13 marzo 2013

Francisco


«Iba una vez San Francisco con el hermano León, en tiempo de invierno, de Perusa a Santa María de los Angeles. Sintiéndose atormentado por la intensidad del frío, llamó al hermano León, que caminaba un poco delante, y le habló así:
-- ¡Oh hermano León!, aun cuando los hermanos menores dieran en todo el mundo grandes ejemplos de santidad y de edificación, escribe y toma nota diligentemente: no está en eso la perfecta alegría.
Siguiendo más adelante, le llamó San Francisco por segunda vez:
-- ¡Oh hermano León!, aunque el hermano menor devuelva la vista a los ciegos, enderece a los tullidos, expulse a los demonios, haga oír a los sordos, andar a los cojos, hablar a los mudos, y, lo que es más, resucite a un muerto de cuatro días, escribe que no está en eso la perfecta alegría.
Caminando luego un poco más, San Francisco gritó con fuerza:
-- ¡Oh hermano León!, aunque el hermano menor llegase a saber todas las lenguas, y todas las ciencias, y todas las Escrituras, hasta poder profetizar y revelar no sólo las cosas futuras, sino hasta los secretos de las conciencias y de las almas, escribe que no está en eso la perfecta alegría.
Yendo un poco más adelante, San Francisco volvió a llamarle fuerte:
 -- ¡Oh hermano León, ovejuela de Dios!, aunque el hermano menor hablara la lengua de los ángeles, y conociera el curso de las estrellas y las virtudes de todas las hierbas, y le fueran descubiertos todos los tesoros de la tierra, y conociera todas las propiedades de las aves y de los peces y de todos los animales, y de los hombres, y de los árboles, y de las piedras, y de las raíces, y de las aguas, escribe que no está en eso la perfecta alegría.
Y, caminando todavía otro poco, San Francisco gritó con vigor:
-- ¡Oh hermano León!, aunque el hermano menor supiera predicar tan bien que llegara a convertir a todos los infieles a la fe de Jesucristo, escribe que no está en eso la perfecta alegría.
Así fue continuando por espacio de dos millas. Por fin, el hermano León, lleno de asombro, le preguntó:
-- Padre, en el nombre de Dios te pido que me digas en qué está la perfecta alegría.
Y San Francisco le respondió:
-- Si, cuando lleguemos a Santa María de los Angeles, mojados como estamos por la lluvia y pasmados de frío, cubiertos de lodo y desfallecidos de hambre, llamamos a la puerta del convento, y llega malhumorado el portero y grita: "¿Quiénes sois vosotros?" Y nosotros le decimos: "Somos dos de vuestros hermanos". Y él vocifera: "¡Mentira! Sois dos bribones que vais engañando al mundo y robando las limosnas de los pobres. ¡Fuera de aquí!" Y no nos abre, y nos tiene allí fuera aguantando la nieve y la lluvia, el frío y el hambre hasta la noche. Si sabemos soportar con paciencia, sin alterarnos y sin murmurar contra él, todas esas injurias, esa crueldad y ese rechazo, y si, más bien, pensamos, con humildad y caridad, que el portero nos conoce bien, y que es Dios quien le hace hablar así contra nosotros, escribe, ¡oh hermano León!, que aquí está la perfecta alegría. Y si nosotros seguimos llamando, y él sale fuera furioso y nos echa, entre insultos y golpes, como indeseables e inoportunos, gritando: "¡Fuera de aquí, ladronzuelos miserables! ¡Id al hospital de los leprosos, porque aquí no hay para vosotros comida ni hospedaje!" Si lo sobrellevamos con paciencia y alegría y en buena caridad, ¡oh hermano León, escribe que aquí sí está la perfecta alegría! Y si nosotros, obligados por el hambre y el frío de la noche, volvemos todavía a llamar, clamando y suplicando entre llantos, por el amor de Dios, que nos abra y nos permita entrar, y él, más enfurecido, dice: "¡Vaya con estos pesados indeseables! Yo les voy a dar su merecido". Y sale fuera con un palo nudoso, y nos coge por el capucho, y nos tira por tierra, y nos zarandea en la nieve, y nos apalea con aquel palo nudoso; si todo esto lo soportamos con paciencia y con gozo, acordándonos de los padecimientos de Cristo bendito, que nosotros hemos de llevar por su amor, ¡oh hermano León!, escribe que aquí sí está la perfecta alegría.
-- Y ahora escucha la conclusión, hermano León: por encima de todas las gracias y de todos los dones del Espíritu Santo, que Dios concede a sus amigos, está el de vencerse el hombre a sí mismo y el de sobrellevar gustosamente, por amor a Cristo Jesús, penas, injurias, oprobios e incomodidades. Porque en todos los demás dones de Dios no podemos gloriarnos, ya que no son nuestros, sino de Dios. Por eso dice el Apóstol: ¿Qué tienes que no hayas recibido de Dios? Y, si lo has recibido de El, ¿por qué te glorias como si lo tuvieras de ti mismo? (1 Cor 4,7). Pero en la cruz de la tribulación y de la aflicción podemos gloriarnos, ya que esto es nuestro. Por eso dice el Apóstol: No me quiero gloriar sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo (Gál 6,14).
A El sea siempre loor y gloria por los siglos de los siglos. Amén»
FRANCISCO DE ASIS. Las florecillas (Flor 8).

