22 diciembre 2010

Que ha nacido un niño cubierto de flores

Queridos amigos, aquí os dejo unos versos de Joâo Saraiva que me encontré hace unos meses y tenía reservados para la ocasión, y un bonito villancico de los de cantar y bailar y ponerse contento.
¡Feliz Navidad!

NATAL
Pobre menino Jesus.
Homens e bois te adoraram
e mais tarde, numa cruz,
homens te martirizaram.
Vinte séculos depois,
os homens nâo melhoraram
e ainda sâo mansos os bois!   
(Joâo Saraiva. “Natal”. Poesías Líricas e Sátiras, Lisboa, 1962)

Y a propósito de bueyes, añado aquí este poema de Thomas Hardy , en traducción de Miguel D'Ors,
que acaba de enviar Marinero:

 LOS BUEYES

Nochebuena. Las doce en el reloj.
"Ahora se arrodillan", decía un viejo
cuando estábamos todos sentados, apiñados
al amor de la lumbre.

..................................... E imaginábamos
a las mansas criaturas apacibles
en su cuadra de paja
y a nadie le pasaba por la mente dudar
que entonces se pusieran de rodillas.

Pocos podrían urdir tan bella fantasía
en estos años. Sin embargo, siento
que si alguien nos dijera en Nochebuena: "Ven
a ver cómo los bueyes se arrodillan
en el corral a solas, junto a aquel
valle que nuestra infancia frecuentaba",
yo me iría con él en la penumbra
con la esperanza de poderlos ver.


Y ahora ya el villancico: "Corre caballito", un Aguinaldo venezolano, cantado  por el grupo Serenata Guayanesa:

https://www.youtube.com/watch?v=YVrgLrYpjDs


08 diciembre 2010

Entramos en grand pozo

...Todos quantos vevimos, ........que en piedes andamos,....... 17
siquiere en [presion]]........ o en lecho yagamos,
todos somos romeos........ que camino [pasamos],
San Peidro lo diz esto, ........por él vos lo provamos.

Quanto aquí vevimos........ en ageno moramos; ..................... 18
la ficança durable........ suso la esperamos;
la nuestra romería ........estonz la acabamos,
quando a Paraíso........ las álmas envïamos.

En esta romería........ avemos un buen prado ......................... 19
en qui trova repaire........ tot romeo cansado:
la Virgin Glorïosa,........ madre del buen Criado,
del qual otro ninguno........ egual non fue trobado. [...]

Es clamada, y éslo,......... de los cielos reína, ........................... 33
tiemplo de Jesu Christo,........ estrella matutina,
sennora natural, ........pïadosa vezina,
de cuerpos e de almas........ salud e medicina

Ella es vellocino........ que fue de Gedeón, ................................ 34
en qui vino la pluvia,........ una grand vissïón;
ella es dicha fonda ........ de David el varón
con la qual confondió........ al gigant tan fellón.

Ella es dicha fuent .......de qui todos bevemos, ........................ 35
ella nos dio el cevo .......de qui todos comemos;
ella es dicho puerto........ a qui todos corremos,
e puerta por la qual ........entrada atendemos. [...]

Es dicha vid, es uva,....... almendra, milgranada, .................... 39
que de granos de graçia........ está toda calcada,
oliva, cedro, bálssamo, ........palma bien ajumada,
piértega en que sovo........ la serpiente alzada.

El fust que Moïsés....... enna mano portava ............................. 40
que confondió los sabios........ que Faraón preciava,
el que abrió los mares........ e después los cerrava,
si non a la Gloriosa........ ál non significava. [...]

Sennores e amigos, ........ en vano contendemos, .....................42
entramos en grand pozo, ........fondo no' l trovaremos;
mas serién los sus nomnes........ que nos d'ella leemos
que las flores del campo, ........del más grand que savemos.

[* 34a- Jueces 6: 36// 34c- I Reyes 17:49// 40a- Éxodo 4:25 y 8:10]

Gonzalo de Berceo, Milagros de Nuestra Señora, Ediciones Cátedra-Letras Hispánicas, 1998.

01 diciembre 2010

Proverbios

Prov 11, 14 - Donde no hay buen gobierno, el pueblo se hunde; abundancia de consejeros, trae salvación.

Prov 11, 24 - Hay quien gasta y todavía va a más; y hay quien ahorra en demasía sólo para venir a menos.

Prov 12, 11 - Quien cultiva su tierra se hartará de pan, quien persigue naderías es un insensato.
Prov 13, 7 - Hay quien se hace el rico y nada tiene, hay quien se hace el pobre y tiene gran fortuna.


[Leerlos y venírseme a las mientes el Estado de las Autonomías ha sido todo uno. ¿No os recuerda a nadie ese que se hace el pobre? ¿Y el que se hace el rico? en
Y qué bien que por fin entiendo toda esta proliferación de consejeros y consejeras en las autonomías, en las heteronomías, debajo de cada piedra... Qué alegría, cuánta salvación...]

28 noviembre 2010

Destilad, cielos, el rocío

Hoy es primer domingo de Adviento y empieza el año litúrgico. Feliz año nuevo, pues.

En España este domingo no se celebra tanto en las casas y pasa un poco desapercibido, pero en Alemania es el día en el que verdaderamente empiezan las fiestas de Navidad. Por la tarde, con el café y la tarta de rigor sobre la mesa, se enciende la primera vela de la corona de Adviento y los niños cantan: Advent, Advent, ein Kerzlein brennt;/erst eins, dann zwei, dann drei, dann vier;/dann steht das Christkind vor der Tür. [Adviento, Adviento, arde una pequeña vela;/ primero una, luego dos, luego tres, luego cuatro,/ y ya está el Niño Jesús a la puerta.]

La corona que había en mi casa era una especie de bandeja honda y plateada , con unos pinchos en los que se sujetaban las velas; en el centro se ponían nueces y mandarinas, y alrededor ramas de pino que el día anterior, en cuanto oscurecía, íbamos a cortar con mi padre a un pinar de cuatro pinos que resistía, arrimado a las tapias de un cuartel, a las afueras del barrio.

Cada domingo, al prender la nueva vela, parecía que el Niño Jesús avanzaba un pasito. El último domingo de adviento, con las cuatro encendidas,  no aguantábamos la impaciencia. Despues de merendar poníamos el Belén y montábamos el árbol. La Nochebuena estaba a la vuelta de la esquina, y los regalos también, los que nos encontrábamos al volver de la Misa del gallo, junto al Belén y el árbol misteriosamente iluminado.

Nunca vi que ninguno de mis padres se retrasara cuando nos íbamos a Misa, ni que se adelantara al volver. Y sin embargo, el árbol que dejábamos apagado, a la vuelta estaba encendido. Y mira que encenderlo llevaba su tiempo, porque por entonces no usábamos bombillitas, sino velas auténticas, sujetas a las ramas con unas pinzas-palmatoria diminutas que a cada segundo amenazaban volcarse. El árbol iluminado así, con sus velas oscilantes -como borrachos decía mi madre, como monjes que se inclinan, corregía mi padre-, con las llamitas temblorosas haciendo brillar como lluvia las cintas de plata enganchadas a las ramas, era un auténtico espectáculo. Emocionaba mirarlo, sobre todo porque en cualquier momento podía empezar a arder. No sé cómo lo harían, apagarlo al salir y colocar los regalos y tenerlo encendido al llegar. Nunca se me ocurrió preguntarlo

Hoy me sigue pareciendo preciosa la costumbre alemana de que los regalos los traiga Christkind. Al terminar de abrirlos, nos acercábamos al Belén y le dábamos las gracias al Niño Jesús, por los regalos y por haber nacido. Después soplábamos el árbol y mi madre respiraba aliviada.

Pasados los años y sólo a condición de que no tuvieran colorines y jamás de los jamases sonaran, entraron en casa las guirnaldas eléctricas, y desaparecieron los borrachos y los monjes inclinados. Fue una concesión a lo cómodo, lo seguro y lo moderno, que cada Navidad, al enchufar las luces del árbol, creo que todos lamentábamos en silencio. Tiempo después encontré las pinzas-palmatoria en el fondo de un maletero. Algún año de estos compraré un abeto bien verde, lo llenaré de velas oscilantes y resurgirá con aquel olor a resina y a cera, esplendoroso y fiel como canta el villancico: Du grünst nicht nur zur Sommerzeit, nein, auch im Winter, wenn es schneit... O Tannenbaum, wie treu sind deine Blätter!

Aquí abajo os dejo un enlace al canto gregoriano Rorate caeli de super, un himno que se canta en el Oficio Divino durante el Adviento, con textos tomados del profeta Isaías (Is 45,8 y 64,6). Un clamor por la llegada del Justo:

https://www.youtube.com/watch?v=AWriu33XO7E 

[Y esta es su traducción:
 Destilad, cielos, el rocío; lloved, nubes, al Justo.
No te enojes Señor,
no te acuerdes más de nuestra maldad.
La ciudad del Santo está desierta;
Sión ha quedado arrasada,
Jerusalén, desolada,
la casa de tu santidad y tu gloria,
donde te alabaron nuestros padres.
Destilad, cielos, el rocío; lloved, nubes, al Justo.
 

Hemos pecado y estamos manchados.
Hemos caído como las hojas
y nuestras maldades nos arrastraron como el viento.
Nos escondiste tu rostro
y nos dejaste con nuestra iniquidad.
Destilad, cielos, el rocío; lloved, nubes, al Justo.

Mira, Señor, la aflicción de tu pueblo
y envía al Prometido:
envíanos al Cordero que rige la Tierra,
desde el desierto de Petra
hasta el monte de la hija de Sión,
para que rompa el yugo de nuestra esclavitud.
Destilad, cielos, el rocío; lloved, nubes, al Justo.

Consuélate, pueblo mio, consuélate,
que pronto llegará tu salvación;
¿Por qué te consumes de tristeza?
¿Por qué se renueva tu dolor?
Te salvaré, no temas:
yo soy el Señor, tu Dios,
el Santo de Israel, tu redentor. ]

25 noviembre 2010

De blog a blog, pasando por el suelo

Venía esta mañana en el autobús con el librito de G.Steiner Nostalgia del Absoluto, y al encontrarme con el pasaje en el que, hablando de Freud y del psicoanálisis, compara la concepción tripartita de la conciencia  -aquello del ello, el yo y el superyó freudiano- con las casas vienesas de tres pisos, me he puesto contentísima. He pensado que la crítica, aunque pelín malévola, era genial, que la semejanza estaba muy bien hallada, y que tenía que colgarlo en el blog.

