28 diciembre 2012

Pie Jesu





Oh, santos inocentes, quedará escrito que vosotros seréis y que vosotros sois
Los únicos inocentes.
Y que incluso Francisco, mi siervo, a vuestro lado
No es pobre en absoluto.
Y que mi siervo san Luis de los franceses
A vuestro lado no es nada inocente.
Quedará escrito que hay en la vida, y en la existencia de esta tierra, tal amargura, tal hastío,
Tal ingratitud, tal retorcimiento,
Tal envejecimiento irrevocable del alma y del cuerpo,
Tal atontamiento que nunca más será despejado,
Tal fiebre que nunca más será refrescada,
tal pendiente que nunca más será remontada,
Tal pliegue de memoria, de impotencia para olvidar,
Tal pliegue de herida en la comisura de los labios,
Que las mayores santidades del mundo no borrarán jamás ese pliegue
Y que las mayores santidades del mundo no valdrán jamás tanto
Como los labios sin pliegue, las almas sin memoria, los cuerpos sin herida
De esos grandes santos y de esos grandes mártires que  no salieron del seno de su madre
Sino para entrar en el reino de los cielos. (...)
Y que incluso el potro no habrá adquirido con los mártires
Esa blancura, esa primeridad, esa entereza
De la primerísima, inocente infancia (...)
Y que un papel blanqueado no es un papel blanco
Y que un tejido blanqueado no es una tela blanca.
Y que un alma blanqueada no es un alma blanca.
Y que los más cercanos a mí serán esos niños lactantes
que nunca han sabido nada de la vida ni han hecho nada con la existencia
Sino recibir un buen sablazo
Quiero decir, dado en el momento preciso.

Charles Péguy, Los tres Misterios. El Misterio de los Santos Inocentes, Edit. Encuentro, Madrid 2008. Traducc. María Badiola

[Añadido el 8.1.2013: Os recomiendo esta entrada del día 5 de enero, sobre los santos inocentes, que me acabo de encontrar en el Blog "Un lugar en el mundo". En ella y  con la hondura que le caracteriza,  Suso Ares conversa con Péguy, con Camus y también (también, digo, sólo por separarlos, que se me asustan las teclas si intento ponerlos seguidos) con Saramago]

25 diciembre 2012

Verdad y Belleza

De la mano de Jacques Brel,  recitando que parte el alma,  os deseo a todos una hermosa y muy feliz Navidad. 

  http://www.youtube.com/watch?v=wbt4-Tuid1s

Dites, dites, si c'était vrai,
S'il était né vraiment à Bethléem, dans une étable;
Dites, si c'était vrai,
Si les rois Mages étaient vraiment venus de loin, de très loin,
Pour lui porter l'or, la myrrhe, l'encens;
Dites, si c'était vrai,
Si c'était vrai tout ce qu'ils ont écrit Luc, Matthieu
Et les deux autres;
Dites, si c'était vrai,
Si c'était vrai le coup des Noces de Cana,
Et le coup de Lazare;
Dites, si c'était vrai,
Si c'était vrai ce qu'ils racontent les petits enfants,
Le soir avant d'aller dormir,
Vous savez bien, quand ils disent Notre Père, quand ils disent Notre Mère;
Si c'était vrai tout cela,
Je dirais oui.
Oh, sûrement je dirais oui,
Parce que c'est tellement beau tout cela
Quand on croit que c'est vrai.

24 diciembre 2012

Atención y espera. Simone Weil (2.)

Y vamos que nos vamos, a terminar con Simone Weil, que no sólo los estudios escolares, sino también la lombarda (en eso no cayó, la cocina le era ajena), necesitan de atención:
...
"La atención consiste en suspender el pensamiento, en dejarlo disponible, vacío y penetrable al objeto, en mantener en sí mismo, cerca del pensamiento pero en un nivel inferior y sin contacto con él, los diversos conocimientos adquiridos que uno está forzado a utilizar. El pensamiento debe estar, respecto a todos los pensamientos particulares y ya formados, como el hombre sobre una montaña que, mirando hacia delante, percibe al mismo tiempo debajo suyo, pero sin mirarlos, muchos bosques y llanuras. Y sobre todo el pensamiento debe estar vacío, a la espera, no buscar nada, pero estar dispuesto a recibir en su verdad desnuda el objeto que va a penetrar en él.

Todos los contrasentidos en las traducciones, todos los sinsentidos en la solución de los problemas de geometría, todas las torpezas ('gaucheries' en frances, literalmente izquierdadas o izquierdeces, es sólo una curiosidad al margen) de estilo y todos los defectos en el encadenamiento de ideas en los deberes de Lengua, todo eso proviene de que el pensamiento se ha precipitado con demasiada rapidez  sobre alguna cosa, y estando así prematuramente satisfecho ha dejado de estar disponible para la verdad. El motivo es siempre el de que se ha pretendido ser activo; se ha pretendido buscar. Los bienes más preciosos no deben ser buscados, sino esperados. Pues el hombre no puede encontrarlos por sus propias fuerzas, y si se lanza en su búsqueda, encontrará en su lugar falsos bienes en los que no sabrá discernir la falsedad. 

Hay para cada ejercicio escolar una manera específica de esperar la verdad con deseo y sin permitirse buscarla. Una manera de prestar atención a los datos de un problema de geometría sin buscar la solución, a las palabras de un texto en latín o griego sin buscarles el sentido; de esperar, cuando se escribe, que la palabra justa acuda por sí misma a ponerse bajo la pluma, rechazando solamente las palabras insuficientes.

El primer deber hacia los escolares y los estudiantes es el de hacerles conocer este método, no sólo en general, sino en la forma particular relativa a cada ejercicio. Es el deber no sólo de sus profesores, sino también de sus guías espirituales. Estos deben, además, mostrar a plena luz, a una luz resplandeciente, la analogía entre la actitud de la inteligencia en cada uno de esos ejercicios y la actitud del alma que, bien provista la lámpara de aceite, espera a su esposo con confianza y deseo. Que cada adolescente con afición, mientras hace una traducción de latín, desee acercarse, por medio de ella, un poco más al instante en el que será verdaderamente ese siervo que, mientras su amo está en una fiesta, vela y escucha detras la puerta para abrirle en cuanto llame. El amo, entonces, sienta al siervo a la mesa y le sirve él mismo de comer.

Solamente esa espera, esa atención,  pueden obligar al amo a semejante exceso de ternura. Cuando el siervo se ha extenuado de fatiga en los campos, el amo a su regreso le dice: "Prepara mi comida y sírveme". Y lo trata de siervo inútil que hace solamente lo que se le mandó. Ciertamente es necesario hacer en el dominio de la accción todo lo que se ha mandado, al precio de no importa qué grado de esfuerzo, fatiga y sufrimiento, porque el que desobedece no ama. Pero después de eso no se es más que un siervo inútil. Es una condición del amor, pero no es suficiente. Lo que fuerza al amo a hacerse siervo de su siervo, a amarlo, no es nada de todo eso, todavía lo es menos una pesquisa que el siervo hubiera tenido la temeridad de emprender por propia iniciativa; es sólo la vigilia, la espera y la atención."

Y  vamos con la lombarda, que tiene que hacerse muy despacio y hay que removerla para que no se pegue (no hagáis nunca el disparate de cocerla en agua, sólo un poquito de vino y a hacerse en su  jugo, a ser posible con un par de reinetas).
¡¡Os deseo a todos una vigilante y muy feliz Nochebuena!! 

Simone Weil, Attente de Dieu, "Reflexions sur le bon usage des études scolaires en vue de l'amour de Dieu", págs 67-75.


Atención y espera. Simone Weil (1)


Vamos con el tema de la lectura lenta, y la atención y la espera,  en Simone Weil.  Lo malo es que el tema, una de las columnas de su pensamiento,  necesitaría mucha lentitud y toda la atención posible, y yo me pongo a ello con apresuramiento, o sea fatal (el apresuramiento, para SW, es una de las formas del mal), y sin una traducción a mano. Así que perdón por adelantado.

El título del texto que os extracto, uno de los capítulos de Attente de Dieu (pág.67-75), es el de "Reflexiones sobre el buen uso de los estudios escolares con miras al amor de Dios", un título que nos deja preguntándonos qué tendrá que ver una cosa con la otra,  pero que lo dice todo. Y lo que dice es que existe una analogía entre la actitud de la inteligencia aplicada a cada uno de esos ejercicios (una traducción, un problema de matemáticas...) y la situación del alma que, con la lámpara bien provista de aceite, espera a su esposo con confianza y deseo.

El nudo de la analogía está en el verbo 'attendre', y en su doble significado de atender y esperar. Dos actitudes hermanas, aunque en castellano la hermana 'esperar' decidiera independizarse (nuestro 'atender' al principio era similar al francés. Lo dice Covarrubias  en la voz 'atención': en lenguaje antiguo castellano vale esperar,  y pone de ejemplo esta preciosidad: "orillicas del río mis amores he - y debajo de los álamos me atendé). Tanto se independizó que en un análisis de texto nos costaría trabajo -y mucha atención- incluirlas en el mismo campo semántico. Pero siguen siendo hermanas: en las dos se encuentra la misma vigilancia, la apertura, la tensión del ánimo, el olvido de sí y, en definitiva, el amor. El verbo atender (del attendere latino, y éste de ad tendere), con todos los significados hermanos juntos: escuchar, vigilar, prestar atención, cuidar, esperar...,  es prácticamente un sinónimo del verbo amar. Aún más, no sólo prácticamente un sinónimo, sino su sinónimo práctico, el limpio de adherencias corteses, románticas, fantásticas y depredadoras, la prueba del nueve del verbo amar.

 Eso es lo que le permite a Simone Weil pasar, sin solución de continuidad,  de los estudios escolares a las dos parábolas de los siervos, la del siervo vigilante, al que el amo hace sentar a la mesa para servirle la comida (Lc 12:35-38), y la del siervo inútil, que curiosamente es el currante, el que cuida del ganado y los campos,  y que sin embargo, al llegar a la casa,  ni es invitado a sentarse a la mesa ni merece las gracias del amo (Lc 17:7-10). ¿La diferencia entre el primero, el que espera a que su amo vuelva de la boda para abrirle al primer toque, y el que llega agotado, y seguramente harto, del campo?: La atención, la espera, el deseo, el amor.
(Por eso era una entrada perfecta de adviento, que de ahí las prisas, por si conseguía sacarla antes del 24. De todos modos, hasta las 12 de la noche, si no me equivoco,  seguimos en Adviento):


"Si se busca con verdadera atención la solución de un problema de geometría  y al cabo de una hora se continua en el mismo punto que al empezar, pese a todo se ha avanzado, durante cada minuto de esa hora, pero en otra dimensión más misteriosa. Sin sentirlo, sin saberlo, ese esfuerzo en apariencia estéril y sin frutos ha hecho crecer la luz en el alma.[...]

