16 junio 2012

Escribir para alguien. Christian Bobin- "Geai" (2)

"Albain lleva una hora clavado a su escritorio. Hace una hora que se sirve de la cabeza como de un sacacacorchos, intentando abrir la botella del papel en blanco. Es inútil: el tapón de silencio se resiste a salir. - no hay nada que decir sobre ese tema, no tengo nada que decir.
- Venga, Albain. Escribe para mí. Leeré por encima de tu hombro.
- Pero el maestro nos ha dicho que inventemos una historia, y yo no sé inventar.
- Si es para mí, encontrarás el modo. Cuando quieres a alguien, siempre tienes algo que decirle o escribirle, hasta el fin de los tiempos.
- ¿Quién ha dicho que yo la quiera?
- Sin embargo me ves, Albain. Tú me ves: es imposible ver a nadie -de este lado de la vida o del otro lado, eso importa poco- si no lo quieres.
- ¿Y usted... usted me quiere?
- ¿Por qué crees que te hablo? ¿Y entonces?
- Entonces, de acuerdo.  La haré, haré esa fastidiosa redacción."

"... Has dormido tres meses, Albain. Se le puede llamar dormir. Es esa clase de sueño extenuante. Ahora debes reposar. Unos tres meses más, como poco. Y el trineo nunca más, ¿prometido?   Las palabras son cajas de cerillas, cajas como las que tiene el padre de Albain en su garage, en el rincón del bricolage. El padre es un hombre de orden. Mantiene una lucha con el desorden de la que nunca sale vencedor. Pese a todo, él lucha, lucha con los principios, los diccionarios, las agendas, las etiquetas. Se ha fabricado un armarito con cajas de cerillas de cocina. En cada una ha pinchado una chincheta. Bajo la chincheta, una etiqueta: tornillos, cola, parches, elásticos. En cada caja, su objeto. Se abren como cajones minúsculos, cajones para enanos. Con la palabra "trineo" pronunciada  el doctor, es como si se hubiera abierto ante Albain una caja de cerillas de cocina. De ella sale el recuerdo del accidente...
   Me duele la cabeza, doctor. Me gustaría estar solo. El doctor se va -bostezando. Se ha dirigido a Albain con palabras tranquilizadoras.  No hay nada más inquietante. Es irritante esa manía de los adultos de dirigirse a los niños empachando de azúcar el lenguaje -en vez de hablar con sencillez, como lo hacen entre ellos. Aunque es posible que tampoco entre ellos hablen con sencillez. Cuando quieres a alguien, tienes cosas que contarle hasta el fin de los tiempos: ¿Por qué tengo esta frase en la cabeza? Si fuera verdadera, esa frase, habría poco amor sobre esta tierra.  Albain recuerda una noche con sus padres en el restaurante. Debió de ser antes de que el pino volcara el trineo. La mayoría de las parejas se aburría, esperaba en silencio la llegada de los platos como se espera la salvación. Cuando quieres a alguien, tienes cosas que contarle hasta el fin de los tiempos. Para esas parejas el fin de los tiempos ya estaba ahí."

Christian Bobin, Geai, Editions Gallimard-Folio, 1998.

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