Me bajé del autobús y seguía dándole vueltas a los tres pisos, a la escalera que los comunicaría, si sería de caracol o con rellanos entre piso y piso, y a si la teoría de Freud habría sido diferente de haber existido ascensores en las casas vienesas de fines del XIX, cuando mi casa propia, con su ello, su yo y su superyó, ha pegado un resbalón y se ha venido al suelo. No pasa nada, me caigo mucho, desde pequeña, así que tengo práctica. Sé caer muy finamente, levantarme como un resorte y seguir el camino como si tal cosa.

Al llegar al trabajo me han comentado que debería ir al médico, que podría tener que ver con el laberinto del oído. Siempre hay quien se resiste a aceptar que hay cosas sin remedio y que una es como es. Tampoco me he atrevido a contarles que, en todo caso, con lo que podría tener algo que ver no es con el laberinto, sino con las escaleras vienesas de caracol. Por otra parte, caerse es reconfortante, te permite recordar que la gente es buena. No ha habido resbalón al que no hayan acudido raudas un par de personas. Hoy han sido dos señores la mar de animosos -que si este suelo desliza que es un horror, que si el ayuntamiento no repone los adoquines rotos-  y, además, de muy buen ver. Igual repito el número mañana.

Lo que empieza a preocuparme es que lo primero que se me ha venido a la cabeza, una vez incorporada, ha sido otra entrada de blog, ésta de J.M.Mora Fandos, en la que se declaraba contrario a los pavimentos de caucho en los parques infantiles. Tiene razón, pensé ayer leyéndolo, la vida es dura y cuanto antes se enteren los niños, mejor. Hoy, sin embargo, he pensado que lo que debe pavimentarse con caucho es, a excepción de los parques infantiles,  todo el resto del mundo mundial.
Tengo que entrar a decírselo a Mora Fandos: que la tierra para los niños, que con algo tienen que llenar el cubo y si se perdieran el sana-sana y los mimos no habrían ganado nada. Y el caucho para los demás, que ni cubo, ni sana-sana, ni necesidad de descubrir que la vida es dura.

Aquí os dejo, por fin, con G. Steiner:
-
"Progresivamente, hemos llegado a comprender que los modelos y conceptos freudianos son imágenes, escenas, metáforas cautivadoras; que están anclados no en un cuerpo de hechos externos científicamente demostrables, sino en el genio individual de su fundador y en circunstancias locales.
Propongo con vacilación, pero con cierta seriedad, la sugerencia de que la famosa división de la conciencia humana -el ello, el yo, el superyó- no es en sí misma más que el reflejo anatómico del sótano, la vivienda y la buhardilla de un hogar de la clase media de la Viena del cambio de siglo. Las teorías de Freud no son científicas en el sentido de ser universales, de ser independientes de su medio étnico-social, como lo son las teorías de la física o la biología molecular. Son lecturas inspiradas y proyecciones a partir de las muy especiales condiciones sexuales, familiares y económicas de la vida burguesa en la Europa central y occidental entre, digamos, los años 1880 y 1920. [...] Sus verdades son de un orden estético, intuitivo, como las que encontramos en la filosofía y en la literatura. Los compañeros de Freud, sus aliados en el gran viaje hacia el interior, fueron, como él mismo llegó a presentir, Schopenhauer, Proust o Thomas Mann."
-
Es decir, que  la psicopatología de la vida cotidiana y el psicoanálisis a las estanterías de literatura.

22 noviembre 2010

Otra manera de decirlo. Bobin

"Hay una literatura que es suntuosa, sobrecargada de oro y autoestima. Considera el hecho de escribir mayor que la vida. No conoce nada más noble que una bella frase. Engendró, sin lugar a dudas, obras maestras, y me resulta indiferente. Es de una literatura distinta de la que estoy hambriento. Es tan antigua como la primera. No supone menos trabajo pero no busca lo mismo.
O mejor: hay una manera de escribir que busca, no encuentra más que por accidente o por gracia, y sigue buscando. Y hay una manera de escribir que da vueltas en torno a su espejo, una novia que se prueba el traje. Esa no busca nada, no tiene nada que buscar, ha encontrado desde siempre con quien casarse: con ella misma. Su belleza no me impresiona. No admiro una obra porque me dicen que la admire, sino por el poder del amor que en ella vibra. Lo que yo entiendo aquí por amor no es nada sentimental. El único amor que es real es de una dureza increíble. Esa es la palabra: increíble. El poeta Henri Pichette dice que nunca se debería escribir ni una sola frase que no se pudiera susurrar al oído de un agonizante. Pues bien, eso es exactamente. La manera de escribir que a mí me gusta es exactamente eso. Y todos nosotros somos agonizantes, ¿no? [...] Lo que digo aquí, puedo decirlo de otra manera: Hay una palabra de príncipes y hay una palabra de méndigos. La de los príncipes es como una estancia en la que no hubiera nada y en la que al mismo tiempo todo estuviera lleno, lleno a rebosar. Es una palabra que está sorda de bastarse a sí misma. La de los mendigos, por el contrario, contiene en ella el vacío suficiente -de espacio, de silencio- para que el primer llegado se deslice en ella encontrando allí su bien. Es una palabra que deja en ella sitio a otra, que hace posible la llegada de algo distinto a ella misma. Ya sabéis: la vieja tradición de poner en la mesa un plato de más para un visitante imprevisto. Esas son las palabras que a mí me gustan. Es en esas mesas donde mejor como.

Christian Bobin. Autorretrato con radiador. Árdora Ediciones, Madrid, 2006. Traducción José Areán.

11 noviembre 2010

Lo crudo y lo pasado por el fuego


"No se puede saber lo que un hombre tiene en la mente cuando pronuncia una deteminada palabra (Dios, libertad, progreso...)... No se puede percibir la presencia de Dios en un ser humano, sino solamente el reflejo de esta luz en la manera en que concibe la vida terrenal. (...) Se da peor testimonio de Dios hablando de Él que expresando, sea en actos, sea en palabras, el aspecto nuevo que adquiere la creación cuando el alma ha pasado por el Creador. A decir verdad, sólo así se da testimonio. (...)

No hay fuego en un plato cocinado; pero se sabe que ha pasado por el fuego. Por el contrario, aunque se crea haber visto el resplandor de la llama, si las patatas están crudas, es seguro que no han pasado por el fuego. No es por la manera en que un hombre habla de Dios, sino por la manera en que habla de las cosas terrenales, como mejor se puede discernir si su alma ha pasado por el fuego del amor de Dios. Ahí , ningún disimulo es posible. Hay falsas imitaciones del amor a Dios, pero no de la transformación que éste realiza en el alma, pues no se tiene ninguna idea de esa transformación si no es pasando por ella. (...)

Según la concepción de la vida humana expresada en los actos y en las palabras de un hombre, puedo discernir si mira esta vida desde un punto de vista situado aquí abajo o desde lo alto del cielo. Si un hombre dice haber viajado en avión, aunque haya dibujado las nubes, su dibujo para mí no es una prueba, puedo pensar que es una fantasía. Si me trae un dibujo de la ciudad a vista de pájaro, esa sí es una prueba. Si un hombre me describe al mismo tiempo dos flancos opuestos de una montaña, sé que se encuentra en un lugar más elevado que la cima. Es imposible comprender y amar a la vez a los vencedores y a los vencidos, como hace la Ilíada, si no es desde un lugar, situado fuera del mundo, donde mora la sabiduría de Dios. (...)

Si afuera en la noche enciendo una linterna, no será mirando la bombilla como juzgaré su potencia, sino mirando qué cantidad de objetos están iluminados... Sólo las cosas espirituales tienen valor, pero sólo las cosas carnales tienen una existencia constatable. En consecuencia, el valor de las primeras, no es constatable más que como iluminación proyectada sobre las segundas. El valor de una forma de vida religiosa, o más en general, espiritual, se aprecia por la iluminación proyectada sobre las cosas de este mundo. Dios, que ha querido crear este mundo, ha querido que sea así. "

Simone Weil, El conocimiento sobrenatural, Ed.Trotta, 2003, Traducc. M.Tabuyo y A. López.

[Hablaba el otro día con un amigo sobre esa especie de rastro que busco en todo lo que leo, sobre la insatisfacción que me produce la literatura en la que no lo encuentro y cómo se me vuelve triste, aburrida y, cuanto más ingeniosa, más insoportable. No tiene que ver con el género, con el tema, ni con las habilidades estilísticas. Leyendo a Simone Weil, una vez más, encuentro las palabras: Se trata de ese aspecto nuevo sin el cual las cosas de este mundo parecen repetitivas y cansinas, de ese reflejo sin el que parecen planas. Lo que busco son palabras pasadas por el fuego como las patatas de S.Weil, aunque sean las más vulgares del diccionario, ese dibujo de la ciudad desde un punto de vista más alto que el del propio ombligo. Eso es lo que rastreo, casi como un perro, lo mismo me da que se trate de poesía clara -con gaseosa o limón- o metafísica, de novela realista o de ficción, de biografía o de ensayo. No pretendo que me hablen de Dios (salvo los místicos, los santos, algunos teólogos que serán místicos o santos y dos o tres poetas, ¿quién sabría, quién podría..?), sólo sentir su huella, esa luz sobre lo no luminoso, sobre las cosas carnales, ya se trate de las patas de la mosca o de la nostalgia de un día de otoño.

Bueno, pues tengo que decir que, precisamente, acabo de recibir uno de esos libros en los que de inmediato se advierte la huella del fuego. Una huella que me sorprende donde no la esperaba, y no por el autor, que es Enrique Baltanás, siempre luminoso, sino por el título, tan profesoral: La obra común de los hermanos Machado (Edit.Renacimiento). Un gran descubrimiento, no sabía nada de las obras de  teatro escritas al alimón por los dos hermanos. Y en todas ellas, en todos los pasajes que E. Baltanás nos va leyendo  -porque eso, tan poco habitual, es lo que hace: desgranar el texto, ir leyendo a los autores sin prejuicios ni clichés- aparece ese reflejo de luz en la manera de concebir la vida terrenal al que se refería S.Weil, muy especialmente en la manera de concebir las terrenalísimas relaciones entre el hombre y la mujer.