El mejor sostén de la fe es la garantía de que si uno le pide a su Padre pan,  Él no da piedras. Con independencia incluso de toda creencia religiosa explícita, cada vez que un ser humano realiza un esfuerzo de atención con el único deseo de volverse más capaz de alcanzar la verdad, consigue hacer crecer esa capacidad, aunque su esfuerzo no haya producido ningún fruto visible. Un cuento esquimal explica así el origen de la luz: "El cuervo que en la noche eterna no podía encontrar alimento, deseó la luz  y la tierra se iluminó". Si verdaderamente hay deseo, si el objeto del deseo es verdaderamente la luz, el deseo de luz produce la luz (ojo que esto no tiene nada que ver con el manido wishful thinking; el cuervo no se inventa la luz: la obtiene). Hay deseo  verdaderamente, cuando hay esfuerzo de atención. Es verdaderamente la luz lo que es deseado, cuando cualquier otro móvil está ausente. Aunque los esfuerzos de atención permanecieran en apariencia estériles durante años, algún día una luz exactamente proporcional a esos esfuerzos inundará el alma. Cada esfuerzo añade un poco de oro a un tesoro que nada en el mundo puede arrebatar. Los esfuerzos inútiles realizados por el cura de Ars, durante largos y dolorosos años, para aprender latín, dieron todos sus frutos en el discernimiento maravilloso por el que percibía el alma misma de los penitentes tras de sus palabras e incluso tras de su silencio. [...]

La inteligencia sólo puede ser conducida por el deseo  [...] Es el papel jugado por el deseo en el estudio el que permite convertirlo en una preparación a la vida espiritual. Pues el deseo, orientado hacia Dios, es la única fuerza capaz de levantar el alma. O más bien es Dios el único que viene a tomar el alma y la levanta, pero sólo el deseo obliga a Dios a descender. [...]

Hay algo en nuestra alma que repugna la verdadera atención mucho más violentamente que la carne repugna la fatiga. Ese algo está mucho más cerca del mal que la carne. Por eso, cada vez que se presta verdadera atención,  se destruye un poco de ese mal dentro de sí. Si se atiende con esa intención, un cuarto de hora de atención equivale a muchas buenas obras."

(y de mañana lo termino, que ya es muy largo y también muy tarde)

22 diciembre 2012

Probidad intelectual y lectura atenta. Simone Weil.


Leía estos días las interesantísimas entradas del Blog En Compostela , dedicadas al reciente libro de Gregorio Luri  -que acabo de pedirme a los Reyes- sobre la vida y la obra de Leo Strauss, y al hilo de esa conversación sostenida a lo largo de los siglos sobre los problemas intemporales del hombre en la que, según Strauss,  consiste la civilización occidental, me acordaba de Simone Weil, tan buena conversadora, con esa asombrosa facilidad para pegar la hebra con todos los grandes y  para hacérsela pegar a ellos entre sí, y a cada  poco pensaba en lo que ella dijo sobre esto y lo de más allá.

Se hablaba en las entradas, por ejemplo,  de la "probidad intelectual" de la que hoy se reviste el rechazo a todo tipo de creencia, y que Gregorio Luri define estupendamente como "increencia no razonada" -aunque yo la verdad es que sigo dudando de la posibilidad de ese grado cero que sería la increencia, sobre todo si le ronda cerca la palabra intelectual. Me parece que la intelectualidad, que  huye de la contradicción mucho más que de la mentira,  necesita llamar "increencia" a lo que no es más que "creencia-en-que-no", aunque sólo sea para disimular la llamativa contradicción de rechazar la creencia desde la creencia, tan llamativa como la del que rechazara los partidos de futbol desde la portería contraria. Pues bien, Simone Weil dedica precisamente unas breves líneas a ese tema en una de sus cartas de despedida, la conocida como Autobiografía espiritual , breves pero con el brillo de la verdadera probidad y la verdadera inteligencia, esas que empiezan con el cuestionamiento de sí  mismo:

"Cela ne m'empêche pas d'avoir envers vous la plus grande dette que je puisse avoir contractée envers un être humain. Voici exactement en quoi elle consiste.
D'abord vous m'avez dit une fois, au début de nos relations, une parole qui est allée jusqu'au fond de moi-même. Vous m'avez dit : « Faites bien attention, car si vous passiez à côté d'une grande chose par votre faute, ce serait dommage. »
Cela m'a fait apercevoir un nouvel aspect du devoir de probité intellectuelle. Jusque-là je ne l'avais conçu que contre la foi. Cela semble horrible, mais ne l'est pas, au contraire. Cela tenait à ce que je sentais tout mon amour du côté de la foi. Vos paroles m'ont fait penser que peut-être il y avait en moi, à mon insu, des obstacles impurs à la foi, des préjugés, des habitudes. J'ai senti qu'après m'être dit seulement pendant tant d'années : « Peut-être que tout cela n'est pas vrai », je devais, non pas cesser de me le dire - j'ai soin de me le dire très souvent encore à présent -, mais joindre à cette formule la formule contraire, « Peut-être que tout cela est vrai », et les faire alterner."

["Eso no me impide tener con usted la deuda más grande que pueda haber contraído con un ser humano, que consiste exactamente en  esto:
Para empezar, usted me dijo una vez, al principio de nuestra relación, unas palabras que me llegaron a lo más hondo. Usted me dijo: "Preste mucha atención, pues sería una lástima que por error suyo pasara de largo ante una gran cosa".
Eso me hizo percibir un aspecto nuevo del deber de probidad intelectual. Hasta entonces sólo lo
había concebido contra la fe. Parece horrible, pero no lo es, al contrario. Eso se debía a que todo mi amor lo sentía de parte de la fe. Sus palabras me hicieron pensar que quizas hubiera en mí, sin darme cuenta, obstáculos impuros a la fe, prejuicios, hábitos. Sentí que, después de haberme dicho durante tantos años: "Es posible que todo eso no sea verdadero", debía, no dejar de decírmelo -tengo cuidado de decírmelo a menudo todavía-, pero sí añadir a esa fórmula la fórmula contraria. "Es posible que todo eso sea verdadero", y hacerlas alternar. "]
Attente de Dieu- Autobiographie spirituelle, p.41)

Sobre la lectura y la lentitud, que es el mismo tema de la atención tan querido por Simone Weil, mañana.  Porque es el último domingo de adviento (y 'attendre'  significa atender y esperar -también cuidar. Una joya de verbo),  y para que Ángel le disculpe todo eso que no le acaba de convencer  y que tan bien explican Luri y  Strauss: "El poeta sabe cosas que el filósofo parece ignorar. La principal de ellas es el apego natural de los hombres al mundo". La pobre era filósofa.

17 diciembre 2012

La segunda caída. Mircea Eliade.


Después de una temporada con Kierkegaard, ese Bloy protestante, cualquier otro autor irremediablemente parece un soso. De todos modos, para ir rematando cosas,  os traigo unos parrafitos de Lo sagrado y lo profano, un hito de la contracultura y una de las obras más conocidas del filósofo, comparativista e historiador de las religiones Mircea Eliade. En ella, a propósito de la desacralización de la existencia y del "hombre sin religión", habla Eliade, en el capítulo de conclusiones finales,  de "una segunda caída" y emplea la expresión "caer más bajo". Es cierto que el descenso se refiere a los niveles de consciencia, pero la idea que queda clara, después de pasear con él de tribu en tribu y de civilización en civilización, es esa: la de un retroceso ahí donde muchos pretenden ver un avance, o por decirlo a la manera antropológica: la de una autocastración.  Debieron de lloverle muchos palos desde su publicación en 1956, y ocho años después, en la introducción a la edición francesa, parece pedir disculpas y pasar por el aro del obligado panegírico del hombre arreligioso, pero del libro, que ahí está,  no movió una coma:

"Como hemos dicho, el hombre arreligioso en estado puro es un fenómeno más bien raro, incluso en la más desacralizada de las sociedades modernas. La mayoría de los hombres «sin-religión» se siguen comportando religiosamente, sin saberlo. [...] A veces les aturde una verdadera algarabía mágico-religiosa, pero degradada hasta la caricatura, y por esta razón difícilmente reconocible. El proceso de desacralización de la existencia humana ha desembocado más de una vez en formas híbridas de magia ínfima y de religiosidad simiesca. No pensamos en las innumerables «pequeñas religiones» que pululan en todas las ciudades modernas, en las sectas y en las escuelas pseudoocultistas, neoespiritualistas y sedicentes herméticas, pues todos estos fenómenos pertenecen aún a la esfera de la religiosidad, aunque se trate casi siempre de aspectos aberrantes de pseudomorfosis. Tampoco hacemos alusión a los diversos movimientos políticos y profetismos sociales, cuya estructura mitológica y fanatismo religioso son fácilmente discernibles. Bastará, para poner sólo un ejemplo, recordar la estructura mitológica del comunismo y su sentido escatológico.  [...] Pero no es sólo en las «pequeñas religiones» o en las místicas políticas donde se encuentran comportamientos religiosos camuflados o degenerados: se los reconoce incluso en los movimientos que se proclaman francamente laicos, incluso anti-religiosos. Así, en el desnudismo o en los movimientos en pro de la libertad sexual absoluta, ideologías donde se pueden entrever las huellas de la «nostalgia del Paraíso», el deseo de reintegrarse al estado edénico anterior a la caída [...].

En cierto sentido, podría casi decirse que, entre los modernos que se proclaman arreligiosos, la religión y la mitología se han «ocultado» en las tinieblas de su inconsciente —lo que significa también que las posibilidades de reintegrar una experiencia religiosa de la vida yacen, en tales seres, muy en las profundidades de ellos mismos—. En una perspectiva judeo-cristiana podría decirse igualmente que la no-religión equivale a una nueva «caída»» del hombre: el hombre arreligioso habría perdido la capacidad de vivir conscientemente la religión y, por tanto, de comprenderla y asumirla; pero, en lo más profundo de su ser, conserva aún su recuerdo, al igual que después de la primera «caída», y aunque cegado espiritualmente, Adán habría conservado la suficiente inteligencia para pemitirle reencontrar las huellas de Dios visibles en el Mundo. Después de la primera «caída», la religiosidad había caído al nivel de la conciencia desgarrada; después de la segunda, ha caído aún más bajo, a los subsuelos del subconsciente: ha sido olvidada».

