20 diciembre 2015

Caminos en la estepa


Queridos -y  bastante abandonados- amigos, hoy es cuarto domingo de adviento. Y me pilla de mudanza en el trabajo, de líos por aquí y por allá y con la casa sin barrer. Menos mal que tenemos a Bach que siempre nos ayuda a ubicarnos...

Aquí os dejo, para ayudar a allanar los caminos,  la Cantata BWV nº 132, Bereitet die Wege, bereitet die Bahn, compuesta para el cuarto domingo de adviento y dirigida, cómo no, por mi muy dilecto Richter. A los que no tengáis tiempo o ganas de escucharla entera, os sugiero que, tras el maravilloso comienzo (qué preciosidad las vibrantes rr de Edith Mathis: berrreitet die Wege, berrreitet die Bahn...), saltéis, desplegando el "mostrar más" de youtube y pinchando en el nº3, al tremendo aldabonazo del aria para Bajo "Wer bist du?", o, pinchando en el nº5, a la más amable y casi suplicante aria para Alto "Christi Glieder, ach bedenket", con sus repetidos ach bedenket, ach bedenket... (que vienen a significar: por lo que más queráis, tened en cuenta,  os lo ruego, tened en cuenta...):


https://www.youtube.com/watch?v=dyjcTq-KIyA

La traducción del texto completo de la Cantata, la traducción al español quiero decir, porque de su traducción al lenguaje universal, al lenguaje cordial. ya se encarga  la  música de Bach,  la tenéis a vuestra disposición aquí:  http://www.bach-cantatas.com/Texts/BWV132-Spa7.htm


04 septiembre 2015

Campo de retamas. Rafael Sánchez Ferlosio


   No llego a tener claro si el afecto que sentimos por algunos autores es resultado de las simpatías y las antipatías compartidas -sobre todo de las antipatías, porque las simpatías unen, pero las antipatías añaden un plus de complicidad (*)-, o si sucede más bien al revés. Es decir, y ya que andamos con Goethe, si el cariño nace de las afinidades electivas o las afinidades electivas del cariño, o ni lo uno ni lo otro y sólo se trata de un feliz conglomerado de  coincidencias. La cuestión es que a mí Goethe también se me atraganta un poco (salvo el Werther, supongo que porque eramos muy jóvenes, él cuando lo escribió y yo cuando lo leí), mientras que a Ferlosio le tengo verdadero afecto, diga lo que diga. Le paso hasta la temblorosa flor-bombilla de la utopía. 

    Todo eso viene a cuento de lo mucho que estoy disfrutando con Campo de Retamas  y de que he dado un salto de alegría leyendo este "Anti-Goethe,2", y no sólo porque le plante cara a Goethe, sino por el asunto, por ese importantísimo tertium datur. Hay demasiados falsos dilemas. Nos pasamos la vida escogiendo entre tragarnos la espada o empotrarnos en la pared. La tendencia a plantear las cosas en términos de dilema tiene un fondo perezoso y falto de imaginación, cuando no tramposo y avasallador: o lo tomas o lo dejas, o dentro o fuera, o pasas por el aro o atente, o la cartera o la vida, que decían los ladrones en los tebeos.  La cartera o la vida, y rapidito que hay prisa, es el prototipo del dilema. El ladrón siempre se calla la tercera opción: ...o que saques el spray, o que sepas kung-fu, o que aparezca un poli, o que me dé un infarto repentino. Entre la espada y la pared, esa situación tan incómoda e irritante, lo suyo es saltar bien alto o escurrirse por debajo, y, como poco,  protestar amargamente:

(Anti-Goethe, 2) Lo más despreciable y bellaco de la famosa declaración de Goethe: "Prefiero la injusticia al desorden", no está en el término que declara preferir -pues tal vez no sería tan diferente como al pronto pudiera parecernos la preferencia inversa-; la verdadera vileza de la frase consiste en claudicar ante el dilema, en no rebelarse airado, aun tan impotente como esclavo en argollas, y doblegarse a la ley del tercero excluido. Por mi parte, precisamente no se me ocurren palabras más apropiadas que atribuir al soplo del espíritu que una voz que susurra "Tertium datur!". Rechazar y desatar la falaz y fatal constricción de los dilemas, quebrantar la cadena del destino, es la obra del espíritu. Pues quien no haya comprendido que los dilemas son ya destino, ya fatalidad, ha renunciado a la mera posibilidad del albedrío.