Así que me he encontrado con un libro, de título académico, que esconde un verdadero tratado a tres manos -las de los dos Machado y la de Baltanás- sobre el amor humano y su aprendizaje; sobre todas esas cosas que llamamos 'amor' y por lo común sólo son deseo, narcisismo, afán de posesión y finalmente ruina, y sobre el descubrimiento, unas veces a tiempo, otras demasiado tarde, del amor verdadero:  "...lo que [Juan de Mañara] ha descubierto es que no hay amor que así pueda llamarse que no esté traspasado por la piedad: no vive el amor, lo sueña/ quien ama sin Dios; amores/ sin caridad son quimeras."

Los comentarios al hilo de los textos, ya sean sobre el folklore -verdades tan viejas que por serlo se olvidan-, sobre el rastro indeleble del mal causado, sobre la expiación, sobre el psicoanálisis y el deseo mimético, sobre el mito de Don Juan y el donjuanismo, sobre Valle Inclán -inmenso ingenio de la nadería pretenciosa-, sobre las figuras del agricultor o el cazador en materia de amores, etc, etc, son antológicos, un dechado de sabiduría y de gracia. Tenéis que leerlo, es un auténtico difrute. Le quedo muy agradecida. ]

29 octubre 2010

Sabio distraído

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Si es sabio, no es distraído.
Si es distraído, no es sabio.
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'Sabio distraído' es un oxímoron.
.'Sabio
Claro que 'distraído' a secas es peor. ¿O no... ?
-

19 octubre 2010

En el paraíso siempre hay manzanas

.
Hoy cambio de tercio; estoy en la pausa del trabajo y es la hora del hambre. Cuando me da el bajón de azúcar empiezo a pensar en tartas de manzana y hasta el aire lo veo "color de caramelo", según la feliz expresión de Ángel Ruiz un día que estaba especialmente lírico o que también tenía bajón de azúcar.
--Hace poco decía, aunque luego lo borré porque no venía a cuento [por cierto, una curiosidad, cada vez que retoco una entrada, que son muchas porque a mí nada me sale a la primera, ni a la segunda... ¿os vuelve a aparecer a los amables lectores como recién publicada, o el sistema se percata de que sólo era la corrección de una chapuza?], que hubo un libro que me regalaron a los diez años -mejor no repito cuál- que puso una montaña y una casa de madera en mi imagen del paraíso. Pues bien, entrando a los detalles, si la montaña tiene una casa, la casa tiene un horno y el horno tiene una tarta de manzana, sobre todo a estas horas. También tiene visillos, siempre blancos y entreabiertos. Mi madre decía que una casa sin visillos parece un hospital robado, algo que te paras a pensarlo y es el colmo de la desolación. Creo que los visillos los llevo en la sangre por parte de madre (...aux clartés des étoiles/ je crois encore la voir/ entrouvrir ses longs voiles/ aux vents tièdes du soir...*). La tarta de manzana viene más por parte de padre. Así que en el paraíso habrá una montaña, una casa con olor a manzana horneada, una tarta recién hecha y gente para comérsela tras unos visillos entreabiertos; el resto me da igual. El domingo hice la primera de la temporada, que el tiempo la pedía. Todavía no ha llegado el frío, pero la casa estaba destemplada y a las paredes ya no les queda ni una pizca del calor del verano. Salió buena, a los platos tampoco les quedó una pizca de tarta, y la casa se caldeó. Aquí os dejo la receta, es fácil, aparente y tiene muchos treses, que es un número santo:

-3 manzanas (reineta, naturalmente, y mejor de las feas)
-3 huevos
-3 cucharadas de maizena bien colmadas
-3 yogures naturales
-1 y 1/2 envases de yogur llenos de azúcar (o 3 medios yogures, para no perder el compás)

Se bate todo, salvo una de las manzanas, con la batidora. Se vierte la mezcla en cacharro bajo de Pyrex o similar untado de mantequilla, se decora con la manzana sobrante en rodajitas finas (si se hunden no importa, que luego reflotan), y al horno a 180º por arriba y por abajo, unos tres cuartos de hora (hasta que se dore). Se remata barnizándola a la española con mermelada, o espolvoreándola a la alemana con azúcar y canela.
-Para terminar, un enlace un tanto cursi, pero con su piano (después de unos cuantos trinos), sus pensamientos y sus muchos pajaritos: "Les oiseaux messagers" (uno de ellos, tal que un pájaro de Gaya, dice: Si la única oración de toda vuestra vida es un simple "gracias", es suficiente) . Me los he encontrado buscando en la carpeta de recetas. No sé lo que hacían ahí, pero pueden quedar propios en una entrada repostera.
Et rien de plus, ruego me disculpen el bajón y la debilidad:



.
* "Je crois entendre encore" (Mi par d'udir ancora), aria de Bizet.

29 septiembre 2010

La teología "pequeña y fea"

-I.-"Es notorio que ha existido, según se dice, un autómata construido de tal manera que resultaba capaz de replicar a cada jugada de un ajedrecista con otra jugada contraria que le aseguraba ganar la partida. Un muñeco trajeado a la turca, en la boca una pipa de narguile, se sentaba al tablero apoyado sobre una mesa espaciosa. Un sistema de espejos despertaba la ilusión de que esta mesa era transparente por todos sus lados. En realidad se sentaba dentro un enano jorobado que era un maestro en el juego del ajedrez y que guiaba mediante hilos la mano del muñeco. Podemos imaginarnos un equivalente de este aparato en la filosofía. Siempre tendrá que ganar el muñeco que llamamos «materialismo histórico». Podrá habérsela -sin más ni más con cualquiera, si toma a su servicio a la teología que, como es sabido, es hoy pequeña y fea y no debe dejarse ver en modo alguno."
-
-II. "El cronista que narra los acontecimientos sin distinguir entre los grandes y los pequeños, da cuenta de una verdad: que nada de lo que una vez haya acontecido ha de darse por perdido para la historia. Por cierto, que sólo a la humanidad redimida le cabe por completo en suerte su pasado. Lo cual quiere decir: sólo para la humanidad redimida se ha hecho su pasado citable en cada uno de sus momentos. Cada uno de los instantes vividos se convierte en una cita à l'ordre du jour, pero precisamente del día final."

-IX. "Tengo las alas prontas para alzarme, /Con gusto vuelvo atrás,/ Porque de seguir siendo tiempo vivo, /Tendría poca suerte. Gerhard Scholem: Gruss vom Angelus.
Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. En él se representa a un ángel que parece como si estuviese a punto de alejarse de algo que le tiene pasmado. Sus ojos están desmesuradamente abiertos, la boca abierta y extendidas las alas. Y este deberá ser el aspecto del ángel de la historia. Ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de datos, él ve una catástrofe única que amontona incansablemente ruina sobre ruina, arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero desde el paraíso sopla un huracán que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irrefrenablemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras que los montones de ruinas crecen ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso."

WALTER BENJAMIN, Tesis de filosofía de la historia . El texto y la viñeta están tomados de la página de Enrique Eskenazi: http://homepage.mac.com/eeskenazi/filosofia.htm
[Acaban de cumplirse setenta años desde la muerte de W.Benjamin en circunstancias no muy claras en Port-Bou, la noche del 26 al 27 de septiembre de 1940, después de que le negaran la autorización para entrar en España. Benjamin debía tomar un barco en Lisboa con destino a los Estados Unidos, desde donde lo reclamaban sus amigos Adorno y Horkheimer huidos con prudencia tiempo atrás.
Según cuentan quienes lo acompañaron en el camino a pie hasta Port-Bou, su mayor preocupación era la de salvar un grueso manuscrito con su último trabajo, el que le retuvo en París cuando aún le hubiera sido posible salvarse. El destino de esa inseparable cartera negra de mano que protegía más que a su vida, sigue siendo un misterio. Según el acta levantada por el juez, las pertenencias del Sr.W.B. eran una maleta de piel, un reloj de oro, una pipa, un pasaporte expedido en Francia por el American Foreign Service, seis fotografías tamaño carné, una radiografía, unas gafas, diversas cartas, unos cuantos papeles y algo de dinero. Con ese dinero pagó escrupulosamente la cuenta de la pensión en la que murió y su enterramiento. No dejó deudas.
No hay un ángel de la Historia y Benjamin lo sabía. Los ángeles visitan a los que en ella viven, acompañan sus historias, y se los oye o se los desoye. Quizá su ángel, el de su historia, lo animaba a abandonar la biblioteca en la que tomaba notas y a escuchar la llamada de sus amigos cuando todo era posible. Quizá entre los montones de notas decía: "¡Ahora!"
Es sabido que los ángeles no se dejan empujar por los vientos de la tierra y nunca vuelan de espaldas. Los ángeles guían, caminan hacia delante y saben siempre a dónde van. La Historia marcha sin ángel, desbocada y terrible, sin la menor idea de hacia dónde va, y ni siquiera de por dónde vino. Eso es lo que Benjamin sabía, que sólo Dios sabe, y que todas y cada una de las innumerables pequeñas historias, las únicas que los ángeles velan, serán tenidas en cuenta. En Port-Bou, en medio del huracán, no estaba el ángel de la Historia, sólo estaba Benjamin enredado. Seguramente, cuando redactababa sus tesis contra el materialismo dialéctico -aquella visión de la Historia como apisonadora, rodando imparable y omnisciente rumbo a la sociedad sin clases-, no imaginó que ese texto, la novena de las tesis, podría leerse un día como una premonición, como la descripción de sus últimas horas. El cuadro de Klee, el que tanto le gustaba y arrastraba de casa en casa, puede ser visto entonces - y estremece verlo así- como su propio retrato. Qué lástima de vida. Tenía cuarenta y ocho años.]