Mircea Eliade, Lo sagrado y lo profano, Edit.Guadarrama, Madrid 1981 (pág. 120-122)


30 noviembre 2012

Pero muere primero. Kierkegaard (4.)


Y termino  Para un examen de sí mismo recomendado a este tiempo con unos párrafos del tercer y último sermón, el previsto para la fiesta de Pentecostés.
Kierkegaard, como en el sermón anterior, en el que bromeaba a propósito de sus continuas disertaciones "de viernes santo", vuelve a  servirse del acontecimiento que se celebra y del que se espera que hable, para explayarse sobre lo que no se celebra y no se espera oír: que para recibir al dulce huesped del alma,  primero debes "morir a"; que "el Espíritu vivificante es precisamente el que te mata":

"Oyente mío, con respecto al cristianismo, no hay nada a lo cual todo hombre esté por naturaleza más inclinado que a tomarlo en vano. Tampoco hay nada cristiano, ni una sola determinación cristiana, que no pueda convertirse en algo totalmente distinto con sólo hacer el pequeño cambio de quitar una determinacion intermedia - y de eso totalmente distinto debe decirse "esto ha surgido del corazón del hombre" (1Cor 2:9), y así se lo vuelve vano. Por otro lado no hay nada contra lo cual el cristianismo se haya asegurado con mayor cuidado y celo que contra el ser tomado en vano. No hay ninguna, ninguna, determinación de lo cristiano sin que el cristianismo coloque como determinación intermedia: la muerte, el morir a -para de ese modo asegurar lo cristiano contra el ser tomado en vano. Se dice: "el cristianismo es el dulce consuelo" -sí, no se puede negar, siempre y cuando primero quieras morir, morir a. ¡Pero esto no es tan dulce! Se presenta a Cristo, diciendo: "Escuchad su voz, de qué manera dulce y atractiva llama a todos hacia sí, a todos los que sufren y les promete descanso para sus almas" -y en verdad es así, Dios me libre de decir otra cosa; pero, sin embargo, sin embargo, antes de que este descanso para el alma te toque a ti, y para que pueda tocarte a ti, es necesario (también lo dice el que invita, y lo expresó toda su vida aquí en la tierra, todos los santos días y las santas horas del día) que tú primero mueras, que mueras a... ¿es esto tan atrayente?
Así sucede también con esta afirmación cristiana: el Espíritu es el que vivifica. ¿A qué sentimiento se aferra el hombre con mayor firmeza que al sentimiento de la vida? (...) Mas aquí se predica un Espíritu que vivifica. Pues bien, apresurémonos a aceptarlo, ¿quién vacilará? ¡Danos vida, más vida, que el sentimiento de vida rebose en mí, como si toda la vida pudiera juntarse en mi pecho!
Pero ¿podría ser cristianismo esto, este terrible extravío? ¡No, no! Esta vivificación en el espíritu no es una elevación directa de la vida natural en un hombre en continuidad y conexión inmediatas con ella -¡oh, blasfemia!, ¡oh, qué terrible tomar de tal modo el cristianismo en vano!-, esta vivificación en el Espíritu es una nueva vida. Una nueva vida, sí, y no es una mera forma de hablar, como cuando usamos esa expresión tanto para una cosa como para otra cada vez que algo nuevo empieza a agitarse en nosotros, no; una nueva vida, literalmente una nueva vida -porque, fíjate bien, la muerte atraviesa la vida, morir a; y una vida del otro lado de la muerte, sí, es una nueva vida.
La muerte atraviesa la vida, ésa es la enseñanza del cristianismo; el Espíritu vivificante es precisamente el que te mata; es la primera manifestación del Espíritu vivificante: que tú debes meterte en la muerte, tú debes morir a -así es, para que no puedas tomar el cristianismo en vano. Un espíritu vivificante: he aquí la invitación, ¡quién podría no aceptarla! Pero muere primero: ¡he aquí la parada!..."

Insiste más tarde en lo poco precisos que somos los hombres con las palabras y en cómo solemos hablar de fe, de esperanza y de amor  donde en sentido cristiano estricto ni se trata de fe, ni de esperanza, ni de amor. A continuación va revisando una tras otra estas cuestiones,  hasta llegar a la última que aborda así:

"Finalmente, el Espíritu también trae el amor. En otros lugares (se refiere a Las obras del amor) he intentado mostrar lo que no se logra enfatizar con bastante frecuencia ni nunca se pone en claro lo suficiente: que lo que nosotros los hombres ensalzamos bajo el nombre de amor es amor propio y que cuando no tenemos cuidado con esto se confunde todo el cristianismo para nosotros..."

Con eso terminamos este libro pequeñito, pero matón,  y un examen de sí mismo de lo más recomendable; en cuanto a los tiempos, ya se ve que mucho no han cambiado. 
Y con permiso del querido señor Kierkegaard, os deseo un feliz primer domingo de Adviento: Advent, Advent, noch mal ein Kerzlein brennt...

Søren Kierkegaard, Para un examen de sí mismo recomendado a este tiempo, Ed. Trotta-Minima, Madrid 2011, Traducc.e introducc. Andrés Roberto Albertsen y colab.




28 noviembre 2012

Jerga de malhechores. Kierkegaard (3)


Y seguimos con  Kierkegaard y Para un examen de sí mismo recomendado a este tiempo (y mañana ya termino), ahora con un pasaje del segundo de los tres sermones que componen el libro, el previsto para la fiesta de la Ascensión, que ya no fue capaz de pronunciar en público.
En este sermón, en el que sólo se refiere a la Ascensión para dedicar unas palabras a quienes la ponen en duda -las que más abajo os dejo- y, de paso, recordarnos que Cristo no ascendió a los cielos a mitad de la vida, el tema central es el del camino angosto. Un camino, el de la imitación, que, al igual que el seguido por Cristo, es angosto desde el principio y se va haciendo más angosto a medida que avanza  (y aquí describe cinco momentos como cinco suspiros lanzados por Cristo, con tanta viveza que se sientefísicamente crecer la estrechez y el ahogo). Un camino que se diferencia tanto del que empieza siendo fácil para volverse angosto (el de las pasiones), como del  que empieza siendo angosto para volverse fácil  (el de los prudentes y entendidos, el de  los que calculan que, soportando una temporada el sufrimiento y el esfuerzo, "el camino se hace más fácil e incluso se triunfa en la vida"). Un camino que tampoco es semejante a otros muchos de los padecidos por los hombres, terribles y angostos de principio a fin,  porque se caracteriza por lo voluntario:

"Sí ¿quién ha dudado? ¿Será alguno de aquellos cuya vida lleva la marca de la imitación? ¿Será alguno de aquellos que dejaron todo para seguir a Cristo? ¿Será alguno de aquellos a quienes marcó la persecución, puesto que una vez que se produce la imitación, la persecución le sigue en consecuencia? No, de ellos ninguno. Sino que cuando se abolió la "imitación" y en consecuencia la persecución se hizo imposible, eso, en la jerga de malhechores con que hablamos los hombres, no sonó como una acusación contra un retroceso en el cristianismo de un siglo extraviado, válgame Dios; no, sonó como una alabanza a un incomparable progreso en tolerancia de un siglo iluminado; cuando se rebajó el ser cristiano, de modo que ser cristiano se convirtió en casi nada -y por lo tanto tampoco había nada que perseguir: entonces del ocio y de la autocomplacencia surgió toda clase de dudas. Y la duda, el que duda, se hizo importante dudando (...) Y mientras se dudaba de todo, una cosa estaba fuera de toda duda, que uno de este modo ("se debe dudar de todo") se aseguraba no algo dudoso, sino nada menos que una posición totalmente sólida en la sociedad, acompañada de grandes honores y prestigio entre los hombres.
Por lo tanto algunos dudaron. Pero entonces hubo otros que trataron de refutar la duda con razones. En realidad la situación era esta: lo primero fue tratar de refutar lo cristiano con razones o de establecer razones para lo cristiano. Y estas razones, ellas, generaron la duda, y la duda se convirtió en lo más fuerte. La prueba de lo cristiano consiste realmente en la "imitación". Esta fue eliminada. Así se sintió la necesidad de las razones; pero estas razones, o bien el hecho de que haya razones, ya es una especie de duda. No se advirtió que cuantas más razones se presentan, más se alimenta la duda y tanto más se fortalece, y que ofrecerle razones a la duda para aniquilarla es como ofrecerle a un monstruo hambriento del que uno quiere deshacerse el sabroso alimento que más ama."


Søren Kierkegaard, Para un examen de sí mismo recomendado a este tiempo, Ed. Trotta-Minima, Madrid 2011, Traducc.e introducc. Andrés Roberto Albertsen y colab.


05 noviembre 2012

¡Ajá! - Kierkegaard (2)

Y sigue Kierkegaard con el primer sermón, ahora con  el pasaje de la carta de Santiago en el que éste dice: no seáis sólo oidores de la Palabra, sino también sus hacedores.
"Pero para ser sus hacedores, primero hay que ser su oidor o lector, cosa que Santiago también dice", añade Kierkegaard. Con lo que, después de haberse ocupado del "hacer" y lo que él denomina la proposición subordinada en el luteranismo, pasa a ocuparse del "oír": de la manera en que se debe oír o leer (como si se tratara de la carta de la amada o el amado, entendiendo siempre que es a ti a quien se habla, es de ti de quien se habla),  y al igual que en la primera parte, cuando se refería a las obras,  de las estratagemas de las que  habitualmente nos servimos, en este caso para evitar la escucha:  la interpretación, la erudición, la huida del confrontamiento a solas con la Palabra,  la "modestia" (no voy a ser tan vanidoso de pensar que aunque se hable de aristócratas, levitas, mercaderes o romanos, siempre se está hablando de mí) o, directamente, el destierro  preventivo a la estantería más alta de ese libro tan tiránico "que si se le da un dedo, se toma toda la mano", decisión que a Kierkegaard le parece menos deshonesta que todas las otras formas maliciosas de no oír o no leer:

Ante todo se requiere que tú no veas el espejo, sino que te veas a ti mismo en el espejo.
Esto parece tan evidente que podría creerse que no hace falta decirlo. Sin embargo es necesario hacerlo. Lo que me confirma mi opinión es que esta observación no procede de mí; tampoco de lo que hoy en día llamamos un hombre piadoso, un hombre de sentimientos piadosos,  sino de un testigo de la verdad, un mártir, y se supone que estos gloriosos saben de lo que hablan  (otro dardo contra Lutero por su descalificación de la carta de Santiago). [...]