   Ferlosio a veces rasca, a veces te vapulea (pero dejarse vapulear -por un libro- nunca viene mal), a veces cuesta seguirle -a mí por lo menos me cuesta, Ferlosio es de un saber apabullante-, pero siempre maravilla. Por su genialidad, por su originalidad, por esa mezcla de inteligencia profunda y oído finísimo, para las nimiedades reveladoras, para detectar las imposturas y volverlas del revés, para ver, a la vez que la tienda, la trastienda; por su alergia al gato que se pretende liebre, aunque el gato resultara suyo ("Ojo conmigo", avisa al comienzo del libro, alertando contra los autores de "pecios"); por su curiosa combinación de sabio y de gamberro, de hombre de vuelta de todo y de frescura infantil.  Ferlosio es mucho Ferlosio.

(*) Ese es el lazo, por ejemplo, que hace valer Ezra Pound en  la primera carta que le dirige a Joyce: ...de acuerdo a lo que W.B.Y. dice, imagino que tenemos un par de odios en común.


Rafael Sánchez Ferlosio, Campo de retamas. Pecios reunidos, Literatura Random House, Barcelona, abril 2015.

31 agosto 2015

Depende ...



Según J.W. Goethe, la teoría es gris y el árbol dorado de la vida, verde. Eso al menos, caro amigo, dice Mefisto en el Fausto: 
Grau, teurer Freund, ist alle Theorie und grün des Lebens goldner Baum.

Según mi admiradísimo R. Sánchez Ferlosio (aunque un poco, me parece a mí, en plan "de qué se trata que me opongo"), la vida es gris y la teoría verde:
(Anti-Goethe) A nadie podría yo sentir más ajeno y más contrario que al que dijo "Gris, mi querido amigo, es toda teoría,/ verde, en verdad, el árbol dorado de la vida". Siempre me ha parecido a mí, por el contrario, ser la vida lo gris, y aun lo lóbrego, lo siniestro, polvorienta y reseca momia de sí misma. Verde, tan sólo he visto, justamente, el árbol ideal de la teoría; dorada, sólo la imaginaria flor de la utopía, que brilla entre sus ramas, como una bombilla temblorosa e impávida, desafiando la ominosa noche, en la ciudad bajo los bombarderos. 

Y yo, como que no sé qué te diga... (que como habréis advertido es un endecasílabo de padre y muy señor mío).

23 agosto 2015

Tiempo de silencio (2)

Y seguimos con Martín-Santos.

¿Lengua viperina? Sí, pero no sólo. Hay una sátira frívola, despectiva, que no es más que bajeza y veneno, una ironía que atufa a resentimiento y suele nacer de la vanidad herida. Hay otra sátira, de buena ley podría decirse, la de Quevedo por ejemplo, la de Kierkegaard, la de Bloy -buenas lenguas viperinas todas ellas- o la de Cervantes -tan profunda, tan melancólica, tan fina que hasta puede prescindir de la lengua venenosa-, que nace de un sitio diferente. No del orgullo, no del desprecio, al contrario, la de buena ley suele estar entreverada de piedad. Una sátira, como la del tristemente malogrado Martín-Santos, que de haber llegado a cumplir los sesenta habría dado en cervantina, que nace de la lucidez y la desolación. Una burla que no deja títere con cabeza, empezando por la propia (la verdadera lucidez siempre empieza por uno mismo). Un repaso a todas nuestras lacras, las de los de arriba, los en medio y los de abajo, del que muy pocos se libran (que yo cuente sólo tres en todo el libro: la mujer del repugnante Muecas y un matrimonio de viejecitos, el que ocupa el peor cuarto de la pensión en la que el protagonista se aloja, a los que, por la ternura con la que describe sus gestos, seguro que conoció el autor). Una risa, resumiendo, bien bien triste, sobre todo para el que se ríe:

