego al punto Catón y Cicerón se levantaron de sus sillas para acusar al mozo irreverente de haber pronunciado una palabra funesta a la República. Cuéntase de Fabricio, capitán romano, que, como oyese al filósofo Cineas mofarse de la divinidad en presencia de Pirro, pronunció estas palabras memorables: «Plegue a los dioses que nuestros enemigos sigan esta doctrina cuando estén en guerra con la República». (...)

Aquel que, cuando habla explícitamente de cualquiera cosa, ignora que habla implícitamente de Dios, y que, cuando habla explícitamente de cualquier ciencia, ignora que habla implícitamente de teología, puede estar cierto de que no ha recibido de Dios sino la inteligencia absolutamente necesaria para ser hombre. (...)

En todas las zonas, en todos los tiempos y entre todas las razas humanas, se ha conservado una fe inmortal en una transformación futura, tan radical y soberana, que juntaría en uno para siempre la naturaleza humana y la divina. (...) La diferencia entre el panteísmo y el catolicismo está en que el panteísmo sostiene que el hombre es Dios por su naturaleza, mientras que el cristianismo afirma que puede llegar a serlo sobrenaturalmente por la gracia; está en que el panteísmo enseña que el hombre, parte del conjunto que es Dios, es absorbido completamente por el conjunto de que forma parte, mientras que el catolicismo enseña que el hombre, aun después de deificado, es decir, después de penetrado por la sustancia divina, conserva todavía la individualidad inviolable de su propia sustancia. El respeto de Dios hacia la individualidad humana, o lo que es lo mismo, hacia la libertad del hombre, es tal, según el dogma católico, que ha dividido con ella el imperio de todas las sociedades, gobernadas a un mismo tiempo por la libertad del hombre y por el consejo divino.

2. y Juan Valera responde:

...Claro está que si Dios no hubiera querido, ni se hubiera descubierto el pararrayo, ni el vapor se hubiera aplicado como fuerza motriz, ni se hubiera inventado la brújula, ni la pólvora, ni la imprenta. No se hubiera inventado tampoco la economía, el derecho político, la ciencia de la administración y otras, en virtud de las cuales se mueve la gran máquina de la sociedad, y se mueve hacia el bien, porque Dios lo quiere, y porque Dios la dirige, valiéndose para ello de la inteligencia y de la libertad del hombre.
"La disminución de la fe trae consigo la disminución del bien y de la verdad en el mundo", ha dicho el marqués de Valdegamas. Es así que el bien y la verdad, aunque anublada e incompleta ésta, y aquél escaso y fugitivo, existen hoy en el mundo, más abundante el uno, y la otra más clara que nunca; luego la fe existe también en los corazones. Lo que dejará pronto de existir es la superstición y el fanatismo.

1-Juan Donoso Cortés, Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo. 2-Juan Valera, Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo, considerados en sus principios fundamentales, por D. Juan Donoso Cortés, Marqués de Valdegamas.

[El iluminado Juan Valera, después de poner a caer de un burro al oscurantista "marqués" (y de recordarle al lector su marquesado cada vez que se le presenta la ocasión), hace profesión de optimismo y de fe en el progreso. Es interesante fijarse en los términos utilizados, porque serán, revueltos de diversos modos y más o menos adaptados a los tiempos, los mismos que aparecerán desde entonces en todo discurso que se precie: "ciencia" de la administración, economía -de eso saben mucho los iluminados, a la vista está-, la gran máquina de la sociedad, la verdad anublada que empieza a despejarse, la superstición y el fanatismo que llegan a su fin... Es también muy reveladora su manera de entender la acción divina . En el fondo de la crítica, la omnipresente suficiencia iluminado-progresista (suficiencia desconcertante cuando se comparan las figuras de Valera y Donoso) y la conclusión, cómo no, de cajón: el talento, la verdad y el altruismo, de parte propia; la torpeza, la mentira y los sucios intereses, de parte ajena. ¿A esta gente dónde le extirparon el mínimo sentido de la objetividad y la autocrítica? ¿Dónde les fabrican los espejos trucados? Estaría bien saberlo, poder mirarse un rato en ellos para saber qué se siente. Debe de ser tan agradable sentirse la encarnación de todo lo bueno, lo noble y lo inocente...

P.S. Aunque mejor no, es peferible que el espejo te cante las cuarenta y conservar, al menos, el sentido del ridículo. Acabo de escuchar el resumen de la sesión de control en el Congreso y me han entrado escalofríos oyendo a la Vice echar en cara a su oponente: gu-la-de-po-der, gu-la-de-po-der. Lo dicho: no se ven. Triste España ... sin ventura]

06 febrero 2010

Bendita injusticia

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"Nuestra última esperanza está en la injusticia de Dios"


Nicolás Gómez Dávila, Escolios Escogidos (Prólogo y Edición de Juan Arana), Los Papeles del Sitio, Valencina (Sevilla), 2007.