Annuntio vobis gaudium magnum;
habemus Papam
...qui sibi nomen imposuit Franciscum. 
[Acabo de oír con verdadera emoción el nombre escogido por nuestro nuevo Papa.  Sea  Dios por siempre bendito y alabado. Amén] 
 

13 comentarios:

Suso Ares Fondevila dijo...

Lo que no conocía de este texto es la conclusión: o sea, que la cruz y la tribulación son nuestros, que para eso dijo San Pablo que sólo nos gloriemos en el cruz de Cristo.
Vamos a ver: podemos hacer nuestra su cruz, y como nuestra, gloriarnos en ella; pero no podemos hacer nuestra su gloria, y como no nuestra, no nos gloriamos en ella.

Hmmm... No lo veo nada claro. Habrá que pensar que quiso decir San Franciso. A lo mejor el nuevo papa, Francisco I, me ayudará a comprender esto.

CB dijo...

Suso, si tú no lo ves claro, habrá que pensarlo. Yo me creí que lo entendía, pensé que lo que quería decir es que los dones no podemos elegirlos libremente ni decidir si aceptarlos o no, pero que la cruz y la tribulación si podemos escogerla, hacerla nuestra, y gloriarnos con, junto a, Cristo.

Yo conocía el texto por el libro de Leclerc, pero creo que él se salta la conclusión. Ayer, que me entró una alegría enorme al oír el nombre que había escogido, busqué "alegría perfecta" en Google y la verdad es que no sé ni de donde lo copié. Sí comentaban que el texto suele citarse sin la conclusión, aunque sin ella queda cojo. Qué buen ojo tienes.

Suso Ares Fondevila dijo...

Dices que los dones no podemos rechazarlos. ¿No crees que rechazamos a diario dones del Espíritu Santo, que el camino del cristiano es precisamente abrirse cada vez más a sus dones, a él mismo, el Don por excelencia, y que nuestra desgracia es cerrarnos a é?

CB dijo...

Claro que lo creo, Suso, más cerrados que el puño de un avaro y para colmo sin nada dentro. Pero es que hay dones y dones, y algunos son irrenunciables. Tú sin ir más lejos no puedes dejar de ser listo y guapo y nacido en Silleda.
Pero es verdad que la conclusión lo mezcla todo. Ya también se me hace raro lo de que empiece diciendo "por encima de todas las gracias y todos los dones está el de..." y termine "esto es nuestro". Vas a tener razón, igual es un añadido. Quizá por eso no la citan todos.