« Con regocijo, con júbilo, con prisa, con excitación verbigerativa, con una impresión difusa de ser muy inteligentes, se precipitaban los invitados en los dominios del agilísimo criado y se posaban luego en posturas diversas, ya sobre los asientos de las butacas gigantescas, ya sobre los brazos y respaldos de las mismas que eran capaces de dar confortable acomodo a los pájaros culturales que, encaramados en tales perchas y con un vaso de alpiste en la mano, lanzaban sus gorgoritos en todas direcciones, distinguiéndose entre sí las voces más que por su contenido específico, por el matiz sonoro de los trinos. El "¡Qué fácil se le entiende!" era muy pronunciado por aves jóvenes de rosado pico apenas alborotadoras y hasta humildes, incrédulas de su fácil vuelo hasta las ramas más bajas del árbol de la ciencia; el "¡Le he seguido perfectamente!" indicaba un grado más en el escalón de la autosuficiencia y en quien lo profería, al mismo tiempo que agradecimiento, aprobación hacia la manera de explicar sus verdades el filósofo; el "Esta mejor que nunca" era un graznido ronco de conocedor que cata las frutas del árbol y sabe si son aguacates, mangos, piñas u otra especie de tropical infrutescencia, al par que dictamina si el grado de maduración es el óptimo y si en el desembuche y pelado de la materia ofrecida se han seguido las reglas del buen gusto; el que afirmaba "Lo de la manzana ha sido genial, nadie ha explicado con tanta precisión y tanta claridad que la weltanschauung de cada uno depende de su propio puesto en el cosmos", era ya un gran pájaro sagrado de vuelo nocturno, búho sapientísimo definitivamente instalado en lo más umbrío de la copa.
Fuera de todas estas clasificaciones, pajarita preciosa pero también hábil pajarera, la señora de la casa volaba de rama en rama entonando canciones más complejas que al mismo tiempo que servían -como las de las otras aves- para su propia glorificación y adorno, tenían también fines más útiles de apareamiento y tercería de grupos (...). Cuidando de que ningún pájaro-bobo mediante un aislamiento excesivo, ni ningún irresponsable avestruz mediante impremeditada coz, pudiera alterar la armonía del conjunto, distribuía sus bandadas por sus amplias estufas de aclimatación, donde encontraban acomodo tanto las aves por su nacimiento adscritas a elevados climas sociales, como las que manifestaban con revoloteos impúdicos, picoteos un tanto demasiado ansiosos en los comedores o trinos excesivamente inteligentes su oriundez de climas más bajos junto a charcas fangosas e inferiores arroyos poco claros. Estos pájaros lindos sólo podían llegar a tales alturas, para ellos no predestinadas, merced a gracias especiales de plumaje o gorgorito que compensaran con su valor estético e "interesante" la mediocridad básica de su especie. Así como infrecuentes mutaciones  en el seno de una familia de perdices de matiz terroso, hacen brotar sin causa aparente otra de plumaje nacarino [¿no es una maravilla? ¿no suena a Virgilio o a Fray Luis?], o entre vulgares pardales un tataranieto inesperado presenta un precioso pecho de color de fuego, los pájaros-toreros, los pájaros-pintores y hasta, en más rara ocasión, los pájaros-poetas o escritores (si acompañaba al don poético una noble cabeza de perfil numismático) podían, aunque hijos del pueblo, codearse allí con las aves del paraíso y con las nobilísimas flamencas rosadas, las que siempre seguían -a pesar de todo- distinguiéndose de los advenedizos por finura de remos, longitud de cuello y plumaje por más alto modisto aderezado.»

Luis Martín-SantosTiempo de silencio, Biblioteca Breve, Edit. Seix Barral, Barcelona. 

12 agosto 2015

Tiempo de silencio (1)

De camino a la piscina me cogí el libro en una librería de viejo por dos euros. No me gusta llevar libros nuevos y que se me estropicien; además, era una de esas lecturas siempre pendientes y siempre postergadas. El libro, con una pegatina amarillenta de la librería Maxtor de Valladolid, firmado y fechado por su anterior propietaria, Mª Angeles Alonso B. 1975, tenía varias hojas con la esquina doblada, como un guiño pacientemente sostenido, y justo por ahí, picada por la curiosidad, lo empecé. Fabuloso comienzo. Ya no pude parar, me olvidé del calor, me olvidé del chapuzón, me olvidé de todo. De inmediato me hice amiga de la plegadora de esquinas y admiradora absoluta de Martín- Santos. Qué bárbaro, qué fenómeno, qué gracia, qué portento. Mira que encontrarlo de esta guisa, casi por casualidad y a estas alturas... Por qué tendría que conducir de ese modo y acabar tan malamente. Qué gran pérdida, con la proliferación de "Maestros" y la escasez de Martines-Santos que padecemos. 