Estar a solas con la Palabra de Dios; que eso es algo peligroso también lo han admitido tácitamente los hombres más capaces. Quizás haya habido alguien (un hombre más capaz y más serio, aunque no podamos aplaudir su decisión) que se dijo a sí mismo: "No sirvo para hacer algo a medias -y este libro, la Palabra de Dios, es un libro sumamente peligroso para mí, y es un libro tiránico: si se le da un dedo, se toma toda la mano; si se le da toda la mano, se toma al hombre entero y tal vez transforme de pronto toda mi vida de acuerdo con una medida inmensa. No, sin permitirme (cosa que detestaría) ni una sola palabra burlona ni peyorativa, lo llevo a un lugar apartado; no quiero estar a solas con él". Nosotros no lo aprobamos, sin embargo hay algo en ello que sí aprobamos: una cierta  honestidad .
Pero también puede uno protegerse contra la Palabra de Dios haciendo alarde de que se atreve a estar a solas con ella, cuando en realidad no es cierto. Así tomas la Sagrada Escritura, cierras la puerta -pero tomas entonces diez diccionarios y veinticinco interpretaciones: de este modo puedes leerla tan tranquilo y distante como si leyeras el diario local. Si de pronto, mientras estás leyendo, lo que sería bastante extraño, se te ocurre preguntar : ¿he hecho esto?, ¿estoy actuando en consecuencia? (es naturalmente en un descuido, en un momento de distracción en que no estas concentrado con la seriedad habitual, cuando se te puede ocurrir algo así), de cualquier modo el peligro no es tan grande. Pues, mira, quizás haya distintas lecturas y quizá se encuentre un nuevo manuscrito justo ahora: ¡por supuesto! Y perspectivas de nuevas lecturas, y quizás haya cinco intérpretes con una opinión y siete con otra y dos con una opinión extraña y tres vacilantes o sin opinión, y "yo mismo no estoy del todo de acuerdo conmigo mismo acerca del sentido de ese pasaje, o para decir mi opinión, soy de la misma opinión que los tres vacilantes que no tienen opinión", etc. Alguien así no será puesto en el aprieto que me veo yo, que de inmediato debo actuar según la Palabra o hacer el humillante reconocimiento. No,  él está tranquilo, él dice: "Por mi parte, no hay ningún problema, ya llegaré a actuar en consecuencia -una vez que se hayan ordenado las lecturas y los intérpretes se hayan puesto más o menos de acuerdo". ¡Ajá! De esta manera queda claro que habrá que esperar un largo tiempo. A cambio el hombre, salvo que sea aguijoneado por el error, logra ocultar que es él mismo quien no tiene ganas de renegar de la carne y la sangre y obrar según la Palabra de Dios. ¡Oh, triste abuso de la erudición, oh, que a los hombres les resulte tan fácil engañarse a sí mismos!
Puesto que si no hubiera tantas ilusiones y autoengaños, todos reconocerían, como yo: no me atrevo a estar a solas con la Palabra de Dios.

Søren KierkegaardPara un examen de sí mismo recomendado a este tiempo, Ed. Trotta-Minima, Madrid 2011, Traducc.e introducc. Andrés Roberto Albertsen y colab. 

02 noviembre 2012

El mundo es un campesino borracho. Kierkegaard (1)

El texto que sigue pertenece al primero de los tres sermones escritos por Kierkegaard para ser pronunciados en la iglesia de la Ciudadela de Copenhague durante el Tiempo de Pascua de 1851.

Este primer sermón  fue el único de los tres que llegó a pronunciar en público. La seriedad, la exigencia y la necesidad de coherencia vital con las que Kierkegaard concebía la predicación, le hicieron caer en tal estado de agotamiento enfermizo que tomó la decisión de no volver a subir a un púlpito. Finalmente, junto con los sermones previstos para las fiestas de la  Ascensión y Pentecostés que no fue capaz de pronunciar,  fue publicado  bajo el título de Para un examen de sí mismo recomendado a este tiempo en septiembre de ese mismo año, el día del undécimo aniversario del compromiso con su muy abandonada aunque siempre añorada (y presente en cada línea) Regina Olsen.

La obrita,  escrita para ser leída en público,  y no para buscar el aplauso de la concurrencia sino su reacción,  es tenida por el mejor compendio del pensamiento de Kierkegaard. Un compendio claro, directo y vivísimo, tan recomendado a su tiempo -según reza el título- como a cualquier otro.

El tema central del primer sermón, tomando como punto de partida el capítulo 1 de la Epístola de Santiago, uno de sus textos evangélicos preferidos, es el de la Palabra de Dios como espejo en el que mirarse a sí mismo. La polémica, porque Kierkegaard ante todo es polemista -si bien un polemista a la manera socrática: movido por el afán de "despertar inquietud con vistas a la interiorización", nunca por el de competir argumentalmente o vencer-, se entabla en este caso con las artimañas de todo tipo, intelectuales, sociales, religiosas o simplemente humanas de las que nos valemos para evitar ese encuentro directo con la Palabra. Arremete así contra los métodos histórico-críticos en los estudios bíblicos,  contra la manipulación "astuta" de la cuestión de la fe y las obras en el luteranismo ,  contra la malicia de los hombres en general y contra nuestra innata capacidad para retorizar, tomar en vano y, en definitiva,  mirar el espejo procurando cuidadosamente no vernos en él.  Si Kierkegaard bajó del púlpito enfermo, sus oyentes, sus ahora lectores, no salimos mejor librados. Dispara con bala y tiene para todos:

Hubo un tiempo en que el Evangelio, "la gracia", se había convertido en una nueva ley, más severa que la antigua para los hombres. Todo se había vuelto atormentador, arduo y desagradable, casi como si -a pesar del canto de los ángeles por la llegada del cristianismo, ya no hubiera ninguna alegría en el cielo ni en la tierra. Con mezquinas autotorturas se había vuelto mezquino también a Dios. [...] Todo se reducía a obras. Y como tumores malignos en los árboles, así estas obras se echaron a perder por tumores malignos, de modo que con frecuencia sólo quedaban la hipocresía, la jactancia de haber hecho algo meritorio, la futilidad. Ahí es donde reside el error, no tanto en las obras. Pero no exageremos, no aprovechemos el extravío del pasado para un nuevo extravío. [...]

Entonces apareció un hombre, Martin Lutero, de parte de Dios y con fe [...] Su vida se expresó en las obras, no lo olvidemos nunca, pero dijo: el hombre sólo se salva por la fe. El peligro era grande. De lo grande que era a los ojos de Lutero, no conozco expresión más fuerte que su decisión de dejar a un lado al apóstol Santiago para poner orden en el asunto (*). Imagínate el respeto de un Lutero por un apóstol -¡y sin embargo tener que atreverse a esto para instalar la fe en su derecho!
¿Qué sucedió mientras tanto? Hay siempre una mundanidad que quiere llamarse cristiana, pero que desea llegar a serlo por el menor precio posible. Esta mundanidad prestó atención a Lutero. Escuchó, por precaución escuchó otra vez, no fuera que hubiera escuchado mal, y entonces dijo: "Magnífico, esto es algo para nosotros;   Lutero dice: solamente importa la fe... Tomemos entonces su palabra, su enseñanza, y quedaremos libres de todas las obras. Viva Lutero: wer nicht liebt Weiber, Wein, Gesang, er wird ein Narr sein Leben lang (* *). Este es el significado de la vida de Lutero, este hombre de Dios que, conforme a su tiempo, reformó el cristianismo". Y aunque no todos hayan tomado a Lutero mundanamente en vano, hay en todo hombre una inclinación a, o bien, cuando deben realizarse obras, querer hacer méritos, o bien, cuando deben hacerse valer la fe y la gracia, quedar en lo posible eximidos de las obras. El "hombre", esta criatura racional de Dios, no se deja embaucar; no es un campesino recién llegado a la ciudad, él tiene los ojos bien abiertos: "No, una de dos", dice el hombre, "si se trata de las obras: bien, pero en ese caso debo pedir la ganancia que me corresponde legítimamente por mis obras, para que la cosa sea redituable. Si se trata de la gracia: bien, pero entonces debo pedir que se me exima de las obras, de lo contrario no es gracia. Si se trata de obras y además de gracia, es una locura". Sí, ciertamente es una locura [...] La exigencia del cristianismo es: tú deberías esforzarte lo más posible para que tu vida se manifieste en obras; y se exige luego una cosa más, que te humilles y reconozcas: aun así, por gracia soy salvado. Se aborrecía el extravío de la Edad Media: el mérito. Pero si se observa la cuestión más a fondo, se verá con facilidad que se le daba al mérito de las obras una importancia quizá mayor que en la Edad Media. [...] Lutero quiso quitar "el mérito" de las obras y conferirles algo distinto justamente en el sentido de testimoniar la verdad; la mundanidad, que entendió a Lutero a fondo, eliminó completamente el mérito -y también las obras. [...]

Pero imagínate a Lutero en nuestro tiempo, atento a nuestra situación, ¿no crees que diría lo mismo que dijo en un sermón: "El mundo es un campesino borracho que cuando se lo ayuda a montar en el caballo desde un costado se cae por el otro"? ¿No crees que díría: el apóstol Santiago debe ser rescatado, no por las obras contra la fe, no, éste tampoco era el propósito del apóstol, sino por la fe, para lograr en lo posible que la necesidad de la "gracia" se sienta profundamente en una interioridad de veras humilde y para impedir en lo posible que la fe y la gracia, como lo único que salva y lo único que bendice, sean tomadas en vano y se conviertan en pretexto para una mundanidad más refinada? Lutero -¡este hombre de Dios, esta alma honesta!- pasó por alto o quizás olvidó cierta cosa que una época posterior y especialmente la nuestra quizás acentúan con demasiada fuerza. Él olvidó  -otra vez ¡tú, el honesto!- lo que era demasiado honesto para saber por sí mismo, alma honesta como él era, olvidó lo que yo, y no a causa de mis virtudes sino a causa de la verdad, debo destacar. El luteranismo es excelente, es la verdad. En relación con esta excelencia de lo luterano, tengo un solo reparo. Éste no concierne al luteranismo, no; me concierne a mí: estoy convencido de que no soy un alma honesta sino un tipo astuto. Entonces quizá lo más correcto sea tener un poco más de cuidado con la proposición subordinada  (las obras, la existencia, el testimoniar y sufrir por la verdad, las obras del amor, etc.), la proposición subordinada en lo luterano.

