08 marzo 2010

El género adulatorio

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PÓLUX. ... Puesto que Gorgias se muestra embarazado para explicar lo que es la Retórica, dinos lo que tú piensas de ella.
SÓCRATES. ¿Me preguntas qué clase de arte es en mi opinión?
P. Sí.
S. A decir verdad, Pólux, yo no la tengo por un arte.
P. ¿Entonces cómo la consideras?
S. Una especie de rutina.
P. ¿Luego a tu juicio la Retórica es una rutina?
S. Sí, a no ser que tú pienses de otro modo.
P. ¿Y cuál es el objeto de esta rutina?
S. Procurar el recreo y el placer.
P. ¿No crees que la Retórica es una cosa bella, puesto que capacita para agradar a los hombres?
S. Pero, Pólux, ¿te he explicado lo que es la Retórica, para que vengas después a preguntarme, como lo haces, si la encuentro bella?
P. ¿No te he oido decir que es una especie de rutina?
S. Puesto que tanto mérito tiene a tus ojos el causar placer, ¿querrías proporcionarme a mí uno, aunque sea pequeño?
P. Con gusto.
S. Pregúntame por un momento, si considero la cocina como un arte.
P. Consiento en ello. ¿Qué arte es la cocina?
S. No es arte, Pólux.
P. ¿Pues qué es? dilo.
S. Voy a decírtelo. Es una especie de rutina.
P. ¿Cuál es su objeto?
S. El siguiente, mi querido Pólux: procurar el bienestar y el placer.
P. La cocina y la Retórica ¿son la misma cosa?
S. Nada de eso; pero ambas forman parte de la misma profesión.
P. ¿De qué profesión, si tienes a bien decirlo?
S. Temo que sea una grosería decir lo que es, y no me atrevo a hacerlo por Gorgias, pues temo que se imagine que quiero poner en ridículo su profesión... En cuanto a lo que yo llamo Retórica, es una parte de cierta cosa, que no tiene nada de bella.
GORGIAS. ¿De qué cosa, Sócrates? di y no temas que me ofenda.
S. Me parece, Gorgias, que es cierta profesión en la que el arte no entra para nada, pero que supone en el alma tacto, audacia, y grandes disposiciones naturales para conversar con los hombres. Yo llamo adulación al género en que ella está comprendida; género que me parece que está dividido en no sé cuántas partes, una de las cuales es la cocina. Créese comunmente que es un arte, pero a mi parecer no lo es; sólo es una costumbre, una rutina. Cuento también entre las partes de la adulación a la Retórica, así como el tocador y el arte del sofista; y atribuyo a estas cuatro partes cuatro objetos diferentes. (...) Voy a hacer una tentativa para explicarte sobre este punto mi pensamiento. Si no es como yo digo, Pólux me refutará. ¿No hay una sustancia a la que llamas cuerpo y otra a la que llamas alma?
G. Sin duda.
S. ¿No reconoces igualmente, respecto de las mismas, una constitución que parece buena y que no lo es ? Me explicaré. Muchos, en apariencia, tienen el cuerpo bien constituido, y el que no sea ni médico ni maestro de gimnasia no nota fácilmente que está mal constituido.
G. Tienes razón.
S. Digo, pues, que hay en el cuerpo y en el alma un no sé qué, que hace que uno juzgue que ambos están en buen estado, aunque realmente no lo estén.
G. Es cierto.
S. Veamos si puedo hacerte entender con mayor claridad lo que quiero decir. Digo que hay dos artes que responden a estas dos sustancias: el que corresponde al alma, le llamo política; y respecto al otro, que mira al cuerpo, no puedo designarle con un solo nombre. Y aunque la cultura del cuerpo sea una, yo la divido en dos partes, que son la gimnasia y la medicina. Y dividiendo igualmente la política en dos, pongo la parte legislativa frente a frente de la gimnasia, y la parte judicial frente a frente de la medicina; porque, de un lado, la gimnasia y la medicina
y, de otro, la parte legislativa y la judicial tienen mucha relación entre sí, porque recaen y se ejercen sobre el mismo objeto y, sin embargo, difieren en algo la una de la otra. La adulación conoció que estas cuatro artes son tales como he dicho, y que tienen siempre por objeto el mejor estado posible del cuerpo las unas, del alma las otras... y habiéndose dividido en cuatro, se ha insinuado en cada una de estas artes, pretendiendo ser el arte en cuyo seno se ha deslizado. La adulación se cuida muy poco del bien, y mirando sólo al placer, envuelve en sus redes a los insensatos, y los engaña; de suerte que la consideran como de gran valor. La cocina o arte culinario se ha deslizado a la sombra de la medicina, atribuyéndose el discernimiento de los alimentos más saludables al cuerpo. De manera que si el médico y el cocinero disputasen delante de niños y delante de hombres tan poco razonables como los niños, para saber quién de los dos, el cocinero o el médico, conoce mejor las cualidades buenas o malas de los alimentos, indudablemente el médico se moriría de hambre. He aquí a lo que yo llamo adulación, y lo que digo que es una cosa vergonzosa, Pólux, puesto que sólo se cuida de lo agradable, despreciando lo mejor. Añado que no es un arte, sino una rutina, tanto más cuanto no tiene ningún principio cierto, tocante a la naturaleza de las cosas que ella propone, y que pueda servirla de guía; de suerte que no da razón de nada; y a lo que está desprovisto de razón, yo no lo llamo arte. Si te atreves a negar esto, estoy dispuesto a responderte. La adulación, en punto a alimentos, se oculta bajo la medicina, como ya he dicho. A la sombra de la gimnasia se desliza igualmente el tocador, práctica falaz, engañosa, innoble y cobarde, que para seducir emplea las farsas, los colores, el refinamiento y los adornos... Y para no extenderme más, te diré como los geómetras ... que lo que el tocador es a la gimnasia es la sofística a la parte legislativa, y lo que la cocina es a la medicina es la Retórica al arte judicial. La diferencia que la naturaleza ha puesto entre estas cosas, es tal como acabo de explicarla; pero, a causa de su afinidad, los sofistas y los oradores se confunden con los legisladores y los jueces, y se consagran a los mismos objetos; de donde resulta que ni ellos mismos saben exactamente cuál es su profesión, ni los demás saben para qué son buenos tales hombres.
Platón, Diálogos. Gorgias. Obras completas, edición de Patricio de Azcárate, tomo 5, Madrid 1871