Después ya he visto que el pasaje marcado es conocidísimo: la conferencia en la planta superior del teatro Barceló y el bailongo en la inferior, el posterior cultiparty de la très haut, el tremendo contraste con el relato intercalado por el que lo que parecía cómico se convierte en pura desesperación.... : 

    « Como todo cosmos bien dispuesto también aquel en que el acontecimiento se desarrollaba estaba ordenado en esferas superpuestas. (...) De este modo la esfera inferior del cosmos a que nos referimos, en la que con las dos superiores ninguna concomitancia ni relación (aparente) se descubría, estaba ocupada por un baile de criadas. En ella, indiferente a que más arriba el Maestro hablara (con perfecta simultaneidad en el tiempo y rigurosa superposición el el espacio) la turba sudadora se estremecía ya girando, ya contoneándose al son de un chunchún de pretendida estirpe afrocubana. En esta esfera inferior se producían sonidos y olores que apenas si habrían impregnado las esferas media y superior en el caso de haber estado éstas vacías. Pero no era así, sino que la esfera media almacenaba una muchedumbre casi comparable en número a la de la inferior, aunque muy diversamente compuesta. (...) Por lo que hace al olor, el que la esfera media poseía era una mezcla de diversos perfumes caros (algunos importados directamente de París a despecho de las dificultades de la balanza de pagos), lociones medicinales y crecepelos masculinos, abundante profusión de humo de tabaco rubio quemado y ciertos matices, apenas perceptibles pero inevitables, de sudor axilar y cuello de estudiante aficionado a la filosofía pero escasamente adicto al agua ya desde antes de la boga existencial. Finalmente, y para concluir este sumario repaso de nuestra teogonía, la tercera esfera superior y culminante -en varios sentidos- del conjunto, estaba constituida por el escenario del cine, donde junto con un pupitre sobre el que aparecían una luz, una jarra de agua, un vaso y una manzana, se establecía la presencia ominosa de un tableau noir de nada escrito. (...)
    Los condenados del sótano no tenían noticia de lo que -tres metros sobre sus cabezas- estaba ocurriendo y a causa de ello no presumían que la más aguda conciencia celtibérica se iba a ocupar, de modo deliberado, de elevar el nivel intelectual de la sociedad a la que (indignos en verdad) ellos también pertenecían. Pero era posible observar la reciprocidad y perfecta simetría del fenómeno, pues tampoco la muchedumbre de la esfera intermedia y quién sabe si ni siquiera el poderoso Maestro, tenía la menor noticia de la interesante realidad que bajo sus plantas se establecía con la simultaneidad antes indicada. (...) Pero las cosas son como son, vuelto sobre sí mismo el pueblo ignoraba al filósofo y la profusión de lujosos automóviles a la puerta de un cine de baja estofa, sólo le hacía experimentar las nuevas dificultades para el cruce de la calzada y no extraía de ellas ninguna valoración eficaz del momento histórico.
    Los dos amigos -incluidos en la esfera intermedia- tenían a su derecha a un exseminarista con chaqueta negra pintacaspiana típica de exclaustrado y a su izquierda una elegante de la très haute. Por delante, por detrás, por los lados estaban rodeados de señoras de la misma extracción y de poetas de varios sexos. Balenciagamente vestida, tocada con un sombrero especialmente elegido para el acto -que figuraba un pequeño casco palasatenaico con la sola nota frívola de una plumita de colibrí rojo al modo de trofeo- movía incesantemente una dama, a la altura de su rostro, sus dos manos admirables. (...)
    Pero ya el gran Maestro aparecía y el universo-mundo completaba la perfección de sus esferas.(...) Los círculos del purgatorio (que como tal podemos designar a las localidades baratas, sólo en apariencia más altas que el escenario) recibieron su carga de almas rezagadas y solemne, hierático, consciente de sí mismo, dispuesto a abajarse hasta el nivel necesario, envuelto en la suma gracia, con ochenta años de idealismo europeo a sus espaldas, dotado de una metafísica original, dotado de simpatías en el gran mundo, dotado de una gran cabeza, amante de la vida, retórico, inventor de un nuevo estilo de metáfora, catador de la historia, reverenciado por las universidades alemanas de provincia, oráculo, periodista, ensayista, hablista, el-que-lo-había-dicho-ya antes-que-Heidegger, comenzó a hablar, haciéndolo poco más o menos de este modo:
    "Señoras (pausa), señores (pausa), esto (pausa), que yo tengo en mi mano (pausa), es una manzana (gran pausa). Ustedes (pausa) la están viendo (gran pausa). Pero (pausa) la ven (pausa) desde ahí, desde donde están ustedes (gran pausa). Yo (gran pausa) veo la misma manzana (pausa) pero desde aquí, desde donde estoy yo (pausa muy larga). La manzana que ven ustedes (pausa) es distinta (pausa), muy distinta (pausa) de la manzana que yo veo (pausa). Sin embargo (pausa), es la misma manzana (sensación)".
    Apenas repuesto su público del efecto de la revelación, condescendiente, siguió hablando con pausa para suministrar la clave del enigma:
    "Lo que ocurre (pausa), es que ustedes y yo (gran pausa) la vemos con distinta perspectiva (tableau)".»