04 febrero 2010

La habla española

-I,20. De los estrangeros o bárbaros, deve abstenerse no solamente el buen rhetórico, sino también qualquiera que hable con los de su lengua; porque el barbarismo es vicio contra la buena gramática i mui contrario de la claridad, que es la prenda principal del bien hablar. Si algo, pues, no se pudiere decir en español, sino por rodeo, se dirá por él. Cicerón dice, que él assí lo practicava. El emperador Tiberio, aunque, según Suetonio en su Vida, tenía gran soltura i facilidad en hablar en griego (entonces mui común entre los romanos); con todo esso, para aver de nombrar la palabra monopolio, que era griega, delante del senado, le pidió licencia para usar de ella; i fue tan insolente Marco Pomponio Marcelo, gramático de aquellos tiempos, que diciendo Ateyo Capito, insigne letrado que ya se avía usado la palabra de que se valía Tiberio, i que, aunque no fuesse latina, lo sería en adelante; dijo Marcelo: Miente Capitán; porque tú, o César, puedes dar la ciudadanía a los hombres, pero no a las palabras. Tan remirados como esto eran los romanos en la conservación de su lengua...


I,67. Hemos dicho en qué cosas consiste la habla española. Veamos cómo se consigue. Se adquiere con sólo oír; o con la letura i la imitación de los buenos escritores, que son pocos; i por esso es menester gran juicio para distinguir i elegir los mejores, entre los quales ciertamente podemos contar, de los prosistas: a frai Antonio de Aranda, a D. Diego Hurtado de Mendoza, a frai Luis de León, frai Luis de Granada, frai Pedro de Oña, frai Hernando de Zárate, frai Hernando de Sant-Iago, frai Pedro Malón de Chaide, a Pedro de Ribadeneira, a santa Theresa de Jesús, a Gaspar Gil Polo, a Luis Gálvez de Montalvo, a Matheo Alemán, a Pedro de Valencia, a Miguel de Cervantes Saavedra, a Antonio López de Vega, a D. Juan Vitrián i a D. Diego de Saavedra Fajardo; i de los poetas: a D. Jorge Manrique, a Garci-Lasso de la Vega, a Juan Boscán, a Christóval de Castillejo, a D. Diego Hurtado de Mendoza, a frai Luis de León, a Gregorio Hernández de Velasco, a Christóval de Virués, a Francisco de la Torre, a D. Estevan Manuel de Villegas, a los hermanos Argensolas, i a otros pocos. Para formar el estilo deven leerse con gran freqüencia mui pocos i los mejores; pero una vez formado, conviene estender la leyenda a otros muchos, para adquirir una gran abundancia de palabras i de cosas; i ningunos son mejores que los que han escrito chrónicas o historias...


Don Gregorio Mayans y Síscar (1699-1781) , Rhetorica, Libro III. De la elocución, Capítulo I. De las partes de la elocución.
[la tenéis publicada completa aquí:

01 febrero 2010

On peut dire aussi

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L.Heker -Rainer Maria Rilke dijo: "Señor, concede a cada cual su propia muerte". ¿Usted cree que hay una "muerte propia" que debe corresponderle a cada hombre?
J.L.Borges -Creo que esa idea la tomó Rilke de Séneca. Séneca dice exactamente "morire sua morte": morir su muerte. Eso significa que el estilo de la muerte es el estilo de la vida. Ahora, hay quien piensa que Rilke, al decir eso, pensaba en algo mucho menor. En alguna parte él dice que antes la gente nacía en su casa y moría en su casa, y que ahora la gente nace en un sanatorio y muere en un sanatorio... Puede ser que Rilke se refiera a eso, simplemente, pero es más linda la idea de Séneca de que la muerte debe corresponder a la vida. Por ejemplo, yo leí un poema de Johannes Becher, poeta alemán que se hizo comunista después, sobre la muerte de Goethe... Él dice -supongo que lo inventó porque ningún otro biógrafo dice eso, y yo he leído varias biografías de Goethe-, dice que él se estaba muriendo y que escribía; escribía en el aire. Dice que él escribía, así, y que luego tachaba una línea y ponía otra... Ahora, eso sería exactamente la muerte de un escritor. El poema termina así: So starb er schreibend, "y así murió escribiendo". Mire, yo creo que es una invención de Becher, pero qué importa que sea una invención, ¿no? (...)

