08 mayo 2015

A vueltas con el odioso Yo


  • Esto dice Simone Weil:
"Todo el esfuerzo de los místicos se ha dirigido siempre a obtener que deje de existir en su alma alguna parte que diga “yo”. Pero la parte del alma que dice “nosotros” es aún más peligrosa. El tránsito a lo impersonal sólo se opera mediante una atención de una cualidad rara y que sólo es posible en la soledad.(...) No se lleva a cabo jamás en quien se piensa a sí mismo como miembro de una colectividad, como parte de un “nosotros”. (...) No solo la colectividad es ajena a lo sagrado, sino que desorienta proporcionando una falsa imitación".

"Dios nos ha vestido con una personalidad —lo que somos— con objeto de que nos la quitemos".

  • Y esto dice Léon Bloy:
"A propósito de ese molde deprimente usado en la Compañía de Jesús y que se llama "Ejercicios", yo afirmo que la santidad no es otra cosa que el esparcimiento feliz y completo de la individualidad, y que el estrangulamiento de ésta es una obra demoníaca. Cuanto más santo, más singular , empezando por san Ignacio de Loyola, que fue el más grande original de su tiempo".

O bien:

"Carta a Léon Letellier, ex marino, actualmente atacado de filosofía: Pascal ha dicho que "El Yo es odioso". En eso se equivocó el pobre Blas, como se equivocan los grandes hombres: es decir, mucho más y mucho mejor que los hombres comunes. En realidad, nada hay interesante fuera del Yo, fuera de la visión nítida de un alma, bella u horrible, que se descubre. Verdad indiscutible en literatura, por ejemplo: un poeta sin su yo es insoportable, fastidioso y repulsivo. Cuando usted escribe que "no somos interesantes", que "no podemos interesarnos recíprocamente, ni siquiera por nosotros mismos, por lo que en nosotros es individual o exclusivo", se engaña impúdicamente a sí mismo, por errar a la manera de Pascal pero con muchas más palabras, en una oscuridad mucho más profunda y doscientos cincuenta años más tarde".


Y aquí estoy yo (con perdón...)  hecha un lío y de acuerdo con los dos.

6 comentarios:

Suso Ares Fondevila dijo...

¿Y qué hacemos con el "Yo soy" de Jesús?

Cristina Brackelmanns dijo...

No sé qué me quieres decir, Suso, no acabo de verle la relación.
¿Te refieres al nombre de Dios: YWHW, el que Jesús repite afirmando su divinidad con gran escándalo de su auditorio ("En verdad os digo, antes que Abraham existiera, Yo Soy"). ¿A los sucesivos Yo Soy: La luz del mundo; El camino, la verdad y la vida; El pan de vida; El Buen Pastor?..?

¿Es por lo que dice Weil del esfuerzo por que deje de existir la parte del alma que dice "yo"?

Si es por eso, creo que no debes entenderlo de modo literal. Que somos está claro, con un modo de ser, creado, finito, contingente... que de ningún modo sería asimilable al "Yo Soy" de Jesús. Nuestro "yo soy", aunque le añadiéramos "la luz del mundo", que hay mucho iluminado que se lo cree, siempre significaría algo radicalmente distinto al "Yo Soy la Luz del mundo" de Jesús.
Y que el yo es irrenunciable, incluso en los místicos, está claro también. Cada vez que pensamos, cada vez que hablamos, casi cada vez que respiramos, decimos "yo". Hasta cuando decimos "te quiero", o "Salí tras Tí corriendo y eras ido", estamos diciendo "yo".

Aun así, es bastante diferente que el objeto de la atención, que de eso se trata, del foco de la atención, sea el yo-me-mí-conmigo, o sea el Tú-Te-Ti-Contigo.
Del foco de la atención, y de la consideración de nuestro "yo". Por eso San Agustín no escribe una "Autobiografía" sino unas "Confesiones", ni los místicos, aunque así digamos, tienen "escritos autobiográficos", porque el tema no es su "yo", esa nonada, sino Él, y la Gracia y la acción del Espíritu en las criaturas, entre las que ellos se encuentran.

Lo segundo que dice Weil, que ya veo que es la que no te convence, sobre despojarse de la personalidad (de la que desde luego ella no andaba nada escasa)tiene que ver con su teoría de la "descreación", una idea que hereda de Péguy, pero eso ya es harina de otro costal :)

Suso Ares Fondevila dijo...