Luis Martín-Santos, Tiempo de silencio, Biblioteca Breve, Edit. Seix Barral, Barcelona. 

29 junio 2015

Ó rama ó que linda rama


Más Teresa Silva Carvalho, que canta que da gloria.
Ahora, por cambiar de tono, una canción del Alentejo, de las que dicen "de labor". 
Esta, en concreto, de la labor de apañar aceitunas, que también tenemos nosotros unas cuantas (canciones y aceitunas).
A mí se me hace rarísimo pensar en la gente del campo cantando deslomada, pero parece que sí, que era costumbre cantar mientras se trabajaba, que la jornada se hacía más leve. 
Habría que probar, a ver qué pasa .



Ó rama ó que linda rama
Ó rama da oliveira
O meu par é o mais lindo
Que anda aqui na roda inteira

Que anda aqui na roda inteira
Aqui e em qualquer lugar
Ó rama ó que linda rama
Ó rama do olival.

Eu gosto muito de ouvir
Cantar a quem aprendeu
Se houvesse quem me ensinara
Quem aprendia era eu.

Ó rama ó que linda rama...

Não m'invejo de quem tem
Carros, parelhas e montes
Só m'inveja de quem bebe
A água em todas as fontes.

Ó rama ó que linda rama...


27 junio 2015

A quem não entras na alma. Pessoa


F.PESSOA- CANÇÃO

Sol nulo dos dias vãos
Cheios de lida e de calma,
Aquece ao menos as mãos
A quem não entras na alma!
Que ao menos a mão, roçando
A mão que por ela passe,
Com externo calor brando
O frio da alma disfarce!
Senhor, já que a dor é nossa
E a fraqueza que ela tem,
Dá-nos ao menos a força
De a não mostrar a ninguém!


12 junio 2015

La grâce à l’intérieur de la disgrâce. Christian Bobin.


Un querido amigo de Asturias, al que aprovecho para saludar y dar nuevamente las gracias, sabiendo de mi querencia por Christian Bobin me envía este enlace a la revista digital Adiciones, que corro a compartir con vosotros. Además del documento enlazado, resumen de una entrevista radiofónica, podéis encontrar algunos textos más de Bobin -todos ellos traducidos por Teresa Campoamor- pinchando en la pestaña Colaboraciones.

Pues bien, buscando en la revista Esprit  el original del  titulado "Lo ideal sería tener al mismo tiempo un alma contemplativa y guerrera", un extracto de la entrevista realizada con ocasión de la publicación de  L'homme joie, me encuentro con el párrafo que más abajo os copio, de final tan imposible de traducir como de olvidar.

En él, preguntado por André Dhôtel, uno de sus autores preferidos, Bobin nos habla de la profunda exactitud con la que este escritor percibe la vida, de su facultad para hacer brillar la gracia en el interior de la desgracia, y a continuación, como ejemplo, nos resume un texto del autor  -el texto más bello de toda la literatura de todos los tiempos, comenta (a lo que una piensa: hombre, tampoco será para tanto...)-, una media cuartilla, dice, que tiene el acierto de comenzar planteando una pregunta infantil, de esas que nunca se nos ocurriría hacer: ¿puede ser fea una flor?  

Y sigue Bobin, haciéndose eco del texto de Dhôtel:  ...él empieza respondiendo que sí , y nos habla de las aquileas (o las milenramas), unas flores umbelíferas. Entonces dice«Un día vi una milenrama grisácea, de un  blanco sucio, y no me gustó». Y continúa: «Poco después, en otro jardín, vi unas flores de la misma especie, también milenramas pero llenas de color. Eran deslumbrantes, magníficas, y me parecieron adorables». Seguidamente añade, y aquí es donde este texto me conmueve: «Volví donde la primera, es decir: la sucia, la rechazada, et je l’ai aimée d’amour ». 

Según Bobin, en este texto está todo Dhôtel. También se encuentra en él todo Bobin. En ese movimiento desde el  natural rechazo del et je ne l'ai pas aiméee (y no me gustó), hasta el tocado por la gracia et je l’ai aimée d’amour (tan difícil de verter al castellano sin caer en la ramplonería, la cursilería o la inexactitud). Porque de lo que se habla, en suma, es de que la flor fallida, la malograda, la carente de hermosura y excelencia, la que pierde en la comparación, precisamente por ello, le gustó. Y no por ninguna especie de sentimiento compasivo, en el que siempre hay uno arriba y otro abajo,  sino con amor de predilección, con amor de enamorado, en el que de haber uno abajo es el enamorado.