* En palabras de Lutero "la epístola de Santiago es una perfecta epístola de paja...porque no tiene en sí nada de sustancia evangélica". Kierkegaard, sin embargo, vuelve una y otra vez a esta Epístola.
** "Quien no ama mujeres, vino y canciones será un loco toda su vida". Según nota del traductor, la frase, citada en alemán por K., suele atribuirse erróneamente a M.Lutero.

Søren KierkegaardPara un examen de sí mismo recomendado a este tiempo, Ed. Trotta, Madrid 2011, Traducc.e introducc. Andrés Roberto Albertsen y colab. 

31 octubre 2012

¿Dos modos de ser? Mircea Eliade.


       "Se medirá el abismo que separa las dos modalidades de experiencias, sagrada y profana, al leer las discusiones sobre el espacio sagrado y la construcción ritual de la morada humana, sobre las variedades de la experiencia religiosa del Tiempo, sobre las relaciones del hombre religioso con la Naturaleza y el mundo de los utensilios, sobre la consagración de la vida misma del hombre y la sacralidad de que pueden revestirse sus funciones vitales (alimentos, sexualidad, trabajo, etc.)... Para la conciencia moderna, un acto fisiológico: la alimentación, la sexualidad, etc., no es más que un proceso orgánico, cualquiera que sea el número de tabús que le inhiban aún (reglas de comportamiento en la mesa, límites impuestos al comportamiento sexual por las «buenas costumbres»). Pero para el «primitivo» un acto tal no es nunca simplemente fisiológico; es, o puede llegar a serlo, un «sacramento», una comunión con lo sagrado. El lector se dará cuenta en seguida de que lo sagrado y lo profano constituyen dos modalidades de estar en el mundo, dos situaciones existenciales asumidas por el hombre a lo largo de su historia. "
(pág.10-11: "Dos modos de ser en el mundo".)

     "Así como la «Naturaleza» es el producto de una secularización progresiva del Cosmos obra de Dios, el hombre profano es el resultado de una desacralización de la existencia humana... En otros términos: el hombre profano, lo quiera o no, conserva aún huellas del comportamiento del hombre religioso, pero expurgadas de sus significados religiosos."
(pág.117: "Lo sacro y lo profano en el mundo moderno".)

Mircea Eliade, Lo sagrado y lo profano, Edit.Guadarrama. Punto Omega, Madrid 1981 


16 octubre 2012

Cuando ya te has quedado calvo

Aquí os dejo tres reflexiones muy re-flexivas. Las tres, con ligeros matices, vienen a decir lo mismo. La verdad es que da gusto tanto acuerdo:

La primera es de Lawrence Sterne, por boca del caballero Tristam Shandy:

"La experiencia es un peine que te da la vida cuando ya te has quedado calvo."

La segunda, bastante similar aunque de significación más amplia (por las muchas variedades de sombreros de cintas  y de no tener cabeza), es de una canción de Violeta Parra y dice así:

"Yo no sé por qué mi Dios
le regala con largueza
sombrero de tantas cintas
a quien no tiene cabeza."

La tercera, directa al grano sin peines ni sombreros, es el comienzo del famoso poema "No volveré a ser joven" de Jaime Gil de Biedma:

"Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde."

No sé a vosotros, pero a mí me parece que ese, precisamente ese, es el mejor argumento -más que argumento: una prueba definitiva-  a favor de la vida eterna. Claro que a mí todo me parecen pruebas definitivas, basta con mirarse el dedo gordo, que decía no sé quién. Esas son mis pruebas preferidas, las del tipo dedo gordo: tú sólo mírate el pulgar (*).

Volviendo al asunto, podríamos pensar que la experiencia, aunque llegue demasiado tarde, es útil para los que nos siguen:  que para eso sirve, para transmitirla. Pero las cosas, lamentablemente o por suerte, que no lo sé,  no funcionan así. La experiencia, como su nombre indica, es experiencia, personal e intransferible,  no vale la del otro. No es un peine para peinar melenas ajenas. ¿Para qué la experiencia entonces? 

No tendrá mucho caché argumentativo, no es muy tomista ni muy pascaliano, pero a mí este peine de calvos, como prueba,  me convence un montón:  La experiencia es el peine de nuestra melena inmortal.  Para qué si no.

"Sería gran cosa tener dos vidas; una para cometer errores y otra para sacar provecho de ellos", añade Sterne. Pues claro, gran cosa, de eso se trata. O dicho de otro modo: no volverás a ser joven, Gil de Biedma, ni falta que te hace.
_______

(*) el no-sé-quién era Newton, que ya lo he encontré: "A falta de otra prueba, el dedo pulgar por sí solo me convencería de la existencia de Dios".


18 septiembre 2012

Una cicatriz eternamente mal cerrada

.

"Hay algo peor que tener un mal pensamiento: es tener un pensamiento hecho del todo. Hay algo peor que tener un alma mala, o incluso que se vuelva mala: es tener un alma hecha del todo. Hay algo aún peor que tener un alma perversa: es tener un alma acostumbrada.

Se han visto juegos increíbles de la Gracia  y  gracias increíbles de la Gracia penetrar un alma mala, incluso un alma perversa, y se ha visto salvar lo que parecía perdido. Pero nadie ha visto nunca que se mojara lo barnizado, ni se calara lo impermeable, nadie ha visto empaparse a lo acostumbrado.

Las curaciones, los logros y los salvamentos de la gracia son maravillosos, y se ha visto ganar y se ha visto salvar lo que estaba (como) perdido, porque las peores miserias, porque las peores bajezas, las torpezas y los crímenes, porque el mismo pecado, son a menudo grietas en la armadura del hombre, defectos en la coraza, en la coraza de la dureza del hombre,  por los que puede penetrar la Gracia. Mas sobre la coraza inorgánica de la costumbre todo resbala, y toda espada rebota.
O si se quiere, en el mecanismo espiritual,  los puntos de articulación de las palancas de la Gracia son precisamente las peores miserias, bajezas, crímenes, torpezas, el pecado mismo.  Ahí es donde trabaja, ahí donde encuentra el punto que hay en todo hombre pecador, ahí como se apoya sobre ese punto doloroso. Se ha visto a los criminales más grandes salvarse. Por su crimen mismo. Por el mecanismo, por la articulación de su crimen. Nadie ha visto a los habituados más grandes salvarse por la articulación de su hábito, porque precisamente lo habitual es lo que no tiene articulación. [...] De ahí vienen muchos de los fallos que constatamos en la eficacia de la Gracia, la cual, alcanzando victorias inesperadas en el alma de los pecadores más grandes, a menudo permanece inoperante ante la gente más decente, sobre la gente más decente. Porque precisamente la gente más decente, o sencillamente la gente decente o, en fin, esos que así se nombran, no tienen ningún defecto en su armadura. No están heridos. Su piel de moral siempre intacta les otorga un cuero y una coraza impecable. No tienen esa brecha que se produce por una herida terrible,  por una inolvidable miseria,  un invencible pesar, por un punto de sutura eternamente mal cosido, por una inquietud mortal,  por una sorda ansiedad indomable, una secreta amargura,  un caer sin fondo perpetuamente enmascarado, por una cicatriz eternamente mal cerrada.

No ofrecen esa entrada a la gracia que es esencialmente el pecado. Como no están heridos, no son vulnerables. Como no carecen de nada, no se les da da nada. Como no carecen de nada, no se les da lo que es todo. Ni la misma caridad de Dios venda al que no tiene llagas. Porque había un hombre tirado en el suelo, el Samaritano lo levantó. Porque la cara de Jesús estaba sucia, Verónica la limpió con un pañuelo. De modo que quien no esté caído nunca será levantado, y quien no esté sucio no será lavado.

Las «personas honestas» no se dejan mojar por la gracia.  Es una cuestión de física molecular y globular. Lo que denominamos moral es un revestimiento que vuelve al hombre impermeable a la Gracia. La moral recubre al hombre contra la gracia”

[« Il y a quelque chose de pire que d'avoir une mauvaise pensée. C'est d'avoir une pensée toute faite. Il y a quelque chose de pire que d'avoir une mauvaise âme et même de se faire une mauvaise âme. C'est d'avoir une âme toute faite. Il y a quelque chose de pire que d'avoir une âme même perverse. C'est d'avoir une âme habituée.
On a vu les jeux incroyables de la grâce et les grâces incroyables de la grâce pénétrer une mauvaise âme et même une âme perverse et on a vu sauver ce qui paraissait perdu. Mais on n'a jamais vu mouiller ce qui était verni, on n'a pas vu traverser ce qui était imperméable, on n'a pas vu tremper ce qui était habitué.
Les cures et les réussites et les sauvetages de la grâce sont merveilleux et on a vu gagner et un a vu sauver ce qui étais (comme) perdu. Mais les pires détresses, mais les pires bassesses, les turpitudes et les crimes, mats le péché même sont souvent les défauts de l'armure de l'homme, les défauts de la cuirasse par où la grâce peut pénétrer dans la cuirasse de la dureté de l'homme. Mais sur cette inorganique cuirasse de l'habitude tout glisse, et tout glaive est émoussé.
Ou si l'on veut dans le mécanisme spirituel les pires détresses, bassesses, crimes, turpitudes, le péché même, sont précisément les points d'articulation des leviers de la grâce. Par là elle travaille. Par là elle trouve le point qu’il y a dans tout homme pécheur. Par là elle appuie sur ce point douloureux. On a vu sauver les plus grands criminels. Par leur crime même. Par le mécanisme, par l’articulation de leur crime. On n'a pas vu sauver les plus grands habitués par l'articulation de l'habitude, parce que précisément l'habitude est celle qui n'a pas d'articulation. [...]. De là viennent tant de manques que nous constatons dans l'efficacité de la grâce, et que remportant des victoires inespérées dans l'âme des plus grands pécheurs elle reste souvent inopérante auprès des plus honnêtes gens, sur les plus honnêtes gens. C'est que précisément les plus honnêtes gens, ou simplement les honnêtes gens, ou enfin ceux qu'on nomme tels, n'ont point de défauts eux-mêmes dans l'armure. Ils ne sont pas blessés. Leur peau de morale, constamment intacte, leur fait un cuir et une cuirasse sans faute. Ils ne présentent pas cette ouverture que fait une affreuse blessure, une inoubliable détresse, un regret invincible, un point de suture éternellement mal joint, une mortelle inquiétude, une invincible arrière-anxiété, une amertume secrète, un effondrement perpétuellement masqué, une cicatrice éternellement mal fermée. Ils ne présentent pas cette entrée à la grâce qu'est essentiellement le péché. Parce qu'ils ne sont pas blessés, ils ne sont pas vulnérables. Parce qu'ils ne manquent de rien, on ne leur apporte rien. Parce qu'ils ne manquent de rien, on ne leur apporte pas ce qui est tout. La charité même de Dieu ne panse point celui qui n'a pas de plaies. C'est parce qu'un homme était par terre que le Samaritain le ramassa. C'est parce que la face de Jésus était sale que Véronique l'essuya d'un mouchoir. Or celui qui n'est pas tombé ne sera jamais ramassé; et celui qui n'est pas sale ne sera pas essuyé.
Les "honnêtes gens" ne mouillent pas à la grâce.
C'est une question de physique moléculaire et globulaire. Ce qu'on nomme morale est un enduit qui rend l'homme imperméable à ta grâce.  s'ils sont malheureusement enduits de morale, sont inattaquables à la grâce, inentamables.»] 


