24 febrero 2011

Verdad, y no costumbre, se llamó a sí mismo

"Lo paradójico de la antigua filosofía estriba, desde un punto de vista histórico religioso, en que conceptualmente ha destruido el mito, pero al mismo tiempo ha querido legitimizarlo desde el punto de vista religioso. Es decir, la antigua filosofía no era religiosamente revolucionaria, sino muy evolucionista (1); consideraba la religión como ordenación de la vida moral, no como verdad. En la carta a los romanos (Rom 1,18-31) lo ha descrito Pablo maravillosamente en un lenguaje profético comentando un texto de la literatura sapiencial. Ya en los capítulos 13-15 del libro de la Sabiduría se alude al destino mortal de las antiguas religiones y a la paradoja que existe en la separación de la verdad y de la piedad.[...] La religión no iba por el camino del Logos, sino que permanecía en él como mito inoperante. Por eso su fracaso inevitable procede de la separación de la verdad, lo que lleva a que se la considere como pura institutio vitae, es decir, como pura organización y forma de la configuración de la vida. Frente a esta situación Tertuliano describió con palabras sencillas y majestuosas la posición cristiana cuando dijo: Cristo no se llamó a sí mismo costumbre, sino verdad [Dominus noster Christus veritatem se, non consuetudinem cognonminavit] .
A mi modo de ver, ésta es una de las grandes ideas teológicas de los Padres. Ahí se resume, en maravillosa poesía, la lucha de la primitiva Iglesia y la tarea continua que incumbe a la fe cristiana si quiere seguir siendo fiel a sí misma. La divinización de la consuetudo romana, de la "costumbre" de la ciudad de Roma, que quiere erigir sus usos en norma autosuficiente de la actitud, contradice a la única exigencia de la verdad. (2).
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Joseph Ratzinger, Introducción al cristianismo. 5.- El Dios de la fe y el Dios de los filósofos.

[(1) El texto procede de la página de "mercaba.org". Me pareció chocante ese muy evolucionista referido a la filosofía antigua, y al contrastarlo con el original alemán, encuentro que lo que dice es esto: ...nicht revolutionär, sondern höchstens evolutionär... Es decir: no "muy", sino "a lo sumo" o "como mucho" (tampoco me parece que el evolucionismo tenga vela alguna en este entierro, creo que se trata simplemente de un juego de palabras con "revolucionaria" que podría mantenerse: a lo sumo 'evolucionaria', pero eso ya queda al gusto).
-(2) A continuación, donde en el texto de Ediciones Sígueme, Salamanca 2005, dice: Con ello el cristianismo se pone decididamente de parte de la verdad y se separa de una concepción de la religión que se reduce a un conjunto de ceremonias..., en la versión digital se saltan un renglón (las tres o cuatro que he mirado deben proceder de la misma, porque tienen el mismo error) y dicen justo lo contrario: Con ello el cristianismo se ha colocado decididamente del lado de la religión que se limita a ser forma ceremonial... Así que, ojo con las ediciones en línea, que tienen algún error, como éste, importante.]
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2 comentarios:

Retablo de la Vida Antigua dijo...

Muchas veces cuando se habla del final del mundo antiguo no se tiene demasiado en cuenta que, al menos las elites, habían dejado de creer en el paganismo hacía ya mucho tiempo. Todo comenzó, naturalmente antes, con el propio inicio de la filosofía. Esto se percibe, por ejemplo, en Cicerón (De la naturaleza de los dioses). Ortega (que se ocupó poco de las cuestiones religiosas) llamó la atención al respecto en su En torno a Galileo. También,creo recordar, Nietzsche apunta, en este sentido en sus ataques a Sócrates.

Saludos cordiales.

cb dijo...

Sobre ese tema, todo el apartado 5: "el Dios de la fe y el Dios de los filósofos", es densísimo y apasionante. Habla, por ejemplo, de un paralelismo en el tiempo entre la crítica filosófica de los mitos de Grecia y la crítica profética de la idolatría; y del fracaso de las antiguas religiones por no ser capaces de unir la razón y la piedad, y de la identificación del Dios de los cristianos con el Dios del Logos y cómo, por eso, los calificaban de ateístas...
Leyéndolo te haces una idea del largo trecho recorrido hasta el discurso de Pablo en el Areópago, y de los dos -o más- mundos que allí se encuentran.
No sé si realmente a todas aquellas prácticas (sacrificar gallos a Esculapio y esas cosas que seguía haciendo el mismo Sócrates) podría llamárseles creencia, o como las denomina Ratzinger: costumbre social, piedad rutinaria y externa.
Lo que es deslumbrante es entender lo que supuso el encuentro del Dios de la fe, el de Abraham, Isaac y Jacob y cada uno, con el Logos de los filósofos.
Saludos, Sr. del Retablo, y muchas gracias por su interesante comentario