Y no sé si será un poco exagerado calificarlo del texto más bello de la literatura de todos los tiempos, pero se comprende el entusiasmo de Bobin. La fuerza iluminadora de esa pequeña historia de nada. La que me hace ver de pronto lo que une a autores tan dispares como Simone Weil, tan matemática ella, o Léon Bloy, tan insultador él, o Péguy, tan dado a llorar en el tranvía como a exponer el pecho ante las balas enemigas, o el mismo Bobin, tan contemplativo: Amor de predilección, por lo carente, por lo mal visto, por lo desafortunado. 

Y pienso en Weil, que encontraba más guapos a los obreros que a los burgueses -y no sólo por espíritu de justicia, añadía-, y en su decidida posición junto al acusado que balbucea frente al enhebrador de brillantes discursos. Y en Bloy y en su predilección por las prostitutas, por todos los exluidos del festín que pegan las narices al escaparate de la pastelería. Y en Bobin y su tonto del pueblo, Albain, que ve lo que a los demás se les oculta. Y en la predilección de Péguy por los agrietados, por los que cada noche se acuestan con la asombrosa esperanza de que al día siguiente todo irá mejor. Y pienso también, cómo no hacerlo, en Él, que tenía el mismo género de predilecciones.

Aquí, por fin,  las palabras de Bobin:
- Il y a un autre écrivain qui est très présent dans vos livres, c’est André Dhôtel. Comment a commencé ce compagnonnage?Qu’est-ce qui vous attire chez lui. De quoi vous parle-t-il ?
CB- Je ne sais plus quand ses livres sont arrivés jusqu’à moi. Mais ce que je sais c’est que dès qu’ils sont arrivés ils ne sont plus jamais repartis. Et ils ont ramené tous leurs frères un à un. Ce qui me touche c’est son toucher de la vie, c’est la justesse profonde d’un homme qui fait que la grâce est à l’intérieur de la disgrâce. Pour le résumer, je dirais - et il est tout entier là-dedans -, qu’il a écrit, ça fait une demi-page, le plus beau texte de toute la littérature de tous les temps. Je peux vous le résumer, ce texte. Il commence par une question d’enfant, Dhôtel a la vertu de commencer par une question d’enfant que nous ne poserions pas, que nous ne saurions pas poser. Est-ce qu’on peut détester une fleur? Il commence par répondre oui. Et il parle des achillées, des fleurs qui sont des ombellifères. Il dit "Un jour j’ai vu une achillée qui était grise pâle, un blanc sale, et je ne l’ai pas aimée". Ensuite, il continue et dit: "Je suis allé dans un autre jardin un peu plus tard et j’ai vu des fleurs de cette sorte-là, d’autres achillées mais colorées. Et elles étaient éclatantes, magnifiques. Je les ai adorées". Ensuite, et c’est là où ce texte me bouleverse, il dit: "Je suis revenu vers la première, c'est-à-dire la souillon, la rejetée et je l’ai aimée d’amour". On sent même qu’il l’a aimée plus que les autres. Et ça, c’est tout à fait le mouvement de ses livres. 
http://www.esprit.presse.fr/news/frontpage/news.php?code=346
Entretien avec Christian Bobin réalisé par Didier POBEL et Bernard REVEL. 24-10-2014.


27 mayo 2015

Otra aproximación al Yo: Privilegio y condena. Enrique Baltanás.


Entre el denuesto y la alabanza del "Yo", entre el "odi" de Simone Weil y el "amo" de Bloy en la entrada anterior, hoy os traigo una aproximación poética al tema, un comprensivo (de comprehender) "odi et amo": PRIVILEGIO Y CONDENA .
La poesía es el refugio de los contrarios que la filosofía destierra, y el oxímoron su más brillante figura. La poesía es asilo del hombre, esa contradicción andante. Nada de desvaídos términos medios, nada de síntesis superadoras: lo uno y lo otro, lo blanquinegro, que nada tiene que ver con lo gris.
El poema en cuestión, incluido en el último poemario de Enrique Baltanás, galardonado con el Premio Unicaja de Poesía 2014 y recién salido de la imprenta, dice así :

PRIVILEGIO Y CONDENA

Privilegio y condena
es esta condición de ser tú mismo.
Esta piel, estos huesos
y este gesto, esta voz, esta costumbre
son la alambrada que tu vida encierra,
el muro levantado de una cárcel
que únicamente a este recluso guarda.

Huir de esta prisión es imposible.
Acepta tu condena.
Y haz honor a tan alto privilegio.