Charles Péguy, Oeuvres en prose complète,  pp.1388-1390. Gallimard, 1992

10 septiembre 2012

Deja para mañana lo de mañana.

"Ante todo, los modernos quieren estar tranquilos". Ch. Péguy

Aquí os dejo algunos extractos de una ponencia de A. Molteni, titulada Permanecer en la precariedad. Las sugerencias de Charles Péguy .
Del R.P. Agostino Molteni, profesor de Literatura en la Universidad de Trieste y especialista en Péguy, hay varios trabajos, todos ellos apasionantes (por ejemplo Péguy, testigo del acontecimiento, o Charles Péguy: Los intelectuales de la felicidad y el acontecimiento cristiano), que, como este, se encuentran fácilmente en la red. 
"Para Péguy este afán de tranquilidad domina de la misma suerte a laicos y eclesiásticos. Es el triunfo de Benjamín Franklin y de su máxima no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, que en la modernidad es considerada “la máxima de la sabiduría, de la prudencia y del buen gobierno de sí mismo”. Es el triunfo, para Péguy, de la libreta de la caja de ahorros, el “libro modelo” de la modernidad, el “diploma de tranquilidad del mundo entero”: “Así como el Evangelio es un compendio del pensamiento cristiano, así también la libreta de la caja de ahorros es el compendio del pensamiento moderno. Es lo único capaz de hacer frente a los Evangelios, porque es el libro del dinero, y el dinero es el anticristo. (…) Los libros licenciosos sólo han producido pecadores. La libreta de caja de ahorros produce lo moderno”.

Esta perspectiva del ahorro es la misma perspectiva de los “seguros”: es decir, la pretensión de asegurarse contra el acontecimiento imprevisto. Para Péguy es lo más opuesto al Evangelio y a su máxima: Cada día trae su afán, cuique diei malitia sua (Mt 6,34): “Si cada día trae su afán, ¿por qué asumir hoy los afanes de mañana, el trabajo de mañana?”. Así, el hombre no debe asegurarse de antemano contra el mañana, contra el acontecimiento que aún debe acontecer: “No debemos pensar en el mañana. Esa misma pereza (intelectual), esa misma prudencia, anticipación (y ese mismo apego al ahorro) fue lo que selló el determinismo, el materialismo y el intelectualismo”.

Péguy dice que el origen de esta perspectiva de ahorro y de “seguros” contra el acontecimiento imprevisto del presente nace de una pereza de la razón que no quiere ser desbarajustada, puesta en movimiento de su sedentarismo por el acontecimiento del ser: “Esa imperiosa necesidad de fijar el espíritu no es sino un ansia de pereza y la expresión misma de la pereza intelectual. Ante todo, los modernos, quieren estar tranquilos; ser, ante todo, sedentarios”. (...) “Esa misma tentación de pereza, esa misma fatiga y ansia de tranquilidad que los hace a todos funcionarios, es la misma que hace intelectuales. Así como todos corren tras las cátedras, no para enseñar, sino para estar sentados, así también desean ante todo una filosofía, un sistema de pensamiento, un sistema de conocimiento donde se puede estar sentado”.
...Para Péguy es Bergson quien “ha vuelto a encontrar el presente, ha reintegrado la presencia del presente. Nos ha vuelto a decir que cada día trae su afán. Esto es la sabiduría misma y la vida. (…) No pretender asegurar de antemano la tranquilidad. No anticipar el mañana. (…) No sacrificar el día de hoy, la libertad y la fecundidad de hoy, a la tranquilidad de mañana. (…) No envejecer la vida: bastante envejece ya. He aquí lo metafísico, lo moral, lo económico y lo cívico”.(...) “El mundo del dinero y de la avaricia es el mismo mundo de los intelectuales del ser estático”. (...) “Las economías, los civismos, las morales, las metafísicas, todos dependen de cómo se trata el presente. Dime cómo tratas el presente y te diré cuál es tu filosofía  Si esterilizamos el presente, todo es estéril, todo está vacío.”

La “precariedad” es la novedad que la tradición hebreo-cristiana aporta a la visión del tiempo, y es la consecuencia de la visión de la realidad y del presente como acontecimiento que no se puede poseer de antemano.(...) Sin embargo, para Péguy, en la modernidad la cristiandad ha olvidado esta precariedad, pues el acontecimiento cristiano ha sido desvirtuado. Hablando de los cristianos modernos dice: “No son cristianos, quiero decir que no lo son hasta la médula. Continuamente pierden de vista la precariedad, que para el cristiano es la condición más profunda del hombre; pierden de vista esta profunda miseria, y no tienen presente que siempre hay que volver a comenzar. Es una precariedad eterna. Nada de lo adquirido es adquirido para siempre. Es la condición misma del hombre. Y es la condición más profunda del cristiano. No hay nada más contrario al pensamiento cristiano que la idea de una adquisición eterna, la idea de una adquisición definitiva que no puede ponerse en tela de juicio”.

Esta es la lección de Péguy: permanecer en la precariedad, es decir, recomenzar siempre, no considerar nada como adquirido para siempre, vivir el presente como presente siempre imprevisto, esperar el acontecimiento del ser (recordemos que la etimología de “precario” significa algo que no se obtiene por derecho, sino sólo por preces, por súplicas).
Si os interesa, podéis leerlo completo aquí.  Las citas de Péguy proceden de su Nota conjunta sobre Descartes y la filosofía cartesiana . Saludos y feliz rentrée.

07 agosto 2012

Te harás entender mejor

.
Pasé la noche enterita escribiendo una cartita
para poderte, vidita, convencer...
Pero no pude terminar esa cartita
para poderte, vidita, convencer;
tantas cosas en ella te decía,
que al final ni yo entendía
y la tuve que romper...
Entendé esta palabrita que te dice tantas cosas
y abrí tu corazón.

Pasé la noche enterita consultando diccionarios,
libritos, epistolarios, y formularios de amor,
pero en ninguno de esos libros con versitos
encontré mi amor escrito con calor;
no hubo un poeta que me diera un buen consejo,
por eso derecho viejo yo me haré entender mejor...
Entendé esta palabrita que te dice tantas cosas
y abrí tu corazón.

.
Hoy suena, hechas ciertas salvedades, casi como una plegaria.
Donde dice la noche podría decir la vida, la vida que pasamos enterita escribiendo esa cartita que ni nosotros mismos entendemos.  Entendé, Señor, sus palabritas y abrí Tu corazón.
Que Dios la tenga en su gloria y la colme de amor del bueno.

17 julio 2012

Arenales de Libia y quisicosas

Seguimos con Mayans, ahora sobre la alegoría. Como podéis ver da gusto leerle, es ameno, finísimo, las citas son gloriosas y es un pozo de sabiduría y de curiosidades:

"Esta continuación de metáforas se llama alegoría, de que ai grande abundancia en los refranes: Quien siembra virtud, coge fama; Gloria vana florece i no grana. Pero para que aya alegoría, es menester que esta continuación de la significación se haga en el término metafórico, no en el propio. I assí no habló alegóricamente Saavedra quando dijo: «Son los labios ventanas del corazón, i en abriéndolos se descubre lo que ai en él». Pero huviera hablado alegóricamente si huviesse dicho i en abriéndolas. Él mismo formó una alegoría mui ingeniosa quando, hablando de los thesoreros, contadores i recetores, dijo dellos: «Son arenales de Libia, donde se secan i consumen los arroyos de las rentas reales que passan por ellos» (...)

Siguió mui bien la alegoría Lope de Vega en este soneto:
Rota barquilla mía que arrojada
De tanta embidia i amistad fingida,
De mi paciencia por el mar regida
Con remos de mi pluma i de mi espada,
Una sin corte, i otra mal cortada;
Conservaste las fuerzas de la vida,
Entre los puertos del favor rompida
I entre las esperanzas quebrantada  (...)
Ya para lo que queda, pues es poco,
Ni temas a la mar, ni esperes puerto. (...)

 Si la alegoría es mui oscura passa a ser enigma, esto es, dicho oscuro i entricado, cuya naturaleza consiste en decir las cosas de manera que la espressión las haga parecer inconpossibles…como sucede en la siguiente enigma: "La madre puede nacer- De la hija ya difunta", que quiere decir que del agua se engendra la nieve i después de la nieve el agua. Vulgarmente, quando se hacen estas preguntas, suelen decir: ¿Qué es cosa i cosa?, de donde vino a la enigma el nombre de quisicosa...Esta enigma de Christóval Pérez de Herrera es mui intrincada, i dice assí:
¿Quién es aquel que nació,
Sin que naciesse su padre?
No tuvo madre su madre,
Ni de muger procedió.
Al fin aqueste murió;
I después que huvo espirado,
Fue en su madre sepultado,
A la qual virgen halló.
I se aclara deste modo: Abel nació antes que Adán su padre, pues Adán no nació, sino que Dios le crió, i formó del polvo de la tierra, ni Eva su madre la tuvo; porque también Dios la formó de la costilla de su marido. Abel fue muerto violentamente, de embidia que le tuvo su mal hermano Caín, i fue enterrado en su madre la tierra, a la qual halló virgen por no estar manchada, no aviendo sido sepultado antes otro alguno, i él fue quien la estrenó. I assí justamente llamamos madre a la tierra, pues de su polvo tuvimos principio i a ella iremos todos a parar. "

¿No es una preciosidad la definición de la alegoría, con ese "inconpossibles",  y  la "enigma mui intrincada" y la "quisicosa"?  Y qué tremendo el lacónico "él fue quien la estrenó". Y la plaga eterna de los thesoreros, contadores y recetores: arenales de Libia.  ¿Cómo no reconocerlos?