Suso Ares Fondevila dijo...

Hombre, muchas gracias, lista y guapa y nacida en Madrid.

Y sobre lo otro... pues no se me ocurre nada que decir. A ver mañana.

CB dijo...

Gracias, Suso, así da gusto. A ver mañana.
La conclusión, si no fuera porque el sueño de Inocencio III se me queda descolgado, ya la habría quitado (mira que si Benedicto XVI también hubiera tenido un sueño. Con lo desprestigiados que andan desde Freud, nunca podría decirlo). Ahora estoy casi segura de que es un añadido posterior. Cambia de tono y san Francisco no pega nada que hablara citando Corintios tal ni Gálatas cual, ni tampoco concluyendo.
No caí.

Suso Ares Fondevila dijo...

Por lo que yo sé, el texto pertenece a las historias que circularon sobre San Franciso y se recogieron en "Las florecillas de S. F.". No sé nada sobre la realidad histórica de las mismas.
Desconozco igualmente si la conclusión pertenece o no a la "florecilla" original. Igual hubo variantes de los distintos relatos, añadidos posteriores...
Da un poco igual, y en cualquier caso ha servido para que hayamos mantenido un "franciscano" diálogo.

Enrique Baltanás dijo...

La duda quizá se despejara consultando una edición crítca de las florecillas (Aunque a mí tb. me suena a añadido posterior...).

CB dijo...

Si no recuerdo mal, el libro de Leclerc del que copié la anterior entrada franciscana (ahora no lo tengo, lo presté y voló) tenía una introducción sobre toda la historia, las fuentes y las manos de las florecillas. Él cita todos estos textos, por lo que veo que puse al pie, como pertenecientes a la Vita fratris Leonis, que debe de ser de los primeros escritos, cuando todavía vivían hermanos que habían conocido a san Francisco o al menos a sus compañeros.
Qué importante la tradición oral ¿no? La primera parte parece recogida directamente de lo contado. La conclusión, sin embargo, no. En qué momento se añadió, vete a saber.
Habrá que buscar esa edición crítica.

Suso Ares Fondevila dijo...

Tengo delante mi edición de Austral de 1980 de "Las florecillas de San Francisco" (versión castellana, previo cotejo de los más antiguos códices italianos, por Francisco Sureda Blanes) y el Capítulo VIII "Cómo san Francisco, yendo de camino con fray León, expuso a éste las cosas que constituyen la perfecta alegría" incluye "la conclusión" que, ¡vaya!, tengo subrayada.

¡Ojo!, yo sólo digo que no acabo de ver porque "la cruz de la tribulación y de la aflicción... es nuestro" y por eso nos podemos gloriar en ella, pero el asunto no está cerrado ni mucho menos.

CB dijo...

Bueno, hay subrayados afirmativos y subrayados dubitativos. Por eso yo pongo exclamacioncitas o interrogacioncitas (de cualquier modo cuando son de hace años tampoco entiendo a qué vienen).
Dejaremos que el nuevo Papa Francisco, como tú decías, nos ayude a comprenderlo.
De momento en su primera homilia, además de citar al mendigo ingrato, parecía que glosaba la susodicha (je, doblemente suso-dicha) conclusión, sólo que con menos líos: "Quisiera que todos, después de estos días de gracia, tengamos el valor, precisamente el valor, de caminar en presencia del Señor, con la cruz del Señor; de edificar la Iglesia sobre la sangre del Señor, derramada en la cruz; y de confesar la única gloria: Cristo crucificado. De este modo la Iglesia avanzará."

Suso Ares Fondevila dijo...

El que quiera seguirme, que cargue con "su" cruz...

"Mi" cruz, "tu" cruz... El tema no ha hecho más que empezar. ¡Qué bellas, qué ciertas y qué exigentes las palabras del papa Francisco!
Quien no edifica sobre la cruz de Cristo, derrama.
Gracias mil, queridísima Cristina.

CB dijo...

A ti, queridísimo Suso.