Del libro de Enrique Baltanás, 30 poemas reunidos bajo el misterioso título "Las propiedades del aire" (Ed. Pre-Textos), pueden decirse muchas cosas y todas buenas, salvo una: que se hace corto. En cuanto a las cosas buenas, cada vez leo más con el sistema simpático, que como se sabe es autónomo, reactivo y poco amigo de dar razones, pero, en fin, el libro lo merece y aunque sólo sean razones del corazón, completamente ajenas al juicio literario que dejo a los expertos (véase esta estupenda reseña de Álvaro Valverde ), se hará el esfuerzo.

Lo primero que se detecta es una voz desusadamente honesta, sin asomo de autocomplacencia, sin pretensiones epifánicas, sin afán de venderse ni de vender nada -todo ello tan de agradecer-, que en profundo soliloquio -al que se asiste como quien se cuela en casa ajena, conteniendo la respiración- va haciendo, verso a verso, repaso de la vida. Un repaso sin añoranzas, sin quejas, en un tono despojado y contenido que también se agradece. De "apasionada frialdad" hablaba Gil de Biedma a propósito de Cernuda. Lo mismo podría decirse de estos versos. Amor, tristeza, ilusiones, dolor, lo hecho y lo quedado por hacer... todo es sometido a  apasionada y fría reflexión: la frialdad que la reflexión impone, la pasión de la que brota el verso.

Quizá por ello o pese a ello, según se mire, hace pocas concesiones Baltanás en estos poemas a los sentidos. No encontramos las tormentas sonoras, ni el olor del cisco removido en el brasero, ni las verdes enredaderas en paredes enjalbegadas de otras veces. No abundan las escenas cotidianas, los paisajes, las situaciones: apenas un niño que mira desde la ventana, convertido en cifra de la existencia (LA TRISTEZA DE NUNCA: Esta tristeza mía no es de ahora,/ la albergo desde niño...), o una clase con alumnos que toman apuntes soñolientos (HABLANDO EX CATHEDRA: ...no acabo de atreverme/ a decirles que el tiempo nos entierra,/ capa tras capa sobre el mismo sitio,/.../ que Edad Media, Barroco, Ilustración, Romanticismo,/ son tan solo migajas/ de pavor en el bosque del tiempo...). Lo que sí abundan, sin embargo, son las preguntas (¿QUÉ HABRÍAN LLEGADO A SER...?: Qué habrían llegado a ser esos sueños soñados/ en la infancia hace tiempo sometida...; HISTORIA AMBIGUA: ¿Era amor el amor o era su doble?...; LOS PENSAMIENTOS DEL CORAZÓN: ...el corazón padece claustrofobia./ ¿Dónde buscar la luz, abrir un hueco?; SOBRE EL DOLOR: ...¿Por qué sufrimos necesariamente?/ ¿Para qué, sobre todo? ; A LA ESPERA:...¿Cuánto hace que sabemos/ la más cierta de todas las verdades? Las sombras son las hijas de la luz,/ la vida se alimenta de la muerte...). Baltanás es el auténtico homo quaerens, que como venía a decir Steiner, es el modo más alto de ser sapiens de los mal llamados sapiens. Un hombre que se pregunta, que reflexiona y que, por encima de todo, espera: La foi que j'aime le mieux, dit Dieu, c'est l'esperance.... 

Pocas estampas para el recuerdo, pocos pormenores decía, y, con todo, mucha vida. Una vida examinada, que es la suya y a la vez la nuestra. Porque es cierto que "todo lo que sube, converge", pero todo lo que baja al fondo, también. El libro, que se abre con una cita de Francisco de Aldana, podría resumirse perfectamente con esta otra del mismo autor: ...y caminar derecho/ jornada de mi patria verdadera;// entrarme en el secreto de mi pecho/ y platicar en él mi interior hombre,/ dó va, dó está, si vive, o qué se ha hecho...

En cuanto a mi sistema  lecto-reactivo, bien quieto y conmovido durante la lectura, al cerrar el libro quedó profundamente silencioso. No puedo pedir más. 

08 mayo 2015

A vueltas con el odioso Yo


  • Esto dice Simone Weil:
"Todo el esfuerzo de los místicos se ha dirigido siempre a obtener que deje de existir en su alma alguna parte que diga “yo”. Pero la parte del alma que dice “nosotros” es aún más peligrosa. El tránsito a lo impersonal sólo se opera mediante una atención de una cualidad rara y que sólo es posible en la soledad.(...) No se lleva a cabo jamás en quien se piensa a sí mismo como miembro de una colectividad, como parte de un “nosotros”. (...) No solo la colectividad es ajena a lo sagrado, sino que desorienta proporcionando una falsa imitación".

