01 marzo 2011

Con todas las extravagancias de un amante

La transformación del Dios de los filósofos.
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Pero no olvidemos la otra cara del hecho. La fe cristiana se decidió solamente en favor del Dios de los filósofos... Pero al tiempo la fe cristiana dio a este Dios una significación nueva, lo sacó del terreno de lo puramente académico y así lo transformó profundamente. Este Dios que antes aparecería como algo neutro, como un concepto supremo y definitivo, este Dios que se concibió como puro ser o puro pensar, eternamente cerrado en sí mismo, sin proyección alguna hacia el hombre y hacia su pequeño mundo, (...) es para la fe el hombre Dios, que no sólo es pensar del pensar, eterna matemática del universo,sino agapé, potencia de amor creador. En este sentido se da en la fe cristiana la misma experiencia que tuvo Pascal cuando una noche escribió en un trozo de papel que luego cosió al forro de su casaca, estas palabras: "Dios de Abraham, Isaac y Jacob, no el Dios de los filósofos y letrados". Frente a un Dios que se inclina cada vez más a lo matemático, vivió la experiencia de la zarza ardiente y comprendió que Dios, eterna geometría del universo, sólo puede serlo porque es amor creador, porque es zarza ardiente de donde nace un hombre por el que entra en el mundo de los hombres.
.Para apreciar en su justa medida la transformación que experimentó el concepto filosófico de Dios mediante su equiparación al Dios de la fe, hemos de acudir a algún texto bíblico que nos hable de Dios. Al azar elegimos la parábola de la oveja y de la dracma perdidas de Lc 15,1-10. El punto de partida es el escándalo de los fariseos y letrados por el hecho de que Jesús se siente a la mesa con los pecadores. La respuesta es una alusión al hombre que tiene 100 ovejas, pierde una,va a buscarla y, por fin, la encuentra; por ella se alegra mucho más que por las 99 que no tuvo que buscar. (...) En esta parábola, en la que Jesús justifica y describe su obra y misión como enviado de Dios,juntamente con la historia de Dios y el hombre aparece el problema de quién es Dios.
.Si queremos deducir de este texto quién es Dios, diremos que es el Dios que nos sale al encuentro, el Dios antropomórfico y a-filosófico. Como en muchos otros textos del Antiguo Testamento, padece y se alegra con los hombres, busca, sale al encuentro. No es la geometría insensible del universo, no es justicia ni efecto alguno; tiene un corazón, está ahí como amante, con todas las extravagancias de un amante. (...)
.La gran mayoría de los hombres de hoy confiesa de algún modo que existe algo así como "una esencia superior.. Pero parece absurdo que esa esencia pueda ocuparse de los hombres.(...) en un tiempo en el que la tierra carece de importancia en el gigantesco universo, en el que el hombre, pequeño grano de arena, es insignificante ante las dimensiones cósmicas, nos parece absurda la idea de que esta esencia superior se ocupe de los hombres (...) pero en realidad pensamos en Dios de modo pequeño y humano. (...)
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El dicho que precede al Hyperion de Hölderlin nos recuerda, frente a tales nimiedades, la imagen cristiana de la verdadera grandeza de Dios: Non coerceri maximo, contineri tamen minimo, divinum est : es divino no estar encerrado en lo máximo y estar, sin embargo, contenido en lo mínimo.(...) Esta superación de lo más grande y esta entrada en lo más pequeño constituye la verdadera esencia del espíritu absoluto. Pero al mismo tiempo aparece aquí una valoración de lo maximum y de lo minimum que es muy significativa para la comprensión cristiana de lo real: Para quien, como espíritu, lleva y transforma el universo, un espíritu, el corazón del hombre que puede amar, es mucho mayor que todas las galaxias. Las medidas cuantitativas quedan superadas; se señala aquí otra jerarquía de grandeza en la que lo pequeño pero limitado es lo verdaderamente incomprensible y grande.

Joseph Ratzinger, Introducción al cristianismo [5. El Dios de la fe y el Dios de los filósofos]

4 comentarios:

E. G-Máiquez dijo...

"Quantitative judgements don't apply” (Evelyn Waugh, Sword of Honour). Y qué listo el Papa al escoger, para contraponerlas, al Dios de los matemáticos esas parábolas numéricas. Y qué bien has escogido tú el título de la entrada.

Suso Ares Fondevila dijo...

Si el tamaño midiese la importancia de las cosas, como piensan los tontos con respecto al hombre frente al universo -¿pero qué valor va a tener el hombre, esa minucia, frente a la vastedad del universo, etc., etc.,?, dicen-, un camión tendría más valor que un diamante. Los ejemplos se podrían prolongar hasta el infinito: ¿un árbol más que una rosa, un tomo de la Enciclopedia Británica más que Pascal en edición de bolsillo, un hombre de dos metros más que uno de 1,50...?

cb dijo...

Y qué bien que no me había dado cuenta de lo buenísimo de esa contraposición, Enrique.
Al leer la frase del título, me acordé de ese poema de D'Ors en el que se queja de la falta de alegría por las 99 ovejitas dóciles y no perdidas. Pensé colgar el párrafo de las extravangancias del amante junto al poema de D'Ors, pero tengo el libro traspapelado, perdido como la oveja mala.

cb dijo...

Me encantan los ejemplos, Suso, sobre todo el del Pascal de bolsillo. El último un poco menos porque me he pasado la vida oyendo desde los 1'73 que me adornan el elogio de la mujer menuda, pero sí, tú fíjate los viajes que se pegaban por un grano de pimienta.
Y sin embargo está claro nos es difícil cogernos la medida, por sobre o infravaloración.