Era, perdón, un anzuelo para provocar, y vaya si lo he conseguido, tu magnífica reflexión. Estoy de acuerdo con todo y con todos, en los distintos niveles en los que cada cual dice lo que dice.
Al final, superados los obstáculos, habremos de decir, solo coram Deo: "a vueltas con el amado Yo"

Cristina Brackelmanns dijo...

Mira que eres bicho, Suso, y yo toa la mañana devanándome los sesos.

Ya no vuelvo a picar, las magníficas reflexiones mucho mejor que las pongas tú, que para algo eres teológo por Salamanca ;)(eso, si no me equivoco, es un guiño, que ahora que ya no se llevan me estoy aficionando a las caritas).

Al final, coram Deo, sí, el amado yo.
Muy fino, Suso, y con solo una pincelada.
Tienes razón, esa es la cosa [y mientras tanto, coram la galería, como vivimos la mayoría de los mortales, el odioso yo :( (eso es el odioso yo)]

Anónimo dijo...

Querida Brackelmans, Cristina, si no tuvieses un yo, tan peculiar, atractivo, encantador, alegre, a veces también, no lo sé,..., con el que Dios te hizo, hubieses pasado desapercibida para quien esto escribe. ¿Qué hacemos con el yo?, un yo que todo lo trasciende, estoy seguro.

¿crees que se contrapone el pensamiento de Weil (la pura Weil) con la oración de Adrienne.

Abrazo Cordial, Tu amigo.

Oración para la liberacion de sí mismo


Señor, líbrame y tómame para Ti,

Tú me has mostrado las cadenas que me detienen en el camino,

y si aún están allí impidiendo, es ciertamente

porque yo en lo más

profundo aún no estoy dispuesto a separarme de ellas.

Como frecuentemente suspiro y me lamento

de tener tan poca libertad pienso al hacerlo

simplemente en las condiciones que la vida

cotidiana y el trabajo traen consigo;

Pero esas condiciones no son realmente las que impiden

el camino, no influyen su auténtico curso, sino al máximo solo su forma

exterior; quizá son sobre todo solo pequeñas pruebas.


Lo que realmente pesa no viene de afuera;

vive y toma forma en mí mismo,

es todo aquello a lo que me aferro,

a lo que no voy a renunciar

a lo que me sirve de apoyo y comodidad,

aquello de lo que creo tener un derecho.

Toma Señor -trato de suplicártelo seriamente- todo lo que a mis ojos pertenece a mi legítima propiedad anímica, pero que paraliza mi amor a Ti, lo que en mí hace detener y endurecer Tu amor a mi prójimo.

Hazme desaparecer en el torrente de tu amor a los hombres,

de modo que éste pueda derramarse sin obstáculos.

Amén.

Adrienne Von Speyr




Nada poseemos en el mundo -porque el azar puede quitárnoslo todo-, salvo el poder decir yo.

Eso es lo que hay que entregar a Dios, o sea destruir.

No hay en absoluto ningún otro acto libre que nos esté permitido, salvo la destrucción del yo.

Simone Weil

Cristina Brackelmanns dijo...

Querido, e inconfundible aunque anónimo, amigo V, R.
Muchas gracias por la oración de Speyr. Amén a todo, trato de suplicarlo seriamente.

El yo sólo se cura con el tú, pero no tú de cualquier modo, claro. Fíjate si tenemos ahora pendientes del tú, que es que se nos desviven, a todos los candidatos en campaña...
El yo sólo se cura con el Tú, desde ahí todos los tús, incluído el nuestro, que sólo vale como yo cuando es su tú. No es que me explique mucho, pero en fin, tú eres de rápido, y cordial, entender.

Y no, no creo que se contrapongan para nada Speyr y Weil, sólo en la expresión. Weil era muy tremenda.

Sobre el mismo tema, sigo teniendo pendiente -tus recomendaciones son órdenes- "El olvido de sí" de Pablo d'Ors. Empecé por Biografía del silencio y el otro lo tengo en reserva para el verano. Con Bobin y D'Ors conseguiremos superarlo. Espero.

"Dejad venir las cosas", como dice tu querida Adrienne. Otro abrazo para ti.