13 septiembre 2010

En la hospedería del Valle de los Caídos (y 3)

Cristo resucitado. Juan de Ávalos. Cementerio abadía benedictina Valle de los Caídos

La semana, que tan larga parecía, al final se me hizo corta. Las caminatas por los pinares, con aquel olor a resina penetrante, el suelo lleno de piñas, matojos y agujas secas que sonaban crunch-crunch a cada paso, y el sol colándose entre las ramas, daban la vida. Un día vi pasar corriendo a un gamo. Otro día pasó una ráfaga de felicidad sin porqué, desconcertante, como equivocada de sitio. Otro día más, en lo alto del camino que lleva a la base de la Cruz, me pareció entender por fin ese "a la sombra de tus alas" tan repetido en los Salmos. "A la sombra de tus alas mientras pasa la calamidad", dice por ejemplo el S. 57, y piensas en Dios como un águila que cuida de sus polluelos, o quizá en las alas de los querubines de oro que flanqueaban el Arca, como leí en algún sitio. Demasiado alegórico, demasiado distante. Allí arriba, a la sombra de la Cruz bajo el sol de mediodía, es fácil descubrir las alas que nos acogen. Uno de los últimos días, cruzando la pinada, al llegar a un claro desde el que se ve toda la sierra de Guadarrama, el móvil se despertó y empezaron a entrar mensajes atrasados: que cómo estaba -que estupendamente; que cuándo volvía -que por mí dentro de un par de años.
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Poco a poco fui conociendo al resto de los hospedados: Un señor de Bilbao simpatiquísimo que nunca sabías si hablaba en serio o te estaba contando un chiste, primo de uno de los monjes, me acompañaba por la tarde a Vísperas. Nos poníamos en el sitio reservado para los huéspedes, al lado del organista, y nos daban el libro de cantos marcado con papelitos. Cuando nos perdíamos entre los papelitos, el organista, sin mover la cabeza, como si nos viera de oído, susurraba: “Himno, página 32”, o “Magnificat, página 3”. A la salida, su primo monje se quedaba un rato hablando con nosotros, y cada tarde aparecía con unos libros, unas hojas que acababa de imprimir o una dirección de Internet que pensaba que nos podía interesar, y acertaba. Se nota que son una Orden de acogida, con una Regla que reza: "al que no tiene qué darle, déle una respuesta amable, porque está escrito: “Más vale una palabra amable que la mejor dádiva”. Todos hablan amablemente y lo justo -que es un arte bien difícil-, miran con afecto y escuchan con atención. Como bien dicen, la vida en un monasterio no impide la proximidad, la proximidad es una cuestión de amor.
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Conocí también allí a una tocaya muy agnóstica y meditativa, que llamaba al valle "la montaña mágica", de la que acabé amiguísima. Hablábamos mucho y practicábamos la traducción simultánea: donde ella decía "estar orientado", yo decía "fe"; donde yo decía "gracia", ella decía "canalizar"; donde ella decía "auto-conciencia", "auto-sanación", "autoayuda"..., yo quitaba el "auto"...; cuando hablábamos de la belleza del lugar y el encanto de la hospedería estábamos completamente de acuerdo. Una mañana bajó a la Misa en la Basílica y salió conmovida. Cuando nos despedimos, yo sólo supe decirle "que te vaya muy bien, que encuentres lo que buscas", y ella fue quien respondió: "que Dios te bendiga". Es posible que a veces los "de lejos" estén más cerca de Dios que los "de casa".
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Por la noche se organizaba una tertulia en el porche; algunos eran asiduos y contaban cosas sobre la vida allá arriba en invierno: sobre los niños de la Escolanía, que estudian su curso y aprenden a cantar como podéis oír más abajo, o sobre lo tristes que se marchan cuando cumplen los catorce y les cambia la voz, o cómo muchos de ellos son hijos de antiguos escolanos que recuerdan esa etapa como lo mejor de su vida. Contaban que los oficios de Semana Santa con la Escolanía, y especialmente el de la noche de Pascua, son inolvidables; que hay quien sube a pasar allí la semana entera para vivirlos de cerca, pero que, con todo, da pena ver la Iglesia tan vacía, sobre todo desde que han cerrado el Valle y la gente da por sentado que la Basílica y la abadía lo están también. Después he sabido que sólo gracias a las muchas gestiones y a la perseverancia del abad no ha sido así. Los benedictinos siempre han sido una orden evangelizadora y civilizadora, una fuerza de resistencia frente a la barbarie, y está claro que lo siguen siendo. Precisamente el sábado pasado, en la fiesta que el Instituto Alemán dedicó a Baviera para celebrar la noche en blanco, me enteré de que München -monjes- se llama así por ellos; no me extrañaría nada que les debiéramos hasta la cerveza.
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Cumplida la semana, me recogieron al anochecer. El valle, tan oscuro y sobrecogedor la primera noche, parecía tan acogedor la última que al marcharme casi lloro. Hace un mes de aquello y todavía, cuando salgo de casa por la mañana, pienso: ahora cantan Laudes, y cuando recojo la cena: ahora Completas. Conforta saber que mientras aquí abajo unos empiezan el curso, otros pierden el empleo, unos corren a su primera cita, otros se despiden para siempre, unos esperan y otros desesperan, ellos oran incansables por todos los caídos, que eso al cabo es lo que somos todos: Deus, in adiutorium me intende; Domine, ad adiuvandum me festina. Es decir: Dios mío ven en mi auxilio; Señor, date prisa en socorrerme.
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-Aquí os dejo unas imágenes de la Misa: http://www.youtube.com/watch?v=XvclcOMG8fg

- Aquí el Llibre Vermell, en las voces de los monjes y la Escolanía, con un preciosísimo virelay "Polorum Regina" al final (minuto 6'49):
https://www.youtube.com/watch?v=sq_mtQsr5t4
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03 septiembre 2010

En la hospedería del Valle de los Caídos (2)



-El portero de la Abadía me explicó muy amablemente (no se le parecía en nada, pero me acordé de Sebastian Flyte) que todos los días a las 11 se podía asistir a la Misa conventual en la cripta de la Basílica, también se podía participar en los oficios de Laudes y Vísperas con la comunidad.
Los monjes se reúnen siete veces durante el día a cantar el oficio divino, más o menos cada tres horas, tal como ordena la Regla de San Benito (...Dice el profeta "siete veces al día te alabé". Nosotros observaremos este sagrado número septenario si cumplimos los oficios de nuestro servicio en Laudes, Prima, Tercia, Sexta, Nona, Vísperas y Completas), y se levantan otra en la noche (Pues de las vigilias nocturnas dice el mismo profeta "A media noche me levantaba para darte gracias", levantémonos por la noche para darle gracias...), y asombrosamente, porque además trabajan, nunca parecen cansados ni se les escapa un bostezo. Cada semana salmodian los 150 salmos de un salterio completo y cada domingo vuelven a empezar.
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A las 11 estaba en la Basílica. Ver entrar a los monjes en doble fila, silenciosos y con la cabeza baja, con esa difícil mezcla de humildad y grandísima dignidad que supongo que dan los años de sujeción a la Regla, ya impresiona. El recogimiento y la solemnidad de la celebración aunque era una Misa de diario (una distinción absurda, como si lo que ocurre no fuera lo mismo en diario que en festivo)); el cuidado, casi diría mimo, de la liturgia; el canto gregoriano y el eco doblándolo en las naves como si las piedras se echaran a cantar (ese Kyrie al empezar que de inmediato te plantaba en los adentros, ese Gloria como un rompimiento de gloria...); el incienso subrayando y adorando... Todo ayudaba a levantar el corazón y abrirlo al misterio. Corazones caídos que se levantan, corazones cerrados como puños que se abren, por eso el rito, aunque es repetición, nunca es rutina. El rito es recuerdo del significado, lo contrario de la rutina, que es su olvido.
Al terminar la Misa volvieron a salir en fila, con los ojos bajos, como uno solo con muchos pies. No es un modo de hablar muy subido pero "ahí queda eso" fue lo que se me vino a la cabeza mientras pasaban, y "gracias" también.
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Al salir, a 1.500 metros de altura y con el móvil muerto, ya no me sentía aislada. Pensaba en esa homogeneidad, la de la comunidad, la del mismo canto, sin brillos, sin solos, sin tenores ni barítonos, sin concesiones a la sentimentalidad, en ese apagamiento del "yo" que sin embargo alimenta el alma. En esa uniformidad que, al revés que tantas otras, hace crecer y dignifica; como si borrara el "yo" sobrante y falso para hacer crecer el verdadero, al revés que tantas otras. En el despojamiento que enriquece. Pensaba en la vida pautada, pautada hasta extremos que no resistiríamos dos días -sólo hay que leer la Regla- y en la obediencia, y en la calma y la paz que desprenden y en cómo edifican con su sola presencia. Pensaba en las órdenes de predicadores, que cultivan la palabra, y en las que cultivan el silencio, que también predican; en la importancia del lenguaje de los gestos, eso que ahora han descubierto los psicólogos y los expertos en recursos humanos y lleva siglos practicándose en la liturgia, y en que un monje silencioso y con los ojos bajos es puro lenguaje, un lenguaje que traspasa.
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Con todo esto y dando vueltas por la explanada, decidí que necesitaba urgentemente un plan. Un plan no es una Regla pero es fundamental cuando se llega desarreglado. De momento domestica el tiempo, lo pone de tu parte y, por simple que sea, ya es algo que obedecer. Decidí que los cantos de Laudes los oiría desde mi cuarto al despertar, que no era cosa de andar llamando a las puertas de ninguna abadía a esas horas. Después iría a la Misa de la Basílica y, al salir, tiraría monte arriba; por la tarde, antes de Vísperas, tiraría monte abajo. Las butacas bajo los chopos a la entrada de la hospedería parecían un sitio ideal para leer en los ratos libres y, escondida al fondo del patio acristalado, descubrí una máquina que por 50 céntimos te daba un café y las gracias. Con la abadía enfrente, un plan y hasta café, la semana por delante empezaba a pintar de maravilla.