Gregorio Mayans i Siscar, Rhetorica. Libro III. Capítulo V. De los tropos.

16 julio 2012

El juicioso Quintiliano

De vez en cuando vuelvo a la Retórica de Mayans, aclara mucho las ideas y te encuentras ejemplos y comentarios sabrosísimos. Por ejemplo este, más que sabroso, de lo más llamativo:

 " Palabras poéticas no son todas aquellas de que usan los poetas, sino las que únicamente usan ellos i no otros. Pero, aunque en las obras de los poetas ai palabras de que deven abstenerse los prosistas, no por esso deve uno privarse de la leyenda dellos, porque ésta, según Theofrasto, filósofo eloqüentíssimo, fomenta la eloqüencia; i como dijo juiciosamente Quintiliano: De los poetas se toma en las cosas el espíritu, en las palabras la sublimidad, en los afectos el movimiento, en las personas la decencia o decoro. Fuera desto es lícito acotar testimonios de poetas, especialmente si la oración no fuesse sagrada o mui grave, i el testimonio fuere bien apropiado."

Ahí tenemos  al mismo poeta expulsado de la República platónica por falsario y corruptor, convertido en modelo de virtudes y en figura ejemplar. Yo no sé en qué poetas estaría pensando Mayans, que escribe la Retórica mediado el siglo XVIII y parece conocer al dedillo vida y obra de todos los que hubieran escrito un poema hasta la fecha. Quizá en Fray Luis de León o en Santa Teresa, a los que tanto admiraba, pero de ahí al genérico "de los poetas se toma" y a calificar de juiciosa la cita de Quintiliano...

Lo llamativo, de todos modos,  más que la enormemente variable cotización de los poetas,  lo más llamativo desde la perspectiva actual, es precisamente esa cotización. Lo que resulta verdaderamente llamativo es la relevancia concedida a los poetas, que se estimara en tanto su capacidad de influencia, y aquel antiguo prestigio, aunque fuera un prestigio a la inversa.

Gregorio Mayans y Siscar, Rhetorica. Libro III. Capítulo I. De las partes de la elocución.

13 julio 2012

¿Cómo no quererle?

Mirad y oíd esta gozada. Es Federico Gulda, con la gorrilla de rigor y con su broche elegante prendido en el jersey, tocando y dirigiendo con las cejas, con los hombros, con el rabillo del ojo y hasta con la lengua, el segundo movimiento-Romanza del Concierto nº20 para piano y orquesta de Mozart.

No os perdáis las sonrisas a la orquesta -y cómo en un momento (7:40) parece que les dice "sí, sí, ya sé que es una preciosidad,  pero no hace falta que os pongáis tan estupendos", ni las miradas de guasa ante la cámara, ni los bailecillos vieneses o el arranque del final casi por bulerías.

F.Gulda (Austria 1930-2000) tenía, y sigue teniendo, sus seguidores apasionados y sus detractores -entre ellos, los que consideran un defecto su mayor virtud, es decir los que no distinguen entre ligereza y ligereza, la de la superficialidad y la que sólo alcanzan los mejores-, pero dudo que nadie pudiera no quererle.

En fin, que no es posible oírle y mirarle, con esa cara de gamberro bondadoso y feliz, y no contagiarse de felicidad un rato. Ahí os lo dejo. Para que os contagiéis, que buena falta hace, y porque hoy es San Enrique y hay que celebrarlo.
 
 

[PS: perdón por los leísmos, que la entrada va bien servida. Pero he intentado corregirlos: 'quererlo', 'oírlo', 'mirarlo'... y no puedo, me suena fatal, como si le hiciera de menos (que también tendría que ser 'lo hiciera de menos'). Estoy echada a perder ]

26 junio 2012

del estar en el mundo y no ser del mundo.

Están en el mundo, pero no son del mundo. Son las palabras con las que Cristo ruega por sus discípulos en la Oración de la Última Cena, la que comienza "Padre, ha llegado la hora",  poco antes de ser prendido:  "Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo... Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado...No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno.  Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo..." (Juan 17: 11-18).

Es decir, que un cristiano tendría que distinguirse, entre otras cosas,  por ser  alguien que está en el mundo sin ser del mundo.Y, sin embargo, es complicado eso de estar y no ser. En todos los terrenos. El estar parece que tira del ser, mientras que el no ser tira del no estar.  Somos adaptativos, forma parte del instinto de supervivencia: Si no somos, acabamos marchándonos, o al menos intentándolo. Si estamos, acabamos siendo. Quizá por eso San Pablo  insiste expresamente: "Y no os adaptéis a este mundo..." (Rom. 12:2). Mantenerse en medio, estar y no ser, es mantenerse en tensión. Es cosa muy tensa, en todos los terrenos.

Pensaba estos días, más que en lo del no ser, en lo del estar. Y en que antes me parecía que, de esos dos extremos, el extremo difícil era el segundo, el de no ser del mundo. Que estabamos en él era algo indiscutible, no había ni que planteárselo: aquí estamos. Y en por qué ahora me parece que tan complicado es lo primero como lo segundo. Por qué ahora me parece, incluso, que el verdadero reto, más que el de no ser, es el de estar.

Podría decir que hay cosas, cosas del mundo mundano, que antes me importaban mucho y ahora me traen al fresco; y otras a las que no prestaba atención, que ahora, hartas de olvido, piden su turno. O podría decir que, quizá, al paso de los años, el difícil "no ser del mundo" se va volviendo fácil, mientras que el fácil "estar en el mundo" se vuelve cada vez más difícil, pero no sé...  no sé si es tan así .

Sea por lo que sea, que no tengo ni idea del porqué, hoy creo que lo verdaderamente difícil es eso que ni se plantea y que se da por hecho: estar.  Y también creo que estar, lo que se dice estar, mucho no estamos. Y es más, que por lo general somos del mundo y ni siquiera llegamos a estar en él.

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24 junio 2012

Mañanita de San Juan

Madrugaba el Conde Olinos,
mañanita de San Juan,
a dar agua a su caballo
a las orillas del mar.
Mientras el caballo bebe
se oye un hermoso cantar,
las aves que iban volando
se paraban a escuchar...

Creo que del  romance del conde Olinos, con esas aves suspendidas en el aire, arranca mi descubrimiento de la poesía. Desde entonces -para mí- la poesía es eso:  quedarse en suspenso, pararse a escuchar...  y, por ejemplo, un caballo que bebe a las orillas del mar.

Había un Cancionero en casa de mis padres, un librote cuadrado y gordo editado por la "Sección Femenina",  con las canciones agrupadas por regiones (Vasconia, decía) y por temas: canciones de campo, bailables, de corro, de cuna,  romances...; cada una con su partitura  y con ilustraciones a dos tintas desperdigadas por aquí y por allá: una casa con gallinas y un pozo, una madre durmiendo a un niño, y en el apartado de los romances,  moras cautivas con un cántaro a la cadera, princesas asomadas a la torre y caballeros tocando el laud...

Mi infancia, a falta de recuerdos de un patio de Sevilla,  podría decir que es ese libro. El libro en el suelo, porque con casi seiscientas páginas no había quien lo sostuviera, desencuadernado, con los bordes arruinados de tanto trajín, y  dentro Delgadina, Gaiferos, la golondrina que se fue a su africano hogar,  la niña que segaba y ataba los haces, y los pájaros absortos parados en el aire. Cuando me gustaba mucho una letra, le llevaba a mi padre el libro; él empezaba marcando el compás -lo primero siempre coger el compás-  y me silbaba la música. Muchos años después, cuando ya vivía fuera, llevó el libro a restaurar y me lo regaló, asombrósamente con todas sus páginas, como nuevo.

 ...Y déjame a la trasera/ del carro, Pedro/  porque vaya más cerca/ del bien que dejo,  es lo primero que me encuentro al abrirlo ahora.

Que paséis una feliz noche de San Juan (porque la mañana ya quedó atrás...)



(PS. Perdón, que me soplan que la noche de san Juan es la del 23 al 24,  la que va antes de la mañanita, y que llego tarde. Vaya vida llevo que se me  ha pasado sin enterarme. Felicidades de cualquier modo para todos los Juanes y las Juanas)

19 junio 2012

La filantropía moderna

Quant à la bonté générale, tant prônée aujourd’hui, elle indique davantage la haine des riches que l’amour des pauvres. Car la philanthropie moderne exprime trop souvent une prétendue bienveillance avec les formes propres à la rage ou à l’envie.

[Por lo que se refiere a la bondad general, tan pregonada hoy en día,  es indicio más bien del odio a los ricos,  que del amor a los pobres. Por ello, la filantropía moderna expresa demasiado a menudo su presunta benevolencia mediante las formas propias de la rabia o la envidia]

Auguste Comte, Catéchisme positiviste, 1852, p. 24.

16 junio 2012

Escribir para alguien. Christian Bobin- "Geai" (2)

"Albain lleva una hora clavado a su escritorio. Hace una hora que se sirve de la cabeza como de un sacacacorchos, intentando abrir la botella del papel en blanco. Es inútil: el tapón de silencio se resiste a salir. - no hay nada que decir sobre ese tema, no tengo nada que decir.
- Venga, Albain. Escribe para mí. Leeré por encima de tu hombro.
- Pero el maestro nos ha dicho que inventemos una historia, y yo no sé inventar.
- Si es para mí, encontrarás el modo. Cuando quieres a alguien, siempre tienes algo que decirle o escribirle, hasta el fin de los tiempos.
- ¿Quién ha dicho que yo la quiera?
- Sin embargo me ves, Albain. Tú me ves: es imposible ver a nadie -de este lado de la vida o del otro lado, eso importa poco- si no lo quieres.
- ¿Y usted... usted me quiere?
- ¿Por qué crees que te hablo? ¿Y entonces?
- Entonces, de acuerdo.  La haré, haré esa fastidiosa redacción."

