19 abril 2010

Caballero andante o pastor por andar

[Yo no soy yo. 2]

—Mire vuestra merced, señor, pecador de mí, que yo no soy don Rodrigo de Narváez, ni el marqués de Mantua, sino Pedro Alonso, su vecino; ni vuestra merced es Valdovinos, ni Abindarráez, sino el honrado hidalgo del señor Quijana.
Yo sé quién soy —respondió don Quijote—, y sé que puedo ser, no sólo los que he dicho, sino todos los Doce Pares de Francia, y aun todos los nueve de la Fama, pues a todas las hazañas que ellos todos juntos y cada uno por sí hicieron se aventajarán las mías. (I-V)

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—... Dispuesto, pues, el corazón a creer lo que te he dicho, está, ¡oh hijo!, atento a este tu Catón, que quiere aconsejarte y ser norte y guía que te encamine y saque a seguro puerto deste mar proceloso donde vas a engolfarte, que los oficios y grandes cargos no son otra cosa sino un golfo profundo de confusiones.
Primeramente, ¡oh hijo!, has de temer a Dios, porque en el temerle está la sabiduría y siendo sabio no podrás errar en nada.
Lo segundo, has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse... (II-XLII)
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... y en breves razones les contó su vencimiento y la obligación en que había quedado de no salir de su aldea en un año, y que tenía pensado de hacerse aquel año pastor y entretenerse en la soledad de los campos, donde a rienda suelta podía dar vado a sus amorosos pensamientos, ejercitándose en el pastoral y virtuoso ejercicio (...) que lo más principal de aquel negocio estaba hecho, porque les tenía puestos los nombres, que les vendrían como de molde. Díjole el cura que los dijese. Respondió don Quijote que él se había de llamar el pastor Quijótiz; y el bachiller, el pastor Carrascón; y el cura, el pastor Curiambro; y Sancho Panza, el pastor Pancino. (...)
—¿Qué es esto, señor tío? Ahora que pensábamos nosotras que vuestra merced volvía a reducirse en su casa y pasar en ella una vida quieta y honrada, ¿se quiere meter en nuevos laberintos, haciéndose «pastorcillo, tú que vienes, pastorcico, tú que vas»? (...)
—Callad, hijas —les respondió don Quijote—, que yo sé bien lo que me cumple... (II-LXXIII)

Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha.


[¿Qué nos dice Cervantes?  ¿Que Don Quijote sabe quién es y el mundo se equivoca? ¿Que no lo sabe; que no quiere saberlo; que ni falta que le hace? ¿Que tendemos a desbarrar y vivir en la impostura; que el mundo real es un asco...? ¿O que la vida real, aunque sea plana y prosaica, tiene más peso específico que los juegos y las ficciones: ahora me planto el yelmo y me tiro al camino, ahora compro unas ovejas, ahora Quijote, después Quijótiz...?
Y ese sorprendente destello de sensatez y buen criterio cuando, revestido de Catón, aconseja a Sancho que ponga los ojos en quien es y procure conocerse a sí mismo, ¿a qué se debe? ¿Es un indicio de la conciencia del propio disparate? ¿Muestra simplemente lo bien que sabemos aconsejar a los demás y lo mal que nos aconsejamos? ¿No parece sugerir que vivir es emular, que somos como si fuéramos... y que el acierto o el error de la vida en buena parte se juega en la elección del modelo?]

2 comentarios:

gomez de lesaca dijo...

En el primer texto Don Quijote se expresa como caballero.Si uno va a correr aventuras no se pueden tener ciertas dudas. Hay que lanzarse a los caminos con determinación.El caballero determinado de Olivier de la Marche, al que tanta afición tenía Carlos V.

"Yo sé quien soy": parece una divisa, un mote.

Además era una idea muy querida por Unamuno y así lo refleja, creo recordar, en su Vida de Don Quijote y Sancho. Lo releeré.

Lo de "poner los ojos en quien eres" es de devocionario antiguo, de Kempis, de guía de pecadores, de manual de confesores, quizás de religiosidad erasmista.

Saludos.

cb dijo...

¡Claro, un lema! Es verdad que lo parece. Una divisa de la que Cervantes claramente se carcajea. Me pega muchísimo. Si diera usted algún día con ella, ¿sería tan amabilísimo de contármelo? Me encantaría saberlo.

La Vida de Don Quijote y Sancho está al caer después de que me la recomendara el amable comentarista llamado "Il Venturetto", pero donde yo también creo recordar que juega con la idea es en San Manuel Bueno, Mártir. Lo miraré.

Y tiene toda la razón, la fórmula "pon los ojos en quien eres" y todo el discurso previo ("Todo esto digo, ¡oh Sancho!, para que no atribuyas a tus merecimientos la merced recebida, sino que des gracias al cielo...) son típicamente erasmistas, como salidas del Manual del caballero cristiano.

Saludos, Sr. Gómez de Lesaca, y muchísimas gracias.