23 agosto 2010

En la hospedería del Valle de los Caídos (1)

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El domingo a media tarde me dejaron en la hospedería de los monjes benedictinos del Valle; iba con la idea de quedarme una semana.
En el comedor, a la hora de la cena, no llegábamos a veinte; muchos ancianos, algún matrimonio, un par de señoras solas, un par de caballeros, todos en mesas separadas. Me alegró ver en la mesa de al lado un niño con sus abuelos. Al terminar de cenar anochecía y salí a dar un paseo. En un momento, como se baja un telón, cayó la noche a plomo. Enfrente, en la abadía, los monjes empezaron a cantar Completas con las ventanas del coro abiertas de par en par. Terminaron, cerraron las ventanas, se apagaron las luces y se hizo el silencio. El valle quedó oscuro y sobrecogedor, como boca de lobo hambriento.
Sales de la ciudad y descubres lo que significan exactamente "noche" o “silencio”. Lo que significaban es que a las 12 de la noche ya quería irme, pensaba que me había equivocado. Cogí el móvil para pedir que me recogieran cuanto antes y nada, muerto, no había cobertura, la cosa no tenía remedio. Subí a la habitación, me senté a la mesa de pino que estaba junto a la ventana, encendí el flexo, abrí mi fray Luis, lo cerré... con tanto silencio no había quien leyera.
Al despertar olía a romero, hacía un día esplendido y desde la abadía llegaban de nuevo los cantos de monjes; cantaban Laudes con las ventanas abiertas al valle. Recordé el himno que dice “Qué mañana de luz recién amanecida… despertad, es hora de nacer…” Acabaron, volvieron a entornar las ventanas y bajé a desayunar. Al dar los buenos días, Héctor, el niño de la mesa vecina, me preguntó cómo me llamaba y si tenía amigos, después me cambió mi minicaja de Chococrispis por su mermelada y se llevó el pan de sobra para echárselo a los peces. Los intercambios siempre son buenos, sentí no tener diez años para irme a jugar con él.

31 julio 2010

In principio erat sermo

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RENACIMIENTO
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Erasmo, en su edición latina del Nuevo Testamento, traduce logos, no por verbum como san Jerónimo, sino por sermo. In principio erat sermo... Todo Erasmo y una parte del espíritu del Renacimiento se sustentan en ese menudo detalle. El Creador y la creación -todo el abismo informe y virgen de los orígenes- se insertan en una perspectiva ribeteada de herbaje literario y florituras gramaticales. El Verbo se ha convertido en discurso, bellas letras, "humanidades". Aquí se revela claramente el fondo (y ese fondo es una superficie) del humanismo de Erasmo y de su época. Una retórica piadosa y flexible que vibra, como un ligero ruido de ramas, sobre la superficie más externa del océano de la vida ha sustituido al ser, al principio. Para Dios, la creación se ha convertido en un ameno y encantador ejercicio de oratoria...

[Queridos no-comentaristas, no os matéis a comentar que me marcho una semanita lejos del mundanal ruido y tendida yo a la sombra esté cantando... y seguramente no pueda atenderos como merecéis. Aquí abajo os dejo el texto original, que siempre es mejor:
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"RENAISSANCE. Érasme, dans son édition latine du N ouveau Testament, traduit logos, non par verbum, comme saint Jérôme, mais par sermo. In principio erat sermo... Tout Érasme et une partie de l'esprit de la Renaissance tiennent dans ce menu fait. Le créateur et la création -tout l'abîme fruste et vierge des origines, - s'insèrent dans une perspective bordée de pelouses littéraires et de fleurs grammaticales. Le Verbe est devenu discours, belles-lettres, "humanités". Comme se révèle ici dans son fond (et ce fond est une surface) l'humanisme d'Érasme et de son époque. Une pieuse et flexible rhétorique vibrant, comme un bruit léger de rames, à l'extrême surface de l'océan de la vie s'est substituée à l'être, au principe. La création est devenue pour Dieu un souple et charmant exercice oratoire..." ]



Gustave Thibon, Destin de l'homme, Desclée, De Brouwer et Cie, Bruges (Belg.) 1941 (la traducción es mía)

13 julio 2010

Racionalismo, hipertrofia estatal y fobia del espesor

[Mi querido "blogueiro" Fernando, del recomendabilísimo Blog "O equilíbrio e a harmonia" dedicado en exclusiva a la obra de G.Thibon, entre los fastuosos documentos que no sé cómo localiza en la red y tiene la generosidad de enviarme (Por ejemplo el prefacio de T.S.Eliot a la edición inglesa de L'Enracinement de S.Weil, que colgaré en cuanto lo tenga traducido), me manda un pdf con el magnífico texto de R.Gambra que a continuación extracto, publicado como Epílogo a los "Diagnósticos de fisiología social" de Thibon. El epílogo se abre con estas palabras de Bonald que Gambra aplica al autor y le son de perfecta aplicación a él mismo: “Los hombres que por sus sentimientos pertencen al pasado y por su pensamiento al porvenir hallan difícilmente hueco en el presente”. Muito obrigada, F.]

"Durante dos siglos sopló sobre esta civilización llamada occidental o cristiana el viento del racionalismo, el designio de ajustar la vida de los hombres y de los pueblos a los dictados de la razón especulativa. El apogeo de esta eclosión racionalista correspondió al siglo XVIII, que alguien ha llamado “el siglo verdaderamente amotinado contra Dios”; el XIX fué su prolongación, y nuestra época, su menguante o retorno. Pero los efectos sobre el cuerpo social de esta profunda perturbación histórica es ahora precisamente cuando llegan a su fondo o límite, situación de la que, por desgracia, no es tan posible el retorno como en el mundo de las puras ideas individuales.
El espíritu racionalista ha hipertrofiado monstruosamente en la sociedad el papel del Poder público, a la vez que ha borrado el carácter personal o concreto que en otro tiempo tuvo, y, con él, sus límites o fronteras. (...) Los hombres, frente a este poder totalizador e impersonal, pierden el sentido de iniciativa y de responsabilidad, el amor a su trabajo y los sanos códigos del honor que regían las relaciones de unos con otros. “Así se realiza la síntesis de la opresión y de la corrupción; la vida se hace dura y, a la vez, malsana.” El crecimiento continuo del poder y de sus medios de opresión y de control resultarían perpetuamente insuficientes para restablecer el orden que no rige ya las conciencias...
Otro autor francés de hoy —Bertrand de Jouvenel— ha descrito en una obra impresionante —Du Pouvoir— el crecimiento ya ilimitado del Poder en la época moderna. Las páginas que preceden de Gustave Thibon describen la otra cara de esta eclosión racionalista: sus efectos sobre la sociedad misma, sobre las actitudes y las relaciones sociales. (...)
El moderno Estado racionalista, absorbiendo o destruyendo la vida de los ambientes y de las instituciones históricas, apoyándose siempre en el individuo-ciudadano, ha destruido las costumbres vigorosas, los espontáneos imperativos de convivencia, y se ha convertido en organizador o “planificador” de la sociedad.
La moral, actuante todavía por vía religiosa en muchas conciencias, viene a resultar ineficaz socialmente cuando actúa dentro de un medio sin costumbres donde, para cada decisión, habría de exigírselo todo a la voluntad individual y a la consciente influencia de los principios éticos... Y cuando la moral deja de ser socialmente actuante por no hallarse encarnada en costumbres ni sostenida por ellas, tiene que ser la legislación positiva la que ocupe su lugar como reguladora del orden social. Una legislación cada vez más minuciosa, más opresiva, más caprichosa y cambiante.
Para la mentalidad racionalista, y para su consecuencia, que es el estatismo socialista, las reservas vitales de la sociedad, las creencias y la sólidas costumbres que engendraron una humana y estable convivencia,son “prejuicios inmovilizadores”, “fantasmas del pasado” o “rémoras del progreso”. El socialismo, nos ha dicho profundamente Thibon, tiene la fobia del espesor. Su ideal es el de una sociedad fútil y vertiginosa, de apariencias brillantes, geométricamente planeada, centralmente manipulada: una sociedad de espíritus dóciles y triviales, de mentes ágiles e inestables, exentas de convicciones y de imperativos profundos. . .
Quizá nuestro país sea, contra lo que se cree, uno de aquellos en que el progreso del estatismo y la pérdida de las costumbres y resortes internos de convivencia han ido más lejos. La fe, todavia viva en muchos espíritus, palía en parte los efectos de este fenómeno de “erosión” social e institucional. Pero si se juzga por la total ausencia de costumbres colectivas y locales, por el número de disposiciones oficiales que son diariamente necesarias a la regulación social... cabría concluir que es el país del Occidente donde el progreso de individualismo y de trivialización de los espíritus se ha operado con mayor intensidad. (...)

...tanto en el origen de las buenas costumbres como en el de las vigorosas instituciones se encuentra la permanencia o estabilidad de hombres y de ambientes, sin cuyo concurso nada es posible en el mundo de las creaciones sociales. Esto engendró en el hombre de todos los tiempos el espíritu sanamente conservador, que es nota común a todas las sociedades históricas...Para el español o el francés del siglo XVI cualquier cosa era buena o conveniente en tanto que era ”costumbre antigua”o porque “fue fundada por los antepasados y se practica de tiempo prescrito e inmemorial”. En cambio, las "novedades" o "alteraciones" eran universalmente reputadas por inconvenientes o sinónimos de desorden... el parte militar normal o satisfactorio consiste, como es sabido, en negar acaecimiento de novedad. (...) Ese espíritu sanamente conservador ha sido extirpado de las mentes y de los corazones. La actitud humana, individual y colectiva, es hoy la diametralmente opuesta a ese sentimiento, y en esto radica quizá la más profunda raíz patológica de la sociedad contemporánea. Las palabras nimbadas de atractivo son hoy para todos los espíritus las de “nuevo” o “revolucionario”. El cambio es acogido y festejado por el hecho de ser cambio. El pasado, la continuidad y la costumbre han dejado de evocar para las mentes actuales valor alguno de respetabilidad o de legítimo orgullo. (...)

En una sociedad sin costumbres ni instituciones, a merced del absolutismo estatal, desarraigado de las almas el espíritu de estabilidad y conservación, sin un poder respetable capaz de re-crear el arraigo institucional, ¿habremos de ver ya al hombre moderno, como dice Chevallier, cogido definitivamente en su propia trampa? "

Rafael Gambra, Epílogo del libro de G.Thibon, Diagnósticos de fisiología social, Editora Nacional, Madrid, 1958.

