16 mayo 2013

Un hermano pequeño que ha perdido los zapatos


Hoy os traigo un vídeo al que que no sé ni cómo he llegado. Muy simpático, muy ameno y divertido, y al final de llorar y no parar.  O igual es sólo cosa mía,  puede ser.

Se trata de una charla magistral de Benjamin Zander, director de orquesta de la Filarmónica de Boston, a propósito de esa música que decimos clásica. Va hablando, entre anécdotas y bromas,  de la capacidad evocadora de la música, de su poder para desanudar los nudos emocionales más prietos (una buena explicación de ese extraño fenómeno, el de que una música triste nos ofrezca consuelo en vez de más tristeza),  de la supuesta falta de oído de los que, sin embargo, identifican a la primera -es un poner- la voz de su madre al teléfono, del alejarse y del llegar a casa, y al final,  como sin venir a cuento y saltando de la música a las palabras, de la influencia en los demás, para bien y para mal, de todo lo que sale de nuestra boca:  de la posibilidad  (o  la responsabilidad)   de hacer brillar los ojos de los que nos rodean;  de la posibilidad (o la responsabilidad) de no lastimar.
Sólo entonces, al final, entiendes  lo que desde el primer momento  te ha estado diciendo sobre la música:  hacer brillar los ojos, no herir...

Si fuéramos capaces de tenerlo presente. Si supiéramos vernos unos a otros así, como niños sin zapatos camino de la muerte con los que hablamos por última vez. En el fondo, camino de la muerte vamos todos y, si no sin zapatos, sí que vamos por lo general bastante desastrados. Si supiera, si no lo olvidara...
Si dejáramos de lastimarnos, si nuestras palabras pudieran imitar a la música: la que sugiere, la que no se impone, la que siempre da la nota justa, la que acompaña, la que anima y consuela, la que nunca ofende. Si pudiera, si no lo olvidara...

Si... Si tenéis prisa y os parece cansino ver al señor Zander haciendo el indio, podéis abreviar  (aunque sería como saltarse el primer tempo, porque la charleta tiene forma de pieza musical) y pasar directamente al nudo y desenlace, más o menos a partir del minuto 15 o 16:




8 comentarios:

Suso Ares Fondevila dijo...

Me ha gustado mucho tu entrada, Cristina. Gracias.
Besos.

CB dijo...

Me alegro, Suso. Benjamin Zander es un fenómeno.
Besos para ti.

Suso Ares Fondevila dijo...

Acabo de ver el vídeo.
Es maravilloso.
Gracias otra vez.

CB dijo...

Vaya, eso sí que es fiarse, agradecer antes de verlo.
Muchas gracias, Suso, a mí también me lo parece.
De momento sólo te dices: qué tío, ¿cómo lo ha hecho? ¿cómo puede llevarte de la risa al llanto casi sin mudar el gesto?
Después empiezas a darle vueltas y te das cuenta de que, entre gansada y gansada, no ha dejado de decir (o sugerir, porque si te fijas, él no dice, sólo suelta pistas) cosas importantísimas. O al menos de las que importa recordar.

Suso Ares Fondevila dijo...

Agradecí lo que vi, es decir lo que leí despues de haberlo leído, tus palabras tan hermosas.

Después vino lo del vídeo.

CB dijo...

Oh, pues más requetegracias.
Y feliz viaje! Lo que daría por volver allí con vosotros.
Por volver y por con vosotros.
Besos.

Anónimo dijo...

Aunque con retraso, gracias por el vídeo. Y... gracias al vídeo (y de alguna manera, gracias a usted) he descubierto a Enric Corbera cuyos seminarios eran 'vecinos' en youtube al de Zander. Me pasé todo el puente viéndolos y gracias a ellos he agarrado unos dolores cervicales que sobrellevo con cierta delicia (sin duda él tendría mucho que decir sobre ello). En fin, ahí le dejo el nombre por si le sirve de algo.

Nuevamente, gracias.

CB dijo...

Caramba, sí que tienen que ser adictivos, no sé si atreverme. Siento mucho lo de sus dolores cervicales.
Miraré con cuidadín de todos modos, muchas gracias.