"... Has dormido tres meses, Albain. Se le puede llamar dormir. Es esa clase de sueño extenuante. Ahora debes reposar. Unos tres meses más, como poco. Y el trineo nunca más, ¿prometido?   Las palabras son cajas de cerillas, cajas como las que tiene el padre de Albain en su garage, en el rincón del bricolage. El padre es un hombre de orden. Mantiene una lucha con el desorden de la que nunca sale vencedor. Pese a todo, él lucha, lucha con los principios, los diccionarios, las agendas, las etiquetas. Se ha fabricado un armarito con cajas de cerillas de cocina. En cada una ha pinchado una chincheta. Bajo la chincheta, una etiqueta: tornillos, cola, parches, elásticos. En cada caja, su objeto. Se abren como cajones minúsculos, cajones para enanos. Con la palabra "trineo" pronunciada  el doctor, es como si se hubiera abierto ante Albain una caja de cerillas de cocina. De ella sale el recuerdo del accidente...
   Me duele la cabeza, doctor. Me gustaría estar solo. El doctor se va -bostezando. Se ha dirigido a Albain con palabras tranquilizadoras.  No hay nada más inquietante. Es irritante esa manía de los adultos de dirigirse a los niños empachando de azúcar el lenguaje -en vez de hablar con sencillez, como lo hacen entre ellos. Aunque es posible que tampoco entre ellos hablen con sencillez. Cuando quieres a alguien, tienes cosas que contarle hasta el fin de los tiempos: ¿Por qué tengo esta frase en la cabeza? Si fuera verdadera, esa frase, habría poco amor sobre esta tierra.  Albain recuerda una noche con sus padres en el restaurante. Debió de ser antes de que el pino volcara el trineo. La mayoría de las parejas se aburría, esperaba en silencio la llegada de los platos como se espera la salvación. Cuando quieres a alguien, tienes cosas que contarle hasta el fin de los tiempos. Para esas parejas el fin de los tiempos ya estaba ahí."

Christian Bobin, Geai, Editions Gallimard-Folio, 1998.

10 junio 2012

Christian Bobin- "Geai" (1)

Tal como os dije, aquí van algunas paginas de "Geai", el libro de Bobin que terminé hace poco.
El protagonista, Albain (Albanio, como el pastor de la égloga de Garcilaso),  es un personaje inolvidable y peculiar con una amiga también muy peculiar : Geai (como el pájaro, no sé cuál,  del tipo de la urraca, de los que imitan sonidos, puede que con plumas rojas). Geai lleva 2.342 días muerta cuando Albain la descubre sonriente en el fondo del lago helado. Desde ese momento se hacen inseparables.
Albain, un bebé demasiado tranquilo que pasaba las horas muertas mirando a las babosas en la yerba, y  un niño que sortea los pinos en trineo con los ojos cerrados hasta que consigue abrirse la cabeza, se convierte en un  adolescente del que nadie consigue hacer carrera, aficionado al violín y a dar conciertos a las vacas, y  firme candidato a tonto del pueblo. Como la plaza ya está ocupada, consiguen colocarlo de aprendiz con un vendedor ambulante de cacerolas, y a eso se dedica, a deambular y a hacer de todo menos vender cacerolas. Por último, acaba haciéndose cargo de una tienda de trastos viejos, entre los que parece encontrar, por fin, su sitio en el mundo o algo ligeramente por el estilo,  y donde conoce, por fin, a quien tenía que conocer, dueña de una sonrisa exactamente igual a la de su amiga Geai,  que desde ese momento se esfuma.
Albain es una mirada diferente sobre el mundo. Otra manera de entenderlo, incomprensible y desesperante para lo que se ha dado en llamar "cabezas bien amuebladas":  todo  bien clasificado, como el rincón de bricolage de su padre, cada clavo en su cajón, cada cajón con su etiqueta. Todo claro y distinto (como las famosas ideas cartesianas). Albain, sin embargo,  no sabe trazar líneas divisorias,  ni siquiera la raya que separa a los vivos de los muertos.
Albain es, en resumen, el arte de estar en el mundo sin ser del mundo - por incapacidad de serlo, por puro don. Un ejemplo perfecto de esa cosa complicada,  pese a lo mal que casan la perfección y Albain, o justamente por eso:

"Estamos en invierno. Geai está presa bajo el hielo, a dos centímetros de la superficie.  ¿Cuánto tiempo lleva su sonrisa aclarando las aguas negras de San Sixto? Imposible decirlo. No se puede empezar a decir cosa alguna sobre el poder de esa sonrisa hasta la llegada de Albain, ocho años, demasiado joven para haber sido su alumno, para haberla conocido en vida. Pues bien, ahora la conoce como un ser sonriente: Albain está solo, ha caminado hasta el centro del lago y ha visto el vestido rojo, la cara de Geai y, sobre la cara, la sonrisa... Al verlo, Geai le ha guiñado el ojo. Geai siempre se  alegra de  que aparezcan niños. A Albain le ha entrado miedo.  Da miedo  lo que no se conoce. Muertos, ya ha visto alguno; pero esa sonrisa, tanta dulzura iluminando un rostro, es la primera vez. (...)
Geai está tendida bajo una sábana de dos centímetros de hielo, pero eso no es obstáculo para verla: su sonrisa borra la opacidad del hielo, su sonrisa borra la opacidad del mundo entero. Albain está tendido encima de Geai, o más exactamente encima del hielo bajo el que Geai sonríe. Se  miran. Mucho tiempo. Cara contra cara. La sonrisa de Albain responde a la sonrisa de Geai. Las dos sonrisas parlotean. Mucho, mucho tiempo.
La tarde ha caído. Ya no se distinguen el hielo del lago y la tierra de la orilla. Albain sonríe por última vez a Geai. Mañana vengo otra vez a verte. Geai asiente con un movimiento de párpados y una sonrisa aún más intensa. Albain, a cuatro patas, vuelve a tierra firme.  Camina una media hora atravesando los campos, empuja la puerta de su casa . Ya están todos a la mesa. Le preguntan dónde estaba. Con la dama de San Sixto. ¿Qué dama de San Sixto?  La que sonríe en el fondo del lago, es muy amable, hemos hablado mucho, bueno, quiero decir, nos hemos sonreido mucho. Y zas : Albain recibe un guantazo." (...)-

"Albain fue criado por una giganta. No hay nada de extraordinario en ello: desde el comienzo del mundo, a todos los niños los crían gigantas. (...)  En el principio están las gigantas y el niño todo tibio salido de ellas. Las gigantas viven con gigantes, pero a estos sólo se les ve en segundo plano, en la sombra. Tienen reuniones de trabajo, lavan su coche o leen el periódico. Al niño lo miran de lejos, perplejos. Cuando tiene dos o tres años, dicen: "a esta edad la cosa empieza a ponerse interesante". Es bastante inquietante depender de personas para las que, durante dos o tres años, no se es en absoluto interesante. Para las gigantas todo es distinto. Desde su aparición el niño es el centro de sus pensamientos, de sus inquietudes y sus sueños. Las gigantas no aguardan pacientemente en la sombra. No cuentan los meses y los años. No esperan a que el niño chapurree sus primeras palabras para determinar que, sí, definitivamente resulta interesante. Las gigantas no conocen nada más apasionante que ese pedacito de alma rosado y babeante, arrugado, hambriento. Las gigantas están ahí desde el comienzo del mundo e incluso ligeramente antes. Que Dios las bendiga."

"En el pueblo de Albain, cerca del de San Sixto, hay una escuela. Una sola clase y una docena de niños de edades diferentes reagrupados en ella. Un solo maestro para todos. Mientras los pequeños dibujan,  los mayores aprenden la historia de Francia. Esa es la verdad oficial, la verdad para los padres. La verdad verdadera es otra: mientras los pequeños duermen o juegan a las canicas  al fondo de la clase, los mayores graban sus nombres en los pupitres, cambian cromos de cantantes y leen tebeos. ¿Y el maestro? El maestro llegó al principio del otoño. Recien nombrado en este pueblo, languidece de nostalgia por una enamorada que no ha podido seguirle. Él en Isère, ella en el Norte, cerca de la frontera belga. Entre ella y él varios centenares de kilómetros que recubre pacientemente de sellos, de sobres y de palabras de amor. El maestro ha dividido las horas de clase en dos partes desiguales, durante la primera, la más larga, los niños tienen libre cuartel. Con el zumbido de las voces, él escribe a su novia, a sus padres, a sus amigos. Les cuenta su vida en este pueblo, los paseos por los alrededores. Les habla de sus lecturas y de vez en cuando añade el retrato de alguno de sus alumnos. El último cuarto de hora, pide silencio y lee en voz alta la carta recién terminada. Los niños escuchan y hacen preguntas sobre lo que acaban de oír. El maestro responde y desliza en sus respuestas un poco de historia, una nada de literatura, una pizca de geografía. Al terminar el primer trimestre no hay quien los suspenda en economía ni en  historia de Isère. También saben muchas cosas de Isabel, la novia del maestro. Algunos están vagamente enamorados. Estar enamorado es a menudo estarlo "vagamente". La bruma es propicia a los estados sentimentales. Ellos a su vez le escriben palabras de amor a Isabel. Se las enseñan al maestro, que les corrige las faltas, les da algunas reglas gramaticales y después mete las cartas en un sobre junto con la suya. La única sombra en esta historia es que Isabel jamás responde a las cartas que recibe. Los niños han interrogado al maestro sobre ese silencio. Les ha dicho que  tenía mucho trabajo y que un día vendría en persona. Hacia finales del mes de junio, precisa. La respuesta les ha satisfecho a todos  -salvo a Albain. Albain tiene una duda que no comparte con nadie. Albain tiene algo más que una duda. Está seguro de que Isabel no existe, que no es sino una manera particularmente socarrona de hacer pedagogía. Albain conoce la palabra "pedagogía": el maestro la había escrito en una de sus cartas y había explicado lo que era, lo que eso significaba. ¿Sabéis de muchas cartas de amor  en las que aparezca la palabra "pedagogía", por no decir nada de las informaciones detalladas sobre el subsuelo del macizo alpino?
El maestro aprecia a Albain. Es su alumno más dotado. La historia que el niño le ha contado -el lago, la dama en el fondo del lago, la sonrisa- es un milagro de imaginación. No sé de dónde te sacas todo eso, chico. Está muy bien. A Isabel le encantará esa historia.
La verdad, la dices y te caen bofetadas o felicitaciones. Y lo peor es que, tanto en uno como en otro caso, no habrá quien te crea.
La verdad es increíble."
-
Christian Bobin, Geai, Editions Gallimard-Folio, 1998. (traducc. mía)