09 julio 2010

Desesperación femenina y masculina... y un sorprendente final (y 4)

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(...Continuación)

[Kierkegaard, filósofo de la esperanza cristiana y profundísimo psicólogo de los muchos grados y formas que reviste la desesperanza, esa enfermedad mortal que consiste en vivir de espaldas al yo eterno, al yo que se es (única enfermedad verdaderamente "mortal", ya que las que "se terminan con la muerte" no son propiamente "de muerte" -y aquí trae las palabras de Jesús ante la tumba de Lázaro: "Esta enfermedad no es de muerte" Jn XI,4), considera que en la desesperación puede reconocerse una forma típicamente femenina y otra típicamente masculina. La primera, o desesperación-debilidad, sería la de no querer ser quien se es; la segunda, o desesperación-desafío, consistiría en querer ser quien no se es (en el texto que circula en Internet dice "querer ser quien se es", aunque a renglón seguido se habla del deseo "encarnizado" de "construir un yo imaginario". A ver si consigo el librito de Trotta con la traducción de Demetrio González Rivero -impagables traducciones que habrían librado a Unamuno del engorro de aprender danés- porque no lo veo muy claro).
Las dos formas, femenina y masculina, aun con puntos en común, son radicalmente diferentes: ella es otro; él se inventa.
Y pienso en tantos personajes literarios femeninos que parecen darle la razón. En el "Yo soy Heathcliff", por ejemplo, de Cathy, la protagonista de Cumbres Borrascosas (es difícil sin embargo imaginar a Dante diciendo "yo soy Beatriz"). Desde el lado masculino, llevado a su extremo el yo imaginario, quizá Don Quijote... Aunque precisamente en don Quijote el personaje ficticio es el que permite a D. Alonso ser quien es. El quijotismo es algo muy masculino, no cabe duda.
El texto que sigue, una nota aclaratoria a pie de página con un curioso -y pelín vanidoso- remate, me ha parecido muy interesante. Como todo Kierkegaard, otro descubrimiento tardío, qué alegría ]

"...Lejos de mí, sin embargo, el pensamiento de que no se puede encontrar en la mujer formas de desesperación masculinas e, inversamente, en el hombre formas de desesperación femeninas; pero esta es la excepción. Claro está que la forma ideal no se halla en ninguno y sólo idealmente es enteramente verdadera esta distinción de la desesperación masculina y de la desesperación femenina. En la mujer no existe esa profundización subjetiva del yo, ni una intelectualidad absolutamente dominante, aunque ella posee mucho más a menudo que el hombre una sensibilidad delicada. En cambio su ser es adhesión, abandono, pues si no, no es mujer. Cosa extraña: nadie tiene su mojigatería (palabra bien formada para ella por el lenguaje) ni ese mohín casi de crueldad, y sin embargo su ser es adhesión y (esto es lo admirable) todas esas reservas no expresan en el fondo más que tal condición. En efecto, a causa de todo ese abandono femenino de su ser, la Naturaleza la ha armado tiernamente con un instinto cuya finura sobrepasa a la más lúcida reflexión masculina y la reduce a nada. Esta afección de la mujer y, como decían los griegos, ese don de los dioses, esa magnificencia, es un tesoro demasiado grande para que se lo arroje al azar; ¿pero qué inteligencia humana lúcida tendrá jamás bastante clarividencia para adjudicarlo a quien se lo merezca? Por esto la Naturaleza se ha encargado de ello: por instinto, su ceguera ve más claramente que la más clarividente inteligencia; por instinto ve adónde dirigir su admiración, dónde llevar su abandono. Siendo todo su ser adherirse, la Naturaleza asume su defensa... Pero esta adhesión profunda de su ser reaparece en la desesperación, es su modo mismo. En el abandono ella ha perdido su yo y sólo así encuentra la felicidad, vuelve a encontrar su yo; una mujer feliz, sin adherirse, es decir sin el abandono de su yo, fuere a quien fuese por lo demás, carece de toda femineidad. También el hombre se da y es un defecto en él no hacerlo; pero su yo no es abandono (fórmula de lo femenino, sustancia de su yo), y tampoco necesita perderlo, como hace la mujer, para volver a encontrarlo, puesto que ya lo tiene; él se abandona, pero su yo permanece allí como una conciencia sobre el abandono, mientras que la mujer, con una verdadera femineidad, se precipita y precipita su yo en el objeto de su abandono. Perdiendo ese objeto, ella pierde su yo y entonces cae en esa forma de la desesperación en la cual no se quiere ser uno mismo. El hombre no se abandona de esa manera; por ello la otra forma de la desesperación lleva el signo masculino: en ella el desesperado quiere ser él mismo.
Esto para caracterizar la relación entre la desesperación del hombre y de la mujer. Sin embargo, recordemos que aquí no se trata de abandono en Dios ni de la relación del creyente con Dios, en la cual desaparece esa diferencia del hombre y de la mujer. Aquí es indiferentemente cierto que el abandono es el yo y que se llega al yo por el abandono. Esto vale tanto para el uno como para la otra, incluso si muy a menudo en la vida la mujer no tiene relación con Dios sino a través del hombre."
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S. Kierkegaard, La enfermedad mortal (Tratado de la desesperación. Libro I. Capítulo II) . Texto tomado y corregido de http://www.librodot.com/.

08 julio 2010

Desesperación femenina y masculina. Kierkegaard (3)


(... Continuación)

"...Desesperar de algo no es, pues, todavía, la verdadera desesperación; es su comienzo, se incuba, como dicen los médicos de una enfermedad. Luego se declara la desesperación: se desespera de uno mismo. Observad a una muchacha desesperada de amor, es decir de la pérdida de su amigo, muerto o esfumado. Esta pérdida no es desesperación declarada, sino que ella desespera de sí misma. Ese yo, del cual se habría librado, que ella habría perdido del modo más delicioso si se hubiese convertido en bien del «otro», ahora hace su pesadumbre, puesto que debe ser su yo sin el «otro». Ese yo que habría sido su tesoro -y por lo demás también, en otro sentido, habría estado desesperado- ahora le resulta un vacío abominable, cuando el «otro» está muerto, o como una repugnancia, puesto que le que recuerda el abandono. Tratad, pues de decirle: «Hija mía, te destruyes», y escucharéis su respuesta: «¡Ay, no! Precisamente mi dolor está en que no puedo conseguirlo».
Desesperar de sí mismo, querer deshacerse del yo, tal es la fórmula de toda desesperación, y la segunda: desesperar por querer ser uno mismo, se reduce a ella… Quien desespera quiere, en su desesperación, ser él mismo. Pero entonces, ¿no quiere desprenderse de su yo? En apariencia, no; pero observando de más de cerca, siempre se encuentra la misma contradicción. Ese yo, que ese desesperado quiere ser, es un yo que no es él (pues querer ser verdaderamente el yo que se es, es lo opuesto mismo de la desesperación); en efecto, lo que desea es separar su yo de su Autor. Pero aquí fracasa, a pesar de que desespera, y no obstante todos los esfuerzos de la desesperación, ese Autor sigue siendo el más fuerte y la obliga a ser el yo que no quiere ser… el hombre desea siempre desprenderse de su yo, del yo que es, para devenir un yo de su propia invención. Ser ese «yo» que quiere, haría todas sus delicias -aunque en otro sentido su caso habría sido también desesperado- pero ese constreñimiento suyo de ser el yo que no desea ser, es su suplicio: no puede desembarazarse de sí mismo. "
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S.Kierkegaard, La enfermedad mortal (Tratado de la desesperación . Libro I. Cap.III). Texto tomado y corregido de: http://www.librodot.com/

25 junio 2010

La imposible posibilidad . Kierkegaard (2)

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(...Continuación)

"La desesperación vista en relación a la doble categoría de lo posible y de la necesidad: La desesperación en la necesidad, o la carencia de posible.

Suponed que descarriarse en lo posible sea comparable a los balbuceos de la infancia, sin embargo carecer de posibilidad es estar mudo. La necesidad parece no ser más que las consonantes, pero para pronunciarlas se necesita lo posible. Si falta, si el destino hace que una existencia carezca de posibilidad, ésta desespera, y estará desesperada en todo instante que le falte.

Hay, como se dice, una edad para la esperanza, o bien, en un cierto momento de la vida, se está o se estuvo, dícese, desbordante de esperanza o de posibilidades. Pero esto no es más que verborrea que no alcanza a lo verdadero: pues esperarlo todo y desesperar de tal cosa aún no es verdadera esperanza, ni verdadera desesperación. El criterio es el siguiente: todo le es posible a Dios. Verdad de siempre y, por lo tanto, de cualquier instante. Es un refrán cotidiano del que se hace uso todos los días sin pensar en él, pero su palabra no es decisiva más que para el hombre que se encuentra al fin de todo, cuando no subsiste ninguna otra posibilidad humana. Entonces, lo esencial para él consiste en si quiere creer que para Dios todo es posible, si tiene la voluntad de creer en ello. ¿Pero no es esta la fórmula para perder la sensatez? Perderla para ganar a Dios, es el acto mismo de creer. Supongamos a alguien en este caso: todas las fuerzas de una imaginación en el espanto le muestran temblando ante no sé qué horror intolerable; ¡y es este horror el que le llega! En opinión de los hombres su perdición es algo seguro ... la desesperación de su alma lucha por el derecho a desesperar, por el contentamiento de todo su ser en instalarse en la desesperación; incluso llegará a no maldecir a nadie tanto como a quien pretenda evitárselo, según la palabra del poeta de los poetas, en Ricardo II:

---Beshrew thee, cousin, which didst lead me forth
---Of that sweet way I was in to despair. ---
(Acto III, escena II).


Así, pues, la salvación es el supremo imposible humano; ¡pero a Dios todo le es posible! Este es el combate de la fe, que lucha como un demente por la posibilidad. Sin ella, en efecto, no hay salvación. Cuando uno se desmaya, la gente grita: ¡Agua! ¡Agua de Colonia! ¡Gotas de Hoffman! ¡Cualquier cosa fuerte! Pero para alguien que desespera hay que gritar: ¡Una posibilidad! ¡Encontradle una posibilidad! La posibilidad es el único remedio. Dadle una posibilidad y el desesperado recobra el aliento, se reanima, pues si el hombre se encuentra sin posibilidad, es como si le faltara el aire. A veces el ingenio de los hombres es suficiente para encontrarla, pero, al final, cuando se trata de creer, sólo queda un único remedio: Todo es posible para Dios.