2 comentarios:

E. G-Máiquez dijo...

Oh.

cb dijo...

Bueno, Enrique, no sé muy bien si va por Platón o si seguimos con el amor a y de Dios (que me parece que sí, que Platón es más bien de Ah.) Si es así me alegro, porque tu entrada es mucho más interesante.

El pobre que te decía antes se sienta en la esquina debajo de casa y ya lo conocemos. Cuando está con la pájara se pone a insultar a todo quisque y la gente se cambia de acera. Si vieras cómo se le arrima el perro cuando empieza a gritar hasta que repara en él. Entonces le acaricia y se calma (el pobre).
Cuando Cristina me dijo lo de que Dios había creado a los perros para que toda la gente pueda sentirse querida, pensé que tenía mucha razón, que desde luego son bastante mejores emisarios del amor de Dios, tan incondicionales y entregados, que los hombres.
Le conté lo que decías en aquella entrada de que te levantabas del sillón y te acercabas corriendo a recibir a Leonor a la puerta para no ser menos que los perros y le encantó.
No sé si es una irreverencia lo de ver a Dios como un perro a la vera, pero me emociona tremendamente. Menos mal que acaban de decirme que tampoco es nada nuevo, que incluso hay un poema de Thompson que se titula así: "Hound of Heaven".
"Mi Dios sin orgullo" lo llama San Simeón, que estaba buscando algo suyo para la próxima entrada.

Muchas gracias, Enrique, ve preparando una libreta para los Oh, verás en cuanto la niña empiece a hablar.