"Dios nos ha vestido con una personalidad —lo que somos— con objeto de que nos la quitemos".

  • Y esto dice Léon Bloy:
"A propósito de ese molde deprimente usado en la Compañía de Jesús y que se llama "Ejercicios", yo afirmo que la santidad no es otra cosa que el esparcimiento feliz y completo de la individualidad, y que el estrangulamiento de ésta es una obra demoníaca. Cuanto más santo, más singular , empezando por san Ignacio de Loyola, que fue el más grande original de su tiempo".

O bien:

"Carta a Léon Letellier, ex marino, actualmente atacado de filosofía: Pascal ha dicho que "El Yo es odioso". En eso se equivocó el pobre Blas, como se equivocan los grandes hombres: es decir, mucho más y mucho mejor que los hombres comunes. En realidad, nada hay interesante fuera del Yo, fuera de la visión nítida de un alma, bella u horrible, que se descubre. Verdad indiscutible en literatura, por ejemplo: un poeta sin su yo es insoportable, fastidioso y repulsivo. Cuando usted escribe que "no somos interesantes", que "no podemos interesarnos recíprocamente, ni siquiera por nosotros mismos, por lo que en nosotros es individual o exclusivo", se engaña impúdicamente a sí mismo, por errar a la manera de Pascal pero con muchas más palabras, en una oscuridad mucho más profunda y doscientos cincuenta años más tarde".


Y aquí estoy yo (con perdón...)  hecha un lío y de acuerdo con los dos.

26 marzo 2015

Qué cosas tiene don Aldous


  A continuación os dejo unas desconcertantes reflexiones, con formulación matemática incluida, de don Aldous Huxley (antes de lo suyo con la mescalina).
¿Elitismo? Sin duda. ¿Un altísimo concepto del "talento artístico"? También. ¿Demasiado exigente quizá? Puede. No olvidemos que una de las frases más repetidas de Huxley -no hay nota biográfica a la que se le escape- es la archicitada: "Uno llega a un punto en el que se dice, incluso al pensar en Beethoven, al pensar en Shakespeare: ¿Eso es todo?"
Y aun así, ahí queda esa reglita de tres: "x es a n, como 2x es a 2n" (8n con la concesión). Simple de lo más simple, y perfectamente insidiosa, irrebatible y políticamente incorrecta:


«Los progresos técnicos han conducido... a la vulgarización... Las técnicas reproductivas y las rotativas en la prensa han posibilitado una multiplicación imprevisible del escrito y de la imagen. La instrucción escolar generalizada y los salarios relativamente altos han creado un público muy grande capaz de leer y de procurarse material de lectura y de imágenes. Para tener éstos a punto, se ha constituido una industria importante. Ahora bien, el talento artístico es muy raro; de ello se sigue que en todo tiempo y lugar una parte preponderante de la producción artística ha sido minusvalente (sic).

Pero hoy el porcentaje de desechos en el conjunto de la producción artística es mayor que nunca... Estamos frente a una simple cuestión de aritmética. En el curso del siglo pasado ha aumentado en más del doble la población de Europa occidental. El material de lectura y de imágenes calculo que ha crecido por lo menos en una proporción de 1 a 20 y tal vez a 50 o incluso a 100. Si una población de x millones tiene n talentos artísticos, una población de 2x millones tendrá 2n talentos artísticos.

La situación puede resumirse de la manera siguiente: Por cada página que hace cien años se publicaba impresa con escritura e imágenes, se publican hoy veinte, si no cien. Por otro lado, si hace un siglo existía un talento artístico, existen hoy dos. Concedo que, como consecuencia de la instrucción escolar generalizada, gran número de talentos virtuales, que no hubiesen antes llegado a desarrollar sus dotes, pueden hoy hacerse productivos. Supongamos pues que haya hoy tres o incluso cuatro talentos artísticos por uno que había antes. No por eso deja de ser indudable que el consumo de material de lectura y de imágenes ha superado con mucho la producción natural de escritores y dibujantes dotados. Y con el material sonoro pasa lo mismo. La prosperidad, el gramófono y la radio han dado vida a un público, cuyo consumo de material sonoro está fuera de toda proporción con el crecimiento de la población y en consecuencia con el normal aumento de músicos con talento. Resulta por tanto que, tanto hablando en términos absolutos como en términos relativos, la producción de desechos es en todas las artes mayor que antes; y así seguirá siendo mientras las gentes continúen con su consumo desproporcionado de material de lectura, de imágenes y sonoro»

ALDOUS HUXLEY, Croisière d'hiver en Amérique Céntrale, Ed. Plon, París, 1935.