Tal es el combate. (...) El creyente ve y comprende en tanto que hombre su derrota , pero cree. Y es esto lo que le preserva de perecer. Confía íntegramente en Dios sobre el modo en que le llegarán los socorros, pues se conforma con creer que a Dios todo le es posible... Comprender que humanamente está perdido y, a la vez, creer en lo posible, es creer. Entonces Dios viene en ayuda del creyente, quizá dejándole escapar del horror, acaso mediante el horror mismo en el cual, a pesar de toda suposición, brota el socorro, milagroso, divino. Milagroso, ¡pues qué gazmoñería es creer que el hombre sólo ha sido socorrido milagrosamente hace diecinueve siglos! ...
En cuanto a la posibilidad, el creyente posee el eterno y seguro antídoto de la desesperación, pues Dios lo puede todo en cualquier instante. Es ésta la salvación de la fe, que resuelve las contradicciones, como lo es el hecho de que la certidumbre humana de la perdición coincide sin embargo al mismo tiempo con la existencia de una posibilidad. ¿La salvación no es, en suma, el poder de resolver lo contradictorio? Así en lo físico, una corriente de aire es una contradicción, una desproporción entre el frío y el calor, que un cuerpo sano resuelve sin darse cuenta. Lo mismo sucede con la fe. Carecer de posibilidad significa que todo se nos ha hecho necesidad o trivialidad. "

S.Kierkegaard, La enfermedad mortal (Tratado de la desesperación. Libro III-Personificaciones de la desesperación). Texto tomado y corregido de: http://www.librodot.com/

Polvo de instantes. Kierkegaard (1)

-"La desesperación vista en relación a la doble categoría de lo posible y de la necesidad: La desesperación de lo posible o la falta de necesidad.

El yo, como síntesis de finito e infinito... contiene tanto de posible como de necesidad, pues es él mismo, pero también tiene que devenirlo. Es necesidad, puesto que es él mismo, y posible, puesto que debe devenir.

Si lo posible derriba a la necesidad y de este modo el yo se lanza y se pierde en lo posible, sin vínculo atrayéndole a la necesidad, se tiene la desesperación de lo posible. (...) Entonces el campo de lo posible no deja de agrandarse a los ojos del yo, en él halla siempre más posible, puesto que ninguna realidad se forma allí. Al final lo posible lo abarca todo, pero entonces se trata de que el abismo se ha tragado el yo. Para realizarse, el menor posible requerirá cierto tiempo. Pero ese tiempo que necesitaría para la realidad se abrevia tanto, que al fin todo se dispersa en polvo de instantes... Apenas el instante revela un posible, y ya surge otro y, finalmente, esas fantasmagorías desfilan con tanta rapidez que todo nos parece posible y entonces tocamos ese instante extremo del yo, en el cual él mismo no es más que una ilusión.

Lo que le falta ahora es lo real, como también lo expresa el lenguaje ordinario cuando dice que alguien ha salido de la realidad. Pero, observando de más cerca, lo que le falta es necesidad. (...) Tampoco es por falta de fuerza, al menos en el sentido ordinario, por lo que el yo se descarría en lo posible. Lo que falta es, en el fondo, la fuerza de obedecer, de someterse a la necesidad incluida en nuestro yo, a lo que puede llamarse nuestras fronteras interiores. La desgracia de un yo semejante tampoco reside en el hecho de no haber llegado a nada en este mundo, sino en no haber adquirido conciencia de sí mismo, de no haber percibido que ese yo es el suyo, determinado y preciso y, por lo tanto, una necesidad. En lugar de esto, el hombre se ha perdido a sí mismo dejando que su yo se refleje imaginariamente en lo posible... Pero lo posible es un espejo extraordinario, al cual hay que usar con suma prudencia. En efecto, puede decirse que es engañador. Un yo que se mira en su propio posible no es más que cierto a medias; pues, en ese posible está bien lejos aún de ser él mismo, o no lo es más que a medias. Todavía no puede saberse qué resolverá luego su necesidad. Lo posible hace como el niño que recibe una invitación agradable y que la acepta de inmediato; queda por verse si los padres le permitirán... y los padres desempeñan el papel de la necesidad.

Lo posible, en verdad, contiene todos los posibles y, por lo tanto, todos los descarriamientos... Como aquel caballero, de quien hablan las leyendas, que de pronto ve un pájaro raro y se empecina en seguirlo, habiendo creído en un primer momento que estaba a punto de cazarlo ... pero el pájaro escapa siempre, hasta que cae la noche y el caballero, lejos de los suyos, ya ignora su camino en la soledad: así es lo posible del deseo. En lugar de referir lo posible a la necesidad, el deseo lo sigue hasta perder el camino de regreso a sí mismo."


S.Kierkegaard, La enfermedad mortal (Tratado de la desesperación. Libro III-Personificaciones de la desesperación). Texto tomado y corregido de: http://www.librodot.com/

18 junio 2010

Servidumbre. Ch. Péguy

El que ama se pone, por eso mismo,
Sólo por eso, a partir de eso, en la dependencia.
El que ama cae en la servidumbre del que es amado.
Es la costumbre, es la ley común.
Es fatal.
El que ama cae, se pone bajo la servidumbre, bajo un yugo de servidumbre.
Depende del ser amado.
Y ésa es la situación, hija mía, que Dios se ha creado al amarnos.
[...]
¿Me comprendes? Digo que Dios teme del pecador, pues teme por el pecador.
Cuando se teme por alguien, se teme de él.
Dios se ha dejado poner bajo esa ley común.
Y someter.
Bajo ese nivel común.
[...]
Inversión de la creación, la creación al revés.
El Creador depende ahora de su criatura.
El que es todo se ha puesto, ha soportado ser puesto, se ha dejado poner a ese nivel.
El que es todo depende, aguarda, espera, del que no es nada.
El que puede todo depende, aguarda, espera, del que no puede nada
(Y que puede todo, ay, pues todo se le ha entregado ...
En confianza,
En esperanza,
Todo se le ha permitido.
En toda confianza.
Se le ha entregado, se le ha permitido, su propia salvación, el cuerpo de Jesús, la esperanza de Dios)...
Terrible entrega.
Terrible privilegio, terrible responsabilidad.
Como Jesús en los siglos de los siglos ha entregado su cuerpo
En las pobres iglesias
A la discreción del último de los soldados,
Así Dios en los siglos de los siglos ha entregado su esperanza
a la discreción del último de los pecadores...
Como el último de los miserables pudo abofetear a Jesús,
Y tenía que ser así ...
El más ínfimo de los pecadores puede descoronar, puede coronar
Una esperanza de Dios.
[...]
Esta es la situación en la que se ha puesto,
La mala situación.
Se ha puesto en la situación de necesitar de nosotros.
Qué imprudencia. Qué confianza.
Bien, mal puesta, depende de nosotros.
Qué esperanza, qué obstinación, qué resolución, qué fuerza incurable de esperanza.
En nosotros.
Qué despojamiento, de sí, de su poder.
Qué imprudencia.
Qué descuido, qué imprevisión,
Qué improvidencia
De Dios.
Podemos fallar.
Podemos faltar.
[...]
Y como echamos al vuelo las campanas en nuestras Pascuas,
A todo vuelo,
En nuestras pobres, en nuestras triunfantes iglesias,
En el sol y el buen tiempo del día de Pascua,
Así Dios por cada alma que se salva
Echa a todo vuelo las campanas de las Pascuas eternas.
Y dice: Ah, no me había equivocado.
Tenía razón en confiar en ese muchacho.

Charles Péguy. El pórtico del misterio de la segunda virtud, Ediciones Encuentro, Madrid, 2008. Traducc. José Luis Rouillon Arróspide.

08 junio 2010

El progreso de la humanidad, Horacio y el Eclesiastés.

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LUPERCIO LEONARDO DE ARGENSOLA
(ODA VI HORACIO, A LOS ROMANOS)

Las vueltas de los cielos
Todo lo disminuyen: muy mejores
Fueron nuestros abuelos
Que nuestros padres; somos muy peores;
De nosotros se espera
Sucesión que en maldades nos prefiera.

Horacio, Odas, Libro III, 6 : ... damnosa quid non imminuit dies?/aetas parentum peior avis tulit /nos nequiores, mox daturos /-progeniem vitiosiorem.
(...¿Por qué no cambian /estos penosos tiempos? Los paternos,/peores ya que los de nuestro abuelo,/malos nos parieron y autores/ de descendientes aún más viciosos. En traducc. de M.Fernández Galiano y V. Cristóbal, Edit. Cátedra- Letras Universales)


[10.06.2010. Bueno, pues ya que ninguno de mis no-lectores, ni de las tres almas caritativas que pasan por aquí de vez en cuando, se pronuncia - y mira que la cita es fuerte, paso a hacerlo mismamente yo.
Demasiado negro ¿no? Frente al mito del perpetuo progreso, el del perpetuo retroceso, los dos a cual peor. Entre el uno y el otro, sin embargo, lo único que nos consta es el vaivén, ese maravilloso mecerse del Eclesiastés: "Un tiempo para demoler y un tiempo para edificar, un tiempo para llorar y un tiempo para reir... un tiempo para guardar y un tiempo para tirar... Lo que es, ya fue antes; lo que ha de ser, ya existió". Es un alivio, sobre todo pensando en nuestros pobres y difícilmente más viciosos descendientes]

04 junio 2010

Entre el querer y el poder

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"Porque muy muchas veces (yo tengo grandísima experiencia de ello, y sé que es verdad, porque lo he mirado con cuidado y tratado después a personas espirituales) que viene de indisposición corporal, que somos tan miserables que participa esta encarceladita de esta pobre alma de las miserias del cuerpo. Y las mudanzas de los tiempos y las vueltas de los humores muchas veces hacen que sin culpa suya no pueda hacer lo que quiere, sino que padezca de todas maneras. Y mientras más la quieren forzar en estos tiempos, es peor y dura más el mal; sino que haya discreción para ver cuándo es de esto, y no la ahoguen a la pobre".
(Santa Teresa de Jesús. Libro de la Vida, cap.11,15)


"El que no puede lo que quiere, que quiera lo que pueda".
(Ortega y Gasset. Dicen que dijo, pero vaya usted a saber)


[Santa Teresa y Ortega y Gasset, ¿dicen lo mismo, dicen algo parecido o dicen lo contrario? ¿Qué distingue la humildad, la aceptación humilde de la realidad, del derrotismo? ¿Y la perseverancia de la cabezonería? ¿Quién traza la línea divisoria entre el vano empeño y el empeño escaso? Y una vez reconocido como vano un empeño, allí donde la zorra de la fábula comprende que, por mucho que salte y salte, nunca llegará a las uvas, ¿cómo admitir sencillamente que no se alcanzan y darse la vuelta y olvidarse de las uvas, sin el pequeño consuelo de decirse que están verdes? ]