LH -Sartre dice que siempre se muere demasiado pronto o demasiado tarde. ¿Usted está de acuerdo con esta afirmación?
JLB -Desde luego que yo creo que nunca se muere demasiado pronto; siempre se muere demasiado tarde. Sartre es una persona muy rara; Sartre dejó de escribir cuando se quedó ciego. Yo no entiendo eso. Al contrario, yo he pensado: ahora que estoy ciego, tengo que seguir trabajando, porque ¿qué justificación tiene mi vida si no trabajo? ...
LH -Tal vez lo que pasa con Sartre es que, a través de su filosofía, hizo una valorización de la mirada. Otra cosa que le pasa, creo, es que no puede dictar: necesita, físicamente, el acto de escribir.
JLB -Bueno, es que yo me refería sólo a escribir; lo que no se puede es corregir más. Henry James dejó de escribir y dictó, y eso influyó sobre su estilo; se hizo mucho más palabrero, menos conciso. Pero hay muchos escritores que han dictado. El primer escritor que no escribió directamente, sino que tenía discos y grababa, fue Mark Twain. Mark Twain estaba muy interesado en lo que era un invento nuevo, el fonógrafo; él tenía discos y le gustaba dictar a los discos. Se levantaba de noche, la familia lo oía hablar solo, y él estaba dictándole al disco. Recuerdo una frase de él: "Yo no pregunto de qué raza es un hombre, qué religión profesa, qué lugar ocupa en la escala social. Me basta con que sea un ser humano: peor que eso no puede ser". Uno espera lo contrario, ¿no? (...)

LH-Virgilio quiso quemar La Eneida, pero no llegó a hacerlo. Kafka encomendó la desaparición de su obra nada menos que a su amigo Max Brod. ¿No cree que en el fondo ningún artista, y ningún ser humano, quiere desaparecer, no dejar rastros?
JLB -Yo creo que, en el caso de Virgilio, lo que él quería dejar claro era que él no consideraba que La Eneida fuera perfecta; no la había concluido; el libro quedó inconcluso. Lo que él quería decir era: yo no asumo la responsabilidad de esa obra. Y Kafka también. Pero al mismo tiempo ellos sabían que los amigos iban a desobedecerlos, porque, si no, la hubieran quemado ellos, es evidente.
Bueno, hay otro caso que sí puede ser más serio. Es el de la gran escritora norteamericana Emily Dickinson. Emily Dickinson dijo: "No creo que la publicidad sea parte del destino de un escritor". Y no quiso publicar nada. Cuando ella murió, en sus cajones encontraron centenares o miles de versos, y los publicaron. Pero ella no había querido publicarlos. Al mismo tiempo tampoco los destruyó. Pero no dijo nada. Ella murió y la gente encontró su obra; la gente sabía que escribía versos. Creo que en vida de ella se publicaron dos de sus poemas y nada más, muchos no tienen valor, pero los que yo recuerdo de ella son versos lindísimos: Parting is all we know of Heaven, and all we need of Hell: La despedida es todo lo que sabemos del Cielo, y todo lo que precisamos del Infierno. Lindísimo. Además, una despedida es las dos cosas. Quizás, el momento de la despedida es el momento más intenso en la relación entre dos personas. Cuando uno se despide de alguien, uno está más con esa persona que si uno la ve vulgarmente. Al mismo tiempo, uno sabe que ésa es la última vez. Quiero decir que en la despedida se dan a la vez (supongo que es eso lo que ella quiso decir), se dan a la vez la máxima presencia y la máxima ausencia, ¿no? (...)

LH- En su literatura, los personajes muchas veces se reivindican por una muerte violenta.
JLB-Sí, yo me he ocupado mucho de la muerte. Y estoy pensando escribir un libro contando muertes y agonías distintas. Ultimas palabras distintas, también.
Me contaron la muerte de un gramático francés. ¿Quién era? Bueno, no recuerdo el nombre en este momento. Él murió en su ley; él era gramático y dijo algo así como: Je meurs, on peut dire aussi: je me meurs. Murió en su ley, ¿no? murió siendo un gramático. Eso también es una muerte propia. "Yo muero puede decirse también: yo me muero"...


Liliana Heker, Diálogos sobre la vida y la muerte (Conversaciones con J.L.Boges et al.), Aguilar, Buenos Aires, 2003


[Borges, que no creía en la inmortalidad y la consideraba “una especie de ficción piadosa”, cuenta en esta misma entrevista que su también descreído padre le dijo que cuando estuviera en su lecho de muerte “posiblemente, para hacerle un gusto a tu madre, llamaré a un sacerdote y diré algunas mentiras piadosas. Pero no me creas, vos sabés que yo no creo en esas cosas”. Quizá por seguir la tradición paterna, y aun no teniendo esposa católica a la que hacer un gusto, parece que Borges murió rezando el Padrenuestro en inglés, francés, sajón antiguo… Tuvo pues una muerte, como la del gramático, muy propia, dicho sea en todos sus sentidos]