30 mayo 2010

Ugolino y el violonchelo

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"Los cantos de Dante son partituras de una peculiar orquesta química, en las que lo que mejor distingue el oído externo son las comparaciones -que son impulsos, los solos, es decir, las arias y las arietas, singulares autoconfesiones, autoflagelaciones o autobiografías; a veces tan breves que caben en la palma de la mano, a veces lapidarias como un epitafio, a veces extensas como un diploma de honor expedido por una universidad medieval, a veces muy desarrolladas y articuladas, que alcanzan una madurez dramática operística, como por ejemplo la famosa cantilena de Francesca.
El Canto XXXIII del Inferno, que contiene el relato de Ugolino acerca de como a él y a sus tres hijos, Ruggieri, el arzobispo de Pisa, los mató de hambre en la torre de una prisión, está envuelto en el timbre del violonchelo, denso y pesado como la miel rancia y envenenada.
La densidad del timbre del violonchelo es la que mejor se presta para transmitir la espera y la dolorosa impaciencia. No existe en el mundo una fuerza capaz de acelerar el movimiento de la miel que mana de un tarro inclinado. Por eso el violonchelo pudo constituirse y adquirir una forma definitiva sólo cuando el análisis europeo del tiempo ya había alcanzado un número suficiente de éxitos, cuando ya habían sido superados los veleidosos relojes de sol, y quien antaño observaba la varita de sombra que se movía sobre la arena por los números romanos se volvió copartícipe apasionado del suplicio diferencial y mártir de lo infinitesimal. El violonchelo retiene el sonido, por más prisa que tenga. Pregúntenselo a Brahms, él lo sabe. Pregúntenselo a Dante, él lo oyó. (...)
Finalmente, al igual que el violonchelo conversa consigo mismo de manera absurda y se arranca preguntas y respuestas, el relato de Ugolino está interpolado por las conmovedoras y desamparadas réplicas de los hijos:
... e Anselmuccio mio
disse: Tu guardi sì, padre! che hai? "

Ósip Mandelstam, Coloquio sobre Dante, Cuadernos del Acantilado, Barcelona 2004. Traducc. Selma Ancira.
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[Hace pocos días, buscando un disco entre los que andan al retortero encima de la mesa, me di cuenta de que en todos ellos estaba presente el violonchelo. Recordé entonces que Mandelstam comparaba algunos pasajes de la Comedia con solos de este instrumento, y miré a ver qué era lo que decía exactamente. Y sí, puede que sea esa especial relación con el tiempo, ese lento verterse, confío que ni rancio ni envenenado, el motivo de mi repentina afición (y qué observación tan bonita, digna del mismo Dante, la de la miel cayendo del tarro). El violonchelo es un violín cargado de pasado. Un adulto que contiene un niño, y recuerda, y se arranca preguntas sin respuesta. Y si no os lo creéis, no tenéis más que escuchar a Schubert:

(Adagio D897, op.post.148. Nocturne. Eggner Trio)
https://www.youtube.com/watch?t=13&v=-FVzhHtCwY4

 (Trio D898, op.99.Andante.Rubinstein-Szering-Fournier) 
https://www.youtube.com/watch?v=24lwVWEZ9qg

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Y para terminar, en esta última dirección, un trailer muy tremendo de una serie austriaco-alemana, titulada "Mit meinen heissen Tränen" (Con mis ardientes lágrimas), sobre los últimos años de la vida de Schubert, desde la aparición de los primeros síntomas de la sífilis, a los 27 años, hasta su muerte cuatro años después, ignorado y pobre de solemnidad :  http://www.youtube.com/watch?v=_bLWaHFZiFs  ]

28 mayo 2010

Tú lo sabes

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Sobrevino sobre mí la mano de Yahveh. Me hizo salir por el espíritu de Yahveh. Me puso en medio del valle. Y éste estaba lleno de huesos.
Me hizo caminar entre ellos, alrededor, alrededor. Y he aquí que eran muchísimos y numerosos sobre la planicie del valle. Y, he aquí que estaban completamente secos.
Y me dijo: “Hijo de Adán, ¿podrán revivir estos huesos?” Dije: “Mi Señor Yahveh, ¡tú lo sabes!”

Ezequiel 37, 1-3

24 mayo 2010

Tarde de sábado y Copa de Europa

Llegó por fin el calor y el sábado por la tarde me acerqué al centro a buscar unas sandalias. Por el camino, las calles estaban tomadas por una alemanada joven, guapota y alegre, con las camisetas del Bayern de Munich y las caras pintadas. Hasta cuarenta autocares llegué a contar aparcados en hilera junto al parque de Berlín, y la fila seguía hasta perderse de vista. En el parque abarrotado, alrededor de la fuente con su pedazo de muro de la vergüenza, cantos, abrazos y aire de fiesta-los chicos y chicas radiantes de felicidad…
A la vuelta, con el partido mediado y la ciudad casi desierta, empezaba a anochecer. Al llegar al cruce de López de Hoyos, a la izquierda, apareció de repente el cielo, un cielo como nunca vi, un cielo de Pentecostés, sembrado de nubes color púrpura con bordes de fuego, como si acabaran de prenderlas, como cuando de pequeños fabricábamos papiros medievales arrimando una cerilla a las hojas de papel. Debajo de ese cielo, un rótulo luminoso que decía “Dancing-estamos-todos-acá-boludos”, se encendía y se apagaba en el cruce vacío sin que nadie se diera por aludido.
Al pasar de nuevo por el parque, el panorama festivo se lo había llevado el viento, y el silencio que salía de los bares en los que se refugiaba la horda rubia presagiaba lo peor. Pensaba que la vida es rara cuando pasé por el chiringuito que queda en medio de la cuesta de mi calle. Habían sacado la tele, y la gente, ahora familias enteras de las que se vinieron a vivir al barrio buscando la cercanía del Colegio Alemán, seguía el partido desde las mesitas de fuera con cara de circunstancias. Y allí lo vi, una criatura de la especie pulpo-pulpo puro (porque la humanidad se divide en dos grandes grupos: los tipo "pez en el agua" por una parte, y los tipo "pulpo en garaje" por otra, con algunos grados intermedios. Es una tipología muy profunda de la que ya os hablaré otro día), con barbita gris y gafas, sentado de espaldas a la pantalla y leyendo un libro, completamente abstraído, a la luz de las bombillas. Seguí mi camino confortada. Me caen bien los pulpos. Los peces me maravillan, pero por los pulpos siento debilidad.
El domingo por la mañana no quedaba ni un autocar junto al parque. Según dicen, se fueron sin montar bronca. Daba pena pensar en esa caravana resacosa y derrotada cruzando la noche de vuelta a casa. La vida, desde luego, es rara.

20 mayo 2010

Créame de nuevo

"Hablar sobre el Espíritu Santo es más difícil que hacerlo sobre Cristo o sobre el Padre. El Espíritu Santo parece evadirse y decirnos: “No yo, sino el Hijo”. Es el Dios humilde, el Poder oculto que nada quiere para sí, sino sólo recibir lo que es de Cristo para dárnoslo a nosotros. De ahí que sea más fácil comprender al Espíritu Santo con el corazón que con la mente… Notemos, por último, el estrecho vínculo que hay entre el Espíritu Santo y la esperanza cristiana. Nuestra existencia está sumida en la indigencia y la oscuridad. La fe nos dice que en nosotros tiene lugar un acontecimiento misterioso: La creación de un hombre nuevo, configurado a imagen de Cristo, y de un nuevo cielo y una nueva tierra, de la que habla al final el Apocalipsis. Pero este acontecimiento sucede ocultamente, y cuanto vemos fuera y dentro de nosotros contradice ese mensaje. Por eso necesitamos la esperanza, y ésta la otorga el Espíritu Santo. Él es quien hace posible el acontecimiento antedicho, por ser el nuevo creador de lo ya creado."
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(Romano Guardini, Introducción a la vida de oración)
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"...Lléname de tu gracia. Tú me creaste; créame de nuevo"
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(Romano Guardini, Oración de la mañana. En Cartas sobre la formación de sí mismo)

18 mayo 2010

El tiempo es esa espera

Dios mismo no puede hacer que lo que ha sido no haya sido. ¿Qué mejor prueba de que la creación es una abdicación?

¿Qué mayor abdicación de Dios que el tiempo? (...)

Dios espera como un mendigo que se mantiene en pie, inmóvil y silencioso, ante alguien que tal vez le dé un trozo de pan. El tiempo es esa espera.

El tiempo es la espera de Dios que mendiga nuestro amor.

Los astros, las montañas, el mar, todo lo que nos habla del tiempo, nos trae la súplica de Dios.

La humildad en la espera nos hace semejantes a Dios.

Solamente Dios es el bien. Por eso está ahí y espera en silencio. Cualquier otro que se aproxime o hable emplea algo de fuerza. El bien que no es más que bien no puede más que estar ahí.

Los mendigos que tienen pudor son sus imágenes.

La humildad es una cierta relación del alma con el tiempo. Es una aceptación de la espera. Por eso, socialmente, la marca de los inferiores es el hecho de hacerles esperar. (...)

El arte es espera. La inspiración es espera. Daremos frutos en la espera.

La humildad participa en la espera de Dios. El alma perfecta espera el bien con tanto silencio, inmovilidad y humildad como el mismo Dios. Cristo clavado en la cruz es la imagen perfecta del Padre.

Ningún santo ha podido obtener de Dios, ni que el pasado no haya sido, ni envejecer diez años en un día, ni envejecer un día en diez años, ni.... Ningún milagro puede nada contra el tiempo. La fe que traslada montañas es impotente contra el tiempo. (...)

La aceptación del tiempo y de todo lo que pueda traer -sin ninguna excepción (amor fati)- es la única disposición del alma que es incondicionada con relación al tiempo. Encierra el infinito. Suceda lo que suceda...

Si el contenido agradable o doloroso de cada minuto (incluso cuando pecamos) es considerado como una caricia especial de Dios, ¿en qué nos separa el tiempo del Cielo. El abandono en el que Dios nos deja es su manera de acariciarnos. El tiempo, que es nuestra única miseria, es el contacto de su mano. Es la abdicación por la que nos hace existir.

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Simone Weil, El conocimiento sobrenatural. Cuadernos de América (Mayo-Noviembre 1942). Traducc. María Tabuyo y Agustín López. Editorial Trotta, Madrid, 2003.